Educación Ambiental

El tiempo libre: un enfoque desde la educación ambiental con filo

Dado el momento actual que vive el mundo, en especial América Latina, se hace necesario que la educación ambiental (EA) sea efectiva, audaz, cortante, con filo, que de verdad funcione y no se quede como un relleno de los programas escolares o comunitarios, puesto que ya no hay mañana en cuestiones ambientales: el mañana es hoy. En la Cumbre de Río de 1992 Fidel Castro expresó de manera contundente que “Una especie está en peligro de extinción: el hombre”. En el 2009 afirma que en aquél evento pensaban que tenían varios siglos para enfrenarse al problema; “Yo mismo no lo veía en fecha tan cercana como 60 u 80 años”, y añade: “Hoy se trata de un peligro realmente inminente y sus efectos son ya visibles”.

Por Luis Quintanar Medina

Dado el momento actual que vive el mundo, en especial América Latina, se hace necesario que la educación ambiental (EA) sea efectiva, audaz, cortante, con filo, que de verdad funcione y no se quede como un relleno de los programas escolares o comunitarios, puesto que ya no hay mañana en cuestiones ambientales: el mañana es hoy. En la Cumbre de Río de 1992 Fidel Castro expresó de manera contundente que “Una especie está en peligro de extinción: el hombre”. En el 2009 afirma que en aquél evento pensaban que tenían varios siglos para enfrenarse al problema; “Yo mismo no lo veía en fecha tan cercana como 60 u 80 años”, y añade: “Hoy se trata de un peligro realmente inminente y sus efectos son ya visibles”.


En un artículo anterior, hemos propuesto que: “La educación ambiental (EA), actividad que de algunos años para acá ha adquirido, por vía natural, gran importancia, debe de adquirir también profundidad, fortaleza, ser una actividad educativa que contribuya a cortar estas sombras que se ciernen sobre la vida: debe ser un arma con filo para quienes no deseamos que se degrade más a la naturaleza y no se minen las posibilidades de desarrollo de la mayoría de la población de la tierra” (Quintanar, 2009).

Dado el momento actual que vive el mundo, en especial América Latina, se hace necesario que la educación ambiental (EA) sea efectiva, audaz, cortante, con filo, que de verdad funcione y no se quede como un relleno de los programas escolares o comunitarios, puesto que ya no hay mañana en cuestiones ambientales: el mañana es hoy; el entonces presidente de Cuba, Fidel Castro, en la Cumbre de Río de 1992, expresó de manera contundente que “Una especie está en peligro de extinción: el hombre”; hoy afirma, en septiembre de 2009, que los presidentes reunidos en aquél evento (incluido Bush padre), pensaban que tenían varios siglos para enfrenarse al problema; “Yo mismo no lo veía en fecha tan cercana como 60 u 80 años”, y añade: “Hoy se trata de un peligro realmente inminente y sus efectos son ya visibles” (Castro, 2009).

No podemos olvidar que este tipo de educación, la ambiental, se encuentra dentro de los estrechos marcos de los sistemas capitalistas modernos (globales) que imperan en nuestros sufridos países, marcos que no le permiten desarrollarse, dada la naturaleza política de la educación, en general, y dado que, la EA, de llevarse a cabo como debiera, tiene como obligación, entre otras cosas, desenmascarar la esencia verdadera y las causas de los problemas ambientales en que nos han metido las grandes potencias a lo largo de siglos.

El tiempo libre

Todos disponemos de tiempo libre, primeramente entendido como tiempo de “no trabajo”; este tiempo (no dedicado a la producción o a los servicios) supuestamente es nuestro, un recurso personal, del que podemos disponer libremente y podría ser un tiempo de ocio, o dedicado a la superación personal.

Sin embargo, en nuestra realidad actual y diaria, tenemos que admitir que, como dijera Silva (Silva, 1982), “no es un verdadero tiempo libre, porque en realidad no es un tiempo para el desarrollo pleno del individuo”, y señalaba también que “es un “tiempo libre” en el que trabajamos para la preservación del sistema, es el tiempo de la plusvalía ideológica” , un tiempo en el que el sistema trabaja para lograr la adaptación del individuo y de los países a sus objetivos, sobre todo, comerciales y bélicos.

Tiempo libre y medios masivos de comunicación

Gran parte de este trabajo ideológico lo realizan los medios de comunicación tradicionales y, actualmente, las nuevas tecnologías de la información y comunicación.

