Economía

Encauzando el debate migratorio: Fronteras abiertas y alternativas para el desarrollo humano

Las recientes marchas y manifestaciones de latinos en EEUU anunciaron el nacimiento de un nuevo movimiento a favor de los derechos humanos y laborales de los migrantes. Un pujante movimiento latino en ese país podría orientar la atención hacia las causas de la migración.

Por Miguel Pickard *

Las recientes marchas y manifestaciones de latinos en EEUU anunciaron el nacimiento de un nuevo movimiento a favor de los derechos humanos y laborales de los migrantes. Un pujante movimiento latino en ese país podría orientar la atención hacia las causas de la migración.

De la Sexta Declaración de La Selva Lacandona, junio 2005
¡Vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero ya no sólo por ellos ni sólo con ellos, sino que por todos los explotados y desposeídos de México, con todos ellos y en todo el país! Y cuando decimos que todos los explotados de México también estamos hablando de los hermanos y hermanas que se han tenido que ir a Estados Unidos a buscar trabajo para poder sobrevivir.

De Vicente Fox, el 11 de mayo, 2006, en visita oficial en Austria, ante un público en la Academia Diplomática de Viena:
L a mejor opción para un mexicano sería migrar a los Estados Unidos.


Las recientes marchas y manifestaciones de latinos en EEUU anunciaron el nacimiento de un nuevo movimiento a favor de los derechos humanos y laborales de los migrantes. Sin embargo las demandas hasta hoy articuladas por las principales organizaciones pro migrantes tienen alcances limitados. No se pronuncian sobre los factores de expulsión de cientos de miles de migrantes, es decir, las inoperantes políticas económicas impulsadas por EEUU, con la anuencia de gobiernos locales comulgantes con el neoliberalismo. Siendo EEUU uno de los principales promotores de estas políticas, un pujante movimiento latino en ese país podría orientar la atención hacia las causas de la migración.

Introducción

En semanas recientes millones de personas han tomado las calles en numerosas ciudades de Estados Unidos para manifestar su repudio ante la creciente histeria antimigrante en ese país y contra los represivos anteproyectos migratorios pendientes en el congreso estadounidense. Con asombro y agrado hemos visto la respuesta de mexicanos, chicanos, latinoamericanos, estadounidenses y migrantes de distintos orígenes que han batido todo los registros de manifestaciones en diversas ciudades en Estados Unidos. [1] Las últimas semanas marcan un hito para, en particular, la población latina en Estados Unidos. Sus números, su fuerza, su presencia, su poder económico y de boicot, su ira y su orgullo, finalmente se visibilizaron para el estadounidense “anglo” común y corriente. Los latinos ya no son aquella fuerza laboral “secreta”, como la denominó el conocido semanario Time en su portada de febrero de 2006, apenas un mes antes de las primeras manifestaciones de descontento.

Las marchas multitudinarias fueron la respuesta a leyes que se habían propuesto, y aprobado en algunos estados, para arrinconar, reprimir y oprimir a la más reciente oleada de migrantes, de las muchas que han recibido los Estados Unidos a lo largo de sus 230 años de vida. Ahora les ha tocado a los latinos, en particular a los mexicanos, hacer frente al creciente ambiente xenófobo en EEUU. Tras las manifestaciones que empezaron el 25 de marzo, y las marchas del 10 de abril, y después del éxito del “Día sin Migrantes” el pasado 1º de mayo cuando millones tomaron las calles, los migrantes documentados e indocumentados plantean establecer una coordinadora nacional que presione por reformas legales a fin de garantizar el respeto de los derechos humanos y laborales de los migrantes. [2]

Los latinos en resistencia

La unidad de tantas voces mandó un mensaje a legisladores en Washington: el acoso a los migrantes ha provocado, antes que el sometimiento, la resistencia y la rebeldía. El mensaje tuvo sus efectos al quedar descartados, aparentemente, algunos de los aspectos más represivos de la HR4437 (la llamada ley Sensenbrenner), que ya fue aprobada en la cámara baja del Congreso. Sin embargo, un acuerdo entre la cámara baja y la alta no se ha dado y es probable que no se logre este año. El 7 de noviembre de este año hay elecciones y la reforma a las leyes migratorias de ese país quedará en el tintero hasta 2007.

