Desarrollo Sustentable

Los Verdes-Izquierda Verde ante la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible en Johannesburgo

La Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible se celebra 10 años después de la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo y treinta años después de Estocolmo. En este período hubo algunos avances, sobre todo a escala local y estatal, pero en general los problemas de pobreza y deterioro ambiental se han agravado.

La Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible se celebra 10 años después de la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo y treinta años después de Estocolmo. En este período hubo algunos avances, sobre todo a escala local y estatal, pero en general los problemas de pobreza y deterioro ambiental se han agravado."El desarrollo sostenible es el desarrollo" que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas." – Nuestro Futuro Común: Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Informe Brundtland), 1987.

Resumen

La Cumbre de Johannesburgo

Entre el 26 de agosto y el 4 de septiembre tiene lugar la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo (Sudáfrica), y a que asisten 60.000 dirigentes mundiales, activistas y representantes de empresas, para trabajar en un programa con miras a asegurar que el planeta Tierra pueda ofrecer una vida digna a todos sus habitantes, en el presente y en el futuro.

Los principales objetivos son la reducción de la pobreza que afecta a los países en desarrollo, y muy especialmente a África, y el freno de la degradación ambiental.

La Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible se celebra 10 años después de la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo y treinta años después de Estocolmo. En este período hubo algunos avances, sobre todo a escala local y estatal, pero en general los problemas de pobreza y deterioro ambiental se han agravado.

Uno de los objetivos de la Cumbre de Johannesburgo es la ratificación de varios tratados internacionales: Protocolo de Kyoto, Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos de Plantas para la Alimentación y la Agricultura, el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos y Persistentes (COP), el Convenio de Rotterdam sobre consentimiento previo informado antes de exportar ciertos productos químicos peligrosos y plaguicidas, el acuerdo de la ONU sobre recursos pesqueros que incluye varios planes de la FAO, el Convenio de Basilea sobre el transporte de residuos tóxicos y el Convenio europeo de Aarhus sobre el acceso a la información, que debería globalizarse.

Pero aún más importante es tratar de avanzar en la solución de los problemas de desarrollo y medio ambiente que afectan a los países más pobres: agua y el saneamiento, acceso a la energía a los 2.000 millones de personas que carecen de servicios modernos de energía sin agravar el cambio climático, salud, productividad agrícola y conservación de la diversidad biológica y los ecosistemas.

El gobierno de Aznar en España no ha hecho los deberes y ha jugado un papel nefasto en la preparación de la Cumbre de Johannesburgo durante la presidencia de la UE, relegando a un tercer plano todo el proceso preparatorio, como demuestran las Cumbres de Barcelona en marzo o la de Sevilla en junio de 2002.

Los Verdes-Izquierda Verde consideramos que la Cumbre de Johannesburgo debe unir la equidad social con la sostenibilidad ambiental, sin descuidar ambos aspectos, y debe huir de la retórica, sin llegar a compromisos concretos, sobre todo de recursos financieros. Es la hora de la acción, y de pasar de las palabras a los hechos.

En Johannesburgo se debería sentar las bases para crear una Organización Mundial del Medio Ambiente, dentro de la estructura de la ONU, y con presupuestos y capacidad ejecutiva, que sirva de contrapunto a la omnipotente Organización Mundial de Comercio, y una Agencia de las Energías Renovables y la Eficiencia Energética, que sustituya a la desprestigiada Agencia Internacional de la Energía Atómica.

Los Verdes-Izquierda Verde apostamos por reforzar las Naciones Unidas y sus agencias pero corrigiendo sus debilidades burocráticas, y por el fortalecimiento del Consejo Social y Económico de la ONU con la creación de un nuevo Consejo de Seguridad Social.

En España apostamos por una política real de reducción de las emisiones de gases de invernadero, cumpliendo como mínimo el Protocolo de Kyoto, por elevar la Ayuda Oficial al Desarrollo al 0,7 del PIB, y por avanzar realmente hacia la sostenibilidad y la equidad.

De Río a Johannesburgo

La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que se celebrará en Johannesburgo (Sudáfrica) entre el 26 de agosto y el 4 de septiembre, reunirá a dirigentes mundiales, activistas y representantes de empresas, para trabajar en un programa con miras a asegurar que el planeta Tierra pueda ofrecer una vida digna a todos sus habitantes, en el presente y en el futuro. La Cumbre se celebrará en el Sandton Convention Centre, a las afueras de Johannesburgo. También se celebrará un foro no gubernamental en un lugar próximo llamado Gallagher.

La Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible se celebra 10 años después de Río. La Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo que se celebró en Río del 3 al 14 de junio de 1992, llegó demasiado tarde como para impedir los problemas que pretendía resolver, ignorando el principio de precaución, pero demasiado pronto como para alcanzar acuerdos satisfactorios, a pesar de dos largos años de negociaciones.

