Desarrollo Sustentable

La Unión Europea como Generador de Entropía

El problema surge cuando nuestra actividad no cierra los ciclos, como hace la naturaleza, sino que los linealiza, de manera que, partiendo del petróleo, llegamos a un montón de plásticos en un vertedero. Pero eso no es todo, el capitalismo se caracteriza por seguir un crecimiento continuo, que en amplios periodos es exponencial, esto supone crear entropía (desorden) a toda pastilla.

Por Por Luis González Reyes

El problema surge cuando nuestra actividad no cierra los ciclos, como hace la naturaleza, sino que los linealiza, de manera que, partiendo del petróleo, llegamos a un montón de plásticos en un vertedero. Pero eso no es todo, el capitalismo se caracteriza por seguir un crecimiento continuo, que en amplios periodos es exponencial, esto supone crear entropía (desorden) a toda pastilla.

Los seres vivos somos estados de la materia de bajo contenido entrópico, es decir, altamente ordenados (¡ojo!, no confundir con uniformes o poco diversos) creados a partir de compuestos de alta entropía y generando residuos también desordenados. El resultado es necesariamente (según el segundo principio de la termodinámica) un crecimiento neto de la entropía, es decir, del desorden. Este problema lo ha solucionado el planeta evolucionando hacia ciclos cerrados gracias a la captación de energía solar, dando como resultado ecosistemas estables y con baja entropía, lo único compatible con la vida.

La actividad económica humana transforma recursos naturales con alta entropía (desordenados) en productos con un bajo contenido entrópico, generando unos residuos altamente desordenados y con un balance neto de entropía en el que, necesariamente, se genera desorden. El problema surge cuando nuestra actividad no cierra los ciclos, como hace la naturaleza, sino que los linealiza, de manera que, partiendo del petróleo, llegamos a un montón de plásticos en un vertedero. Pero eso no es todo, el capitalismo se caracteriza por seguir un crecimiento continuo, que en amplios periodos es exponencial, esto supone crear entropía (desorden) a toda pastilla.

La solución que el neoliberalismo nos da para este problema es una intensificación de los procesos de ampliación de los mercados y globalización económica, donde la economía va a ser capaz de crecer más rápido y con mayor estabilidad (si no colapsa). Es decir, seguir con ciclos lineales, al producir residuos de manera exponencial y, en su gran mayoría, no reutilizables; vamos, más producción de desorden incompatible con la vida. Estos procesos están siendo impulsados por las instituciones económicas y financieras internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio), el gran capital y organizaciones territoriales como la Unión Europea (UE).

Las consecuencias de la globalización son una Periferia que vive en una pesadilla a la que no se ve el final, en la que proliferan los conflictos violentos con grados de atrocidad espeluznantes; un incremento continuo de las desigualdades en el Centro, con crecientes bolsas de precariedad, exclusión y estallidos violentos; la subyugación de la mujer a valores patriarcales; poderosas e imparables corrientes migratorias; la pérdida creciente de libertades; … Y, por encima de todo este panorama, se cierne el fantasma de la crisis ecológica global que ya estamos viviendo. Es decir, un mundo crecientemente entropizado.

Y, en concreto, ¿qué tiene que ver la UE con la degradación ambiental?

Las decisiones políticas sobre comercio e inversión, las políticas energéticas y de transporte, los modelos agrícolas y de ordenación del territorio, los impulsos a los procesos de liberalización y desregulación; en definitiva, la política económica y social de la UE tiene graves impactos sobre el medio ambiente a escala tanto local como global. La UE acierta en sus diagnósticos sobre insostenibilidad, pero continúa con las mismas políticas que son las que han creado el problema.