Las principales organizaciones pro migrantes en EEUU hablan de la necesidad de reformas que otorguen todos los derechos a todos los migrantes. El migrante trabaja en EEUU, contribuye a la economía del país, paga impuestos y ayuda a mantener activas industrias enteras que no existirían si no fuera por su fuerza laboral. Asimismo, las organizaciones pro migrantes abogan porque el migrante indocumentado tenga todas las facilidades para legalizar su estancia, traer a familiares de su país de origen y, en dado caso, optar por obtener la nacionalidad estadounidense.

Pero las leyes en debate en el congreso federal difícilmente serán una respuesta adecuada al fenómeno migratorio. Lo que nunca se debate en ningún país es el derecho a NO tener que migrar, es decir, el derecho a una vida digna en el país de origen, que permita a toda persona desarrollarse plenamente en el país donde nació. Sin tener que buscar la supervivencia migrando en condiciones inhumanas.

Algunas cifras ayudan a entender que si no se aborda el problema de porqué millones de personas carecen del derecho a NO migrar, nunca habrá posibilidad de una solución real. En el congreso estadounidense algunos anteproyectos de ley incluyen la ampliación de algún tipo de programa de “trabajador huésped”. Por ejemplo, la enmienda Martínez-Hagel contempla el otorgamiento de 450 mil visas de trabajo nuevas cada año. Pero tampoco es una respuesta adecuada. La cifra puede ser satisfactoria para las necesidades de las empresas estadounidenses. O puede ser el número más viable políticamente, dado el ambiente enrarecido que existe en EEUU respecto al tema migratorio. Pero no tiene nada que ver con la realidad.

No hay forma de saber con exactitud cuántas personas entran sin documentos a EEUU. Analistas de asuntos migratorios han dado cifras muy variables, pues hablan de 800 mil a 2 millones por año. [3] Es evidente que la ampliación a 450 mil visas de trabajo no legalizaría más que a una parte de los migrantes que entran a EEUU. Lo cual significa que al cabo de 5 ó 10 años se tendrá nuevamente una abultada población de trabajadores sin uso pleno de sus derechos.

Aun con estas leyes, para los migrantes que no obtengan una visa seguirá la represión. Es decir, con cualquier ley que salga del congreso estadounidense, cualitativamente nada habrá cambiado. Con más visas de trabajo habrá menos gente que arriesgue su vida cruzando la frontera por desiertos, ríos y montañas, pero el flujo migratorio no se habrá detenido. Ni se detendrá con más muros y más agentes migratorios. La inmensa mayoría de los migrantes no tiene alternativa. Intentarán cruzar una y mil veces hasta lograrlo. O morir en el intento.

El elemento que falta en el discurso pro migrante en EEUU

Desde luego, la flamante militancia latina en EEUU es positiva. Pero no deja de llamar la atención lo limitado de su discurso y sus demandas, el alcance reducido que no va más allá de las fronteras de EEUU en un mundo de creciente globalización.

El pujante movimiento latino en EEUU y los activistas pro migrantes en general tendrían que incorporar una mirada más global, en especial por estar en las mismas “entrañas del imperio”. Habría que considerar que, siendo EEUU uno de los promotores más empecinados durante 25 años de políticas económicas que han fracasado al crear más pobreza, el discurso tendría que enfocarse sobre este origen de la migración.

Los motivos de la expulsión son las políticas económicas neoliberales que han maniatado en general a todos los países del Sur, con la perversa anuencia de gobiernos serviles. En nombre del “libre comercio”, estas políticas prohíben tajantemente establecer—o mantener—protecciones para los sectores más vulnerables de la población o para los sectores económicos menos preparados para enfrentar el embate de la competencia externa. La desprotección ha llevado a la ruina a la agricultura familiar y a negocios de todo tamaño. En particular el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) ha dejando sin trabajo a millones de mexicanos, y en Centroamérica el esquema está por repetirse con el tratado homólogo CAFTA. [4]

Estos tratados provocan desocupación y por ende la migración, pero no dicen nada sobre este desplazamiento, aparte de que cada país tiene el derecho de resguardar sus fronteras de la manera que crea conveniente. Este decir, libertad absoluta para que migren el capital, los bienes y los servicios, pero represión a la migración de la mano de obra.