Río-92 se celebró veinte años después de la Conferencia de Estocolmo de 1972. Treinta años después de Estocolmo y 10 de Río, los problemas sociales y ambientales, lejos de solucionarse, se han agravado. La población supera los 6.200 millones de habitantes, el doble que en 1972, y hoy 800 millones de personas viven en la extrema pobreza. Las proyecciones muestran que la población mundial llegará a los 8.000 millones de habitantes para 2025 y a los 9.300 millones de habitantes para 2050, para estabilizarse en los 12.000 millones de personas a finales del siglo XXI.

El 15% de la población mundial vive en países de altos ingresos y a ella corresponde el 56% de todo el consumo del mundo, mientras que al 40% más pobre de la población mundial, que vive en países en desarrollo, corresponde únicamente el 11% del consumo. El promedio de gastos de consumo de una familia africana se ha reducido en un 20% en comparación con 25 años atrás.

La tasa de pobreza general en los países en desarrollo, basada en un umbral de pobreza de 1 dólar de ingresos al día, se redujo del 29% en 1990 al 23% en 1998. El número total de personas que viven en la pobreza por ingresos se redujo sólo de cerca de 1.300 millones a 1.200 millones.

Hay 815 millones de personas desnutridas en el mundo, y 777 millones de ellas viven en los países en desarrollo. Las cifras están reduciéndose en Asia, pero aumentan en África. La pobreza se debe al injusto reparto de la renta: el 1% de la población mundial acapara el 57% de la renta mundial, lo que significa que apenas 60 millones de ricos tienen unos ingresos superiores a 6.000 millones de habitantes, según el informe del PNUD del año 2002.

Cada año se pierden 14,6 millones de hectáreas de bosques y miles de especies, reduciendo y erosionando irreversiblemente la diversidad biológica. La capa de ozono, a pesar del Protocolo de Montreal, no se recuperará hasta mediados del siglo XXI. El dióxido de carbono presente en la atmósfera (370 partes por millón) se ha incrementado en un 32% respecto al siglo XIX, alcanzando las mayores concentraciones en los últimos 20 millones de años, y hoy añadimos anualmente a la atmósfera más de 23.000 millones de toneladas de CO2, acelerando el cambio climático. Se prevé que las emisiones de dióxido de carbono aumenten en un 75% entre 1997 y 2020. Cada año emitimos cerca de 100 millones de toneladas de dióxido de azufre, 70 millones de óxidos de nitrógeno, 200 millones de monóxido de carbono y 60 millones de partículas en suspensión, agravando los problemas causados por las lluvias ácidas, el ozono troposférico y la contaminación atmosférica local.

El accidente de Chernobil, la proliferación nuclear y la acumulación de residuos radiactivos, son ejemplos de los riesgos de la energía nuclear.

El posible conflicto entre dos potencias nucleares, como India y Pakistán, por Cachemira, o el de Oriente Próximo, donde Israel posee cerca de 100 bombas atómicas, son ejemplos de que aún no ha desaparecido la amenaza nuclear.

El consumo mundial de energía supera los 9.000 millones de toneladas equivalentes de petróleo, y más de 680 millones de vehículos, la mayoría en el Norte, circulan por costosas infraestructuras. Mientras cerca de dos mil millones de personas carecen de electricidad.

La pesca excesiva, el sobrepastoreo, el consumo de leña, el empleo de plaguicidas y abonos, la contaminación, la producción de residuos y el crecimiento de las áreas metropolitanas, destruyen los recursos a un ritmo nunca conocido. Los cultivos transgénicos, inexistentes en 1992, hoy superan los 45 millones de hectáreas, y han surgido nuevas amenazas, como la nanotecnología y la ingeniería genética aplicada a los seres humanos.

Desapareció el conflicto Este-Oeste, pero los gastos militares apenas se han reducido, e incluso han aumentado tras los atentados del 11 de septiembre, con una única superpotencia, EE UU, mientras han estallado numerosos conflictos y sobre todo se han ahondado las diferencias entre el Norte y el Sur, así como las desigualdades dentro de cada país. La ideología neoliberal pretende erigirse en el pensamiento único, dictando las políticas económicas de todos los países.

El Norte consumista y desarrollado no quiere asumir sus responsabilidades en la destrucción ambiental y en la explotación de los pueblos del Sur, negándose a hacer ninguna concesión sustancial (deuda externa, transferencia de tecnología, comercio internacional, ayuda al desarrollo, reducción de las emisiones de CO2), y a cambiar su insostenible modo de vida.

A las élites que gobiernan el Sur tampoco les interesa que algo cambie.

Ellas son el Norte del Sur, y no están dispuestas ni a redistribuir más equitativamente la renta y la tierra, ni a democratizar sus países, ni a respetar los derechos humanos, ni a acabar con la corrupción, ni a frenar la destrucción de sus ecosistemas. En Johannesburgo las élites del Sur pretenden practicar un nacionalismo demagógico, para vestir su voracidad y el expolio de sus pueblos y ecosistemas, y en el fondo se alegrarían tanto como George W. Bush del fracaso de la Cumbre de Johannesburgo.