Transporte y urbanismo

Un ejemplo de la insostenibilidad de las políticas de la UE es la de transporte. La construcción de la Unión está concebida para deslocalizar la producción. Esta deslocalización es mayoritariamente interna, pero también se están haciendo notables esfuerzos de cara al exterior, como atestiguan el fuerte impulso de la UE a la apertura de una nueva ronda de negociaciones en el seno de la OMC, a la creación de un Área de Libre Comercio en el Mediterráneo, al avance en las negociaciones para crear el Partenariado Transatlántico con EEUU, o a los tratados de libre comercio con Mercosur o México. Esto está suponiendo que en la actualidad el transporte esté creciendo por encima del PIB en el seno de la Unión (llegando al caso extremo del transporte por avión que está aumentando el 7’4% anualmente).
Así, la UE apuesta, presionada por la ERT, por las grandes infraestructuras de transporte, de personas y mercancías (autopistas y autovías, trenes de alta velocidad, superpuertos, ampliación de aeropuertos), pero también las grandes redes de interconexión energética (gaseoductos, líneas de alta tensión supranacionales…). Así el gasto total del transporte supone más del 10% del PIB de la UE. Actualmente el objetivo prioritario de las TENs (Trans Europe Networks, el entramado de redes de comunicación que conectan la UE) es eliminar los "cuellos de botella" existentes en la Unión (los Alpes a su paso por Suiza, lo Pirineos, etc.) y conectar el este de Europa para la próxima ampliación. Todo ello apostando por la carretera y el tren de alta velocidad, que es mucho más impactante que el tren convencional. Estas grandes infraestructuras, cuyo impulso ya vino recogido en el Tratado de Maastricht, implican que 1300 km2 quedarán sepultados bajo el asfalto y el hormigón, se aumentará la dispersión urbana y se troceará más el territorio, con la amenaza que esto significa para la biodiversidad.

El proyecto de Cielo Único Europeo para el 2004 no es sino una armonización de la normativa sobre transporte aéreo que permita optimizar su uso y seguir permitiendo su constante aumento. Además, se plantea que "no se podrá eludir la construcción de nuevas infraestructuras aeroportuarias". En cuanto al tema de la reducción de la contaminación atmosférica y sonora provocada por el tráfico aéreo, se afirma que el margen de maniobra de la UE es escaso, ya que se persigue como objetivo prioritario el aumento de competitividad de las compañías europeas frente a las americanas. La misma lógica se aplica ocurre con el tema de la exención fiscal que tiene el queroseno, que no está gravado con ningún impuesto.

Todo ello produce un incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera con las consiguientes efectos sobre el cambio climático. Este modelo de transporte, altamente insostenible, implica también la desarticulación del territorio, puesto que se conciben para favorecer la comunicación de personas y mercancías sólo entre los grandes polos de actividad económica, que es lo que le interesa al capital. Se abandonan así a su suerte zonas enteras de la UE, que quedan aisladas de un supuesto bienestar y donde, como testigo de otros tiempos, solo quedan estaciones de tren abandonadas.

El modelo actual empuja a la población hacia los espacios altamente urbanizados (la UE es la región más urbanizada del globo), haciéndolos crecer aun más y aumentando su impacto en el medio natural. Las ciudades son grandes devoradoras de recursos y generadoras de residuos.
Además, otra consecuencia importante del actual modelo de transporte es la siniestralidad, que supone que las muertes en accidente de tráfico sean la tercera causa de defunción entre el total de la población, y la primera en las personas menores de 20 años.

El principal problema con el que se está topando actualmente la Unión es que está alcanzando a un punto en el cual el transporte está llegando a la saturación. Así, la UE plantea un menor aumento del transporte por carretera (el que "menos" posibilidades de incremento presenta) del previsto inicialmente, se pretende que sea de "sólo" un 38% (frente al 50% planeado) para mercancías y un 24% (frente al 43%) para viajer@s para 2010. El ferrocarril empieza a ser barajado, no como una alternativa al transporte por carretera, pero sí como una forma de continuar el ritmo de aumento de la movilidad. Pero, para acometer ese impulso al ferrocarril, se está proponiendo nuevamente un modelo neoliberal que pasa por la fragmentación y privatización de las empresas estatales (parece que del modelo británico no se ha sacado ningún aprendizaje). Además, se le va a concebir únicamente para transporte de mercancías y personas a largas distancias y con líneas de alta velocidad fuertemente impactantes (consumen casi lo mismo que un avión y tienen una importante incidencia en el territorio).

Energía

Respecto al cambio climático, mientras que la UE reitera el compromiso de cumplir los objetivos del Protocolo de Kioto, al mismo tiempo, la Agencia Europea del Medio Ambiente reconoce que la UE no logrará cumplir dichos compromisos (ya sumamente rebajados en las cumbres de La Haya, Bonn y Marraquesh), pues las emisiones previsiblemente aumentarán un 6% entre 1990 y 2010, en vez de recortarse el 8% comprometido. Todo ello gracias al aumento del consumo energético y del transporte motorizado. Pero en el Estado español nos toca lo peor, al haber incrementado ya las emisiones de gases de efecto invernadero alrededor de un 30% entre 1990 y 1999, frente al 15% "permitido" por la UE hasta 2010.

