Economía

Agricultura Industrial y Familiar en el Mercosur

La agricultura, especialmente aquella que incumbe a los grandes colosos del Sur, se encuentra sometida a procesos de cambio tecnológico permanente. El boom de la soja es un hecho incontrastable, para algunos en términos de entender el cluster regional y para otros en la búsqueda por un “modelo sustentable”, complejo de alcanzar.

Por Walter A. Pengue

La agricultura, especialmente aquella que incumbe a los grandes colosos del Sur, se encuentra sometida a procesos de cambio tecnológico permanente. El boom de la soja es un hecho incontrastable, para algunos en términos de entender el cluster regional y para otros en la búsqueda por un “modelo sustentable”, complejo de alcanzar.

Agricultura Industrial y Agricultura Familiar en el Mercosur

El pez grande se come al chico…siempre?

“Las fortunas agigantadas en pocos individuos, no son solo perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil”

Plan Revolucionario de Operaciones, Mariano Moreno, 1810.

La agricultura, especialmente aquella que incumbe a los grandes colosos del Sur, se encuentra sometida a proceso de cambio tecnológico permanente. El boom de la soja (1) es un hecho incontrastable, que atrajo la atención mundial, para algunos en términos de entender el cluster regional y para otros en la búsqueda por un “modelo sustentable”, complejo de alcanzar.

Ningún sistema basado en una monocultura es sostenible sino se lo aborda bajo prácticas agronómico productivas integradoras en el uso de los recursos que generen un equilibrio dinámico en el agroecosistema y considerando al factor social como parte importante de esa buscada.

La Revolución Verde nos recuerda los notables cambios no sólo productivos sino sociales y ambientales que los procesos de intensificación agrícola acarrean. Tanto durante ese momento histórico como con la nueva propuesta de la agricultura industrial, se pudo resolver correctamente ni cuestión ecológica ni la problemática social rural.


He aquí los dos talones de Aquiles de la agricultura industrial. que no soluciona la conflictiva situación de millones de pequeños, medianos agricultores, campesinos y poblaciones indígenas que sea por escala, capacidad financiera, pautas culturales, formas de vida o un modelo propio de quehacer rural hoy día no cuadran para el modelo intensivo.

Los recientes análisis sobre algunas cadenas agroindustriales y la ocupación laboral (2) en realidad no han demostrado que exista una recuperación del sector primario rural cuya situación indica por el contrario, continuar disminuyendo. “El campo es fundamentalmente expulsor de población, porque como se tecnifica requiere menos trabajo y por tanto menos población…la población activa agropecuaria, la que verdaderamente trabaja en el campo disminuyó: Pasó de un millón seiscientos mil a novecientos mil” (3). Por otro lado, es llamativo el pensamiento que la agroindustria y los economistas neoliberales tienen sobre la colocación de esta mano de obra rural desocupada: “En el futuro, la población económicamente dependiente de la agricultura tendrá que continuar disminuyendo…Sin embargo, esto no debe significar el vaciamiento del campo, sino una revalorización del medio rural que implica tanto la articulación de las actividades agrícolas con otras actividades productivas en el medio rural como una mayor vinculación del desarrollo rural con los pequeños centros urbanos” (4). Lamentablemente, este escenario promisorio, no resuelve hacia dentro la realidad de la ruralidad de los países sudamericanos, la forma en que se reinsertarían al sector, estos millares de desplazados ni tampoco analiza, en términos de valor, la importancia del aporte a la estabilidad y la seguridad alimentaria de esta agricultura de base familiar que se expulsará. Según el Censo Nacional de Pobl?ación, Hogares y Vivienda del 2001 (Argentina), mientras el número total de habitantes del país aumentó el 11,1 % con respecto a 1991, la población rural disminuyó un 7,4 %, siendo aún mayor la caída de la población rural dispersa que bajó el 13,8 %.

