Crisis alimentaria ¿crisis del desarrollo?

Algunos años atrás, grandes extensiones de tierras que antes se dedicaban a la producción de alimentos para los seres humanos fueron desplazadas para producir alimentos para animales o para generar agrocombustibles. Además, los acelerados procesos de urbanización cubren con asfalto y cemento suelos ricos en nutrientes que anteriormente producían alimentos. En el fondo de todo ello subyace el patrón de desarrollo impuesto, el cual ha provocado una profunda alteración de ciclos y elementos centrales de la naturaleza como el clima, el agua o la biodiversidad.

Por Tatiana Roa Avendaño

Algunos años atrás, grandes extensiones de tierras que antes se dedicaban a la producción de alimentos para los seres humanos fueron desplazadas para producir alimentos para animales o para generar agrocombustibles. Además, los acelerados procesos de urbanización cubren con asfalto y cemento suelos ricos en nutrientes que anteriormente producían alimentos. En el fondo de todo ello subyace el patrón de desarrollo impuesto, el cual ha provocado una profunda alteración de ciclos y elementos centrales de la naturaleza como el clima, el agua o la biodiversidad.


Introducción

A inicios del año 2008 ya nadie se atrevía a negarlo, al lado de otras crisis, la humanidad estaba sufriendo también una crisis alimentaria. No era para menos, cada vez grandes masas de la población pasan el día con una sola comida, los niveles de subnutrición crecen, los precios de los alimentos están por las nubes, la producción alimentaria se destina a otros fines.

Algunos años atrás, grandes extensiones de tierras que antes se dedicaban a la producción de alimentos para los seres humanos fueron desplazadas para producir alimentos para animales o para generar agrocombustibles. Además, los acelerados procesos de urbanización cubren con asfalto y cemento suelos ricos en nutrientes que anteriormente producían alimentos.

En el fondo de todo ello subyace el patrón de desarrollo impuesto, el cual ha provocado una profunda alteración de ciclos y elementos centrales de la naturaleza como el clima, el agua o la biodiversidad. Estamos frente a una burbuja económica agroalimentaria(1), el deterioro de los suelos es creciente, los acuíferos están agotándose, la desertificación avanza y los ciclos climáticos se encuentran alterados sin permitir que los campesinos puedan definir con claridad sus épocas de siembra. “La intensa alteración de los ciclos ecológicos apunta a un desbordamiento sistémico de los límites vitales de la biosfera, con profunda incidencia en las condiciones de vida de amplios sectores de la población mundial”(2).

Las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), nos indican que cada vez es mayor el número de personas que padecen de hambre crónica “en 2007 aumentó en 75 millones, muy por encima de la estimación […] de 848 millones de personas subnutridas en 2003-05”(3). De acuerdo a los datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Banco Mundial (BM), 100 millones de personas carecen de comida suficiente para garantizar su sobrevivencia(4), Asia y el Pacífico y África subsahariana son las regiones que cuentan con más hambrientos en el mundo, en 2003-05, entre ellas juntas contabilizaban el 89 % de las personas hambrientas en el mundo, es decir 750 millones de personas.

Desde inicios de la presente década el precio de los alimentos comenzó un fuerte incremento, llegando a su pico a mediados de 2008, y sigue sin mostrar signos de descenso importantes. Hay un aumento sostenido en los precios de los alimentos básicos, y si bien las existencias mundiales de cereales aumentaron en los años 2004-2005, en el período siguiente disminuyeron, dado que la demanda aumentó más que la producción. Entre enero de 2005-2006 y junio de 2008, los precios del maíz casi se triplicaron, los precios del trigo aumentaron 127 por ciento y los del arroz 170 por ciento.

Siguiendo la tendencia de los precios de los cereales, los precios de las grasas y aceite comenzaron a subir a mediados de 2006, igual sucedió con las semillas para los cultivos de oleaginosas, que entre 2004-2005 fue mayor del 13 por ciento al año anterior. Los precios de otros alimentos, como el azúcar, los cítricos, los plátanos, los camarones y las carnes, se incrementaron un 48 por ciento desde enero de 2005 hasta junio de 2008 (Mitchell, 2008: 3).