Ante la opinión pública la UE ha aparecido como el líder mundial de la lucha contra el cambio climático. Pero analizando los hechos más de cerca se observa que esto es más bien el resultado de omisiones ajenas que de méritos propios. Si se analiza la posición de la UE desde el punto de vista de lo necesario, la imagen de líder contra el cambio climático desaparece. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, formado por científicos designados por los gobiernos) señaló la conveniencia de limitar las emisiones mundiales de gases de invernadero para el 2005 en un 20% con respecto a los valores de 1990. Hacia mitad del siglo XXI la reducción de emisiones debería ser del orden del 50%. Si se acepta el criterio de que las emisiones per cápita deben tender a igualarse entre los distintos países y, teniendo en cuenta que lo emitido por la UE superaba ampliamente los valores medios mundiales, parecía razonable esperar unas reducciones en 2005 superiores al aludido 20%. Nada de eso ocurrió. Previamente a la cumbre de Kioto la UE ofreció reducir sus emisiones en un 15% para el 2010. Además, la Unión no adoptó un compromiso unilateral de cumplir sus objetivos. Por el contrario aprovechó la cerrazón de EEUU y Japón para, en la firma del protocolo de Kioto, recortar sus recortes de emisiones hasta el 8%. También, en aras del acuerdo, transigió con una interpretación cada vez más laxa de los "mecanismos de flexibilidad" (comercio de emisiones, contabilización de sumideros, mecanismos de desarrollo limpio…). Por lo que se refiere a los compromisos post-Kioto la UE vuelve a apuntarse a objetivos moderados descafeinado aun más el acuerdo (la reducción de gases de efecto invernadero queda alrededor del 1’8% entre 1990 y 2010).

Respecto a la política energética de la UE la "seguridad de suministro" es, desde hace años, una de las cuestiones prioritarias. Por otra parte, el desarrollo económico se considera indisolublemente ligado al consumo de energía, que es creciente en el seno de la UE. En consecuencia, la disponibilidad de energía a bajo precio se convierte en esencial, objetivo que se pretende alcanzar fomentando la competitividad del sector energético. Ambas cuestiones, seguridad de suministro y competitividad, son los pilares de la política energética de la UE. No hay que olvidar que la UE es el segundo consumidor de energía del mundo y uno de los principales impulsores de que los precios de la energía sean bajos, requisito imprescindible para que la economía continúe creciendo. Para mantener bajos estos precios una de las medidas está siendo la apuesta por la creación de un mercado único de la energía (como recientemente hemos visto en la cumbre de Barcelona), que busca aumentar la competencia para bajar los precios.

Esto va a tener como consecuencia probable un aumento del consumo, y una tendencia incrementada a que la producción rebaje sus costes, es decir, se realice con menos criterios ambientales, entre otras cosas. Además habrá otros impactos ambientales, por ejemplo, unos mercados únicos de la electricidad y del gas van a suponer la construcción de nuevas redes de distribución. Las líneas eléctricas de alta tensión y los gasoductos imponen una limitación al uso del territorio, sea para el cultivo de la tierra, el turismo rural, la construcción urbana, etc.. Además, también tienen un impacto en el medio natural, pues no se va a interrumpir su paso porque atraviesen un paraje protegido o causen mortandad de especies en peligro de extinción. En este punto hay que recordar el polémico asunto de los efectos en la salud de las líneas de alta tensión. También hay que señalar que la extensión de la red de gasoductos implica, inevitablemente, el aumento de fugas de metano a la atmósfera, y el metano es un agente de efecto invernadero veinte veces más poderoso que el CO2.

Condición previa para el establecimiento del gran mercado energético es la liberalización o retirada de la intervención del estado a favor de la entrada en juego de más agentes económicos. Esto, en realidad, se trata de la privatización de los sistemas energéticos en cada país, que supondrá que el suministro energético deje de ser considerado un servicio público.

