Derechos Humanos

La Pobreza de los Argentinos

Cuando leemos al Ministro de Economía, lo que más nos impresiona de su pensamiento, es su productivismo cerrado y excluyente, su visión de que el mundo de la Economía es por antonomasia el espacio de lo macro y que nunca podría contener los problemas concretos que hacen a la vida cotidiana de los argentinos.

Por Jorge Rulli

Cuando leemos al Ministro de Economía, lo que más nos impresiona de su pensamiento, es su productivismo cerrado y excluyente, su visión de que el mundo de la Economía es por antonomasia el espacio de lo macro y que nunca podría contener los problemas concretos que hacen a la vida cotidiana de los argentinos.

Ha sido la pobreza de los argentinos y en especial el hambre de los niños y su desamparo, una de las preocupaciones principales y permanentes del Programa Horizonte Sur y también, y muy particularmente de estas Editoriales mías, sábado tras sábado durante los últimos dos años. Lamentablemente, son las propias informaciones del INDEC, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, las que nos confirman en esas preocupaciones que basábamos en propias percepciones y en el sentido común, más que en investigaciones como las ahora dadas a publicidad. La recuperación de la pobreza y de la indigencia luego de dos años de fuertes inversiones y múltiples planes sociales de diversos tipos, resulta prácticamente mínima y en muchos sectores sociales la situación parece por lo contrario, haber empeorado, es decir que la indigencia y el hambre son mayores que antes y mucho peores de lo que se aguardaba, según los supuestos expertos en el tema.

Sería fácil y estaríamos tentados de hacerlo, reiterar que el hambre y la indigencia son la consecuencia inevitable de un modelo de exclusión masiva y del masivo despoblamiento del campo. Que son la consecuencia de la pérdida de la Soberanía Alimentaria. Que en este modelo agro exportador sólo ganan los grandes sojeros y las empresas exportadoras, y que los funcionarios que piensan vivir indefinidamente de las retenciones a esas exportaciones, me refiero a los gastos del Estado, a los pagos de la deuda y también de los planes sociales, han elegido un camino fácil para ellos, pero que hipoteca el futuro de la Nación. Un camino, que insiste en confundir el crecimiento con el desarrollo, ya que se trata de un crecimiento del producto bruto y de las exportaciones, pero acompañado de una mayor y creciente pobreza.

También podríamos señalar que esas investigaciones del INDEC se basan sólo en estudios sobre los grandes conglomerados urbanos, como si el país rural no existiera, de tal manera que podríamos suponer que las cifras totales serían sensiblemente mayores, si fuéramos capaces de sumar el desempleo rural en los pequeños poblados y caseríos, y también la indigencia de tantas familias integrantes de lo que se conoce como ruralidad dispersa, muchas de ellas refugiadas precariamente en las cortinas entre potreros de soja, que es todo lo que va quedando de los antiguos montes barridos por el azote implacable de las topadoras. En realidad, y aún más todavía, creemos que el modo en que se realizan estas estadísticas debería ser revisado, que debería ser pensado desde una nueva lógica, bajo otra mirada, con otros criterios, criterios políticos y no tecnocráticos, porque todo lo tecnocrático entraña la trampa de suponer que algo puede evadir el espacio de la política y que puede universalizarse.

Sin embargo cuando leemos al Ministro de Economía, lo que más nos impresiona de su pensamiento, es su productivismo cerrado y excluyente, su visión de que el mundo de la Economía es por antonomasia el espacio de lo macro y que nunca podría contener los problemas concretos que hacen a la vida cotidiana de los argentinos. Es decir, que lo social sería para este tipo de pensamiento, sencillamente el tema propio de otro ministerio. Lo suyo son las grandes cifras, las negociaciones con los organismos internacionales, la organización de los presupuestos nacionales, el dialogo con los inversionistas, etc, etc. El resto, esas externalidades o acaso esos daños accesorios que provoca la propia política económica, serían entonces los temas propios del área de desarrollo social y de salud. Lamentablemente, mucha gente del común también piensa de ese modo, modo que en su época le merecieron tremendas burlas tanto a Jauretche como a Scalabrini.

Necesitamos debatir sobre estos paradigmas y necesitamos revisar los presupuestos y concepciones del INDEC. Pero cómo podríamos aguardar debates sobre ello, cuando Lelio Mármora, el propio Director del INDEC, que fuera nuestro compañero en los sesenta, que fuera además el primero que a pocos días de desaparecido Felipe Vallese lo dibujara aferrado a ese árbol de la Calle Canalejas en afiches que hicieron historia y que posibilitaron ganar a la opinión pública de entonces, hoy se haya reconvertido en funcionario amigo y hombre de confianza del Ministro y seguramente comparta esa mirada sesgada y mecánica del mundo que mercantiliza nuestras vidas y que ha convertido al mundo de las mayorías en un verdadero infierno, en un infierno globalizado…