La aguda situación humanitaria producto de la crisis alimentaria ha levantado una ola de protestas alrededor del Planeta. Arranca en México, en el año 2007, con la guerra de las tortillas, meses después, en el 2008, se produce la huelga del espagueti en Italia. Durante este último año las protestas van de Egipto a Bangladesh, de Haití a Yemen, de Senegal a Tailandia. La crisis resonaba por el globo terráqueo. Las voces de millones de trabajadores, campesinos, de gentes de poblaciones urbanas y rurales han denunciado que con sus precarios ingresos no logran cubrir sus necesidades básicas alimentarias. Las gentes más pobres utilizan más del 70 % para la compra de los productos básicos. En las protestas también reclaman a sus gobiernos por medidas que atendieran la situación alimentaria y del campo.

Habían pasado tres décadas con una tendencia más bien a la baja del precio de los alimentos. Desde las crisis petroleras de 1973 y 1982, el mundo no había experimentado un incremento tan fuerte. Lo curioso es que en las últimas décadas se ha sucedido un crecimiento importante de la producción de alimentos, es así como, desde 1961, la población se duplicó mientras la producción de alimentos creció tres veces. Aún así, los hambrientos siguen aumentando y la humanidad vive una crisis alimentaria de proporciones dramáticas, una verdadera tragedia humanitaria.

La crisis alimentaria es también una crisis del desarrollo como bien lo plantea la UNCTAD: “But beyond its immediate humanitarian dimensions, it is also a crisis of global development policy. This is in itself a tragedy, especially at a time when the new generation of globalization has brought great benefits for many(5)”

Este documento buscará establecer las relaciones entre la agricultura, la producción de alimentos y el desarrollo. Pretenderá desarrollar las causas que han precipitado la crisis y los elementos que articulan la crisis alimentaria con las políticas de desarrollo impuestas durante las últimas décadas, terminará con una reflexión sobre lo que podría acontecer de no tomar decisiones radicales que transformen la actual tendencia.

Agricultura, alimentos y desarrollo

No es posible entender el surgimiento de las civilizaciones sin entender el rol que ha jugado la agricultura en la humanidad. Desde hace unos 14 mil años, se inició el proceso de domesticación de algunas especies vegetales.

Por primera vez, los seres humanos podían influir en la disponibilidad de alimentos. Con el surgimiento de la agricultura la humanidad sufre un impacto crucial. La consecuencias de este descubrimiento fueron estremecedoras, los pueblos recolectores y nómadas se trasformaron en campesinos sedentarios, aparecen las primeras aldeas. La actividad agrícola fue predominante para las economías durante miles de años hasta la revolución industrial que propició procesos de urbanización y éxodo hacia las ciudades. Antes de esto y durante la mayor parte de existencia de la humanidad, los pueblos, y principalmente aquellos ligados a la tierra habían tenido una actitud de agradecimiento y reverencia hacia la naturaleza, por ser ella la proveedora de vida y de alimento.

Sin embargo, a partir de la revolución industrial que arranca en el siglo XVIII se produce un quiebre que vendría a provocar una profunda transformación en el planeta. En tal momento, comienza así una imparable expansión y crecimiento de las ciudades e industrialización del campo. En la medida en que las sociedades se fueron urbanizando y desvinculando del quehacer agrícola, se produce una escisión entre seres humanos y naturaleza, entre cultura y naturaleza.

Con el nuevo orden económico que se instituye en la post Segunda Guerra Mundial, y el establecimiento de la guerra fría, se consolida el sistema de Bretton Woods. Los acuerdos establecidos allí sirvieron, según Ikenberry(6), como base para construir una amplia coalición alrededor de un orden entre relativamente abierto y moderado. Fue un camino intermedio entre quienes apoyaban los conservadores acuerdos de libre comercio y los entusiastas de la economía planificada.

Durante este periodo se produjo, “una gran reestructuración y una reforma sustanciales del capitalismo, y un avance espectacular en la globalización e internacionalización de la economía”(7) dando lugar a una economía mixta, “una especie de matrimonio entre liberalismo económico y socialdemocracia” (Hobsbawm, 1995: 273) que facilitó a los estados la planificación y la gestión de la modernización económica, y una ampliación de la demanda.

De alguna manera, la Primera y la Segunda guerras mundiales hicieron que se desmoronara un mundo y que apareciera otro; se produce el colapso de una estructura social. Se implanta así en la posguerra el Estado del bienestar.

Los recursos del Plan Marshall (1947) para la reconstrucción de Europa, denominado oficialmente como European Recovery Program (ERP), contribuyeron a la modernización de Europa, así como fue decisiva la ayuda estadounidense para acelerar la trasformación de Alemania Occidental y Japón. “La economía capitalista mundial […] planteaba menos obstáculos a los movimientos internacionales de los factores de producción que cualquiera otra” (Hobsbawm, 1995: 279). Esta expansión económica activó los flujos migratorios internacionales(8) e internos, de las zonas rurales a las urbanas. Se abandonó la agricultura, la industrialización se apoderó del mundo, incluso en el bloque soviético.