Las nuevas administraciones, tanto del Brasil como de la Argentina, reciben este proceso en plena marcha, pero visiones diferentes sobre la problemática rural donde se entrelazan cuestiones siempre conflictivas como la producción agroexportadora, soberanía alimentaria, agricultura familiar y desarrollo rural sustentable.

La sustentabilidad de un modelo de ruralidad armónico pasa por la participación comprometida de todos los sectores sociales, con la acción reguladora del Estado eque facilite por un lado, un adecuado aprovechamiento de los medios de producción y por el otro una administración y gestión equilibrada de los recursos (naturales y humanos) involucrados.

La experiencia acumulada es contundente: la agricultura industrial no resuelve las problemáticas del campo. Tampoco es ese su objetivo. Mientras en las últimas dos décadas, la tendencia del PBI agropecuario de la mayoría de los países latinoamericanos fue positiva y creciente en algunos de los productos exportables (soja, maíz, carnes, trigo), la pobreza y la indigencia rural pasaron de 73 a 78,2 y 39,9 a 47 millones de personas, respectivamente (5).

Si entonces, la agricultura industrial no acerca una solución concreta a los problemas de pobreza, desarrollo rural ni a la seguridad alimentaria; sí, por sus propias características, puede serlo la agricultura familiar. “Ese vínculo estructural puede construirse a partir de los agricultores familiares. Y en torno al derecho a la alimentación, se puede alcanzar la seguridad alimentaria sustentada además como expresión territorial de derechos ciudadanos (6).

“Las vacas que producen no son muchas, pero los vaqueros si lo son. La agricultura familiar es la reproductora de una cultura…Nosotros de ninguna manera consideramos que la agricultura nacional deba valorarse por su rentabilidad económica, sino que tiene gran importancia social” (7). El mismo dilema en Argentina o Brasil.

En el Brasil, el gobierno del Presidente Da Silva, no podía abordar desde la estructura de su Ministerio de Agricultura, las demandas y principalmente los compromisos previamente asumidos relativos a la reforma agraria, el desarrollo rural, la generación de renta local, la seguridad alimentaria y por tanto, la lucha frontal contra el hambre.

Decide entonces, conformar uno nuevo, de Desarrollo Agrario, que también muy fuerte en términos de recursos disponibles y compromiso social será el que se ocupe directamente de accionar con políticas específicas y fondos en la cumplimentación de los compromisos sociales.

Mucho se ha hablado con relación a la aparente ineficiencia de las producciones familiares. “En el 2003, el PBI de la agricultura familiar creció en Brasil un 14,31 % respecto del año anterior, mientras que el de la agricultura industrial lo hizo el 11,08 %” (8)

Son cerca de 4 millones (el 84 % de los establecimientos rurales brasileños) los que viven en pequeñas chacras. La agricultura familiar produce el 24 % de la producción de bovinos de carne, el 52 % de los de leche, el 58 % de cerdos, 40 % de las aves y huevos. Responde también por el 33 % del algodón, 31 % arroz, 72 % cebolla, 67 % poroto, 97 % tabaco, 84 % mandioca, 49 % maíz, 32 % soja, 46 % trigo, 58 % banana, 27 % naranjas, 47 % uvas, 25 % café y 10 % del azúcar (9). En conjunto, estos establecimientos, de base en la agricultura familiar aportan casi el 40 % del valor total de la producción, ocupan solamente el 30,5 % del área agrícola total disponible y absorben el 76,9 % (¡!) de la mano de obra ocupada por el sector agropecuario. Actualmente disponen del 25,3 % del financiamiento para actividades productivas. En la Argentina, los datos disponibles, menos actualizados, muestran también la importancia de las pequeñas explotaciones agropecuarias (PPA). Estas unidades de base agrícola familiar aportaban el 27 % de los cereales, 26 % oleaginosas, 13 % legumbres, 36 % hortalizas, 42 % aromáticas, 19 % frutales, 18 % de los bovinos, 42 % porcinos y 49 % de los caprinos (10).