Además, se continúa la apuesta por los combustibles fósiles (especialmente el petróleo y el gas natural), dejando en un lugar residual las energías renovables (el pobre objetivo de la UE, que ya veremos si se cumple, es alcanzar el 12% de energías renovables para el 2010). Pero, además, la apuesta por las energías renovables no se sale de la lógica capitalista y, por ejemplo, se construyen grandes parques eólicos en lugar de descentralizar la producción con pequeños molinos comunitarios. Sobre esto es importante tener en cuenta datos como que el anterior director general de la Dirección General de Medio Ambiente, James Currie, se ha ido para trabajar para BP, y que la nueva directora general, Catherine Day, ha trabajado durante años en la Dirección General de Industria. Para remate no se termina de abandonar la apuesta por el carbón, aunque los propios informes de la UE reconocen su fuerte contribución al cambio climático, la lluvia ácida o la emisión de metales pesados como el mercurio. No en vano, junto a la energía hidráulica, el carbón es la única fuente energética propia que tienen los países de la UE (exceptuando el Reino Unido y Holanda, que poseen petróleo y gas). Y eso por no hablar de las nuevas presiones que parten desde el seno de la Comisión (con Loyola de Palacio a la cabeza) a favor de la energía nuclear, que resulta que ahora es superecológica pro no emitir gases de efecto invernadero.

La UE ha sido incapaz incluso de imponer tímidas ecotasas sobre los productos energéticos. La Comisión ha presentado ya dos propuestas, en 1992 y en 1997, y ambas se han aparcado hasta la fecha por falta de acuerdo entre los estados miembros. Los proyectos que se han discutido en la UE no son satisfactorios, pero es lamentable que ni se reforme, siquiera suavemente, el sistema energético europeo.

Alimentación y biotecnología

Contaminación de los suelos. Contaminación de las aguas. Pérdida de biodiversidad. Biopiratería. Pérdida de los pueblos de su derecho a la soberanía alimentaria. Vacas locas. Pollos con dioxinas. Campos despoblados. Desaparición de la figura del campesino. Grandes multinacionales agro-químico-farmacéuticas controlando la cadena de producción agraria desde el primer al último eslabón. Éste es hoy en día el panorama del sistema agroalimentario global y la política desarrollada por la UE ha colaborado particularmente a crearlo.

La política de la UE aboga por "una cooperación efectiva con los demás países y con las organizaciones internacionales", entre las que destacan la OMC, el FMI o el BM. Pero dejar en manos de estas instituciones la regulación de la alimentación hasta ahora ha tenido las graves consecuencias que más arriba indicábamos.

La política agrícola se realiza a medida de las grandes multinacionales y en contra de la población rural. La Política Agrícola Común (PAC) es el instrumento utilizado para este propósito. La PAC favorece la concentración y las grandes explotaciones intensivas; apuesta por un modelo que abusa de los fertilizantes químicos, los pesticidas, supone un gasto insostenible de los recursos hídricos (en el sur), gran consumo de plástico (en invernaderos y en el envasado) o la estabulación intensiva. Y como lo que importa es el mercado, la producción agrícola europea se dedica al comercio y a la exportación, de tal forma que el gasto energético del actual modelo agrícola (desde la producción al transporte) supone otro componente importante de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En esta apuesta por la productividad se vuelca la política de subvenciones en los grandes propietarios y en ciertas regiones, olvidándose del resto de las zonas. De esta manera, el 80% de la producción agrícola se realiza en el 20% de las tierras. Para el resto de las regiones la UE solo reserva la emigración, o quizá anegarlas con un pantano. Estas zonas que no reciben ningún tipo de protección, son muchas veces las de mayor valor ecológico y en las que la disminución de la actividad agraria supone un fuerte deterioro del paisaje.

La única novedad ambiental que introduce actual reforma de la PAC es la propuesta para un futuro no muy lejano de dos vías paralelas que convivan en la producción agrícola: la intensiva tradicional de la que nos alimentaremos la gran mayoría de ciudadan@s, y la ecológica y de calidad para una pequeña élite.

También está el tema de los organismos modificados genéticamente, sobre los que pesa una moratoria de realizar más plantaciones en la UE (lo que no significa que se hayan eliminado las que ya existían). Esto no está impidiendo su comercialización, incluidos los que tienen genes de resistencia a antibióticos. Pero si existen dudas sobre las repercusiones ambientales y sanitarias de los "transgénicos" como para hacer una moratoria ¿por qué se siguen cultivando y vendiendo?. Además, las grandes firmas agroindustriales están presionando fuertemente para el levantamiento de dicha moratoria, presiones a las que, una vez más, está siendo permeable la Comisión Europea.

Por último, la Directiva Europea de Patentes permite, a través de argucias legales, patentar genes, líneas celulares, animales y plantas. No se necesita el consentimiento del donante y no debe figurar el país de origen del material biológico. Todo esto favorece el robo por parte de las multinacionales de la biodiversidad genética y el conocimiento milenario asociado a ella por parte de las culturas que la utilizan. Además, la legislación comunitaria impide guardar semillas de variedades patentadas para sucesivas cosechas.