Sobre la mitad del siglo XX, se da inicio a la euforia del desarrollo económico mundial y a finales de los años 1940, Estados Unidos de América, a través de su Presidente Harry Truman, impone su doctrina del desarrollo y el progreso, buscando “crear las condiciones necesarias para reproducir en todo el mundo los rasgos característicos de las sociedades más avanzadas de la época: altos niveles de industrialización y urbanización, tecnificación de la agricultura, rápido crecimiento de la producción material y los niveles de vida, y adopción generalizada de la educación y los valores culturales modernos”(9)

La doctrina impuesta por Truman a través de lo que se denominó Programa de Asistencia al Desarrollo hace que se consolide la idea de la descolonización y de la “invención” del Tercer Mundo. Por vez primera en la historia de la humanidad, una potencia impone en el mundo no sólo un régimen político, sino también una ideología, un tipo de sociedad, una nueva institucionalidad.

La imposición de la ideología del progreso conlleva a profundas transformaciones en el campo. Se implanta la revolución verde(10) que mecaniza, trasforma el campo y extermina a las sociedades campesinas. Surgen las sociedades urbanas y suburbanas, las megaciudades en el Tercer Mundo y la suburbanización en el mundo desarrollado, conllevando como bien dice Hobsbawm a que la humanidad experimente cambios sustanciales y a que la cotidianidad de la gente se trasforme radicalmente.

“La economía ha crecido ocupando cada vez más espacio de la naturaleza; para utilizar la metáfora de Heman Daly hemos pasado de un mundo relativamente vacio de actividad humana a un mundo relativamente lleno de ella (DALY, 1999). Ocupación de un espacio en sentido estricto (espacio urbanizado, de infraestructuras, espacio transformado para cultivos y plantaciones,..) pero también espacio en sentido figurado (mayor parte del flujo de agua que mueve el ciclo hidrológico canalizado para usos humanos, mayor apropiación de la producción primaria de las plantas, mayor ocupación de la atmósfera con residuos”(11)
Desde el Neolítico, es la primera vez que la mayor parte de los seres humanos dejan de vivir de la agricultura y la ganadería, y se desarrolla con ímpetu la urbanización del mundo (Hobsbawn, 1995). El progreso significó el triunfo del individualismo sobre la sociedad, se impone de manera determinante una lógica de dominación sobre la naturaleza, se universaliza un estilo de vida, el modo de vida estadounidense.

Con el afianzamiento de la racionalidad científica occidental durante el siglo XIX “la idea de que a la naturaleza había que someterla, modificarla a imagen y semejanza de un imaginario obsesionado con las jerarquías, la fragmentación y el materialismo. Esta manera de entender la agricultura facilitó la hegemonía de una producción agroindustrial basada en el uso abusivo y masivo de los abonos sintéticos, los agrotóxicos, los monocultivos, semillas híbridas de estrecha base genética, y la dependencia en la mecanización y el uso masivo del riego”(12).

No obstante los aumentos netos de productividad agraria, la Revolución Verde, que se impuso desde los años 1960 con el objetivo de incrementar la producción de alimentos, tampoco resolvió el problema del hambre. Lo cierto es como bien plantea Amayrta Sen: “Lack of access to food is a social problem and it is not just a question of raising food production vis-a-vis population. Starvation and malnutrition relate ultimately to ownership and exchange in addition to production possibilities. There is, indeed, no such thing as an apolitical food problem”(13)

Una Segunda Revolución Verde (Febles, 2001) se impone a través de varios procesos paralelos:

i) La consolidación del control de la cadena alimenticia por las empresas agroindustriales transnacionales;

ii) la legalización de la privatización de la vida a través de los derechos de propiedad intelectual (DPI);

iii) el despliegue masivo de cultivos transgénicos (Febles, 2001), y finalmente,

iv) el furor de la producción de agrocombustibles.

Durante las últimas décadas, estos procesos transformaron los campos en el mundo, y generaron muchos conflictos ambientales y sociales y en la salud. Los cambios vividos en el campo fueron agudos, se paso de una agricultura tradicional y campesina hacia una agricultura industrial lo cual ha llevado a la destrucción masiva de la vida rural en todo el mundo, la pérdida de la cultura campesina y su sustitución por la dependencia económica, tecnológica y cultural ante las transnacionales de la agricultura y la alimentación. En la actualidad, las empresas transnacionales dominan el campo a través de los negocios de semillas, agroquímicos y farmacéuticos.