“La primera Feria Nacional de Agricultura Familiar y Reforma Agraria simbolizó el trabajo de millones de hombres y mujeres que viven en el medio rural” (11). Como resultados de esta primera experiencia la Feria movilizó alrededor de 1.200.000 reales de mercaderías comercializadas en los 4 días, a un promedio de unos 3.500 reales por vendedor.

Muchos de estos productos provienen de los asentamientos de la reforma agraria. Los mismos “están representando un nuevo e importante hecho en la historia reciente de la lucha por la democratización del acceso a la tierra en el Brasil. En cuanto a la producción agropecuaria, uno de los principales cambios traídos por los asentamientos se refiere a la oferta en el mercado local de una mayor diversidad de productos, especialmente en áreas donde había monocultura o ganadería extensiva (12). “En muchos casos, las familias rurales manifiestan una mejora sustancial en las condiciones de vida, producción y trabajo, junto al acceso a una vivienda y nuevas relaciones comunitarias” (13).

Las áreas de asentamiento de la Reforma Agraria, no sólo se circunscriben a espacios de ocupación territorial y productiva sino que reciben un creciente apoyo para la creación de centros de capacitación que concilian los objetivos de la reforma con la conservación y el uso sustentable de los recursos naturales. Sólo con el fin de la creación de 20 centros irradiadores en el manejo de la agrobiodiversidad, recibieron este año alrededor de 5 millones de reales.

En el Brasil, el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional se plantea también, desde la búsqueda del reconocimiento de una mejor remuneración a la producción de alimentos básicos (muchos producidos por los pobres rurales) y una demanda para la reconversión de los sistemas convencionales de agricultura hacia aquellos con base en los principios de la agroecología (14), que implican una dependencia menor por insumos externos (fertilizantes, agroquímicos, combustible) costosos. La agricultura familiar, es más apropiada para el establecimiento de estilos de agricultura sustentable, tanto por las características de una mayor ocupación de mano de obra y diversificación de cultivos y producción animal, que le son propias a esta forma de organización de la producción, como por su mayor capacidad de proceder al rediseño de agroecosistemas de manera más acorde a las ideas de la sustentabilidad (15).

El gran desafío que Brasil enfrenta en lo inmediato es como cumplimentar el objetivo del Programa Fome Zero (Hambre Cero) para producir los alimentos de la canasta básica para 44.000.000 de personas que hoy no acceden a ella. Muchos de estos alimentos ya no se producían en la cantidad suficiente al concentrarse la agricultura de exportación en productos que no forman parte de esta canasta y donde la agricultura familiar tendrá un peso relevante para el incremento de una producción que hoy en día no alcanzaría para alimentar adecuadamente a todos (Cuadro). En 2002, Brasil debía importar 780 mil toneladas de arroz en cáscara 450 mil de maíz, y se acercaría a la situación de tener que importar más arroz, trigo, poroto, batata y leche. pues las cantidades producidas no serían suficientes para atender la demanda de los 170 millones de habitantes, más si el programa Fome Zero “ tuviera éxito”.

Cuadro. Programa Fome Zero

Proyección del incremento en la demanda de producción de alimentos de la canasta básica si se incorporase a los 44.000.000 de excluidos (16)

Alimentos Provisión Mínima de alimento por mes Necesidad de consumo anual agregado (1)
En Mil Toneladas
Consumo total brasileño en 2002 en Mil Toneladas Incremento necesario en la producción para consumo interno
Carne de vaca 3 Kg. 1.007 6.459,8 16 %
Carne de pollo 3 Kg. 1.007 5.862,8 17 %
Leche 15 litros 5.035 22.100,0 23 %
Poroto 4,5 Kg. 1.510 2.712,7 56 %
Arroz 3,0 Kg. 1.007 8.076,8 12 %
Batata 6,0 Kg. 2.014 2.864,0 70 %
Tomate 9,0 Kg. 3.021 3.076,0 98 %
Café 0,6 Kg. 201,4 780,0 26 %
Aceite de soja 1,5 Kg. 503,5 2.935,0 17 %

(1) Para 44,04 millones de brasileños. De acuerdo con el programa, equivalen a 932.400 familias con una renta de hasta 1,08 dólares diarios. Se considera una familia con dos chicos, lo que a los efectos del cálculo de la demanda, se estima directamente en tres adultos.

