Derechos Humanos

“Desesperados por la Rasquiña”. Consecuencias de la Fumigación

En Aponte, Colombia, desde la fumigación de los campos de Amapola como parte de la guerra contra las drogas, una alarmante cantidad de niños ha caído enferma. Me encuentro perdido; dice el joven médico que maneja por sí mismo el centro de salud de Aponte. La sala de espera está llena de niños que lloran por las dolorosas llagas en su cuerpo.

Por *NRC Handelsblad

En Aponte, Colombia, desde la fumigación de los campos de Amapola como parte de la guerra contra las drogas, una alarmante cantidad de niños ha caído enferma. Me encuentro perdido; dice el joven médico que maneja por sí mismo el centro de salud de Aponte. La sala de espera está llena de niños que lloran por las dolorosas llagas en su cuerpo.

Desesperados por la rasquiña

"Esto es una epidemia. Desde la fumigación de los campos de la reserva indígena de Aponte, el 80% de los niños de la comunidad han caído enfermos".

"Me encuentro perdido" dice el joven médico que maneja por sí mismo el centro de salud de Aponte. La sala de espera está llena de niños que lloran por las dolorosas llagas en su cuerpo.

Un niño pequeño está desesperado por la rasquiña, pero el médico José Tordecilla tiene que despacharlos tanto a él como a su madre. "Solamente tengo medicina para el 10% de los niños. Únicamente puedo tratar los casos más graves".

Un poco más tarde, en su oficina, Tordecilla dice, "Esto es una epidemia". Desde la fumigación de los campos de la reserva indígena de Aponte, el 80% de los niños de la comunidad ha caído enfermo. El apunta a los pacientes en su registro: "Esto es un drama médico" . Fiebre, diarrea e infecciones oculares, empezaron luego de las fumigaciones , porque antes de eso, cerca del 10% de los niños estaban enfermos y padecían enfermedades normales como gripa o paperas.

El 3 de noviembre empezó la fumigación en las 8000 hectáreas de la reserva indígena de Aponte al sur de Colombia (departamento). Durante diez días seguidos , los aviones fumigaron el área con largas y azules colas de herbicida. Tres aviones acompañados por tres helicópteros de guerra aparecieron de repente sobre las altas montañas de Los Andes.

El ingeniero agrícola Luis Camoes ha hecho grabaciones de video. "Mire allá, fumigan el nacimiento de agua del Páramo" -señala- . El video muestra y en un lento vuelo fumiga su carga sobre la selva. Y vuelve no sólo una, sino tres veces. Una y otra vez rocía su veneno sobre el manantial. Y no sólo una, sino las tres fuentes de agua recibieron ese tratamiento, apunta Camoes.

Los Estados Unidos financiaron y coordinaron el programa de fumigación contra el aumento de producción de coca y amapola en Colombia y siempre usaron el herbicida Roundup. En los dos últimos años , se ha indicado utilizar un nuevo y más poderoso químico. Un vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó a este periódico que en el programa de fumigación Colombiano estaba contemplado el uso del químico Roundup Ultra, un compuesto al que se le agregaron sustancias surfactantes, parecidas al jabón y que son fácilmente absorbidas por las plantas. El vocero de EU confirmó además que el químico Colombiano Cosmoflux es mezclado con el Roundup Ultra. Las hipótesis apuntan a que la adición de estos surfactantes constituye la causa de las nuevas enfermedades.

Washington niega que los nuevos químicos ponen en peligro la salud. La fumigación de cultivos ilícitos es un tema controversial. Colombia es el único país del mundo en el que se realiza. De acuerdo con las autoridades estadounidenses, la fumigación aérea con herbicidas es la única forma de controlar la producción de coca y amapola. Los críticos apuntan que esta medida no afecta el crecimiento y que el medio ambiente está siendo afectado.

En la casa comunitaria de Aponte, el ingeniero Agrícola Luis Camoes dice refiriéndose a la fumigación de las fuentes de agua: " Este es el final de nuestro proyecto" La reforestación del área de las tres fuentes de nacimiento de los ríos que era parte de un programa oficial.

Camoes y los habitantes han arrastrado los árboles con caballos hasta las fuentes de agua a casi 3000 metros de altura. Los recursos vinieron del Plante, la organización gubernamental colombiana que financia los proyectos de desarrollo alternativo. USD170.000? han sido invertidos por el Plante en Aponte para estimular a la gente a reemplazar sus cultivos de amapola por cultivos legales. El proyecto del Plante era un inminente éxito, "Virtualmente aquí ya no hay amapola", dice Camoes. "Ahora una rama del gobierno está fumigando lo que dejó la otra".