Crisis alimentaria

Hay una variada gama de argumentos en relación a la crisis alimentaria y el creciente aumento de los precios de los alimentos de las últimas décadas (Rosset et al., 2008; Mitchell, 2008, Browm, 2008, Altieri et al., 2008). Además instituciones como FAO (2008), UNEP (2009), Grain (2008) han realizado importantes documentos que también caracterizan la crisis.


Lo cierto es que la crisis alimentaria responde a los efectos combinados de diversos factores como: la reducción de las reservas de cereales por parte del sector público, la especulación con las reservas alimentarias por parte del capital financiero, el alza del precio del petróleo, el boom de los agrocombustibles, el cambio en las dietas alimentarias, el incremento del consumo de alimentos, la reducción de la producción agrícola, los efectos de las políticas neoliberales y de libre comercio sobre la producción campesina, el acaparamiento de alimentos, entre otras cosas.

Las directrices del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) hicieron que los gobiernos deshicieran las reservas de cereales en manos del sector público, reduciendo sus reservas y su capacidad productiva de los países y haciéndolos dependientes de las importaciones y contribuyendo a provocar el alza y la volatilidad de los precios de los alimentos (Rosset et al., 2008). En este sentido, “la relación entre las reservas mundiales y la utilización de cereales se estima en un 19,4 % para 2007/08, la más baja en tres decenios” (FAO, 2008: 9).

En 2007, la producción del sector agrícola tuvo un récord de 2.300 millones de toneladas de granos, es decir, un 4% más que el año anterior (Grain, 2008); mientras “la producción mundial de cereales cayó un 3,6 % en 2005 y un 6,9 % en 2006, antes de recuperarse en 2007” (FAO, 2008: 10). Como quiera que sea, lo cierto es que en la actualidad, la producción alimentaria crece a un ritmo mayor que el de la población. Sin embargo, aunque hoy se produce suficiente cantidad de alimentos en el mundo, éstos no llegan a quienes los necesitan. La gente consume directamente menos de la mitad de la producción mundial de granos. La mayor parte de esa producción se utiliza para consumo animal y cada vez más para agrocombustibles a través de cadenas industriales en gran escala.

Además, un factor más reciente y que esta contribuyendo a la agudización de la crisis tiene que ver con la relación de los alimentos y la vinculación de los mercados financieros. Con el colapso de la burbuja artificial del mercado inmobiliario de Estados Unidos, el capital financiero especulativo descubrió en las bolsas de alimentos un mercado relativamente seguro. Los inversionistas comenzaron a invertir en “los llamados fondos de riesgo o hedge funds, en las bolsas de los contratos a futuro de los cereales y otros alimentos, los llamados commodities” (Rosset et al, 2008: 19). De hecho, “la actividad comercial mundial en futuros y opciones ha aumentado más del doble en los últimos cinco años. En los primeros nueve meses de 2007, creció un 30 % respecto al año anterior” (FAO, 2008: 11).

Sin desconocer por completo el aumento de la especulación como un factor importante en el aumento de los precios de los alimentos, la propia FAO (2008: 11) considera que “no es claro si la especulación está impulsando al alza los precios o si este comportamiento es el resultado en cualquier caso de la subida. De un modo u otro, la gran afluencia de capitales podría explicar en parte la persistencia de los precios altos y su creciente volatilidad”.

Otro asunto en el que coinciden la mayor parte de los autores es la relación de la crisis alimentaria con el boom de los agrocombustibles. Este asunto ha generado una gran controversia durante la última década. Los promotores de los agrocombustibles han argumentado la necesidad de ellos, para sustituir el alto uso del petróleo y la necesidad de transitar hacia nuevas fuentes energéticas para mitigar el cambio climático.

Lo cierto es que, desde diversas instituciones se ha venido promoviendo la sustitución de combustible fósil por agrocombustibles, provocando así, un notable incremento en su producción. De esta forma, cada vez más alimentos estén siendo utilizados para la producción de combustibles, constiyéndose en un asunto que causa demasiada polémica.