Los medios tradicionales, como la radio y televisión acuden a la efectividad demostrada, para sus fines, de las radio y telenovelas, de las series de televisión que imponen estilos de vida ajenos a nuestra forma de ser, derrumbando gustos estéticos, arquitectónicos e incluso gastronómicos, fomentando estereotipos y sobre todo, no inculcando la valoración crítica del entorno y del contexto en que nos estamos desenvolviendo como individuos y como sociedad, desviando la atención de las mayorías hacia asuntos de poca o escasa importancia para el desarrollo social o económico de los países (por ejemplo, orientando la atención de las mayorías a la calificación o no del seleccionado nacional de fútbol al campeonato mundial, mediante coberturas especiales de las grandes cadenas televisivas), desorientando deliberadamente a la opinión pública.

Chomsky (1997), al referirse a los Estados Unidos de Norteamérica, cita entre los “verdaderos medios de comunicación de masas”, a “los tabloides, las comedias familiares, el Super Tazón, etcétera” y señala que “Estos sectores del sistema doctrinario sirven para distraer al populacho y reforzar los valores populares básicos: pasividad, sumisión a la autoridad, la virtud dominante de la avaricia y la ganancia personal, la falta de interés por los otros, el miedo a enemigos reales o imaginarios, etc. El fin es mantener al rebaño perplejo. No es necesario que se molesten con lo que pasa en el mundo. En realidad, es indeseable –si ven demasiada realidad, podrían proponerse cambiarla”.

En el marco del consumo, los medios hacen bien su trabajo: “las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite”, nos dice Galeano (Galeano, 2007); gracias a esos mensajes, continúa, “el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero”.


Enajenación

El tiempo libre se vuelve prisionero porque resulta que ya no podemos ni descansar cuando dormimos: usted debe de tomar agua (embotellada, claro) para que ésta trabaje por la noche y amanezca su rostro más juvenil, debe reparar su cabello cuando duerme, debe de dormirse maquillada para que los efectos rejuvenecedores del milagroso maquillaje logren su finalidad; es decir, que el tiempo libre de descanso ya no lo es: es tiempo de seguir consumiendo; cualquier momento y lugar son propicios para que le recuerden que usted pertenece a la publicidad, que el tiempo de su vida no es suyo y no puede dedicarlo a leer un buen libro o a escuchar música que no sea “de moda”, a ver una película de la India (y no “norteaméricana”), por ejemplo, simplemente porque usted se encontraría completamente fuera de lugar, intentando usar su tiempo para cultivarse.

Todos somos testigos de que han proliferado los equipos de música personales: una buena cantidad de personas los usan, y por mucho tiempo del día; sin embargo, no pueden escapar del circuito de música comercial; no por usar esos equipos, la gente conoce la música andina, el blues, los sones huastecos o las sinfonías; simplemente se tiene más de lo mismo, no se propicia el desarrollo musical de la persona.

El consumidor modelo

La idea de todo este andamiaje es la consolidación, por el sistema capitalista global, del ser humano perfecto: un consumidor acrítico y a-histórico; no de un ser pensante, que busque su superación y la del resto de la humanidad, la convivencia armónica con la naturaleza, no la de un ser que busque las raíces humanas en la cultura universal.

La destrucción paulatina de las riquezas naturales, sociales, culturales y hasta humanas, por parte de las naciones poderosas (Estados Unidos, Alemania, Japón, etc.) no es ficción, no es una posibilidad remota: es real y es actual: es real y actual que se pretenda borrar de la memoria de los pueblos a los patriotas que lucharon por la independencia, a las tradiciones gastronómicas, a la forma de hablar característica de una nación; la proliferación de tratados de libre comercio y de megaproyectos, ya sin tocar los desbalances provocados por los medios de comunicación (¿desorientación?) masiva, contribuyen a ello.

¿Y la educación ambiental?

El carácter político de la educación ambiental sugiere que se tome en cuenta el aspecto del tiempo libre: este debe de ser un tiempo para la superación y el desarrollo del individuo, sin embargo, es el tiempo del control ideológico de las multitudes, de su adecuación al sistema, de su adaptación al consumo.

La concepción que se nos inculca sobre el tiempo libre como tiempo de consumo, de plusvalía ideológica, no es, afortunadamente, la única: Munné (1988), explica que “Al considerar globalmente los estudios e investigaciones realizados, se advierten dos grandes tendencias que… pueden ser calificadas respectivamente de burguesa y marxista. Cada una… presenta una concepción del ocio o tiempo libre irreductible a la otra, en la que la libertad juega… un papel fundamental”

Apunta Munné que, los puntos de vista comunes de las corrientes burguesas, sobre el tiempo libre, son escasos, pero sí pueden apreciarse tres características que se refuerzan entre sí: el subjetivismo en lo psicológico, el individualismo en lo sociológico y el liberalismo en lo político.