Una día atravesando el área, genera un sentimiento de melancolía. A pesar de su pierna tullida, el jefe escala como una cabra de monte. Desde las cinco de la mañana, el jefe indígena nos conduce a por senderos estrechos cerro arriba y monte abajo. " Y entonces vinieron los aviones y helicópteros y después de eso no quedó nada de lo que yo tenía", dice Carlos, un campesino agricultor que sostiene un ramo de plantas secas en sus manos. Una planta de fríjoles arrugada , yuca blanquecina y una mazorca seca. Esto es lo que queda de la tierra fumigada. Él es el séptimo labriego que hemos visitado. Pero la historia es siempre la misma.

"Doctora, fumigaron todos nuestros cultivos. ¿De qué podremos vivir ahora?. Además de maíz y yuca, Carlos sembró un pequeño lote de amapola. " A mí no me gusta. Pero es lo único que se vende" dice sentándose al lado de su esposa en el suelo de su rancho. Una pareja de marmotas vaga por ahí. Además, el mobiliario consiste en una lona para dormir y un recipiente para cocinar sobre un fogón en el suelo. Al igual que las otras 700 familias campesinas de Aponte, Carlos siembra su lote de amapola para comprar los libros para sus hijos, medicinas o ropa. "Nosotros mismos cultivamos la comida, pero para otras cosas uno necesita plata".

Sin embargo, la fumigación de noviembre no fue la primera para los indígenas agricultores de Aponte. En Junio sus cultivos fueron destruidos, según dicen. Carlos había acabado de adquirir un préstamo con el plante y sus cultivos de amapola fueron reemplazados por cebada. " Incluso antes de que la cebada germinara, había sido fumigada hasta la muerte" relata. Después de eso volvió a su pequeño lote de amapola.

Plante le exigía pagar con un interés del uno por ciento el préstamo por la cebada destruida. "¿Cómo podría hacer eso señora? Ahora ni siquiera tenemos algo que comer. Cómo podemos pagar un préstamo?

Nuevamente escalamos con el Jefe. De nuevo un ranchito, de nuevo cultivos destruidos. La joven campesina muestra su bebé, sus genitales están cubiertos de llagas. " Desde la fumigación", dice la mujer y sacude sus trenzas negras. Ella misma presenta un brote alrededor de su boca. Tiene dolor de cabeza , según dice, y ardor en los ojos. Ella piensa que es a causa del agua contaminada. " Es inhumano lo que hacen a mi gente" dice el jefe cuando finalmente llegamos a las fuentes de agua que ha querido mostrarnos durante todo el día. Los árboles están blancos. El manantial se secó. Todavía no se divisa amapola en una amplia extensión de campo. "Por qué cree usted que ellos quieren envenenar nuestra agua?" pregunta, como si nadie supiera la respuesta.

En la población el médico no ha progresado mucho con sus pacientes. " Sólo soy un médico de pueblo" Mandó una petición por medicina a las autoridades provinciales. La petición fue negada. Y se le respondió que la enfermedad a causa de las fumigaciones era ‘mentira’. "Parece ser que todo el mundo está obligado a guardar silencio", afirma el médico mientras con su estetoscopio examina las llagas del pecho de otro niño.

Más tarde, en Bogotá, se hace claro lo que significa "mentiras" gruñe la cabeza de la policía antinarcóticos cuando le pedimos que comente acerca de lo que hemos visto en Aponte.

"Ustedes no han visto lo que han visto. Nunca hemos fumigado allá". Se niega a ver el vídeo y separa las fotos de niños enfermos. "¡Es falsa! La prueba que me traen es falsa" grita el general Socha antes de sacarnos de su oficina. " No vengan acá a propiciar una discusión. No les permito que me cuestionen".

Su unidad está decorada con una ilustración de aviones fumigadores de gran tamaño. "Narcotraficantes" llama a los pequeños agricultores que siembran un pequeño lote de coca o amapola entre sus cultivos ordinarios. Y cuando un árbol de banano o una mata de maíz es fumigada, de acuerdo con el general, ha sido sembrada a propósito por la narcoguerrilla para despistar a los periodistas ingenuos. "¿Pero usted nunca comete errores?" preguntamos. "¿Nunca fumiga cultivos legales, un bosque o una fuente de agua?" "No. Nunca." "Imposible que cometamos errores", dice el general, porque toman fotos aéreas de la zona a fumigar. Después de eso, toman las coordenadas y luego, todo se observa con la ayuda de los americanos. " Nos han tratado de denunciar por esto," dice Socha. "Pero nunca ha ocurrido un arresto". Cuando objetamos que el sistema judicial colombiano, el general se deja dominar por sus emociones: " No sé quienes son o quién los mandó para dudar acerca de nuestras autoridades. Ustedes subestiman nuestras leyes".

Según el científico colombiano y experto en fumigación Ricardo Vargas, el general tiene la razón en un punto: la construcción del programa de fumigación colombiano permite un muy pequeño margen de error. " Esto hace terrible el escenario" afirma Vargas.

¿La fumigación como una estrategia para afectar la supervivencia de las comunidades?. Yo no pensaría eso.

* Articulo NRC HANDELSBLAD (Holanda)
"DESESPERADOS POR LA RASQUIÑA" Diciembre de 2000.

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