El maíz, la palma aceitera, la yuca, el azúcar, la soya están siendo procesados para producir agrocombustibles, aportando un nuevo elemento en la estrecha relación entre la alimentación y la energía. De hecho, el alza del precio del petróleo provocó que prácticamente se triplicarán los costos de los fertilizantes entre 2006-08, mientras que los costos del transporte se duplicaron en el mismo período, afectando en especial a los pequeños agricultores (FAO, 2008: 10). No sobra señalar que la producción de alimentos y todo su procesamiento, refrigeración, transporte y distribución requiere directamente de energía; así como indirectamente para la fabricación de fertilizantes y pesticidas por la utilización del gas (HICDV, 2008: 25).

El haber tomado el camino de sustituir petróleo por agrocombustibles ha repercutido en los precios de los alimentos como lo expresan analizar varios autores: “The USDA’s chief economist […], attributed much of the increase in farm prices of maize and soybeans to biofuels production (Glauber, May 1, 2008). The IMF estimated that the increased demand for biofuels accounted for 70 percent of the increase in maize prices and 40 percent of the increase in soybean prices (Lipsky, May 8, 2008). Collins (2008) […] estimate that about 60 percent of the increase in maize prices from 2006 to 2008 may have
been due to the increase in maize used in ethanol. Rosegrant, et al. (2008) […], calculated the long-term impact on weighted cereal prices of the acceleration in biofuel production from 2000 to 2007 to be 30 percent in real terms. (Mitchell, 2008: 4) La producción de agrocombustibles ha contribuido a potenciar la crisis alimentaria global, a incrementar los precios de los alimentos, a destinar alimentos para la producción de combustibles a generar una competencia por el uso del suelo. Países como EE.UU., Canadá y Brasil hoy destinan gran parte de sus tierras para cultivos energéticos. Para la FAO, “el mercado emergente de los agrocombustibles constituye una fuente de demanda importante para algunos productos básicos agrícolas, como por ejemplo el azúcar, el maíz, la yuca, las semillas oleaginosas y el aceite de palma. De esta forma, al crecer esta demanda se aumentan los precios en los mercados mundiales, lo que a su vez ha provocado un incremento de los precios de los alimentos” (2008: 10).

Donald Mitchell que realizó un informe para el Banco Mundial, no tiene duda en señalar que, entre 2002 a junio del 2008, el incremento de los precios de los alimentos fue causado por la confluencia de múltiples factores, pero es enfático en destacar la gran responsabilidad que ha tenido en la crisis, la creciente producción de agrocombustibles: “the most important was the large increase in biofuels production from grains and oilseeds in the U.S. and EU. Without these increases, global wheat and maize stocks would not have declined appreciably and price increases due to other factors would have been moderate. Land use changes in wheat exporting countries in response to increased plantings of oilseeds for biodiesel production limited expansion of wheat production that could have otherwise prevented the large declines in global wheat stocks and the resulting rise in wheat prices. The rapid rise in oilseed prices was caused mostly by demand for biodiesel production in response to incentives provided by policy changes in the EU beginning in 2001 and in the U.S. beginning in 2004” (Mitchell, 2008: )

La FAO (2008) prevé que en 2007-08, la producción de biocombustibles consumirá 100 millones de toneladas de cereales (el 4,7 % de la producción mundial), y establecerá una importante competencia por los suelos con los cultivos alimenticios y el ganado. Mientras algunos consideran que tanto el incremento de producción de alimento animal, como los crecientes requerimientos de alimentos de China e India ha disparado la demanda anual de alimento de un 1.5% a un 2% además de que también están ascendiendo (HCIDC, 2008: 24 y 25), la india Vandana Shiva, no encuentran allí un argumento: El crecimiento económico ha ido de la mano del aumento del hambre. En India, un millón de niños mueren anualmente por falta de alimentos […], la calidad en la alimentación se ha deteriorado en comparación con cómo era antes de la globalización, incluso en las clases medias. Los pobres están ahora peor porque tanto sus modos de vida como los alimentos han sido destruidos(14).

En efecto China e India han incrementado su demanda, sin embargo, las importaciones de cereales por parte de China y la India han descendido desde aproximadamente 14 millones de toneladas a comienzos de la década de 1980 hasta unos 6 millones en los últimos tres años, debido a que han sido cubiertas por la producción interna (FAO, 2008: 11)

Ahora bien, un asunto que no es posible dejar de lado en esta crisis, es el impacto que esta teniendo sobre ella la llamada crisis ambiental, la cual Boff (1995) asocia con la tierra enferma. Esta relación podría estar relacionada con lo que en palabras de Lester Brown (2004) se conoce como burbuja económica agroalimentaria. Sin duda, en los próximos años, la crisis ambiental conllevará agudas repercusiones en la producción de alimentos, profundizará la crisis alimentaria y transformará a la humanidad.