Biodiversidad y recursos naturales

La propia Comisión Europea reconoce que "la pérdida de biodiversidad en Europa se ha acelerado de forma drástica en las últimas décadas". Sin embargo, no señala la gran responsabilidad que en la aceleración del proceso de extinción de especies, en la reducción de la diversidad genética y en la alteración de los hábitats naturales han tenido las políticas sectoriales de la UE. Porque el crecimiento económico que los estados, la UE y los organismos internacionales potencian está basado en la explotación insostenible de unos recursos naturales limitados, siendo la pérdida de biodiversidad una consecuencia inevitable.

Pero ante este panorama los esfuerzos realizados resultan ridículos. Para empezar, no existe una sola meta cuantificable ni plazo concreto para cumplir los objetivos que la UE se ha planteado de conservación de la biodiversidad. Ni siquiera están teniendo éxito los esfuerzos realizados en los últimos años para lograr la implantación de la Red Natura 2000 en la Unión, como demuestran los cinco años de retraso acumulados en la designación de los Lugares de Interés Comunitario (LICs). O, lo que es mucho más grave, la destrucción de muchos de estos lugares en el tiempo que transcurre entre su elección y su protección eficaz, debida sobre todo a cambios en el uso del suelo ligados a la construcción de infraestructuras (carreteras, trenes de alta velocidad o embalses) y a explotaciones agrarias.

Residuos y salud pública

La producción de residuos en la UE continúa incrementándose año tras año, a pesar de la incorporación a la normativa comunitaria desde 1991 del principio de prevención en su generación. Al aumento incontrolado de los residuos urbanos, industriales y de la construcción, se unen los de equipos eléctricos y electrónicos, cuya regulación comunitaria deja bastante que desear o no existe. La Comisión sigue sin definir políticas económicas fiscales que promuevan la reducción de la cantidad y toxicidad de los residuos que se generan, limitándose a regular los sistemas de vertido y a plantear objetivos mínimos de reciclado, lo que da dinero. La presión de los grupos empresariales sigue hipotecando las políticas de reducción de envases de usar y tirar, el uso de sustancias peligrosas en la industria, así como la recuperación y compostaje de todos los flujos de residuos orgánicos. Así, de la reutilización, y no digamos de la reducción, nada de nada.

Se llega al absurdo total cuando los documentos de la UE afirman que es posible una "desmaterialización de la economía" ¿en qué consistirá dicha desmaterialización cuando el consumo de productos muy materiales y la producción de residuos, también muy materiales, no paran de crecer?
A pesar de que la legislación europea en muchos aspectos de protección de la salud pública relacionada con los residuos no ha parado de crecer, los riesgos que suponen los mismos tampoco. Así vivimos rodeados de una atmósfera contaminada, en contacto directo con peligrosas sustancias químicas, con montañas de basura que no paran de

Agua

Un último ejemplo de insostenibilidad europea es el Plan Hidrológico Nacional (PHN), enmarcado perfectamente en la lógica capitalista de la UE. El PHN se basa en un gran trasvase del Ebro, 120 nuevos embalses y daños irreparables a 47 Zonas de Especial Protección de Aves y 82 Lugares de Interés Comunitario de la Red Natura 2000. Pero, sobre todo, supondrá la creación de nuevos e insostenibles regadíos en la costa mediterránea y de una mayor explosión del turismo (más urbanización, más carreteras, más residuos, más campos de golf,…).

Por otra parte, la Directiva Marco de Aguas de la Unión está elaborada teniendo fundamentalmente en cuenta los problemas que el medio hídrico tiene en el norte y centro de Europa, como es el caso de la contaminación. Sin embargo, no considera apenas los problemas del sur, como la escasez del recurso en los cauces y la sobreexplotación de los acuíferos.

La Estrategia Europea para el Desarrollo Sostenible (EEDS)

Cuando el crecimiento económico sin límites ha sido cuestionado, ha quedado ideológicamente incapacitado y ha sido despojado de toda credibilidad, es preciso buscar otros argumentos. Así, lo que políticos, empresas y organismos pretenden al utilizar el concepto de desarrollo sostenible es tomar los valores consumistas, someterlos al lenguaje ecológico, traducirlos a la jerga políticamente correcta y convertirlos al credo capitalista. La realidad social ha impuesto unos nuevos valores que el capital se niega a admitir como válidos, pero que se ve obligado a defender por la presión social. Algunos gobiernos, administraciones y empresas no sólo han domesticado el concepto de desarrollo sostenible hasta diluirlo, sino que han llegado más lejos pervirtiendo su valor, afirmando que ahora el medio ambiente es el motor de la maquinaria capitalista. Así, las grandes transnacionales contaminantes, las administraciones cómplices y los gobiernos que defienden el dogma neoliberal, se han convertido en los nuevos paladines de las ideas verdes. Adjudicarse el logotipo del desarrollo sostenible asegura hoy, la conquista de nuevos y suculentos mercados.