En la Argentina, quizás la situación del acceso a los alimentos es más compleja, puesto que estos ahora no faltan, sino que más de la mitad de los argentinos no cuentan con las capacidades económicas para acceder a ellos. No habría falta en la canasta básica de alimentos y la mayoría de las necesidades nutricionales en términos de carne, leche, cereales, granos, legumbres, frutas y hortalizas podrían ser satisfechas (17).

Al contrario que en el Brasil, Argentina no cuenta con un organismo de nivel ministerial para abordar la cuestión del desarrollo rural (incluso Agricultura, es una Secretaria de Estado, que depende del Ministerio de Economía). A pesar de las últimas dos décadas, con el levantamiento de muchos institutos y programas nacionales de fomento al desarrollo, supervivieron grupos de trabajo en distintos organismos, que intentaron con más o menos éxito, colaborar en una desigual carrera contra el tiempo que día a día, expulsa a más productores, especialmente pequeños.

"La política de desarrollo rural está orientada a favorecer la inserción de los pequeños y medianos productores en el agro y en la economía nacional, y por esta vía, contribuir al alivio de la pobreza en las áreas rurales” (18).


Los programas de Desarrollo Rural que se ejecutan en el ámbito de la SAGPyA (19), junto a otros tantos que se integran más regional o provincialmente se han focalizado en el ataque contra la pobreza rural (PSA, PROINDER, PRODERNEA, Minifundio), el rescate de la alimentación básica (PROHUERTA) o la reconversión productiva (para pequeñas y medianas pymes agropecuarias). Estos programas, con altos y bajos durante los últimos años aseguran la atención en promedio de 6300 productores nucleados en 633 grupos del Programa Cambio rural, 9685 familias que integran 73 proyectos del programa Minifundio, 2541 familias integrantes de 52 proyectos Profam, 3.039.078 personas que a través del desarrollo de 458.477 huertas familiares, 7.824 huertas comunitarias y 6.752 huertas escolares se nuclean bajo el importante accionar del Prohuerta.

A ello se suma el trabajo provincial (20) (por ej. Bs.As. tiene bajo programa 1300 hectáreas) o el interesante trabajo municipal, como el desarrollado en el Municipio de Rosario. Otras provincias, no obstante, se han planteado el desarrollo de planes rurales más integrados que atacan las marcadas desventajas de la calidad de vida de la población rural pero la mayoría de ellas, carecen de políticas en este sentido. La participación de ONGs de fomento al desarrollo rural, de acción regional, con financiación propia o proveniente de grandes organizaciones, colabora también en paliar la pobreza creciente en los sectores afectados de nuestra ruralidad.

Sin embargo, no es claro en Argentina, qué se entiende por Desarrollo Rural Sustentable. El presupuesto nacional 2005 (que pasa de 67.729 en 2004 a 77.454 millones de pesos), muestra en apariencia un incremento en la inversión social, en términos de desarrollo social, educación, vivienda, ciencia y técnica, que incumbirá seguramente al sector rural, pero que por cierto, no ha revisado estrategias sobre una política nacional de desarrollo. No se conoce hasta ahora, una propuesta sobre un Plan Nacional Integrado de Desarrollo Rural, que en el marco de una planificación estratégica no es responsabilidad propia de un gobierno, sino que debe responder a un planeamiento del país en el mediano plazo, en el cual todos los sectores participen, opinen, propongan, consensuen y ayuden a los decisores políticos en la mirada de faros largos a implementar.

