Economía

Tom, Jerry y la Trampa del ALCA

Hay mil historietas en que Tom, el gato, intenta atrapar a Jerry, el ratón. El presidente Álvaro Uribe protagonizó una versión de esta historia hace unas semanas cuando acudió a Washington dispuesto a firmar el suicidio particular de un acuerdo bilateral de comercio exterior con Estados Unidos, y encontró que Tom rechazaba el sacrificio individual y prefería la carnicería colectiva del tratado de libre comercio americano (ALCA).

Hay mil historietas en que Tom, el gato, intenta atrapar a Jerry, el ratón. El presidente Álvaro Uribe protagonizó una versión de esta historia hace unas semanas cuando acudió a Washington dispuesto a firmar el suicidio particular de un acuerdo bilateral de comercio exterior con Estados Unidos, y encontró que Tom rechazaba el sacrificio individual y prefería la carnicería colectiva del tratado de libre comercio americano (ALCA).

Foro en Bogotá para que el Gobierno oiga el país y no solo a su eje neoliberal.

Hay mil historietas en que Tom, el gato, intenta atrapar a Jerry, el ratón. Ninguna, sin embargo, en la que Jerry, viendo que Tom no logra agarrarlo con una jaula, le sugiere hacerlo mediante una trampa envenenada. El presidente Álvaro Uribe protagonizó una versión de esta historia hace unas semanas cuando acudió a Washington dispuesto a firmar el suicidio particular de un acuerdo bilateral de comercio exterior con Estados Unidos, y encontró que Tom rechazaba el sacrificio individual y prefería la carnicería colectiva del tratado de libre comercio americano (Alca).

Con el pacto bilateral pierde Jerry, y con el colectivo gana Tom. Y es porque se trata de un acuerdo que abrirá sin restricciones nuestra economía para que las multinacionales, protegidas por subsidios, entren a saco en ella. El secretario de Estado, Colin Powell, lo dice relamiéndose: "Nuestro objetivo con el Alca es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del Polo Ártico hasta la Antártida, libre acceso para nuestros productos, tecnología y capital en todo el hemisferio, sin ningún obstáculo o dificultad".

¿Por qué sorprendió Jerry a los colombianos con ese viaje de inmolación en que se jugaba buena parte del futuro de la economía nacional? ¿Por qué se resignó, rabus interpernorum, a firmar el Alca colectivo? ¿Por qué el eje neoliberal Hommes-Montenegro, ajeno a la oposición mayoritaria del Congreso, quiere amarrarnos a un acuerdo que nos volverá productores de chontaduro mientras importamos hasta arepas, como si 13 años de catastrófica apertura no hubieran sido suficiente castigo?

Respuesta a estas preguntas ofrecerá en Bogotá el foro "Alca: el espejismo del libre comercio", al que convocan más de 70 entidades y en el que participarán economistas, trabajadores, gremios, campesinos, parlamentarios, voceros de ONG, estudiantes y prestigiosos expositores nacionales e internacionales. Viernes y sábado trepidarán en la Luis Ángel Arango mesas redondas, ponencias y debates sobre las implicaciones de este acuerdo que, si se lo permitimos, abolirá en enero del 2006 toda barrera arancelaria a fin de que Tom pueda merendarse tranquilo a los indefensos ratones latinoamericanos.

El Alca, recordemos, es un mercado de criminal asimetría de 800 millones de habitantes donde 500 millones son latinoamericanos y 250 ganan menos de dos dólares diarios. Estados Unidos domina el 71 por ciento de la producción y el 50 por ciento del comercio exterior. En 1950, Latinoamérica representaba el 35 por ciento de las importaciones estadounidenses; hoy apenas el 13 por ciento. En cambio, las exportaciones de Estados Unidos a la región pasaron de 31.000 millones de dólares en 1984 a 93.000 diez años después. Si el gato almuerza tan sabroso, ¿para qué entonces quiere firmar tratados? Porque aún hay cacerolas donde comen otros gatos. Cuando el boom de las privatizaciones, por ejemplo, el míchico europeo metió el hocico en petróleo, banca y servicios. La idea del Alca es que Estados Unidos pueda cercar su coto de caza para que no interfieran felinos de otros barrios.

Los amigos del gato (ese eje neoliberal que maneja los hilos de nuestra economía) dicen que, caídas las barreras, Colombia podrá dedicarse a importar alimentos y bienes baratos y producir lo que el clima favorece: flores (mercado saturado), café (el Asia lo

vende mucho más barato), banano (será a otros países bananeros, porque en Europa protegen al de Canarias), algodón (que no se cultiva porque lo quebraron las importaciones), pitahaya (que depende de las oscilaciones del mercado de estreñidos).

Lo poco que queda de campo y de industria será arrasado por los productos subsidiados del Primer Mundo. Todos los estudios (salvo alguno que improvisen de hoy al viernes los neoliberales para contrarrestar el foro) muestran la ruina del agro de Colombia (un expositor contará la triste historia del campo mexicano), de empresas medianas y pequeñas y de industrias que fueron tan sólidas como la farmacéutica (recomiendo la intervención del empresario caleño Emilio Sardi). Desde que Colombia abrió sus piernas, digo, sus puertas, el algodón bajó de 260.000 hectáreas sembradas a 50.000; sorgo y soya cayeron en un 60 por ciento; las exportaciones de alimentos aumentaron en los años noventa de 2.700 a 2.800 millones de dólares. En cambio, las importaciones se dispararon de 700.000 toneladas a 7 millones, sin que pueda decirse que hay menos hambre. Por el contrario: 800.000 hectáreas de frontera agrícola se perdieron, aparecieron 400.000 desempleados y estalló el orden público.

Lo divertido es que, como resultaba indispensable negar la evidencia, el eje se las organizó para producir un estudio (Montenegro lo hizo, Hommes lo felicitó) donde, en buen español, se dice que, si llega a quebrarse la agricultura, subirá el empleo campesino. Como comentaba el bobo de Medellín, "De esto tan bueno no dan tanto".

Qué es lo que dan y qué es lo que quitan será el tema del foro sobre el Alca. Importante ponerle bolas. El Gobierno está moralmente impedido para seguir negociando este tratado sin atender voces como las que se harán oír esta semana.

* Enviado Jorge Enrique Robledo
Senador colombiano por el MOIR

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