La "Carta de la Tierra" quedó reducida en Río a un prólogo descafeinado y sin valor normativo. Los fondos para implantar la Agenda 21 son raquíticos, y para colmo el Banco Mundial es el organismo encargado de su gestión. La Cumbre de Monterrey no logró aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo al 0,7% del PIB de los países industrializados.

Pero el hecho más significativo desde la Cumbre de Río es la creación de la Organización Mundial de Comercio y la aceleración de la globalización económica, eliminando las trabas al comercio mundial de mercancías y servicios, sin consideración por la degradación ambiental, las crecientes desigualdades y la destrucción de empleos en las economías del Tercer Mundo.

El Convenio sobre el Cambio Climático, debido a la presión del gobierno estadounidense, no contempló en 1992 ningún compromiso firme para estabilizar las emisiones de los gases causantes del efecto invernadero, y las mismas inconsistencias afectan al Convenio sobre Diversidad Biológica.

No obstante, hay que destacar algunos pasos positivos, como el Protocolo de Kyoto en 1997 (que debería ratificarse y entrar en vigor en Johannesburgo, si EE UU y sus aliados no lo impiden), el Protocolo de Bioseguridad (también debería ratificarse, con la oposición de EE UU), la creación de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, la firma de un Convenio sobre Desertificación y la creciente organización de la sociedad civil en torno a las ONG y a los movimientos sociales. El auge de la energía eólica y solar es otro indicador claro de que es posible también otro futuro energético, sin nucleares ni combustibles fósiles.

El mundo, la biosfera en la que vivimos, no puede soportar por mucho más tiempo el actual modelo de desarrollo insostenible, con las terribles desigualdades sociales y la degradación ambiental. Río, ¿sirvió para algo? A riesgo de pecar de optimismo, cabe afirmar que Río supuso un avance en la conciencia colectiva. Johannesburgo, independientemente de sus resultados concretos, tendrá efectos similares.

La Cumbre del Desarrollo Sostenible de Johannesburgo

Uno de los objetivos de la Cumbre de Johannesburgo es la ratificación de varios tratados internacionales: Protocolo de Kyoto, Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos de Plantas para la Alimentación y la Agricultura, el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos y Persistentes (COP), el Convenio de Rotterdam sobre consentimiento previo informado antes de exportar ciertos productos químicos peligrosos y plaguicidas, el acuerdo de la ONU sobre recursos pesqueros que incluye varios planes de la FAO, el Convenio de Basilea sobre el transporte de residuos tóxicos y el Convenio europeo de Aarhus sobre el acceso a la información, que debería globalizarse.

Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, resumió los progresos que esperaba ver en Johannesburgo en cinco esferas:

1. Agua y el saneamiento: Poner el agua potable al alcance de por lo menos 1.000 millones de personas que carecen de agua apta para el consumo y proveer de saneamiento adecuado a 2.000 millones de personas.

El agua contaminada, el saneamiento inadecuado y la falta de higiene causan más del 80% de todas las enfermedades en los países en desarrollo. El paludismo por sí sólo provoca más de un millón de muertes al año. Para el año 2025, las dos terceras partes de la población mundial podrían vivir en zonas sometidas a una escasez de agua de moderada a aguda.

2. Energía: Dar acceso a la energía a 2.000 millones de personas que carecen de servicios modernos de energía; promover las fuentes de energía renovables; reducir el consumo excesivo y ratificar el Protocolo de Kyoto para abordar la cuestión del cambio climático. La población de los países industrializados consume 10 veces más energía por habitante que la población de las regiones en desarrollo.

3. Salud: Abordar los efectos de los materiales tóxicos y peligrosos; reducir la contaminación del aire, que mata a tres millones de personas todos los años, y la incidencia del paludismo asociada con el agua contaminada y la falta de saneamiento.

4. Productividad agrícola: Trabajar para revertir la degradación de las tierras, frenar la erosión y la desertificación, que afecta aproximadamente a los dos tercios de las tierras agrícolas del mundo.

5. Diversidad biológica y ecosistemas: Revertir los procesos que han destruido aproximadamente la mitad de los bosques tropicales húmedos y los manglares de la Tierra, amenazan al 70% de los arrecifes de coral y están diezmando las pesquerías. Más de 11.000 especies están amenazadas de extinción, más de 800 ya se han extinguido y otras 5.000 podrían extinguirse, a menos que se adopten las medidas adecuadas.