Este y otros sin sentidos han provocado intentos de impulsar la renegociación del TLCAN. En México el movimiento campesino “El campo no aguanta más” logró poner en tela de juicio al TLCAN, mediante la movilización de más de 100 mil campesinos a la Ciudad de México en diciembre de 2003 y enero 2004. Una de las peticiones fue la renegociación del TLCAN para sacar al sector agrícola del Tratado, pero las divisiones al interior del movimiento llevaron a la disipación de los manifestantes y de sus demandas.

En EEUU existen pocos intentos a nivel del discurso pro migrante de trazar el fenómeno a sus raíces económicas, y menos aún de proponer alternativas. Las demandas enarboladas por las organizaciones activistas y por los mismos migrantes y sus aliados que marcharon hace poco son de índole política, enmarcadas todas dentro de la legislación de EEUU.

Las demandas planteadas en EEUU son paliativos—en el mejor de los casos—para los efectos de la migración, pero ni de refilón abordan las causas. En otras palabras, las políticas que sólo respondan a los factores de “atracción” y no las de “expulsión” están condenadas al fracaso. Además, este limitado enfoque tiene una lectura implícita: es como si las causas (las actuales políticas económicas) de la migración fueran inmutables, “dadas” y no merecieran atención. Y sólo valiera la pena atender los efectos.

Por tanto, a mediano o largo plazo, el movimiento latino debería hacer suya la demanda de cambiar un modelo económico que expulsa a millones de personas e impide el ejercicio de uno de los derechos más sencillos: el no tener que migrar para sobrevivir. Esta perspectiva más acabada sobre el fenómeno migratorio es un paso hacia la “solución” de los enormes costos sociales del actual modelo.

¿Nos encaminamos hacia fronteras abiertas?

En el mundo actual regido por la globalización corporativa, vivimos la repetición de fenómenos que ocurrieron hace siglos, cuando dentro de los Estados-naciones se creó el mercado nacional, con la eliminación de las barreras al movimiento del comercio dentro de un mismo país. Con el tiempo, esta liberación de los mercados nacionales incluyó el libre desplazamiento de seres humanos, pues era una necesidad del capital solucionar los “cuellos de botella” de escasez de mano de obra en zonas determinadas del país.

El mismo fenómeno ocurre hoy a nivel mundial con la globalización del capital. Ya en algunos casos se ha logrado la integración de mercados mediante el libre desplazamiento de capital, bienes y servicios, pero, como es el caso entre México y EEUU, con represivas restricciones al movimiento de la mano de obra. En otros casos, por ejemplo en la Unión Europea, hay libertad de movimiento de los seres humanos si son ciudadanos de un país miembro de la UE (con algunas restricciones), pero hay represión para los que tratan de ingresar de fuera de este bloque.

Algunos académicos, especialistas en temas migratorios, contemplan las tendencias del capitalismo durante los últimos 200 años y ven destino. Habrá un libre movimiento de seres humanos en todo el planeta, dicen, en unos 50 años. [5] Otros dicen que la libre circulación de personas podría existir ya. Salvo que las “identidades” creadas por el Estado-nación, nuestro sentido de pertenencia a una “nacionalidad”, así como las instituciones creadas por el Estado-nación, tendrían que ser transformadas primero. Pero, dicen confiados los especialistas, las necesidades del capitalismo se encargarán de ello. [6]

Los que abogan por las fronteras abiertas dicen que los temores más comunes de la gente son infundados. Las fronteras abiertas no producirían, por ejemplo, las temidas “invasiones” de hordas de extranjeros, como alegan los racistas. Los estudiosos apuntan a procesos históricos que les dan la razón.