Pero el capitalismo es incompatible con el desarrollo sostenible, porque su lógica interna es el crecimiento continuo en extensión (territorialmente) y en intensidad (cada vez más facetas de la vida) con el fin de acumular capital y porque se basa en que los "daños colaterales", las llamadas externalidades ambientales y sociales, las pagan otr@s.

La UE estableció su EEDS en la Cumbre de Gotemburgo en junio de 2001 y recoge la filosofía, objetivos y planteamientos del Sexto programa comunitario de medio ambiente para el periodo 2001-2010. Se trata de la aportación de la UE a la Cumbre de la Tierra Río+10, que tendrá lugar en septiembre de 2002 en Johannesburgo. La Estrategia europea señala cuatro áreas de actuación prioritaria definidas por: el cambio climático; las amenazas a la salud pública originadas por las vacas locas, los pollos con dioxinas y la acumulación de productos químicos en el medio ambiente; la pérdida de biodiversidad y la sobreexplotación de recursos naturales; y el gran impacto ambiental del transporte.

La UE afirma que el desarrollo sostenible debe complementarse con el compromiso político establecido en el Consejo Europeo de Lisboa cuyo objetivo estratégico era: "convertirse en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico sostenible con más y mejor empleo y una mayor cohesión social" (…) "Se reconoce así que, a largo plazo, el crecimiento económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente deben ir de la mano" (…) "Para conseguir el desarrollo sostenible en la práctica es necesario que el crecimiento económico apoye al progreso social y respete el medio ambiente, que la política social sustente los resultados económicos y que la política ambiental sea rentable." La propuesta hace una apología de las oportunidades que ofrece el desarrollo sostenible, asegurando que una política medioambiental rigurosa no tiene por qué poner freno al crecimiento económico y llegando incluso a afirmar que las políticas de desarrollo sostenible podrían aumentar el crecimiento económico acelerando el ritmo de innovación. El documento no ceja en el empeño del crecimiento continuo, y hace del crecimiento económico una condición indispensable para el respeto al medio ambiente, puesto que afirma que tanto la política social como la política ambiental deben estar al servicio del crecimiento económico y la rentabilidad. Por si no estuviese claro, en caso de conflicto, los criterios ambientales quedan relegados tras los económicos, como está reflejado en el Tratado de Ámsterdam.

El ambientalismo de libre mercado, adoptado por la UE, se basa en la asignación de derechos de propiedad a los recursos naturales, incluidas las patentes de los recursos biológicos, llegando hasta la privatización de los bienes comunes y la transferencia de la gestión ambiental a organismos privados. Se habla de capital natural y los recursos naturales y la conservación del medio ambiente se convierten en formas de inversión. Entran aquí en juego los impuestos y tasas ecológicas, donde sólo los que tengan el dinero suficiente podrán pagar para seguir contaminando. Además, ¿cómo valorar monetariamente el impacto medioambiental de un tren de alta velocidad?, ¿cuánto estarían dispuestas a pagar las generaciones futuras por un clima inalterado?, ¿cuánto debe pagarse a alguien que contrae un cáncer debido a la radioactividad o las emisiones electromagnéticas?

La UE apuesta por la tecnología con una fe ciega. La tecnología puede hacer los procesos más eficientes, pero el aumento inmoderado del consumo convierte estos avances técnicos en ineficaces. Se produce y se consume más, y a veces también se produce deliberadamente peor porque acortar la duración de los bienes aumenta su demanda. En la EEDS se dice: "Nuestra prolongada prosperidad depende de forma crucial de los avances en materia de conocimientos y del progreso tecnológico. Sin estas inversiones, la adaptación al desarrollo sostenible tendrá que conseguirse más bien mediante cambios en nuestras pautas de consumo". Se nos obliga a elegir entre tecnología o menos consumo como si fueran dos cosas contrapuestas. Y la UE opta por la tecnología. Según la UE, la innovación tecnológica nos permitirá seguir consumiendo a un ritmo igual o mayor que el actual.