Si el gran problema de la pobreza y del hambre es un problema entonces del Ministerio social de la República, si se acepta que es un problema de los funcionarios del área social, funcionarios encargados de impulsar los planes sociales responsables de morigerar la indigencia y mediante pequeños emprendimientos reponer en el mercado del trabajo a tantos excluidos, preguntémonos qué han hecho en todo este tiempo transcurrido ya que las cifras que se dan a conocer indican que los problemas siguen prácticamente igual. Y nos respondemos a nosotros mismos. Hay algo seguro, han gastado fortunas en ayudar a los pobres, fortunas de cientos y cientos de millones de dólares que han ido a engrosar la deuda, también nos han bombardeado con cantidad de planes sociales, nos han abrumado con organigramas y publicidades, han castigado a la gente con formularios casi ininteligibles que es preciso llenar con algún proyecto para poder alcanzar el deseado subsidio… pero además han vivido ellos, se han reproducido maravillosamente como casta funcionarial progresista, y muchos han cambiado sus vidas de una manera notable y casi aristocrática, ya que en la Argentina y desde la época del menemismo hay una sola industria que siempre ha prosperado, y es la industria de vivir de la pobreza…

Me parece que tenemos que preguntarnos, aún en el marco de este modelo de monocultivos y de agro exportación que se nos impone, tenemos que preguntarnos por qué razón la pobreza y la indigencia argentina no pueden solucionarse o atenuarse sino de modo irrisorio y a un precio tan alto como el que se ha pagado, y me refiero a los préstamos tomados del Banco Mundial y de otros organismos internacionales. Aquí tenemos dos alternativas que confesarnos, reconocer que la pobreza es absolutamente funcional al actual modelo de representación política partidocrática, o que por un problema de ideología o de extracción social, la clase política no es capaz de hallar el modo de enfrentarla, o tal vez ambas cosas en simultaneo.

En primer lugar y hace dos años que venimos diciéndolo: mientras quienes deciden, crean que un intelectual progresista con inclinaciones sociales, por el hecho de serlo puede llegar a ser un buen funcionario y hacer lo que necesitamos para implementar políticas de Estado, estamos y estaremos perdidos….y los niños seguirán como ahora aspirando pegamento y muriendo de desnutrición. Que una cosa es ser un buen profesor y escribir ensayos sobre la pobreza o como en el caso del Viceministro Daniel Arroyo, sobre el Desarrollo local, y otra muy otra, es el lograr sacar a este pueblo del hambre y la indigencia. Si no comprendemos que un intelectual progresista tiene desarrollado lo que se llama pensamiento crítico y que cuando se lo enfrenta a tareas de tamaña responsabilidad ese pensamiento no sirve sino para inmovilizarlo, si no entendemos eso, pues seguirán los argentinos pagando un altísimo precio en sufrimientos y en vidas perdidas.

Otra cuestión, y aunque le está ligada, es la del endeudamiento. Tener un discurso contra la Deuda, ser conscientes de estar siempre pateando para el futuro situaciones límites de Default, y mientras tanto establecer nuevas y nuevas deudas para cada obra de gobierno que se realiza, para cada programa social, para cada compra de libros escolares, para cada puente o lo que sea, es un mecanismo vicioso y perverso, vicioso, perverso e inaceptable. Digámoslo claro, nada de lo que nosotros necesitamos necesita dinero del exterior y menos aún en préstamos. Más precisamente, nada de lo que necesitamos para salud, ni para educación ni tampoco para los planes sociales. Este país en sus mejores momentos se apoyó en sus propios ahorros y en el trabajo de su gente y esos momentos nos llenan todavía de emoción y de orgullo. Es esa casta funcionarial de intelectuales progresistas, con larga convivencia de trabajo con el Banco Mundial, los que no sabrían cómo funcionar sin el sistema del endeudamiento constante y sin las instrucciones que reciben de los funcionarios de esas entidades de préstamos. Esa es la dura realidad…

Esos mismos intelectuales progresistas han inundado el campo de la Cultura, convencidos que deben llevarle Cultura al Pueblo, cuando en realidad con esa pertinaz concepción gorila que los caracteriza, confunden la Cultura con los conocimientos y ni siquiera imaginan que quienes carecen en verdad de Cultura son ellos, que, como suelen decir tantas veces, nacieron en esta tierra por casualidad… y no la gente a la que van destinados los planes culturales que ellos urden y con los que medran para vivir como nuevos mandarines. Recuerdo que nos pasó eso en la Secretaría de Cultura de la Nación cuando lo nombraron a Elvio Vitale como director de industrias culturales, lo primero que hizo fue borrar de un plumazo el área que teníamos, un programa de repoblamiento de pueblos muertos y de recuperación de semillas. Para este librero ilustrado, las semillas tal como él mismo lo expresó alguna vez, las semillas nada tienen que ver con la Cultura….¿? Es probable que Pepe Nun piense igual y seguramente muchísimos otros progresistas, tanto en el campo del oficialismo como de la oposición, ya que estas concepciones universalistas no respetan los partidismos ni las banderías y cortan transversalmente a sectores de las capas medias.

