Capitalismo

El capitalismo como catástrofe. Una crítica de La doctrina del shock de Naomi Klein

Klein da nombre a una serie de “ataques organizados contra las instituciones y bienes públicos después de acontecimientos catastróficos, declarándolos al mismo tiempo atractivas oportunidades de mercado.” Según ella, esto se define “capitalismo del desastre.” Klein argumenta que, de un país a otro, el choque inicial de una guerra, una catástrofe natural, o una crisis económica precede a un segundo periodo del choque, en el que una serie de reformas impopulares -privatización, desregulación gubernamental, y recortes de gastos sociales- pasan mientras la gente está demasiado confundida y desorientada para resistir. Al final, en un tercer periodo del shock, represión y tortura se implementan para silenciar la disensión.

Petróleo, gas y crisis energética en Argentina (2003-2007): algunos aportes desde el marxismo ecológico

El marxismo ecológico propone explorar las relaciones entre economía y naturaleza, más precisamente, analizar la relación entre el capitalismo como sistema autoexpansivo y la naturaleza, inherentemente no autoexpansiva. La irreversibilidad propia de la naturaleza es incompatible con la reproducibilidad y circularidad del sistema capitalista. La auto-valorización del capital, en una escala de producción y reproducción cada vez más ampliada, no reconoce límites externos, de modo que “la contradicción entre una naturaleza limitada conviviendo con necesidades ilimitadas y la ilimitada acumulación de capital es intrínseca al capitalismo”. En definitiva, la relación capital-naturaleza supone una segunda contradicción que se adiciona a la relación antagónica capital-trabajo reconocida por el marxismo tradicional.

Ecocidio y cambio climático desde la izquierda radical. Ante una nueva era

¿Realmente entramos a una nueva Era? ¿El Antropoceno es inevitable? ¿Vivimos no sólo el final de una Era sino de la especie humana? Si entendemos que este cambio geológico no se debe al ser humano como especie (pues durante miles de años existió sin fracturar los intercambios metabólicos con la naturaleza) sino a un sistema económico determinado, el capitalismo, las preguntas cambian. Nos preguntamos por las alternativas históricas, sociales y políticas. ¿Acaso no es más necesario y urgente que nunca impulsar una sociedad ecosocialista que termine con el capitalismo ecocida para estabilizar el clima global, preservar los ecosistemas y dar una vida digna a los seres humanos?

El golf: elogio de la razón burguesa-capitalista de depredación parasitaria

Los clubes de golf, en razón de la magra cobertura boscosa que dejan o contienen, contribuyen a la erosión de los suelos que muchas veces, son de buena calidad y podrían ser utilizados de forma productiva, eficiente y positiva por y para las comunidades. Estos clubes gastan enormes volúmenes de agua – ya que un solo golf se traga diariamente el equivalente del consumo hídrico de 6000 personas – por lo que crean una presión monstruosa sobre los acuíferos. Además, esta erosión viene acompañada de una utilización amplia, indiscriminada y altamente contaminante de grandes cantidades de pesticidas y de abonos sintéticos.

UE 2020: una estrategia imposible para la insostenibilidad y la desigualdad

Vivimos en un sistema, el capitalista, que funciona con una única premisa: maximizar el beneficio individual en el menor tiempo. Uno de sus corolarios inevitables es que el consumo de recursos y la producción de residuos no puede parar de crecer. El crecimiento no es una consecuencia posible de este sistema, es una condición indispensable para que funcione. La supuesta preocupación ambiental de la UE es un ejercicio de lavado de imagen y de adaptarse a un mundo en creciente competencia por recursos cada vez más escasos. Además la UE, dentro del marco de una economía que necesita y busca el crecimiento continuo, es imposible que pueda alcanzar la sostenibilidad en un planeta limitado.

Latinoamérica ante la crisis ecológica global

América latina tiene por delante un desafío enorme en materia ambiental. A pesar de los cambios políticos profundos suscitados en la región, los gobiernos progresistas no han podido desembarazarse del rol asignado en la división internacional del trabajo. Es necesario rediscutir los fundamentos del sistema capitalista para comprender los problemas ecológicos. Entender no sólo la relación contradictoria capital-trabajo sino también la contradicción capital-naturaleza: la capacidad proveedora y receptora de la naturaleza es limitada y, por lo tanto, incompatible con la acumulación ilimitada de capital.

Ética ecosocialista (el verdadero hombre nuevo)

El consumismo es la peor manifestación patológica de esa enfermedad de la sociedad humana llamada capitalismo; es el más formidable obstáculo para la construcción de un nuevo modelo social en donde lo que se entienda por calidad de vida no conlleve, casi automáticamente, a la degradación y destrucción de la vida circundante. Es un grave error creer que el nuevo modelo socialista a construir simplemente equivaldrá a una mejor y más justa distribución de la riqueza material dentro de la sociedad. Para decirlo con palabras de Carlos Marx: “Si el comunismo se desinteresa de los hechos de conciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria”. El socialismo económico sin una ética ecológica no tendrá futuro alguno.

El pelícano ciego. Acerca de los bienes comunes

La economía dominante que se estudia en las facultades, y trata de imponerse en la práctica, es la corriente denominada neoclásica. Es la base para justificar el capitalismo en todas sus variaciones. Tiene un fundamento antropológico individualista y egoísta, y estudia la realidad económica como si estuviese al margen de la biosfera o de la lucha de clases o del patriarcalismo reinante. Fruto de esta ideología dominante en Occidente es la tendencia irrefrenable del capital, en su búsqueda compulsiva del máximo beneficio, de abarcar toda la vida y de privatizar toda la existencia. Desde esta perspectiva se ha tomado el trabajo de Hardin (1968) como si fuese un dogma de fe.