La UE alude al principio de precaución, pero éste se obvia para la energía nuclear, los alimentos transgénicos, muchos aditivos químicos, las emisiones de antenas o de redes de conducción eléctrica, etc.

La EEDS, para intentar que la población se haga partícipe del objetivo del desarrollo sostenible, cree necesario "impulsar una sensación de responsabilidad individual y colectiva, lo que animará a modificar los comportamientos". Se intentan así desviar las responsabilidades reales sobre quién y por qué se han creado los problemas ambientales y se aboga porque las soluciones estén en la toma de decisiones individuales y en las buenas intenciones de la gente (lo cual es un proceso que también debe darse). No hay que olvidar que las transnacionales son las responsables de la mayoría de los desastres ambientales: Union Carbide (Bhopal), Exxon (vertido de Alaska), Boliden (Doñana), Hoffman-Roche (Seveso), Bayer (Rhin); así como unas de las principales responsables de nuestro modelo desaforado de consumo. Lo único a lo que se han "comprometido" las transnacionales es a la autorregulación y a códigos de conducta voluntarios (el zorro al cuidado del gallinero), existiendo una tendencia a la disminución de la legislación ambiental. Estos procesos, lejos de estar siendo efectivos para la protección ambiental, están permitiendo un bonito lavado de cara para las empresas. Un buen exponente de esto serían las petroleras Shell y BP (que ya no es British Petroleum, sino Beyond Petroleum, ¡lo que hay que oír!).

Además, la sostenibilidad es incompatible con las guerras, la resolución violenta de los conflictos y la escalada militar en la que está inmersa la UE. La guerra tiene "efectos colaterales" sobre las personas y el medio ambiente totalmente intolerables. El uso de uranio empobrecido (o no tan empobrecido), las bombas de fragmentación, las minas antipersona son un atentado contra los pueblos y el medio ambiente. La militarización de la sociedad y la producción en masa de armamento de la UE (es el segundo fabricante mundial), están bastante lejos de acercarse a la sostenibilidad.

Además, la EEDS y el Sexto programa comunitario de medio ambiente 2001-2010 no marcan objetivos claros ni plazos para su consecución. Lo cual demuestra bien a las claras que no existe voluntad política para llevarlos a cabo.

Por último, en todo el proceso de elaboración de la EEDS, la UE ha demostrado su falta de sensibilidad hacia la ciudadanía, no habilitando cauces adecuados para su participación y no respetando el Convenio de Aarhus.

De este modo, la Estrategia de la UE, que se sirve de la retórica ecologista, supone únicamente un lavado de imagen, ya que no existe ninguna voluntad real de mantener una relación armónica con el medio. No es factible un desarrollo sostenible cuando se ha creado un Mercado Único, en el cual se ahonda con la entrada en circulación del euro, basado en un consumo y una producción alejados cientos de kilómetros, ya que se incrementan aún más los impactos del transporte y el gasto energético. El desarrollo sostenible es impensable cuando las multinacionales europeas (Repsol-YPF o Endesa, por poner dos ejemplos cercanos) se dedican a esquilmar el medio allende los mares. Tampoco es posible cuando la creación de una isla de riqueza para algun@s, trae como consecuencia un aumento de las desigualdades y, como última expresión de éstas, la guerra. O cuándo la lógica de funcionamiento del sistema económico de la UE, el capitalismo, necesita un crecimiento y una acumulación constantes, que suponen un agotamiento de los recursos y una generación de residuos exponenciales. En definitiva, cuando se sustituyen los ciclos cerrados naturales por ciclos lineales generadores de entropía.

La Presidencia española de la UE, el Consejo europeo de Barcelona y la EEDS

Pero, a pesar de todos los problemas ambientales y de la creciente sensibilidad social por los mismos, entre las prioridades de la Presidencia española de la UE de este semestre ni siquiera figura la de impulsar políticas encaminadas a la puesta en práctica de la EEDS. Según se había acordado en la presidencia belga, el Consejo de Barcelona tendría entre sus prioridades fundamentales el impulsar la puesta en funcionamiento de la EEDS. Sin embargo, las prioridades de dicho Consejo fueron un impulso al Proceso de Lisboa materializado en la creación de un espacio europeo de transportes y comunicaciones, un mercado único y liberalizado de la energía, un mercado único financiero, el "pleno empleo" y la reforma de la educación. Si la EEDS es ya de por si insuficiente para alcanzar la sostenibilidad, el hecho de relegar su puesta en marcha a un tema secundario va a suponer que se sigan agravando los problemas ambientales a los que dice querer hacer frente.