La producción alimentaria ha estado basada en un modelo de desarrollo y agrícola que ha conllevado a una crisis en el acceso y en el suministro de agua para irrigación de los cultivos, la desertificación, el deterioro de los suelos, la deforestación, la perdida de biodiversidad, la destrucción de las selvas.

Browm considera que “numerosos países están alimentando a sus crecientes poblaciones bombeando en exceso a sus acuíferos” (Brown, 2004: 25), la sobreextracción ha provocado que el nivel de las aguas subterráneas este bajando en casi todo el mundo. En 1976, Arabia Saudí, previendo un embargo alimentario, decidió ser autosuficiente en la producción de trigo, así que perforaron 800 metros hasta encontrar agua. Tres décadas más tarde, el acuífero se está agotando, su producción de grano disminuye cada año y existe la previsión de cesarla para el 2016. Una situación igual vive Yemen e India(15). “El Banco Mundial estima que el 15% de la producción de grano indio (el alimento de 170 millones) es resultado de la sobreextracción de agua y, por definición, la sobreextracción es algo coyuntural porque el agua termina por agotarse" (Brown, 2004).

La burbuja económica agroalimentaria estaría basada en la producción de alimentos sobre una situación artificialmente inflada por el uso insostenible de las aguas subterráneas, además estaríamos muy cerca de que ésta estalle (Brown, 2004: 26 y 27). De un lado, porque la demanda global de agua se triplicó en los últimos 50 años, del otro porque la disponibilidad de tierras podría limitar la producción de alimentos en los próximos años. “La erosión de los suelos y la expansión de los desiertos, […] están poniendo en peligro la subsistencia y el abastecimiento de alimentos de centenares de millones de personas en el mundo” (Brown, 2004: 26).

Para Shiva (2008) el descenso absoluto de la producción alimentaria tiene tres factores claves: la transformación de los sistemas productivos fundamentados en la biodiversidad ecológica a sistemas de monocultivo químico, el cambio de cultivos alimentarios a cultivos agroindustriales y la vulnerabilidad producida por el cambio climático. De esta forma, cada vez se producen menos alimentos para las poblaciones y las economías locales, mientras los campos se transforman en grandes monocultivos que contribuyen notablemente al deterioro de la naturaleza, la vida de la gente y las economías locales.

Como quiera que sea la crisis alimentaria es real, se suman a las causas ya mencionadas, los cambios en las dietas alimentarias que demandan más carne y productos lácteos, la demanda de tierras por parte de las empresas transnacionales y países para satisfacer su demanda (Grain, 2008), las perdidas de producción por los eventos climáticos, el deterioro de los sistemas productivos. La demanda de alimentos continuará, el International Food Policy Research Institute (HCIDC, 2008; 25) considera que en el 2020 se requerirán más 300 millones de toneladas métricas de cereal por año. ¿Existirán condiciones para conseguir esta meta? ¿Habrán cambiado las políticas inequitativas que concentran en pocos la producción alimentaria? Lo cierto es que el hambre crece y seguirá creciendo si no se asumen medidas radicales para enfrentarla.

Crisis alimentaria y crisis del desarrollo

La actual situación alimentaria global ha tenido graves impactos en las vidas y los medios de subsistencia de la gente empobrecida en el planeta, incluido el aumento de la mortalidad infantil, de los ya desnutridos o que viven en situación de pobreza, y que utilizan entre el 70 y el 80% de sus ingresos diarios para la compra de los alimentos. Si las actuales condiciones de la crisis alimentaria se prolongan, como algunos lo advierten, se verán seriamente amenazados los medios de subsistencia de millones de personas y podría causar mayor pobreza y un hambre generalizada aún más profunda.

Sin duda, son importantes los factores ya analizados como causas de la crisis alimentaria pero hay aspecto que economistas y teóricos del desarrollo han dejado aún fuera del análisis de este fenómeno, algo que estás detrás de la discusión.

La crisis alimentaria, es el resultado de la imposición de las políticas de ajuste estructural y de liberalización del comercio impuestas a los países llamados en desarrollo por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde los años 1979, de las políticas comerciales impuestas por la Organización Mundial del Comercio desde los años 1990 y, más recientemente, los acuerdos bi-laterales de libre comercio y de inversión (Grain, 2008).como bien lo plantean Grain (2008) y también Rosset y Avila (2008).