Caso contrario, es bien sabido que la dispersión de instrumentos, inclusive reconociendo sus importantes logros puntuales, puede dañar a los productores rurales –especialmente a los pequeños -, generar costos ineficientes, propiciar la corrupción y promover la disputa entre burocracias estatales, provinciales y hasta de sectores no gubernamentales.

También la discontinuidad de los programas, por falta de un objetivo estratégico encarece los costos de su implementación y su abandono, desalienta, a veces para siempre, a la familia rural.

Una política de apoyo y fomento a la producción rural familiar, cuya continuidad sea garantizada por ley y por ende, social y democráticamente discutida puede convertirse en el núcleo de un Programa Unificado de Fomento a la Agricultura Familiar. Es bien conocida la política de apoyo a la agricultura (y muchas veces no tanto a los agricultores) llevada adelante por la UE o los EE.UU., que por otro lado afectan a quienes no subsidian, como la Argentina o el Brasil. Muy diferente, y por ello no debería desconsiderarse, sería la posibilidad de subsidiar en países como los nuestros a la agricultura familiar para el fortalecimiento de las capacidades locales y la seguridad alimentaria, con fondos provenientes de sectores que hoy hacen uso de los recursos naturales sin pago permanente. Cuestiones como la promoción de la acción asociativa y cooperativa, la transferencia de nuevos procesos, conocimiento y tecnologías específicas para el desarrollo de la agricultura familiar son factores importantes. Tanto como la existencia de recursos dentro del programa para alcanzar a la formación de los cuadros técnicos que puedan capacitar adecuadamente a productores y familias, mediante una transferencia masiva y continua de nuevos conocimientos y habilidades productivas.

El fomento a la agricultura familiar implica una importante movilidad de recursos económicos que Brasil está haciendo mediante el financiamiento de estas actividades productivas. El Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar del MDA tiene por objeto brindar apoyo técnico y financiero. De una inversión insignificante en 94/95 que llegaba a los 10 millones de reales, administraba a la llegada del nuevo gobierno 4.500 millones en 2003/2004 y presupuestó siete mil en 2004/2005. Su objetivo es firmar 1.800.000 contratos y acercar a 350.000 nuevos agricultores familiares por primera vez al crédito rural.

En este proceso de desarrollo sería también relevante fortalecer una política de infraestructura pero que no sólo pase por una integración periferia-centro tal las ferrovías inglesas del siglo pasado, hoy devenidas en nuevos impulsos hacia las Hidrovías ( Hidrovia Tocantis-Araguaiao Paraguay-Paraná son un ejemplo), sino que fortalezcan, de manera prioritaria un proceso de integración transversal, que una pueblos con pueblos, hoy desarticulados o comunicados por las grandes autopistas que obligan a hacer decenas de kilómetros inútiles o recorrer kilómetros y kilómetros sobre una huella. Demás está decir que las condiciones de asistencia sanitaria tanto para la familia rural como para los asalariados del campo obligan a mejorarse. “La encuesta de PROINDER (Argentina) indica que el 60 % o más de los asalariados agropecuarios no contaba con cobertura sanitaria alguna para sí o sus familias “(21).

En un plan de Desarrollo Rural es menester revisar la incumbencia de políticas equitativas, y por ende sostenibles y democráticas para asegurar el acceso a los recursos naturales necesarios para sostener los medios de vida adecuados de la familia rural incluyendo entre ellos, según sea el caso, una reforma agraria u otros mecanismos que aseguren el acceso a la tierra.