Entre los objetivos oficiales de la Cumbre están los siguientes:

– Lograr que la mundialización facilite el desarrollo sostenible;

– Erradicar la pobreza y mejorar los medios de vida en las zonas rurales y urbanas;

– Modificar los patrones insostenibles de producción y consumo, incluida la cuadruplicación de la eficiencia energética en los próximos 20 ó 30 años;

– Promover la salud mediante el acceso seguro y económicamente asequible al agua potable, la reducción del plomo en la gasolina y la mejora de la calidad del aire en locales cerrados;

– Proporcionar acceso a la energía y mejorar la eficiencia energética mediante la creación y la utilización de tecnologías que fomenten las fuentes de energía renovable y de alta eficiencia energética, y modificar los patrones insostenibles de consumo de energía;

– Ordenar de manera sostenible los ecosistemas y la diversidad biológica mediante el mejoramiento de los indicadores y los sistemas de gestión, haciendo frente a los problemas de la pesca excesiva, las prácticas no sostenibles en materia de selvicultura y la contaminación marina;

– Mejorar la gestión de los suministros de agua y la distribución de recursos hídricos de manera que sea más equitativa;

– Proporcionar recursos financieros y tecnologías ecológicamente sostenibles;

– Apoyar el desarrollo sostenible en África mediante programas nuevos y amplios que permitan crear instituciones y sistemas que puedan abordar cuestiones relacionadas con el hambre, la salud y la protección del medio ambiente, así como la gestión de los recursos;

– Fortalecer el sistema de administración internacional con miras al desarrollo sostenible.

Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad

Después de cinco años de difíciles negociaciones se logró aprobar en Montreal un Protocolo de Bioseguridad que es el primer tratado internacional que reconoce a los organismos manipulados genéticamente una categoría de organismos necesitada de su propio marco jurídico. Este acuerdo internacional permitirá a los países importadores de alimentos transgénicos regular su entrada de acuerdo con el principio de precaución, lo cual supone un avance notable, aunque otros aspectos son insatisfactorios, y pueden entrar en contradicción con la Organización Mundial de Comercio, erigida en promotora de la libre circulación de todo tipo de productos, incluso los más dañinos para el medio ambiente y la salud.
El 29 de enero de 2000, a pesar de la poderosa oposición de los países exportadores de transgénicos, como Estados Unidos y Canadá, 130 países acordaron el llamado Protocolo de Bioseguridad, que les da el derecho, sobre la base de la aplicación del llamado principio de precaución, de rechazar las importaciones de transgénicos. La Unión Europea acordó en junio de 2002 ratificar el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad del Convenio de Diversidad Biológica, aprobado en enero de 2000 en Montreal (Canadá).

El Protocolo se refiere exclusivamente a los organismos transgénicos vivos, dejando fuera todos los productos derivados (como es el caso de los piensos, por ejemplo, aunque sus materias primas provengan de organismos transgénicos). Pero a pesar de sus limitaciones, es un paso adelante y se deben hacer todos los esfuerzos para que sea ratificado en Johannesburgo.

Protocolo de Kyoto

El Protocolo de Kyoto de diciembre de 1997 concluyó con la adopción de un acuerdo de reducción de emisiones de gases de invernadero por los 39 países industrializados, incluidos los de la antigua URSS. El compromiso, que se encuentra en un difícil período de negociación y ratificación, tras la negativa del Presidente George W. Bush a ratificarlo, secundado por Australia y Canadá, obliga a limitar las emisiones conjuntas de seis gases (CO2, CH4, N2O, compuestos perfluorocarbonados (PFC), compuestos hidrofluorocarbonados (HFC) y hexafluoruro de azufre) respecto al año base de 1990 para los tres primeros gases y 1995 para los otros tres, durante el período 2008-2012, en proporciones diferentes según el país: reducción de un 8% para el conjunto de la Unión Europea, un 7% para EE UU y un 6% para Japón.

Ucrania, la Federación Rusa y Nueva Zelanda se comprometen a mantener sus emisiones de 1990. En conjunto la reducción global acordada es de un 5,2% para los países industrializados.

El Protocolo es probable que se apruebe en la Cumbre de Johannesburgo en Sudáfrica, y la opinión pública debe presionar todo lo necesario para que así sea. En su primera etapa no obliga a los países en desarrollo, dadas sus reducidas emisiones actuales por habitante, y sobre todo las emisiones históricas acumuladas. Los países industrializados, con el 20% de la población mundial, son responsables de más del 60% de las emisiones actuales, y de la práctica totalidad de las emisiones históricas, y a pesar de estos hechos incuestionables, EE UU condicionan la ratificación del Protocolo a la asunción de compromisos por parte de China (el segundo emisor mundial) y otros países en desarrollo, contradiciendo el llamado Mandato de Berlín, alcanzado en la COP1 en 1995.

