Derechos Humanos

Oaxaca sigue sumergida en su peor crisis

La clase política, o una buena parte de ella, no quiere retomar el tema oaxaqueño para no reconocer la serie de violaciones graves de los derechos humanos producidas en nuestro Estado en 2006 y 2007. La mayoría de las mismas investigadas por instituciones reconocidas como Amnistía Internacional.

Por Sergio Ferrari

La clase política, o una buena parte de ella, no quiere retomar el tema oaxaqueño para no reconocer la serie de violaciones graves de los derechos humanos producidas en nuestro Estado en 2006 y 2007. La mayoría de las mismas investigadas por instituciones reconocidas como Amnistía Internacional.


Si la crisis oaxaqueña y la explosión popular de 2006 conmovieron a la comunidad internacional, hoy la dinámica de ese Estado del sureste mexicano ha pasado a un segundo plano mediático. Sin embargo, para la población local, los 23 muertos, los desaparecidos y los centenares de presos a causa del conflicto – es decir la movilización ciudadana en general-, constituye un valioso capital político acumulado. "A pesar del sacrificio y los costos enormes, el movimiento social ganó en ese proceso", apunta como tesis principal Marcos Arturo Leyva Madrid. Quien en entrevista exclusiva evalúa también el estado actual de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), instancia que dirigió en ese entonces el levantamiento popular. Leyva es fundador y director de EDUCA, organización independiente dedicada a la información y comunicación popular y al fortalecimiento de la participación ciudadana, especialmente indígena. Y un activo actor del movimiento social oaxaqueño.

P: Pareciera que OAXACA desapareció en el último tiempo de la agenda internacional. ¿Es realmente así?

R: A nivel mediático no sólo desapareció de la agenda internacional sino también de la mexicana. Insisto: pienso que es un fenómeno mediático. La clase política, o una buena parte de ella, no quiere retomar el tema oaxaqueño para no reconocer la serie de violaciones graves de los derechos humanos producidas en nuestro Estado en 2006 y 2007. La mayoría de las mismas investigadas por instituciones reconocidas como Amnistía Internacional.

P: ¿Cómo logró la clase política sacarse de encima el tema Oaxaca?

R: A partir de un embate mediático contra el movimiento social. Tratando de hacer desaparecer de la agenda informativa la situación de emergencia que vivíamos y la conflictividad social y política. El Gobierno del Estado lanzó campañas para limpiar su imagen. La última de ella, basada en el slogan: "Que no te lo cuenten… ven a conocernos", presenta los supuestos logros oficiales. Con mucha propaganda televisiva en las horas de punta.

Una crisis irresuelta

P: ¿Cuál es hoy la situación de la Oaxaca real, la del día a día?

R: Sigue sumergida en su peor crisis. Si bien en 2006 se dio la expresión más violenta de la crisis, ésta se mantiene y se profundiza. En términos de represión a los movimientos sociales; en términos del manejo corrupto de los recursos financieros del Estado. Últimamente, por ejemplo, se descubrió que el Gobernador Ulises Ruiz, usando fondos públicos de nuestro Estado, hizo construir un hospital en la capital mexicana, administrado por su propia esposa. La prensa denunció el desfalco de la secretaría de salud estatal por varios millones de pesos, pero hasta ahora no se hizo nada. El conflicto sigue en el contexto de otras condiciones. En 2006 se vivió la explosión, la válvula de escape. Recordemos que el 25 de noviembre la represión fue brutal. Hoy la crisis se manifiesta de otra manera: narcotráfico, violencia, la muerte de dos jefes policiales ligados al Gobierno estadual… Una ejecución que nadie investiga. El poder "olvida" hechos que no le conviene recordar. Pienso que seguimos viviendo una crisis histórica, de largo plazo. Y por lo tanto las respuestas deben corresponderse a esta lógica. Algunos pensaron que en el 2006 se tocó fondo, pero se ve que fue una válvula de escape y que hay que esperar. Por otra parte, no se puede negar que lo que pasa en Oaxaca está ligado a la dinámica política nacional y que la crisis mexicana impacta y tiene repercusiones en Oaxaca.

Nueva participación ciudadana


P: ¿Cuál es el estado hoy de los movimientos sociales y de la APPO?

R: La APPO expresa a los movimientos sociales de Oaxaca. Es una especie de movimiento de los movimientos. Algunos pretenden presentarla como una organización. Y como hoy no se dan grandes movilizaciones entonces todo habría terminado, incluyendo la APPO. Según mi visión, la APPO es la
expresión del movimiento social, no una organización, y está mucho más extendida de lo que se piensa. En Oaxaca vivimos un quiebre de sociedad, de organización y de conciencia. La actual rebeldía no se expresa como en el 2006. Pero hay otras manifestaciones vivientes. Jóvenes de zonas urbanas y
suburbanas cada vez más activos y presentes; mayores espacios a partir de asociaciones y actores sociales que promueven miles de propuestas. Como por ejemplo las caravanas de solidaridad que recorren los municipios o regiones conflictivas. Y otras iniciativas, como los tianguis (mercados populares), que no sólo sirven para comerciar productos sino que son espacios culturales y de encuentro. O expresiones de resistencia como la de vecinos que se opusieron hace algún tiempo a la instalación de un gran supermercado que hubiera supuesto derribar varias decenas de árboles antiguos.
Es importante, también valorar la fuerza que va tomando la organización femenina y su rol relevante. El 1ro de agosto pasado se formó la Coordinadora de Mujeres Oaxaqueñas.