Es evidente que en función de lo antedicho, los casos de la Argentina o el Brasil se muestran como muy diferentes, y han devenido en un proceso histórico territorial distinto, mediando en todo ello una fuerte capacidad y movilidad social, incipiente en la primera y fuertemente sostenida en el segundo. Un proyecto modernizador del medio rural, implica transformaciones importantes, que pueden también producir disrupciones sociales. Mientras en Brasil, la demanda por el acceso a la tierra viene siguiendo un dilatado proceso de avances y retrocesos y ha integrado a su patrimonio la demanda por una agricultura familiar que desea pervivir, en la Argentina, la única organización grande del campo que ha presentado estas demandas de acceso a la tierra o a su regularización ha sido la Federación Agraria. Otros grupos en mucho menor escala, manifiestan demandas semejantes.

Tampoco sólo es importante el acceso a la tierra sino que estos productores alcancen niveles estables de producción y sigan un proceso de transición que les permita acceder a los mercados, superando un cuello de botella que muchas veces tienen. A este objetivo, en el marco de una nueva economía se deberían sumar medidas que fortalezcan las relaciones productores consumidores (redes de confianza), circuitos cortos de mercancías (ferias locales), comercio solidario (productos ecológica y socialmente justos), así como una importante participación institucional que desde el gobierno fomente compras de alimentos para comedores, meriendas escolares, guarderías, hospitales y organismos públicos, directamente a los productores familiares o sus cooperativas.

No obstante, mientras esto sucede con parsimonia, la agricultura industrial, el paradigma imperante de “cómo hacer agricultura” demanda cada día nuevas tierras. Los “ sin tierra de Argentina”, los grandes pooles de siembra, administran de manera totalmente diferente a los agricultores de base familiar estos recursos. Es en este ámbito, en el cual se deberán conciliar las demandas de los grandes, y también de los pequeños. Y nuevamente aquí el papel del Estado, es insustituible por el mercado.

Sin su presencia, sin programas en el más alto nivel y con la disponibilidad de recursos necesarios para llevar adelante los planes de acción, la agricultura familiar se hallará a la deriva. Reconocer los momentos signados por el espíritu del cambio es obligación de la sociedad y del Estado. Estos cambios sólo podrán darse en nuestros tiempos con la participación de todos, incluyendo a las minorías y el dicenso constructivo. El desarrollo rural sustentable pasa indefectiblemente por el desarrollo local, que tanto para la Argentina como para el Brasil debería implicar una importante ocupación territorial. Es imposible asegurar gobernabilidad con “grandes territorios vacíos”. 16.600.000 hectáreas son ya propiedad extranjera en la Argentina, cuya mayor superficie se dedica a la agroexportación de lanas, soja, algodón, maderas. Son estos espacios, de dónde más rápidamente han salido miles de pequeños y medianos agricultores.

Nuevamente el dilema. De la mano del paradigma global de los noventa, la agricultura industrial se está imponiendo pero a costos ambientales y sociales que si se incorporasen (22) demostrarían la insustentabilidad del sistema productivo. La ciencia y la tecnología, socialmente apropiables, deberían estar a la altura de las demandas y necesidades de todos los agricultores: pequeños, medianos y grandes.

La agricultura familiar, tal como se lo comienza a mostrar en Brasil o en la dura crisis que atraviesa la Argentina (23), es una posibilidad real que no fue abandonada a su suerte por muchas economías poderosas y que no debería serlo tampoco en naciones que como las nuestras. Además de ser producción, ambiente o cultura, lo rural implica territorio.

Hoy día, gobiernos de similar tendencia y que han seguido varios pasos semejantes en sus decisiones, muestran una aplicación de políticas diferentes en lo que al desarrollo del sector rural se refiere. Será muy interesante, seguir estos procesos en la mediatez del espacio temporal.

* Una versión del presente artículo fue publicada en Le Monde Diplomatique, Edicion Cono Sur, Mayo 2005, 71: paginas 7 a 9.