Los países en desarrollo fueron forzados a desmontar sus aranceles y otros instrumentos y mecanismos para proteger su producción agrícola local. Así, mientras los países llamados desarrollados o industrializados forzaron a los países pobres a eliminar las barreras comerciales, “ellos mantuvieron la suyas e impidieron a los países subdesarrollados exportar productos agrícolas, privándolos de una angustiosamente necesaria renta vía exportaciones”(16)

La capacidad productiva nacional de alimentos fue desmantelada y se impuso la agroexportación, a su vez estimulada por enormes subsidios al agronegocio provenientes de los presupuestos públicos. Sin el respaldo gubernamental, la producción campesina fue deteriorándose, se acabaron los precios de garantía, los créditos, la asistencia técnica, los programas de fomento y de comercialización, mientras el mercado nacional fue inundado por importaciones baratas que terminaron por llevar a los campesinos a la propia ruina (Rosset et al., 2008: 19).

Mientras la producción agrícola local de los países empobrecidos decaía por toda este paquete de medidas, se los forzaba a abrir “sus mercados y tierras a los agronegocios mundiales, a los especuladores y a las exportaciones de alimentos subsidiados provenientes de los países ricos” (Grain, 2008). En la actualidad, esta situación ha llevado a que la mayor parte de los países en desarrollo, que anteriormente producían su propio alimento, en la actualidad dependan de las importaciones de los mismos, “aproximadamente el 70% de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos” (Grain, 2008)

En ese proceso, las tierras fértiles fueron reconvertidas de la producción de alimentos para abastecimiento de un mercado local a la producción de commodities mundiales para la exportación o cultivos de contra estación y de alto valor para abastecer los supermercados occidentales. Es en esta lógica que también se promueven la producción de agrocombustibles. De acuerdo a Grain nos encontramos en medio de un colapso estructural, consecuencia directa de tres décadas de globalización neoliberal(17). Se han priorizado la agroindustria para la exportación y los agronegocios mientras los sectores campesinos y de agricultura familiar, que siguen siendo quienes principalmente garantizan los alimentos en el mundo; son expulsados de los campos para favorecer a los grandes productores que tienen vocación para la exportación. “La destrucción de la vida campesina es tan grave que ha sido caracterizada, con razón, como una «guerra» contra el mundo rural”(18)

Para concluir

El panorama no es nada alentador. Si bien prima un cierto optimismo entre quienes siempre encuentran en cada crisis una nueva oportunidad para el mercado y promueven iniciativas como los transgénicos o, incluso la propia FAO que encuentra en los precios altos de los alimentos una oportunidad para la agricultura (también para los pequeños agricultores) en los países en desarrollo, si van acompañados de la provisión de bienes públicos esenciales. Las ganancias de los pequeños agricultores podrían impulsar un desarrollo económico y rural más amplio. Los hogares agrícolas pueden obtener beneficios inmediatos; otros hogares rurales podrían beneficiarse a largo plazo si los precios elevados se convirtiesen en oportunidades para aumentar la producción y crear empleo. (FAO, 2008: 2)e incluso las expectativas de la FAO

La realidad es que nos encontramos ante una dura realidad, las épocas de la abundancia están llegando a su fin. No sólo parecieran terminar los tiempos de alimentos baratos sino también de otros recursos y materias primas. Estamos ante las postrimerías del desarrollo fundamentado en el consumo excesivo de agua, energía, naturaleza, materias primas. Nos encontramos no solo ante el pico del petróleo que pronosticó Hubbert hace varias décadas, sino ante un pico de todo, como nos dice claramente Richard Heinberg(19). El derroche y la abundancia con la que se construyó esta civilización no tiene ya sustento. El planeta tiene un límite.

O nos encaminamos hacia una solución radical o nos mantenemos en el camino hacia la catástrofe. No sería la primera vez que sucediera en la historia de la humanidad. Existen abundantes ejemplos de civilizaciones muy avanzadas para las que no hubo alternativa y que, naufragaron cuando excedieron los límites naturales en los que basaban su desarrollo. Como bien lo plantea el autor de Peak Everything. Waking up to the century of declines: “if our dependence on oil, natural gas, and coal continues unabated the post-peak decline in their availability could trigger economic collapse, famine, and a general war over remaining resources […]. Without oil for transportation and agricultors, without gas for heating, chemicals, and fertilizers, and without coal for power generation, the global economy would sputter to a halt” (Heinberg, 2007: 20).