El Protocolo de Kyoto ha sido firmado por la mayoría de las partes, aunque sólo lo han ratificado la Unión Europea y Japón entre los grandes países desarrollados afectados, y según la mayoría de los científicos del IPCC es un paso totalmente insuficiente para evitar el cambio climático aún en el caso de aplicarse de forma estricta, pero incluso este mínimo compromiso se ve amenazado por la oposición del gobierno de EE UU y los "detalles" de la aplicación y el desarrollo de algunos instrumentos del protocolo, tras el acuerdo alcanzado en la Conferencia de las Partes en Marrakech en el año 2001, como el mecanismo de desarrollo limpio (CDM) de cooperación de los países industrializados con los países en desarrollo (artículo 12 del Protocolo), los sumideros (art. 3.3, 3.4 y 3.7), el intercambio de emisiones, las iniciativas de aplicación conjunta (Joint Implementation, JI y AIJ) entre países industrializados (art. 17) y las posibles sanciones por incumplimiento de los compromisos adquiridos.

La Unión Europea tiene, en general, las posiciones más avanzadas entre los países del Anexo I, gracias a la presión de la opinión pública europea y de los partidos verdes, y ya lo ha ratificado, coincidiendo con la presidencia española. Por lo que se refiere a los países en desarrollo, éstos rechazan cualquier medida que pueda impedir su desarrollo, ven con preocupación las repercusiones en sus países y en algunos casos tratan de obtener fuentes adicionales de capital a través del mecanismo de desarrollo limpio.

Estados Unidos es el gran responsable del cambio climático, pues con sólo el 4,6% de la población mundial, emite el 24% del CO2 mundial (más de 20 toneladas por habitante y año). Las emisiones de gases de invernadero en EE UU han aumentado un 21,8% entre 1990 y 1998. El Protocolo de Kyoto obliga a EE UU a reducir sus emisiones en sólo un 7%.

Los gobernantes de EE UU no quieren reducir las emisiones domésticas, y pretenden con todo tipo de artimañas (negativa a ratificar el Protocolo, sumideros, mecanismos de flexibilidad) seguir con su insostenible modo de vida consumista y despilfarrador, a costa de afectar de forma irreversible al clima del planeta, y sobre todo a las poblaciones más pobres del Tercer Mundo.

Para que el Protocolo de Kioto entre en vigor tiene que ser ratificado por un número suficiente de países desarrollados, que en conjunto sean responsables del 55% de las emisiones. Dada la posición de la administración republicana de Bush en EE UU, y su oposición a la ratificación, ésta no está ni mucho menos asegurada. Estados Unidos, con el 36,1% de las emisiones en 1990 de los países del Anexo I, en la práctica casi tiene poder de veto, mas cuando cuenta con la complicidad de otros países, como Australia y Canadá.

Reducción de la pobreza

La erradicación del hambre y la pobreza son dos derechos humanos fundamentales y debería ser la base para analizar los progresos realizados en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo. La creación y la financiación de una acción pública para garantizar tales derechos apenas progresa y la Meta del Milenio de la ONU de reducir la pobreza mundial a la mitad antes de 2015 están muy lejos de convertirse en realidad.

El 20% más rico de la población mundial ganaba 30 veces más que el 20% más pobre en 1960. En 1990 la proporción era de 60 a 1, y en 1997 la diferencia era de 74 a 1, según el PNUD. El siglo XX ha acentuado la desigualdad, en vez de reducirla. En 1820 la proporción era de 3 a 1, de 7 a 1 en 1870, de 11 a 1 en 1913, y de 74 a 1 en 1997, es decir, hoy las desigualdades son mayores que nunca.

La globalización pivotada y gobernada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y la OCDE, no contempla ningún mecanismo de redistribución de la renta. La mitad de la población mundial, más de 3.000 millones de personas, viven con menos de dos dólares diarios, mientras las 225 personas de mayor fortuna poseen un patrimonio equivalente a la renta de 2.500 millones de personas, y la fortuna de las 15 personas más ricas supera al PIB del conjunto de los países del África subsahariana.

Para paliar el desastre de la globalización de la pobreza, se han propuesto algunas medidas, como la condonación de la deuda externa de los países más pobres y el aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), hasta alcanzar el 0,7% del PIB de los países ricos. Pero los pobres probablemente prefieran que les paguen más por el café y otros productos de exportación a las medidas meramente caritativas; como decía un chiste, "Pagar mejor el café, y menos ONG". Las remesas de los emigrantes (unos 110.000 millones de dólares anuales) suponen más del doble de toda la Ayuda Oficial al Desarrollo.

En los países del Sur las mujeres satisfacen la mayoría de las necesidades básicas de sus familias y contribuyen de forma significativa a la agricultura rural y a las economías locales. El fortalecimiento de la perspectiva de género debe convertirse en una ingrediente esencial del proceso de desarrollo sostenible con un énfasis especial en el reparto de trabajo productivo y doméstico, la migración, el acceso a la propiedad, poder y presupuestos.

La Conferencia para la Financiación del Desarrollo en Monterrey en 2002 vino determinada por la resistencia de los países industrializados a aumentar la ayuda al desarrollo, hasta alcanzar el objetivo de la ONU del 0,7% del PIB, o de llegar a un acuerdo significativo para aliviar la deuda externa de los países en desarrollo. La UE debe superar la posición que presentó en la conferencia de Monterrey y debe asumir un papel de liderazgo en la financiación del desarrollo sostenible en los países en desarrollo.

