Economía

Crítica al Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA

El tratado, que en Diciembre de 2004 suscribirían los presidentes de 34 países de América para conformar el Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- no es libre comercio y es mucho más que "libre comercio". La primera de las afirmaciones anteriores se fundamenta en la ausencia, casi por completo, de las premisas que caracterizan a la libre concurrencia.

Por Aurelio Suarez Montoya

El tratado, que en Diciembre de 2004 suscribirían los presidentes de 34 países de América para conformar el Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- no es libre comercio y es mucho más que "libre comercio". La primera de las afirmaciones anteriores se fundamenta en la ausencia, casi por completo, de las premisas que caracterizan a la libre concurrencia.

El tratado, que en Diciembre de 2004 suscribirían los presidentes de 34 países de América para conformar el Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- no es libre comercio y es mucho más que "libre comercio". La primera de las afirmaciones anteriores se fundamenta en la ausencia, casi por completo, de las premisas que caracterizan a la libre concurrencia. Ya Joseph Stiglitz en sus trabajos muy conocidos destaca la imperfección en general de los mercados contemporáneos como algo evidente.

En el caso de los países que conforman el ALCA tal imperfección es abrumadora. Según el valor del Producto Interno Bruto total del conjunto de esas 34 naciones, para 2002, Estados Unidos fue el 78,7%, Brasil fue el 6% y Canadá el 5,5% y los otros 31 países, entre todos, apenas sumaron el 9,8% restante. Colombia, aunque ocupe el sexto lugar, no es ni un dólar de cada cien de los que se producen anualmente en el Continente. Estados Unidos es, así mismo , el 63% de las importaciones, el 55% de las importaciones y, en términos de consumo es, con un ingreso por habitante que septuplica al de México, decuplica al de Brasil y es más de 15 veces el de Colombia, el centro de las compras hemisféricas. Finalmente por cada dólar que Colombia vende en el exterior Estados Unidos vende 150.

Esa desigualdad inmensa, que los economistas de moda llaman con tibieza "asimetría", y que es todavía mayor para otros países en peores condiciones que Colombia, a los cuales no los salvarán ni las hipotéticas consideraciones especiales para las economías más pequeñas, permite concluir que sin lugar a dudas el ALCA consagrará, por lo ya expuesto, el predominio económico norteamericano bajo un esquema de eliminación de barreras mercantiles, lo cual en tan nefastas condiciones será precisamente la negación de la libre competencia. Se trata entonces de una apertura completa y más amplia que la de los últimos doce años y, por tanto, sus terribles consecuencias tendrán una escala superior de gravedad. Con sobrada razón un campesino antioqueño lo bautizó "ALCAído…caerle", aunque los costeños también se refieren a este acuerdo como "ALCArajo… el caído".

Dentro de las secuelas previstas hay una que se oculta detrás de la hegemonía gringa. Cuando se analiza el comercio exterior estadounidense, se encuentra que, en primer lugar, adquiere recursos naturales, como petróleo, cobre, carbón, aluminio y estaño, y frutos tropicales como café, banano, cacao, azúcar de caña y flores, frutas, follajes y forestales tropicales, entre otros. Es decir, productos que elaboran y exportan las tres cuartas partes de los países signatarios del acuerdo. Estados Unidos tendría a su completa disposición una amplia gama de proveedores que competirán entre sí para alcanzar el publicitado "acceso al mayor mercado del mundo". El otro renglón que los Estados Unidos más compra es el de los bienes de consumo final. Vale la pena observar que tales bienes corresponden a productos fabricados bajo el sistema de ensamble como en México, como las maquilas centroamericanas y, recientemente, las mercaderías del ATPDEA. Todos ellos tienen un elemento común: el grueso de los insumos o las partes que los componen, ha sido suministrado por los Estados Unidos y el valor que se agrega corresponde al de una envilecida mano de obra. En el caso de México las materias primas semielaboradas equivalen al 97% del valor de la mercancía. También Norteamérica provee los equipos para las labores de estas fábricas que ha montado allende sus fronteras con el encanto de la fuerza de trabajo barata. He aquí otra fuente de competencia entre los pobres: la célebre competitividad regida por los bajos salarios.

En efecto, para el caso de la industria manufacturera en 1999, el salario por hora en Chile y Brasil era un séptimo del de Estados Unidos, el de Cosa Rica un octavo, el de República Dominicana y el de El Salvador era un noveno, el de Panamá, México, Colombia y Paraguay era un onceavo y el resto de ahí para abajo. Resulta, entonces un gran negocio enviar los pedazos para que los obreros del sur del Continente los junten a la barata. Pero resulta mejor negocio si además rivalizan entre ellos por quién lo hace con mayores privaciones y menores remuneraciones; en fin, por quién es capaz de aguantar más hambre. El ALCA traerá consigo una forma especial de competencia, de las muchas que se dan en la confrontación de la globalización, será la competencia entre menesterosos para poder subsistir en el marco del modelo económico norteamericano, ésta es la más dañina de las competencias.