Primero, en general, la gente no quiere migrar. Prefiere quedarse cerca del hogar, de la familia, de las costumbres, de los amigos y redes sociales que han conocido toda la vida. La apertura de fronteras no ha sido en sí un motivo de peso para determinar si se migra o no. Segundo, una situación de fronteras abiertas permitiría el retorno de los migrantes. En general, los migrantes no quieren desplazarse permanentemente, aun cuando tienen que migrar por falta de oportunidades en casa. [7] La tendencia es que se ausenten durante un periodo relativamente breve con el fin de mejorar su situación (de ingresos, de escolaridad) pero con la mira puesta en regresar. Las fronteras abiertas permitiría esta migración circular. La tendencia se comprueba en el caso de México. Cuando había menos restricciones para cruzar hacia EEUU, los migrantes pasaban menos tiempo en ese país. Hoy con medidas más severas en la frontera y el consiguiente aumento del “costo” de cruzar (tanto el costo financiero como el riesgo de perder la vida), se ha producido el efecto contrario al que buscaban las autoridades estadounidenses…los mexicanos y centroamericanos en efecto están optando por radicarse más tiempo en ese país. Los estudios lo comprueban. [8]

También están infundados los otros mitos comunes de la migración: que los migrantes se aprovechan de los servicios sociales del país receptor; que los salarios en el país receptor tienden a bajar por la presencia de muchos migrantes sin mayor escolaridad o capacitación.

Las alternativas


Parecería que hay de dos sopas. Dentro del sistema imperante. O fuera de él. Las dos opciones arrojan diferentes posibilidades, diferentes estrategias. Si aceptamos por “dado” e inexorable el sistema capitalista y sus tendencias históricas, entonces la actual globalización corporativa no es más que la siguiente etapa “lógica”. La hipótesis de que el capitalismo terminará abriendo fronteras para conformar un solo mercado mundial—incluyendo el mercado laboral—parece probable. Es decir, la libre circulación de la mano de obra es cuestión de tiempo. Lo cual pone en entredicho los miles de millones de dólares que el gobierno de EEUU despilfarra al tratar de impedir, oprimir y reprimir un movimiento humano que, a la luz de las tendencias históricas del capitalismo, parece “natural” e inevitable.

Siempre dentro de la lógica anterior, las mismas corporaciones en EEUU están demandando la mano de obra que los migrantes pueden ofrecer. En este sentido, el “delito” no es que mexicanos y centroamericanos crucen la frontera hacia EEUU sin documentos, sino que se les impida cruzar. Las muertes de tantos migrantes a lo largo de la frontera (a razón de uno o dos por día, todos los días del año) son tanto más trágicas e innecesarias, pues está en el fondo la contradicción entre libertad para el capital y represión para la fuerza laboral. Pero el sistema no es inmutable. Y no hay que soportar sus contradicciones.

Lo cual nos lleva a la segunda opción—pensar fuera del modelo imperante. Pensar en un futuro en donde los gobiernos respondan primero a las necesidades de sus pueblos, donde los recursos se dirijan primero a la satisfacción de las necesidades humanas, en vez de a mega obras cuyo principal propósito es allanar el camino a grandes empresas en pos de su único objetivo: maximizar las ganancias. Un futuro donde, sí, el mundo no tenga fronteras, donde exista una libertad irrestricta para la movilidad humana, pero también con condiciones de empleo, salud, educación y vivienda para que los seres humanos también tengan la libertad irrestricta de no tener que migrar para sobrevivir.

Las alternativas existen, es más, abundan. Incluimos como anexo de este artículo una de ellas que, de implementarla, ayudaría a fortalecer el derecho a no tener que migrar para sobrevivir. Es el Tratado de Comercio entre los Pueblos, promovido por el presidente de Bolivia Evo Morales.

El movimiento latino en EEUU y en general el movimiento altermundista tendrán que rebasar el estrecho marco reformista que ha restringido su discurso y sus demandas respecto al fenómeno migratorio. Para ello, vaticinamos que no podrá haber encuentro más fructífero y estimulante para empezar a romper la actual estrechez conceptual que las reuniones durante las próximas semanas entre activistas y organizaciones en EEUU con La Otra Campaña Zapatista y posteriormente en el marco del Encuentro Intergaláctico. www.EcoPortal.net

* Miguel Pickard
CIEPAC, A.C.
Página Web: http://www.ciepac.org/

Anexo: Los 10 principios del TCP

(puede buscar más sobre este tema en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=30315)

 

 

1. El Tratado de Comercio entre los Pueblos –propuesto por el presidente Evo Morales– es una respuesta al agotamiento del modelo neoliberal, fundado en la desregulación, la privatización y la apertura indiscriminada de los mercados.