Agenda 21

La Agenda 21 o Programa 21 se ha visto entorpecida por cuatro factores principales, según la ONU:

* Un enfoque fragmentado que ha permitido que las políticas y los programas aborden cuestiones económicas, sociales y ambientales, pero no de una manera integrada;

* La utilización excesiva de recursos que los ecosistemas no pueden soportar;

* Una ausencia de políticas coherentes en las esferas de las finanzas, el comercio, las inversiones y la tecnología, y de políticas proyectadas con una visión a largo plazo;

* La falta de recursos para ejecutar el Programa 21. Los países en desarrollo han tenido dificultades en obtener nuevas tecnologías e inversiones privadas de los países desarrollados, y la ayuda al desarrollo se ha reducido en el último decenio.

Entre los preparativos para Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, ha publicado un informe de 63 páginas en el que se analiza el progreso logrado durante la última década para poner en ejecución el Programa 21, un plan mundial para el desarrollo sostenible que fue aprobado en la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de Janeiro. El informe evalúa las tendencias económicas, sociales y ambientales de los últimos diez años y presenta sugerencias sobre cómo la comunidad internacional puede volver a relanzar sus esfuerzos para alcanzar las metas dispuestas en el Programa 21.

La Agenda 21 o Programa 21, según la propia ONU, es un buen plan, pero con una débil aplicación. El medio ambiente mundial sigue siendo demasiado frágil y las medidas existentes para su conservación están lejos de ser suficientes. Ha habido un progreso muy limitado en la reducción de la pobreza en los países en desarrollo, y la globalización, por sí misma, no ha beneficiado a la mayoría de la población mundial.

En general, los intentos para impulsar el desarrollo humano y para detener la degradación del medio ambiente, no han sido eficaces durante la pasada década. Los escasos recursos, la falta de voluntad política, un acercamiento fragmentado y no coordinado, y los continuos modelos derrochadores de producción y de consumo, han frustrados los esfuerzos de poner en ejecución el desarrollo sostenible, o el desarrollo equilibrado entre las necesidades económicas y sociales de la población, y la capacidad de los recursos terrestres y de los ecosistemas para resolver necesidades presentes y futuras.

A pesar de una década de resultados pocos satisfactorios, el Programa 21 -el acuerdo adoptado por unanimidad en la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de Janeiro- sigue siendo válido, aunque en él faltan, no por casualidad, cuestiones tan importantes como la energía nuclear o el control de las empresas multinacionales.

El mundo ha cambiado en los diez años que han transcurrido desde Río, con nuevas necesidades y desafíos creados por la globalización, la revolución de la información y las comunicaciones y la propagación del VIH/SIDA.

La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) ha disminuido de 58.300 millones de dólares en 1992 a 53.100 millones en el año 2000. La AOD, en proporción al Producto Interior Bruto (PIB) de los países de la OCDE, bajó del 0,35% en 1992 al 0,22% en el año 2000. Sólo cinco países-Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Noruega y Suecia-alcanzaron el objetivo de destinar un 0,7% de su PIB a la ayuda oficial directa durante el año 2000. La mayoría de los países menos desarrollados vieron como la AOD se redujo por lo menos en un 25%.

España ante la Cumbre de Johannesburgo

España no ha hecho los deberes y ha jugado un papel nefasto en la preparación de la Cumbre de Johannesburgo durante la presidencia de la UE. En este sentido cabe destacar que el gobierno de Aznar ha relegado a un tercer plano todo el proceso preparatorio, como demuestran las Cumbres de Barcelona en marzo o la de Sevilla en junio de 2002. El trabajo de la presidencia española de la Unión Europea ha sido calificado por la propia Agencia Europea de Medio Ambiente como "un paso hacia atrás". El discurso de Aznar ante el Parlamento Europeo ni siquiera mencionó el medio ambiente. El desinterés es manifiesto, más allá de las políticas de imagen sin base real.

La gestión de Jaume Matas como ministro de Medio Ambiente, y directo responsable de los trabajos de preparación de la Cumbre, supone un importante retroceso respecto a otras presidencias o lo que fue el propio proceso de Río. Gracias al gobierno de Aznar la población española desconoce todo lo relacionado con la Cumbre. La ayuda española al desarrollo apenas llega al 0,2 del PIB y en parte la canalizan ONG ligadas al PP o al Opus Dei.