Nuestra identidad y nuestra originalidad, se basan en la gente que conserva su modo de hablar con acento local, sus modos de comer, de hacer música, de respetar la dirección de la ronda del mate, sus modos de saludar, sus códigos y modos de relacionarse con los otros… Lo demás son meras informaciones y conocimientos y de nada sirven si no sabemos primero quienes somos. ¿Alguien se acuerda acaso de ese engendro que se llamó EDUC-AR, que gestó en su momento Aíto, el hijo del ex presidente y en el que se gastaron fortunas? Nuestra Cultura es lo fundamental y es lo que debemos preservar, nuestra Cultura y nuestra dignidad, sin ellas poco importan los planes y los préstamos, las mejores intenciones y el oportunismo de los que quieren ayudar mientras se aseguran un buen pasar, gracias a la pobreza.

Con esa guía y solo con esa guía nuestros problemas se harían fáciles de resolver. Y se lo escribimos en su oportunidad al Señor presidente y se lo dijimos a algunos funcionarios y se lo tratamos de explicar a otros, que estaban tan envanecidos de los cargos que les aguardaban, que como el Doctor Amaya que hoy preside el SENASA, no tuvieron la mínima paciencia de escucharnos.

El hambre y en buena parte la desocupación, pese al actual modelo de monocultivos, podrían ser atenuados. Pero para ello hay que decidirse a ponerle límites al modelo, acotarlo en un proceso gradual de búsqueda de un sistema en que pueda convivir este modelo con otro. El modelo macro por una parte, el de la agricultura y producciones de escala, y por otro el modelo de economía local, de pequeña escala, un modelo con mercados locales. Eso fue lo que les dijimos a varios ahora funcionarios dos años atrás. ¿A qué nos referimos? Nos referimos a que debemos volver a poner precios sostén al menos a los alimentos destinados a la mesa de los argentinos, y más concretamente a la lenteja. Debemos aclarar que la Argentina siempre tuvo precios sostén y que sólo desde la época del menemismo y con la implantación del modelo neoliberal, se instauraron las doctrinas de libre mercado que aún rigen. Nosotros hoy para comer un guiso de lentejas que bien podríamos comprar a un peso el kilo, debemos pagar seis y hasta nueve pesos, porque es importada del Canadá. De dónde saldría el precio sostén ? pues de las retenciones a la Soja. Necesitamos asimismo proteger a las ciudades de los monocultivos y de las aerofumigaciones que los acompañan. La inversión que demandará a las próximas generaciones remediar los impactos sobre la salud que está produciendo este modelo, superará con creces toda la supuesta ganancia que ahora está dando la Soja y convertirá en una broma macabra esa frasecita que repite tanto tonto inteligente, que el país vive de la soja… ¿Cómo protegemos a las ciudades? Recuperando los cordones verdes alrededor de ellas, cordones de atenuación de los impactos pero también de producción intensiva de alimentos, zonas productoras que aliviarían rápidamente las situaciones de carencia alimentaria. Se necesitaría para ello establecer en el nivel municipal y en todo el país, otra categoría además de lo de lo urbano y lo rural ahora existente, una categoría de “semiruralidad”, donde no pueda hacerse agricultura industrial sino solamente producción de alimentos: tambos, criaderos de aves, quintas, montes frutales y chacras de policultivos. Si a ello le sumamos los mercados o ferias locales de productores, ahora inexistentes, ahora no permitidos, tendríamos tanto el desarrollo de la producción local como la ocupación de mano de obra, así como el lugar donde realizar los intercambios entre productores y consumidores. Con algunos programas de recolonización y capacitación para los nuevos productores que se instalarían en torno a las ciudades, pronto se lograrían cambios importantes.

¿Estamos hablando acaso de utopías? ¿Es acaso una utopía imaginar un país donde cada argentino vuelva a tener comida suficiente en la propia mesa? Si mi familia era pobre y recuerdo siempre que en aquellos años en que yo era un niño, la heladera Siam siempre estaba llena de alimentos. Muchas veces a nosotros, mis hermanos y yo, nos costaba cerrarla, de tanta cosa que se guardaba dentro, y recuerdo que nos retaban… porque se quedaba abierta… y éramos una familia pobre… Sobraba la comida en aquella Argentina… y no teníamos al INTA, que llegó con la “Libertadora”, no teníamos semillas híbridas, no teníamos transgénicos ni tecnologías de punta… No teníamos agrotóxicos… Pero, teníamos comida, no había hambre en nuestra Patria… ¿Sería tan difícil que los argentinos podamos salir ahora del hambre y la indigencia? ¿O acaso son otras visiones desde el Poder, visiones consumistas, economicistas, productivistas, ajenas a la propia Cultura y despreocupadas de la dignidad de los pobres, las que se imponen, traban toda solución y transforman la acción social y los planes asistenciales, en una redituable manera de vivir de ciertos sectores progresistas? Al menos sería bueno que nos hiciéramos estas preguntas y que otros tengan que dar, alguna vez, las respuestas que correspondan…. www.EcoPortal.net

* Jorge Eduardo Rulli
Programa Horizonte Sur en Radio Nacional AM

Etiquetas
Estos artículos también podrían interesarte

Agrega un Comentario

Pulsa aquí para hacer un comentario

Busca en EcoPortal

TU APOYO ES IMPORTANTE!!!

Llamamiento

PROMOS ECOPORTAL – NATURA

Posts más compartidos