La fuente de inspiración de tal modelo tenía que ser las grandes firmas multinacionales que controlan más de la mitad del comercio internacional en América. Por ello es entendible que cuando los presidentes de América en diciembre de 1994 en Miami ordenaron a sus ministros de Comercio Exterior poner en marcha el ALCA, los instruyeron, como puede leerse en la respectiva Declaración Presidencial, para que sesionaran en el marco de foros empresariales de inversión y comercio que se adelantarían de modo simultáneo con las cumbres ministeriales. Muchos incisos, no pocos artículos, cláusulas, ordinales y cardinales fueron proporcionados por técnicos y abogados de las empresas multinacionales los cuales inclusive han hecho parte de algunas delegaciones nacionales. Hoy cursa en el Consejo de Estado de Colombia una denuncia por tal razón interpuesta por un gremio

industrial farmacéutico nacional a causa de dichos procedimientos. No puede existir otra explicación distinta para que en el segundo borrador del Tratado, en los varios centenares de páginas de letra menuda de la casi decena de capítulos que lo conforman, se consignen todos los tipos de rutinas, maniobras y operaciones mercantiles y financieras que les son propias a los grandes consorcios internacionales y que poco o nada tienen que ver con el modo productivo de campesinos, microempresarios, ciudadanos del común o empresas nacionales no monopolistas. Esto también explica, en buena medida, el secretismo y la privacidad con los cuales se han realizado casi ocho años de negociaciones, cuyo primer borrador sólo apareció a mediados de 2002.

De lo anterior resulta algo inaudito: se elevará a condición de tratado internacional, irreversible, obligatorio y controlado por comités supranacionales, que primará sobre las legislaciones nacionales, un documento de tales características. En el que, como se dijo, se consagran disposiciones y medidas que consultan las ambiciones y prerrogativas de la flor y nata de la economía imperial, surtido a través de los foros empresariales. Allí se establecen los detalles que, al fin y al cabo, como reza Maquiavelo, es "donde está el demonio".

Y precisamente tal demonio es el que permite ratificar lo dicho inicialmente: el ALCA es también mucho más que ese "libre comercio". En palabras recientes del canciller brasilero, Celso Amorín, puede decirse que hay "aspectos normativos para servicios, inversiones, compras gubernamentales y propiedad intelectual que inciden directamente sobre la capacidad reguladora de los países." Y estas otras, del Doctor Emilio Sardi, vicepresidente de TECNOQUÍMICAS, son todavía más contundentes: "En la negociación del ALCA no sólo se está discutiendo sobre aranceles, sino sobre otro montón de cosas. Lo que intentan estas compañías que presionan por el ALCA es montar un andamiaje legal para restringir la competencia local y apoderarse del mercado interno. Se están discutiendo, por ejemplo, normas sobre propiedad intelectual, competencia, solución de conflictos, contratación estatal. Es decir, quieren revisar todo el andamiaje jurídico e imponernos el que les da las ventajas competitivas a sus compañías".

Por tal razón se ha caracterizado al Acuerdo como "una sopa de anzuelos". El capítulo Acceso a Mercados prescribe el libre comercio, en todas sus modalidades, tanto para las mercancías terminadas como para las partes que las componen, para las camisas terminadas y, así mismo, para las mangas, los puños y el cuello, es "maquila a la carta". El de agricultura trata ante todo de la libre "comercialización de productos agrícolas" con lo cual los productores quedan a merced del reducido grupo de multinacionales de este tipo de comercio las que se moverán a sus anchas llevando de un lugar a otro lo que más sea de su conveniencia y supeditando la producción rural a ese tráfico con lo cual, además, las naciones correrán el riesgo de dejar producir los alimentos para su población, comprometiendo su "soberanía alimentaria". Lo anterior se sentirá con mayor rigor en los países tropicales como Colombia. Las condiciones del ALCA les tienen pronosticada una derrota fija en cereales, incluido arroz, oleaginosas, leche, pollo y papa, entre los más destacados. Como un insulto también se anuncia nuestro éxito en pitahaya, granadilla y uchuva, géneros laxantes, y, según noticias de hoy en borojó y chontaduro, yuca, cacao y palma africana, estos últimos comercializados casi por las mismas firmas que hundieron nuestro café y que ahora, en el ALCA, dizque nos van a salvar con dichos géneros.

Del documento y de hechos actuales ya conocidos, también se sabe que los subsidios a los productos agropecuarios norteamericanos, pero también canadienses y aun brasileros continuarán inmodificados y, sujetos, como reza el borrador del ALCA, a lo que se disponga al respecto en la OMC. Este instrumento que se presenta como una ingenua subvención o a lo sumo como una "distorsión " comercial", es mucho más: es un arma estratégica de control político para derrotar la producción alimenticia en los países más débiles, incrementando su vulnerabilidad, es mucho más que economía, como lo dice el propio George W . Bush: "¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura norteamericana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional". Los subsidios son entonces, de verdad, "bombas inteligentes", se pueden catalogar como verdaderas armas de destrucción masiva que en la última década entre nosotros ya han hecho estragos.