Además la gestión de Aznar, y de su ministro Jaume Matas, se ha caracterizado por la ausencia total de diálogo con la sociedad civil (nunca ha reunido el Consejo Asesor de Medio Ambiente) y el resto de las fuerzas políticas, la imposición de un desastroso Plan Hidrológico Nacional, la ausencia de toda política real para cumplir el protocolo de Kyoto a pesar de que las emisiones ya duplican las autorizadas, el retroceso de la política ambiental durante la presidencia española de la Unión Europea, el retraso en la aplicación de las normas y leyes comunitarias, la no aprobación de la Estrategia Española para Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica y los planes sectoriales previstos, la elaboración de una supuesta Estrategia Española de Uso Sostenible sin presupuestos ni actuaciones concretas, el incumplimiento del Plan Nacional de Residuos Urbanos, la no aprobación de la Estrategia Forestal Española, la presentación de planes sin presupuestos ni objetivos claros que no pasan de un brindis al sol, como el Plan forestal, y el nombramiento de personas con escasa preparación y capacidad de gestión al frente de la mayoría de las aéreas de medio ambiente y desarrollo, y que en muchos casos proceden de empresas privadas con intereses ligados a las actuaciones del gobierno.

La oposición a la llamada "ecotasa turística" en Baleares manifiesta claramente su talante desarrollista y opuesto a la sostenibilidad ambiental, y además no hay que olvidar que el nombramiento de Jaume Matas responde al interés del PP en recuperar el gobierno balear, promocionando la figura de su candidato, aunque Jaume Matas ni sabe de medio ambiente ni tiene interés en protegerlo, y de hecho durante su etapa como ministro no ha parado de hacer declaraciones encaminadas a desgastar al actual gobierno de coalición de Baleares. El gobierno de Aznar no ha dado ningún paso para avanzar hacia una fiscalidad ecológica, y ha bloqueado las iniciativas en este sentido en el marco de la Unión Europea.

El Consejo Asesor de Medio Ambiente nunca se ha reunido con Matas como ministro. El Consejo es un órgano de participación, creado tras la Conferencia de Río de 1992, a semejanza de organismos similares que existen en la mayoría de los países europeos y del resto del mundo. El objetivo es claro: impedir la participación de los sindicatos, organizaciones sindicales, ecologistas, agrarias y de consumidores en la política ambiental.

El gobierno del PP, en vez de promover la participación de la sociedad civil en la política ambiental y en la ayuda al desarrollo, la ha impedido por todos los medios, incluso en el terreno más básico, como es el acceso a la información. Igualmente no ha habido ningún diálogo digno de tal nombre con el resto de las fuerzas políticas, en un tema tan sensible y de tanto calado como es el Plan hidrológico Nacional.

El borrador de la Estrategia Española de Uso Sostenible que ha presentado Aznar y su ministro Jaume Matas no pasa de ser un rosario de generalidades vacías de contenido, sin compromisos concretos y plazos definidos, y sin ninguna traducción real en la práctica gubernamental.

Además la llamada Estrategia Española de Desarrollo Sostenible llega tarde y mal, y se ha elaborado sin la participación de las organizaciones ecologistas, los sindicatos y otros sectores afectados y sin contar con los órganos institucionales de participación competentes.

Su único fin es cumplir formalmente una obligación comunitaria y llevar algún papel a Johannesburgo, y de paso practicar una política de imagen vacía de contenidos a la que tan acostumbrados están los gestores del PP.

España ya ha ratificado el Protocolo de Kioto, pero sin embargo las emisiones de dióxido de carbono (CO2) han aumentado un 33,7% entre 1990 y 2000, y en el año 2001 ya superan el 35%. El gobierno español, como demuestra el aumento de las emisiones, no tiene ningún plan serio para cumplir los compromisos adquiridos con la firma del Protocolo de Kyoto de 1997 y en el seno de la Unión Europea, compromisos que establecen un tope del 15% de aumento entre 1990 y el 2010, aumento que en su momento fue ampliamente criticado por considerarlo excesivo.

Con el escenario actual, el gobierno incumpliría gravemente el principal protocolo para proteger el medio ambiente y el clima, pues para el período 2008-2012 las emisiones en España podrían ser superiores en un 65% a las del año base. La evolución de las emisiones de gases de invernadero es el mejor indicador del compromiso de un gobierno con el medio ambiente, que en caso del PP es nulo. El gobierno aún no ha adoptado ninguna Estrategia de lucha frente al Cambio Climático, ni planes de acción. Las actuaciones son sólo para la galería y sin ninguna traducción práctica.

A pesar de la presentación a bombo y platillo de la llamada Estrategia Española para Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica al final del mandato de la ministra Isabel Tocino, ésta sigue totalmente paralizada y aún no se ha concretado ninguno de los 12 planes sectoriales. La Estrategia Forestal Española aún no ha sido aprobada, y el Plan Forestal es sólo un borrador, sin aprobar y sin ninguna traducción práctica. La administración, con la excusa de las transferencias a las Comunidades Autónomas, carece de toda política forestal. Aún peor son las políticas que afectan a los espacios protegidos, con el retroceso en la política de costas, el retraso en el desarrollo de las actuaciones encaminadas a proteger el dominio público hidráulico, o un plan para proteger las zonas húmedas (ya han desaparecido más del 60%). La red Natura 2000 sufre retrasos sólo explicables por el interés en destrozar los espacios naturales con nuevas infraestructuras y urbanizaciones.