Lo que sí queda claro que se va a impulsar desde la Presidencia española son el crecimiento económico, que se pretende venga unido a la entrada en circulación física del euro, así como la profundización de los procesos liberalizadores y de desregulación ya iniciados en la Cumbre de Lisboa. Es decir, que lo que se va a impulsar es el crecimiento económico puro y duro, dejando las medidas ambientales como algo meramente cosmético. Las políticas neoliberales que se propone impulsar la Presidencia española son las responsables de la emisión creciente de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático, del crecimiento exponencial de los residuos, del consumo insostenible de los recursos o de la construcción de infraestructuras enormemente impactantes. Todo ello va unido a la apuesta firme por la ampliación de la UE. Esto va a suponer la creación de un mercado aun más grande que va a llevar consigo, entre otras muchas cosas, un aumento del transporte de mercancías con todos los problemas ambientales que ello supone.

En Barcelona se ha hablado de la creación de un espacio europeo de transportes, es decir, la construcción de más autopistas y autovías, el fomento del transporte por avión con la creación de un Cielo Único Europeo y el de los impactantes trenes de alta velocidad. El impulso al ferrocarril convencional va de la mano de los procesos de saturación de tráfico por carretera comentados anteriormente. ¿Se parece en algo esto a la sostenibilidad?

También se ha impulsado el mercado único de la energía, lo que implicará la construcción de más infraestructuras y, especialmente, el espaldarazo definitivo a las políticas de "aumento de oferta" (es decir incrementar la oferta energética fomentando el aumento del consumo) frente a las de "reducción de la demanda" (que serían las que se acercarían hacia la sostenibilidad).

El impulso a la creación de un mercado financiero único reforzará, aun más, al capital especulativo. Éste es en la actualidad 30 mayor que el capital productivo y es responsable de muchas de las recientes crisis económicas como la indonesa, la rusa o la brasileña. Contra lo que a primera vista pueda parecer, el capital especulativo tiene enormes repercusiones a escala ambiental y social, no en vano las crisis que causa llegan a ser tan materiales que producen el desmantelamiento del tejido productivo (especialmente la producción a pequeña escala local mucho más integrada con el medio) o el incremento de la presión para que los países de la Periferia exploten al máximo sus recursos naturales para obtener divisas. Además, el capital financiero es uno de los principales impulsores de la globalización neoliberal en el planeta, y el que sostiene que un pequeño porcentaje de la población mantenga unas altísimas e insostenibles cotas de consumo, con todas las consecuencias que se han ido señalado anteriormente.

Brevísimos apuntes sobre la sostenibilidad

La sostenibilidad es únicamente factible en un modelo local o regional. Para alcanzar la sostenibilidad, los intercambios comerciales deberían ser lo más cercanos posibles. Serían necesarias economías que satisficieran equitativamente las necesidades humanas sin extraer recursos o desperdiciar desechos que excedan la capacidad de regeneración del medio ambiente, para que las generaciones futuras puedan disfrutar de ellas en la misma medida que las actuales, y para que exista equidad entre las generaciones presentes. También serían necesarias instituciones humanas que garantizasen el crecimiento social, intelectual y espiritual. El consumo actual de los recursos naturales excede ya los límites sostenibles y la tarea principal de la economía debe ser establecer un flujo sostenible de esos recursos y redistribuir el flujo de la riqueza ya existente. Es preciso reformar el sistema de producción, minimizar la dependencia de la extracción de más recursos, o sea, reducir, como primera medida, antes de maximizar la reutilización y el reciclaje. Y, por supuesto, es preciso eliminar las formas no esenciales de consumo avanzando hacia modelos de vida basados en la austeridad. Hay que cuestionar la necesidad social de un producto o servicio antes de generarlo. Y es necesario insistir en la distribución de la riqueza y los recursos, la distribución del tiempo de ocio y de trabajo.

En definitiva de lo que estoy hablando es de terminar con el sistema capitalista y sustituirlo por otro que tenga como cimientos la solidaridad, la libertad, la igualdad y la relación armónica con el medio; mediante ciclos de producción cerrados.

Bibliografía

· Bárcena, Juan y Segura, Paco. El mito de las infraestructuras. El Ecologista nº 30. 2002.
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