Las corrientes marxistas, en cambio, primero realizan una crítica al tiempo libre burgués (considerándolo alienado y patológico) y construyen un modelo para el tiempo libre en el comunismo: “un tiempo auténticamente libre, síntesis dialéctica del trabajo y del ocio, opuesto al tiempo de trabajo alienado, pero no al tiempo de trabajo libre”; la interpretación del tiempo libre es “objetiva, colectiva y planificadora”, según el mismo autor.

Afanasiev (1984) considera que el tiempo libre, en el comunismo, es el tiempo que le queda al individuo “después de haber cumplido sus deberes de producción y familiares y satisfacer las necesidades fisiológicas”; entre otras cosas, considera que el tiempo libre es necesario para que el trabajador desarrolle todas sus capacidades intelectuales y físicas, cuestión que redunda en el rendimiento del trabajo; el tiempo libre se ocupará para elevar su calificación, para templarse física y espiritualmente y ampliar su cultura general, permitiría a los trabajadores dedicarse a la labor social y a adquirir los hábitos de gobierno en los asuntos públicos, cultivar las ciencias, la técnica, el arte y el deporte, descansar de manera activa, perfeccionar armónicamente sus cualidades espirituales y físicas; “el empleo eficaz del tiempo libre es una premisa importante para la formación del individuo desarrollado en todos los aspectos en la sociedad socialista”.

Es decir, el tiempo libre sí es un tiempo útil al individuo y a la sociedad, además de un tiempo de recuperación de las energías para seguir en el proceso productivo; nada que ver con el consumismo (aunque sí con el comunismo).

En el marco de la educación ambiental con filo, se debe entonces:

1. Incorporar el análisis del tiempo libre y poner de manifiesto el mecanismo mediante el cual este se ha convertido en tiempo prisionero; este mecanismo debe contextualizarse y debe darse a conocer su historia; sólo así es que podemos mostrar que la versión del tiempo libre que se nos ha presentado, desde que tenemos memoria como seres individuales y pensantes no es la única, ni la verdadera, ni la más adecuada.

2. Se debe trabajar en la concientización de que la publicidad no sólo usa, sino que abusa de nuestro tiempo libre:

a) Se nos crean necesidades que sólo serán satisfechas mediante el consumo: una condición para que el estado de cosas continúe es el consumo indiscriminado de objetos, lo cuál se puede mantener a condición de que la gente no vea los objetos que consume por su función real, sino por funciones agregadas, desde fuera, de corta duración, por lo que deben renovarse continuamente.

b) En el tiempo libre se contribuye a mantener y consolidar el estado de cosas existentes, entre otras razones, por la construcción de seres acríticos y a-históricos.

Debe de lucharse por dejar claro nuestro pasado e identidad, dentro del marco de Latinoamérica y denunciar las formas en que se manipula al ser humano a través de la publicidad, de las agencias de noticias, etc., para que se diluya poco apoco esa identidad

3. Debe también promocionarse el uso racional del tiempo libre, tanto dentro del marco socio-político dado, como dentro de espacios menos restringidos: dado que ya nos movemos en los marcos ideológicos del sistema imperante, se hace necesario que lo poco que se pueda hacer para mejorar la calidad de ese tiempo, entendida la calidad como la obtención de una superación del individuo en todos los aspectos, en ese marco, de verdad se haga.

José Martí escribió, una vez que conoció a los Estados Unidos y sus intenciones para con el mundo: Viví en el monstruo y le conozco las entrañas; a todos nosotros nos ha tocado, en esta realidad actual, dada la globalización neoliberal capitalista (un monstruo todavía mayor al que conoció Martí), vivir también en el monstruo; que sea la educación ambiental con filo, en las mente de los latinoamericanos comprometidos con un mejor futuro, una herramienta que le acaricie las entrañas. www.ecoportal.net

Luis Quintanar Medina – Tecnológico Universitario del Valle de Chalco, México.

Referencias

-Afanasiev V. (1984). Fundamentos del comunismo científico. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba.

– Castro F. (2009). Una especie en peligro de extinción.
http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/(…)

-Chomsky, N. (1997). Lo que realmente quiere el tío sam. Tercera edición, Siglo XXI Editores, México.

-Galeano (2007) El imperio del consumo.
www.ecoportal.net/content/view/full/67450

-Munné F. Psicosociología del tiempo libre. Un enfoque crítico. Trillas, 1988

-Quintanar L. (2009). Una educación ambiental con filo.
www.ecoportal.net/content/view/full/85650

-Silva L. (1982). Teoría y práctica de la ideología. Editorial Nuestro Tiempo, México, décima-primera edición

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