En los capítulos de inversión, servicios y compras del sector público, reiterando los paradigmas

del Consenso de Washington, que consideran a la inversión extranjera como la prima donna de la sociedad, se instauran, al eximírsele de todo control aún en la forma de "capitales golondrinas", la especulación, con los más terríficos efectos sobre la estabilidad macroeconómica, la rapiña por la privatización de hasta el último nicho de inversión posible en el área de servicios y la busca de cualquier contrato, concesión o concurso publico que le resulte atractivo.

Y, en cuanto a los reglamentos, los de política de competencia y solución de controversias, el cual crea un nuevo sistema jurídico en el ALCA, que empieza por otorgar carácter de sujeto en el derecho internacional, el principal sujeto de facto, a los grupos corporativos, un nuevo código de "economía procesal" y "pronto arreglo", para hacer justicia privatizada, se complementan. Ese dúo de herramientas, orquestadas en un típico "gato por liebre", facilita a los aprovechados del ALCA actuar con absoluta seguridad y plenas garantías, como le fascina al señor Zoellick, el representante comercial de Estados Unidos, quien no cesa de repetir que "el capital es un cobarde, que no va sino donde se siente seguro".

Finalmente, merece especial referencia el capítulo de Propiedad Intelectual. En él, bajo distintas formas de propiedad como patentes, marcas registradas, derechos de obtentos, de autor y de protección especial, se crea una renta de monopolio a los inventores. Y, aunque este mecanismo se publicita como defensa de la invención nacional, no puede olvidarse que en este terreno sí que ocurren las llamadas "asimetrías". En 1996, por ejemplo, Estados Unidos tenía registradas 218.642 patentes en su sistema, el más importante del mundo y del ALCA. La IBM registró, en 1998, 2.657 patentes, más de 7 por día calendario y las cinco empresas más importantes del sector de biotecnología agrícola poseen de manera directa o indirecta cerca del 50% de las patentes del sector. Estados Unidos es el 40% del presupuesto anual mundial de investigación y desarrollo y tiene superávit de varios miles de millones de dólares por ese concepto. Este "invento" de la propiedad intelectual, es especialmente caro para los países de ingreso medio y bajo en áreas tan sensible como la salud al imponerse la propiedad intelectual por décadas sobre las fórmulas de los medicamentos para males como VIH, cáncer, hepatitis y otros. También sobre la nutrición al decretarse sobre las semillas y agroquímicos, la MONSANTO posee el 91% de las patentes de la semilla de soja, y sobre el desarrollo industrial al estar vigente para los descubrimientos técnicos y científicos por muchos años. En el ALCA, América pobre va a ingresar al mundo de la cotización de las rentas de monopolio así constituidas, donde se configura el más absurdo de los mercados: una oferta única con una demanda que mientras más consume de un bien, contrario a las leyes más elementales de la racionalidad económica, más tendrá que pagar.

Para concluir lo que he dicho sobre el ALCA, en lo que no es libre comercio, que sea el propio editorialista del The New York Times del 20 de julio de 2003, quien me asista: "Al manipular el juego del comercio global en contra de los agricultores de los países en desarrollo, Europa, Estados Unidos y Japón están en esencia derribándole a patadas la escalera del desarrollo a alguna de la gente más desesperada del mundo. Esto es moralmente depravado? Con nuestras acciones estamos cosechando pobreza alrededor del mundo? La hipocresía exacerba el atropello. Los Estados Unidos y Europa dominan el arte de forzar las economías abiertas de las naciones pobres a la importación de bienes y servicios industriales?Resulta que la globalización puede ser una avenida de una sola vía? Después de todo lo que en realidad estará en discusión, no obstante la soporífera jerga comercial, es si una economía globalizada tiene o no espacio para los más pobres agricultores del mundo". Nada de lo dicho en esta ponencia está ni lejos de la realidad ni es apocalíptico, es la realidad contemporánea reconocida también desde las entrañas de los media del Imperio.

Y, en cuanto a que es mucho más que libre comercio, sirva de ayuda el texto "Dying for Growth" de Brooke Schoepf, Claude Schoepf y Joyce Millen sobre el colonialismo europeo en África: "El colonialismo fue una época de monopolio capitalista. Europa estableció plantaciones para cultivar productos altamente comerciables, minas y sistemas de transporte para facilitar la extracción de los recursos. Las vías y los caminos fueron diseñados para la exportación de mercancías, no para comunicaciones ni desarrollos económicos internos de África? El colonialismo devastó estructuras sociales?Se forzó con impuestos y coerción a que la gente trabajara en emprendimientos coloniales donde eran sobre-exigidos y mal alimentados. La agricultura sufrió, la producción alimenticia declinó y luego hubo falta de comida, hambrunas y epidemias? El colonialismo destruyó la economía africana y el sistema agrícola y los reemplazó por sistemas, infraestructuras y estructuras de clase diseñadas para la exportación de bienes y explotación de mano de obra y recursos primarios africanos para beneficio europeo". No hay dubitación alguna sobre las grandes identidades en lo que pasó en África y lo que hoy se propone hacer con América Latina.
¡No al ALCA!.

* Ponencia de Aurelio Suarez Montoya en el Conservatoriosobre el ALCA convocado por el honorable concejo de la Municipalidad de Pereira, Colombia. (Julio 28 de 2003)

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