2. El TCP entiende al comercio y la inversión no como fines en sí mismos sino como medios del desarrollo, por eso su objetivo no es la liberalización absoluta de los mercados y el “achicamiento” de los Estados sino el beneficio para los pueblos.

3. El TCP promueve un modelo de integración comercial entre los pueblos que limite y regule los derechos de los inversionistas extranjeros y las transnacionales para que estén en función del desarrollo productivo de nuestro nacional.

4. El TCP no prohíbe el uso de mecanismos para fomentar la industrialización ni impide proteger las áreas del mercado interno que sean necesarias para preservar a los sectores más vulnerables.

5. El TCP reconoce el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias; a proteger y reglamentar la producción agropecuaria nacional para evitar que su mercado doméstico sea inundado por excedentes de otros países

6. El TCP considera que los servicios vitales dependen de empresas públicas como proveedoras exclusivas, reguladas por los Estados. La negociación de cualquier acuerdo de integración debe tener presente que la mayoría de los servicios básicos son bienes públicos que no pueden ser entregados al mercado.

7. El TCP postula la complementariedad frente a la competencia; la convivencia con la naturaleza en contraposición con la explotación irracional de recursos; la defensa de la propiedad social frente a la privatización extrema.

8. El TCP insta a los países participantes de un proceso de integración solidario a dar prioridad a las empresas nacionales como proveedoras exclusivas de los entes públicos.

9. Con la propuesta de un Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), Bolivia se propone alcanzar una verdadera integración que trascienda los campos comercial y económico –cuya filosofía es alcanzar el desarrollo endógeno justo y sustentable en base a principios comunitarios– que tenga en cuenta las diferencias nacionales.

10. El TCP plantea otra lógica de relacionamiento entre los seres humanos, es decir un modelo de convivencia distinto que no se asiente en la competencia y el afán de acumulación que aprovecha/explota al máximo la mano de obra y los recursos naturales.

Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria

Notas:

[1
]
La revista Proceso indica que el 10 de abril, 2006 hubo “masivas manifestaciones hispanas” en más de 130 ciudades de EEUU. Ver Esquivel, J. Jesús, “La incertidumbre”, Proceso, México, No. 1537, 16 de abril, 2006, págs. 46-49. James Petras establece que, “entre el 25 de marzo y el 1º de mayo de 2006, unos 5 millones de trabajadores migratorios y sus simpatizantes marcharon en unas 100 ciudades de Estados Unidos.” Ver “Mesoamérica llega a EU”, La Jornada, 30 de abril, 2006.
[2
]
Más información en http://www.jornada.unam.mx/2006/05/11/030n1mig.php.
[3
]
Por ejemplo, la cifra de 800 mil es de “Growing Global Migration and Its Implications for the United States”, National Foreign intelligence Board, NIE (National Intelligence Estimate) 2001-02D, p.13. La cifra de 2 millones es de John Judis, “Immigration Confusion: Illegal Substance”, The New Republic Online, 6 de abril, 2006, disponible en:
http://www.carnegieendowment.org/publications/
[4
]
El Instituto de Política Migratoria (Migration Policy Institute) en Washington establece que “la mera existencia del CAFTA, como en el caso del TLCAN, no revertirá los patrones de migración establecidos”. Véase Cohen, Salomon, “CAFTA: what could it mean for migration”, 1 de abril, 2006, disponible en
www.migrationinformation.org/Feature/print.cfm?ID=388.
[5
]
Harris, Nigel, “Open borders: a future for Europe, migrants, and world economy”, Open Democracy, www.opendemocracy.net
[6
]
Morgan, Peter, “Capitalism Without Frontiers?”, International Socialism, No. 74, marzo, 1997
[7
]
En todo el mundo los migrantes (residentes fuera de su país de nacimiento) son alrededor de 150-200 millones, un número bajo en términos de la población mundial, menos del 3%. Lo sorprendente no es este número, sino el 97% de la población que no se mueve fuera de su país natal. Véase Harris, Nigel, “Migration without Borders. The economic perspective”, UNESCO publications, 31 de marzo, 2004, disponible en
http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001391/139151E.pdf
[8
]
Nigel Harris, en entrevistas radiofónica (http://www.kpfa.org/archives/index.php?arch=13650).

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