Propuestas de Los Verdes-Izquierda Verde

La Cumbre de Johannesburgo debe unir la equidad social con la sostenibilidad ambiental, sin descuidar ambos aspectos. Las ONG del Norte ponen el énfasis en la degradación ambiental, mientras que las ONG y los gobiernos del Sur hacen hincapié en la pobreza y en el desarrollo.

Ambas cuestiones están estrechamente unidas.

Otro riesgo de la Cumbre es la tendencia a la retórica, sin llegar a compromisos concretos, sobre todo de recursos financieros. Es la hora de la acción, y de pasar de las palabras a los hechos.

Los países industrializados deben aumentar su Ayuda Oficial al Desarrollo de forma progresiva y constante, hasta alcanzar el 0,7% del PIB, y condonar la deuda externa, y eterna, de los países del Sur.

Johannesburgo podría sentar las bases para un amplio Tratado entre el Norte rico y un Sur empobrecido, donde se fijen los compromisos de ambas partes, tal y como sugirió Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas.

En Johannesburgo se debería sentar las bases para crear una Organización Mundial del Medio Ambiente, dentro de la estructura de la ONU, y con presupuestos y capacidad ejecutiva, que sirva de contrapunto a la omnipotente Organización Mundial de Comercio. El mercado internacional debe estar supeditado a la protección del medio ambiente y a la equidad social, y no como pasa en la actualidad, donde la OMC impone el libre mercado por encima de cualquier otra consideración, y sin respetar los tratados internacionales que protegen el medio ambiente (los transgénicos, por ejemplo), o los derechos sociales (como la prohibición del trabajo infantil).

Otra de las actuaciones más importantes debería ser la creación de una Agencia de las Energías Renovables y la Eficiencia Energética, que sustituya a la desprestigiada Agencia Internacional de la Energía Atómica. Su fin debe ser el desarrollo de políticas de ahorro y eficiencia energética, y de promoción de las energías renovables, sobre todos en los países en desarrollo, con una transferencia real de tecnologías sostenibles.

Igualmente consideramos que la Cumbre debe servir para ratificar varios tratados internacionales de gran importancia, como el Protocolo de Kyoto, el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos de Plantas para la Alimentación y la Agricultura, el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos y Persistentes (COP), el Convenio de Rotterdam sobre consentimiento previo informado antes de exportar ciertos productos químicos peligrosos y plaguicidas, el acuerdo de la ONU sobre recursos pesqueros que incluye varios planes de la FAO, el Convenio de Basilea sobre el transporte de residuos tóxicos y el Convenio de Aarhus sobre el acceso a la información.

Además se debe avanzar hacia el desarrollo de una fiscalidad ecológica, sin la cual es imposible dar pasos reales hacia la sostenibilidad, y un impuesto internacional sobre las transacciones en divisas (la tasa Tobin) para financiar los programas de erradicación de la pobreza en los países en desarrollo.

Los Verdes-Izquierda Verde apostamos por reforzar las Naciones Unidas y sus agencias pero corrigiendo sus debilidades burocráticas, y por el fortalecimiento del Consejo Social y Económico de la ONU con la creación de un nuevo Consejo de Seguridad Social.

El FMI, el Banco Mundial y los bancos regionales deben cambiar radicalmente sus políticas, orientándolas hacia la sostenibilidad, la erradicación de la pobreza, la protección de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y por la democracia.

En España apostamos por una política real de reducción de las emisiones de gases de invernadero, cumpliendo como mínimo el Protocolo de Kyoto, lo que supone ya reducir las emisiones del año 2001 en un 20% para el año 2010, a través de políticas reales de promoción de las energías renovables y la eficiencia energética. Nuestro país debe elevar su Ayuda Oficial al Desarrollo al 0,75 del PIB, y el Congreso de los Diputados y los órganos de participación de la sociedad civil deben controlarla, para evitar que el PP la entregue de forma arbitraria a ONG afines de la derecha y del mismo PP, el Opus Dei y los sectores más conservadores de la Iglesia Católica, para proyectos de dudosa utilidad.

Pero para avanzar realmente hacia la sostenibilidad y la equidad en España, es necesario vencer democráticamente al PP en el ciclo electoral que se inicia en el año 2003, pues con el PP en el gobierno es imposible reducir las emisiones contaminantes, proteger la biodiversidad y avanzar hacia el desarrollo sostenible y la equidad social.

Sitio oficial de la Cumbre de Johannesburgo en la web: www.johannesburgsummit.org
* Los Verdes-Izquierda Verde
Para más información: José Santamarta
C/. Hermosilla 93, 1º Izq. 28001 Madrid Tel. 915410422. Móvil 650949021
verdes.izquierdaverde@nodo50.org

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