P: Si se tiene en cuenta que en el 2006 se dio una gran pulseada entre el movimiento social y el Gobernador Ulises Ruiz y que éste sigue siempre al frente del Estado… ¿No se podría pensar en una derrota popular?

R: Sin duda, algunas de nuestras organizaciones sufrieron mucho. Tal vez no teníamos claro qué ofrecer como alternativa a la caída de Ruiz. Y tal vez se cometieron errores tácticos más que estratégicos. Pero el movimiento en general ganó porque instaló una agenda de transformación. Se crearon espacios de articulación jamás antes vistos. Se ejercitó una gran fuerza ciudadana. La gente se sigue organizando cada vez más. Y se ha profundizado un sentimiento de descrédito de las instituciones. Muchos dicen: "cómo es posible que luego de elegir con votos a un Gobernador no se pueda hacer nada para destituirlo a pesar de su probada mala gestión…"

Movimiento social: repliegue táctico

P: Para entender mejor la dinámica actual, se podría decir que la APPO vive hoy un cierto repliegue táctico…

R: Pienso que sí. Tal vez en un primer momento ni siquiera bien conceptualizado y más que todo producto de la represión brutal y del hostigamiento del Estado.

P: ¿Y el próximo paso de cara al futuro?

R: Hay que comenzar a reagruparse y reorganizar la acción. Hay que ir creando el espacio que lo facilite. La estructura de Consejeros hoy es casi inexistente. Hay que pensar la forma de coordinarse. Y debatir sobre la esencia de la APPO. Si se la entiende como organización, pienso que tendremos un futuro complicado. Si la entendemos como movimiento de movimientos, será más adecuado. Sobre todo cuando hay muchas iniciativas de base que siguen trabajando activamente, lanzan propuestas, empujan… Es importante, insisto, replantearse la esencia y la naturaleza de la APPO. Y si bien la exigencia de la destitución del Gobernador Ruiz sigue siendo esencial, hay que promover y priorizar otros ejes, otro tipo de propuestas.

P: Podría ejemplificarnos a partir de la vida propia de su organización, EDUCA, como se ha dado ese recambio de prioridades del trabajo cotidiano desde el 2006 a esta parte…

R: Si bien los ejes esenciales son los mismos, ha habido adaptaciones, producto de una reflexión de fondo. Por ejemplo, antes del 2006 impulsábamos un intenso trabajo de incidencia pública, que se realizaba especialmente a nivel legislativo. En la actualidad esa incidencia la hacemos en la base, en las plazas, en la calles, en las comunidades. En el marco de nuestro concepto de educación popular. Trabajando mucho los procesos educativos de las comunidades. Antes teníamos el Programa de Construcción de Ciudadanía. Ahora se llama de Transformación Política, porque ganamos en claridad sobre la idea que la construcción de ciudadanía debe derivar en una transformación concreta. Si antes apostábamos a un programa que se llamaba Municipio y Pueblos Indígenas, hoy lo conceptualizamos como Derecho de los Pueblos Indígenas, que si bien toca el espacio municipal, es más amplio que éste.
Ahora tenemos una visión mucho más clara de la necesidad de la comunicación, de la noticia, de crear instrumentos en ese sentido, de aprovechar los medios electrónicos.

El desafío de la solidaridad

P: Para concluir, una pregunta que toca al exterior. Durante el 2006 y parte del 2007, Oaxaca estuvo en el centro de la actividad de numerosos comités, grupos, asociaciones de solidaridad internacional. Eso también se decayó mucho. ¿Cuál es su propia visión sobre los retos de la solidaridad con Oaxaca?

R: De nuestra parte, explicarles mejor que la crisis continúa pero se expresa de otra forma a la que se manifestó en las jornadas de 2006. Subrayar que no se trata de una derrota del movimiento social sino al
contrario. Pienso que para la solidaridad, es importante comprender que lo de Oaxaca se da en un marco nacional y que se debe colocar a México en los ojos de las instituciones internacionales, tanto en lo que se refiere a los derechos humanos como a la seguridad. Y decir con fuerza que en México no se dio la transición democrática esperada. Que hay todavía que construirla. Y para ello, la presión y la solidaridad internacional seguirán siendo esenciales. www.ecoportal.net

* Sergio Ferrari de retorno de Oaxaca
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Retrato de EDUCA
EDUCA se fundó en 1994 para impulsar y fortalecer los procesos de organización y desarrollo integral de las comunidades marginadas e indígenas Oaxaqueñas. En tanto actor civil contribuye a fortalecer la
participación ciudadana, los procesos sociales y los gobiernos locales. Propicia el cabildeo y la gestión con las instancias gubernamentales para la incidencia en políticas públicas que conduzcan a la consolidación de un Estado democrático. Realiza su trabajo independiente de las Iglesias, el Gobierno, y los Partidos Políticos. Manteniendo con ellos una relación de respeto y vínculos de trabajo en el marco de la autonomía de funcionamiento. (SFi)

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