Bibliografía
(1) Schulte-Brokohoffe, Andrea. Soja. Después del “boom”, ¿Qué?. Clarín Digital. Informe del Día. http://old.clarin.com/diario/2004/09/07/index_diario.html
(2) Llach, Juan, Harriague, Marcela y O`Connor, Ernesto. La generación de empleo en las cadenas agroindustriales. 73 pp. Fundación Producir Conservando. Buenos Aires, Mayo, 2004.
(3) Giberti, Horacio. Entrevista de Mabel Twaites Rey. “Una buena cosecha no basta para asegurar el desarrollo”. Clarín 9 de Febrero de 2003.
(4) FAO. Los nuevos instrumentos de política agrícola y la institucionalidad rural en América Latina. México, 2000.
(5) CEPAL, Panorama Social de América Latina, Santiago, 1999.
(6) Gordillo, Gustavo. Seguridad Alimentaria y Agricultura Familiar. Revista de la CEPAL. 83:71-84. Agosto. Santiago, 2004.
(7) Agazzi, Ernesto. Subsecretario del MGAP del nuevo gobierno uruguayo. Declaraciones a Dinámica Rural. http://espectador.com , 21/12/04.
(8) FIPE, USP. PIB das cadeias produtivas da agricultura familiar. Diciembre, 2004.
(9) MDA. Ministerio do Desenvolvimiento Agrario. www.mda.gov.ar , consulta del 20/01/2005.
(10) Carballo, Carlos et al. Articulación de los pequeños productores con el mercado: Limitaciones y propuestas para superarlas. 131 pp. Serie Estudios e Investigaciones Nº 7. SAGPyA. Buenos Aires, 2004.
(11) Rosseto, Miguel. Ministro de desarrollo agrario del Brasil.Declaraciones en la apertura de la Feria. Noviembre 11, 2004.
(12) Leite, Sergio et al. Impactos dos Assentamentos. Um estudo sobre o Meio rural Brasileiro. Núcleo de Estudos Agrarios e Desenvolvimiento Rural (NEAD). 391 pp. Brasilia, 2004.
(13) Medeiros, Leonilde y Leite, Sergio. Assentamientos rurais. Mudanca Social e Dinamica Regional. Mauad Editora, 308 pp. Rio de Janeiro, 2004.
(14) Caporal, Francisco y Costabeber, José Antonio. Agroecología e Extensao Rural. Contribucoes para a promocao do desenvolvimento rural sustentavel. 166 pp. MDA.DATER.IICA.Brasilia, 2004.
(15) Toledo, Victor Manuel. Agroecología, sustentabilidad y reforma agraria: la superioridad de la pequeña producción familiar. Agroecología e Desenvolvimiento Rural Sustentavel. Vol 3, 2:27-36. EMATER. Porto Alegre.2002.
(16) Pernambuco, G. Fome Zero aumentará o consumo da cesta básica. Revista Gleba (Informativo Técnico de CNA), Año 47, 189:1-2. Noviembre/Diciembre. Brasilia.2002.
(17) Norma Giarraca y Miguel Teubal. Argentina: productor rico, población hambrienta. Le Monde Diplomatique Ed. Cono Sur. 66:20. Buenos Aires, Diciembre, 2004.
(18) Secretaria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación. SAGPyA. www.sagpya.mecon.gov.ar )
(19) SAGPyA. Los programas de desarrollo rural ejecutados en el ámbito de la SAGPyA. Serie Estudios e Investigaciones Nº 1. 44 pp. Buenos Aires, 2003.
(20) Subsecretaria de Agricultura y Economía Rural. Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
(21) Baudron, Silvia y Gerardi, Alejandro. Los asalariados agropecuarios en Argentina: Aportes para el conocimiento de su problemática, SAGPyA. 39 pp. Serie Estudios e Investigación Nº 6. Buenos Aires, 2003.
(22) Ortega,Enrique. A soja no Brasil: Modelos de producto, custos, lucros, externalidades, sustentabilidade e politicas agrarias. UNICAMP. 2004.
(23) Altieri, Miguel. Una respuesta agroecológica al problema del monocultivo en la Argentina. http://www.agroeco.org/fatalharvest , 26/06/2003.

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