Desarrollo Sustentable

Pobreza, Enfermedades y la Degradación Ambiental

Estamos bombardeados por la insistencia en culpar al terrorismo de todos los males del planeta, cuando en realidad el principal problema que tiene planteado y no resuelto la humanidad no es el terrorismo, sino la pobreza. Como enfatiza C. Taibo, cuanta más riqueza producimos, más pobres generamos.

Por Daniel López Marijuán

Estamos bombardeados por la insistencia en culpar al terrorismo de todos los males del planeta, cuando en realidad el principal problema que tiene planteado y no resuelto la humanidad no es el terrorismo, sino la pobreza. Como enfatiza C. Taibo, cuanta más riqueza producimos, más pobres generamos.

La Pobreza, las Enfermedades y la Degradación Ambiental son el Verdadero Eje del Mal

Este encabezamiento no está extraído de un manifiesto antiglobalización, sino que es el contundente resumen que el último Informe Worldwatch (“La situación del mundo 2005”) hace en su 13ª edición. Estamos bombardeados por la insistencia en culpar al terrorismo de todos los males del planeta, cuando en realidad el principal problema que tiene planteado y no resuelto la humanidad no es el terrorismo, sino la pobreza. Como enfatiza C. Taibo, cuanta más riqueza producimos, más pobres generamos.


A comienzos de este milenio, los líderes mundiales lanzaron los Objetivos de Desarrollo para el Milenio, que pretende alcanzar el compromiso mundial de reducir la pobreza a la mitad antes de 2015. Uno de los instrumentos para llevar a cabo este desafío es la ayuda oficial al desarrollo, es decir, destinar el 0,7% del producto interior bruto a ayudas a los países más pobres; en la actualidad, sólo llega al 0,25% del P.I.B. Digámoslo para vergüenza de los demás, hasta ahora, sólo cinco países destinan el 0,75% del P.I.B. a la solidaridad: Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Noruega y Suecia.

Frente a esta cicatería, el gasto militar en el año pasado se acerca peligrosamente al billón de dólares: 950.000 millones de dólares se dedicaron a fines militares en el 2004, de los cuales, EE.UU. empleó medio billón. No es baladí tampoco el gasto militar de la España del buen talante: 18.554 millones de euros significó el gasto militar del año pasado. Christopher Flavin, el presidente del Worldwacht, lo dice alto y claro: la paz y la seguridad no dependen sólo de la diplomacia, son el resultado de la mejora de las condiciones humanas. Sólo un cambio en las prioridades de gasto en los presupuestos de los gobiernos puede empezar a abordar de verdad la erradicación de la miseria y el hambre. La única forma de salir de este atolladero en que nos ha metido la economía y la política globalizadas es destinar más recursos a la desmilitarización, a la sostenibilidad y al bienestar social. Es decir, invertir las tendencias actuales que nos empujan a supeditar los derechos sociales y las necesidades de las personas al mantenimiento de estructuras de dominación, a la acumulación y apropiación y, en definitiva, al imperio de la ley del mercado por encima de todo y de todos.

Las políticas de ajuste estructural forman parte de este modelo neoliberal de desarrollo, que considera la privatización, la desregulación, la liberalización del comercio y la integración mercantil mundial, los fetiches para la salvación económica. Sin embargo, para los autores del informe citado y para los marginados, las soluciones deberían ir por otras vías. Sentar las bases de la paz y la seguridad implicaría superar la dependencia del petróleo, cultivar con seguridad alimentaria, gestionar los conflictos por el agua, contener las enfermedades infecciosas, avanzar hacia el desarme y colaborar más allá de las fronteras para lograr un mundo sostenible.


Hay muchos aspectos de la crisis ambiental que tienen repercusiones directas en la seguridad humana. El Cambio Climático nos anuncia un escenario de degradación de suelos, retroceso de los bosques, sequías más intensas, menores rendimientos agrícolas, incremento de enfermedades infecciosas y destrucción de ecosistemas marinos, que van a provocar la agudización de los conflictos sociales y el aumento de una nueva figura de desplazados: los refugiados ambientales que huyen de catástrofes y hambrunas. Los ejemplos del petróleo, del agua, del coltán, de los diamantes, del oro, de los fosfatos,… nos muestran a las claras que cada vez más las guerras actuales y futuras se convierten en guerras de recursos ( resource wars). Por tanto, garantizar el acceso de los desposeídos a los bienes y servicios básicos no es solamente una exigencia de justicia, sino también de seguridad y de gobernabilidad. El expolio del planeta genera destrucción, pero también inseguridad.

Abordar todos estos problemas con acierto exige el compromiso de los gobiernos y la movilización de la sociedad civil. No es sólo la igualdad lo que estamos persiguiendo, sino la equidad un concepto más incisivo para las relaciones humanas. No es de recibo que el 20% más rico de la población mundial posea casi el 90% del P.I.B. mundial, mientras que el 20% más pobre sólo tenga el 1%.Aunque algunos sigamos pensando que sería preciso un cambio radical en la “gobernanza” mundial y que aspirar a nuevos modelos de producción y de consumo sigue siendo necesario, algunas medidas que ya tendrían que estar puestas en práctica, serían:

  • Destinar el 0,7% (al menos) a la superación de las desigualdades, a la asistencia y la ayuda tecnológica para el desarrollo.
  • Cancelar la deuda que asfixia a los países pobres y proveerlos de créditos y micropréstamos para que la población emprenda actividades que les saquen de la marginación.
  • Renunciar a las subvenciones agrícolas de los países ricos y las ayudas a la exportación, que están enmascarando el libre mercado y arruinan a los campesinos de los países empobrecidos.
  • Aplicar la tasa Tobin a las transacciones financieras internacionales, empleando estos recursos en luchar contra el hambre y la degradación ecológica.
  • Implantar una fiscalidad socialmente avanzada que redistribuya las rentas en beneficio de los sectores sociales más desfavorecidos.
  • Cumplir los compromisos de Kioto en cuanto a la reducción de emisiones contaminantes (llegando a la reducción de CO2 de un 30% en 2020 y de un 80% en 2050) y generalizar la producción limpia.
  • Transferir recursos actualmente dedicados al gasto militar a fines civiles que consigan erradicar el hambre, controlar las infecciones, proporcionar vivienda, energía y trabajo, y resolver las crisis ambientales. www.EcoPortal.net

* Daniel López Marijuán
Ecologistas en Acción
Cádiz, mayo de MMV.

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