Decrecimiento y tiempo para la vida

Bajo el paradigma de que fuera del capitalismo nos sobrará tiempo para la vida Paco Puche traza en este artículo un recorrido histórico, filosófico y económico de los conceptos del trabajo y el tiempo, censurando el significado que han adquirido en la actualidad, y resaltando lo que supondrán -trabajo y tiempo- en una sociedad que avanza hacia el decrecimiento.

El sistema se autodestruye. Señales del Apocalipsis: Prepárense para el desenlace

Los científicos y funcionarios que "alertan" sobre la catástrofe ambiental, no la relacionan con la propiedad privada capitalista, con la búsqueda de rentabilidad y concentración de riqueza en pocas manos, con la sociedad de consumo y con las trasnacionales y bancos que controlan los recursos naturales y los sistemas económicos productivos sin planificación, y sólo orientados a la ganancia privada en todo el planeta. En las cumbres sobre "cambio climático" sólo se habla de "impacto ambiental", de "emisiones contaminantes" que destruyen el planeta, sin profundizar en las raíces y causalidades del sistema capitalista que las produce. Esta omisión (cómplice y conciente) permite hablar de la "víctima" (el planeta y la mayoría de la humanidad) sin identificar al "criminal" (los grupos y empresas capitalistas que concentran activos y fortunas personales depredando y destruyendo irracionalmente el planeta).

Vulnerabilidad frente al cambio climático

Hacer consenso sobre la forma y el fondo de las causas de la crisis ambiental implica poner nombre y apellidos. Ubicar quienes son los responsables de fomentar la generación irresponsable de energía –por ejemplo- y el consumo desmedido de hidrocarburos. Mientras no lo hagamos, seguiremos atacando las consecuencias. Mientras no empecemos a modificar el punto de vista de fondo que es el modelo de “desarrollo” neoliberal, vamos a seguir relativamente igual. Limitarnos a mitigar y adaptarnos termina siendo insuficiente. Hay que hacerlo y hacerlo bien, pero seguiríamos “creciendo” bajo el mismo esquema.

¿Llegará el capitalismo a devorar el Foro Social Mundial??

Es perfectamente posible que el FSM sea absorbido progresivamente por el sistema capitalista. No habría nada de asombroso en ello. El capitalismo no tiene ya nada que probar en cuanto a su capacidad para adaptarse y absorber las dinámicas creadas en un principio para luchar contra él. El FSM, al igual que las ONG, movimientos sociales e individuos que lo componen, no están a salvo del peligro. Sin embargo, como red radical, el CADTM piensa que el FSM puede aún desempeñar un papel positivo como lugar de discusión sobre pistas alternativas para garantizar un auténtico desarrollo humano, basado en la justicia social y el respeto a la naturaleza.

Hay que despedirse del fetichismo del crecimiento, en el Norte, pero también en el Sur

En una estadística económica deberían, y por mucho, incorporarse los daños medioambientales –es decir, los costes ecológicos y sociales reales— de nuestro obsoleto modo de producir privado-capitalista. A diferencia de lo ocurrido en crisis económicas mundiales pasadas, ahora no tenemos ya mucho tiempo para una transformación que, desde luego, no vendrá por sí sola. Y lo cierto es que resulta de todo punto necesaria, si queremos que este planeta siga siendo habitable. Y eso significa, ni más ni menos, que despedirse de la ideología del crecimiento.

La economía feminista como paradigma alternativo

La economía neoclásica, neoliberal o capitalista ha fracasado. Casi ningún economista convencional lo reconoce, pero el crack del 2008 y sus consecuencias, la crisis climática, el ensanchamiento de la brecha de desigualdad y el hambre crónica del 20 por ciento de la población constituyen los argumentos irrefutables de cómo una economía que domina el mundo industrializado, sin competencia intelectual ni de poder, nos está llevando a una crisis global. El que esté en su crepúsculo no quiere decir que vaya a caer por sí sola, necesita de una eutanasia asistida.

El crepúsculo del capitalismo

Que dejado a merced de la mano invisible del "libre" mercado desregulado, el sistema capitalista haya tenido que protagonizar las mayores intervenciones del Estado que se recuerden en su historia no deja de ser una refutación definitiva de tal sistema. Ha sido refutado y está en su crepúsculo, pero la agonía puede ser duradera y perniciosa por lo que está pidiendo una eutanasia asistida. Se impone un nuevo paradigma, en el sentido kuhniano, para acabar con esta pesadilla de la miserabilización y posible autodestrucción del mundo humano. Para esta necesaria sustitución, resulta pertinente desempolvar el viejo eslogan de Rosa Luxemburgo, pero adaptado a los tiempos, que vendría a profetizar aquello de: ecosocialismo o barbarie.

Calentamiento global, COP 15 y las que vengan, pero el estilo de vida no se toca

Los proyectos e intentos de frenar el aumento de partículas de CO2 en el aire son variadísimos, costosísimos e insegurísimos. Se mencionan todas las “soluciones” imaginables, salvo una bastante clara y directa: emitir menos CO2. Consumir menos. Viajar menos en auto, más en bicicleta; apostar más a transportes públicos y de entre ellos, a los que produzcan menos CO2. Achicar fletes y que por lo tanto, los perros y gatos porteños no puedan ya ingerir productos alimenticios provenientes de EE.UU., que tengamos que comer bananas misioneras y no ecuatorianas, limitar en una palabra la mundialización (que en realidad está avanzando) del mercado y apostar más a mercados locales o regionales.