Para Brown en el futuro, el crecimiento de la producción alimentaria será inferior a la demanda, la burbuja económica alimentaria esta por reventarse. Lo que se pronosticaba para un futuro lejano, se ve llegar antes de lo esperado. Los hechos que “precipitarán los futuros déficit alimentarios serán los crecientes déficit de agua, interactuando con olas de calor que secarán las cosechas en regiones muy importantes para la producción alimentaria” (Brown, 2007: 38)

El asunto alimentario es tan grave que “la alimentación se está convirtiendo con rapidez en una cuestión de seguridad nacional, a medida que el crecimiento de la cosecha mundial se ralentiza y la disminución del nivel de las capas freáticas y el aumento de las temperaturas hacen pensar en déficit futuros” (Brown, 2007: 38).

Sus vaticinios no están muy lejanos, las grandes sequías en el Cono Sur en este último verano, dejaron millones de animales muertos y una fuerte caída en la producción de soja y maíz, tanto en Uruguay como en Argentina y en el resto del mundo; sin duda el futuro es incierto. ¿Estaremos a tiempo de rectificar? www.ecoportal.net

Tatiana Roa Avendaño es miembro de Censat Agua Viva- Centro Nacional de Salud, Ambiente y Trabajo -Bogotá, Colombia www.censat.org

Notas

1 Brown, Lester, 2004, Salvar el Planeta, plan B: Ecología para un mundo en peligro. Barcelona: Paidos. Pg: 25

2 Ozcáriz, Jorge (Coord.), Cambio Global, El reto es actuar. Fundación Universidad Complutense y Conacama, Madrid, 2008 En www.conama.org/cambioglobal-Esp2020

3 FAO. El estado de la inseguridad alimentaria. Los precios elevados de los alimentos y la seguridad alimentaria: amenazas y oportunidades,FAO, Roma, 2008. Pg: 8

4 MacWhirter, I., «The trading frenzy that sent prices soaring.» New Statesman 17 abril 2008,
http://www.newstatesman.com/world-affairs/2008/04/haiti-food-price-commodities

5 En http://www.unctad.org/Templates/webflyer.asp?docid=10038&intItemID=3549?=1

6 Ikenberry, John, After Victory, Princenton. Princenton University Press, 2001.

7 Hobsbawm, Eric, Historia del Siglo XX, Barcelona, Crítica, 1995. Pg: 270 4

8 Se cree que a principios de la década de 1970 había 7,5 millones de inmigrantes en los países europeos, volviéndose un tema político importante y condujo a un aumento público de la xenofobia en Europa.

9 Escobar, Arturo, La Invención del Tercer Mundo. Construcción y reconstrucción del desarrollo, Bogotá, Editorial Norma, 1996, 19 y 20

10 La Revolución Verde fue posible gracias a los programas de asistencia al desarrollo, que incorporó en el campo nuevas tecnologías, la mecanización, la utilización de elementos químicos para incrementar la productividad agrícola. De esta manera, la producción de alimentos aumentó más de prisa que la población.

11 Roca Jusmet, Jordi, La critica al crecimiento económico desde la economía ecológica y las propuestas de decrecimiento, en Revista Ecología Política, No. 33. Barcelona, España, 2007, pg: 15

12 Alvarez Febles, Nelsón, La diversidad biológica y cultural, raíz de la vida rural, 2001.
En http://www.grain.org/biodiversidad/?id=118

13 Citado en UNDP, A Preliminary Anatomy of the Unfolding Global Food Crisis,
En http://www.undp.org/developmentstudies/docs/unfolding_global_food_crisis.pdf

14 Shiva,Vandana, Los mitos de la crisis alimentaria: por qué Bush se equivoca cuando responsabiliza a la India por el aumento de los precios de los alimentos. 2008.
En http://www.grain.org/seedling/?type=73

15 Brown, Lester Brown: "La actual crisis alimentaria no es coyuntural
en http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080612/53471454937.html

16 Stiglitz, Joseph. El malestar de la globalización. Buenos Aires, Taurus, 2002, pg: 33

17 GRAIN, “El negocio de matar de hambre”, A contrapelo, Barcelona, abril de 2008.
En http://www.grain.org/articles/?id=40

18 Rosset, P., Ávila, D R, Causas de la crisis global de los precios de los alimentos, y la respuesta campesina, Ecología Política 36. Crisis económica y financiera, Icaria, Barcelona, 2008.
En http://www.landaction.org/spip/?debut_article_langue=10

19 Heinberg, Richard, Peak Everything: Waking Up to the Century Of Declines, New Society, 2007

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www.viacampesina.org

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