Globalización

Globalización y “alterglobalización” alimentaria, dos caras de la misma moneda

El desarrollo de la agricultura y alimentación ecológicas como un nicho de mercado para consumidores con alto poder adquisitivo, en base a las multinacionales de la alimentación e incorporando la lógica del mercado global –competitividad, productividad y escala productiva para abaratamiento de costes- es una falsa solución a los problemas generados por la globalización alimentaria de la agricultura industrial. La alimentación ecológica “alterglobalizada”, se desentiende de los problemas de la seguridad y la soberanía alimentarias y pasa a formar parte de la globalización de la alimentación en manos de las multinacionales. No combate el hambre ni elimina la comida basura, sino que, por el contrario, las necesita para diferenciarse.

Por Área de Agroecología y Consumo Responsable del MAG

El desarrollo de la agricultura y alimentación ecológicas como un nicho de mercado para consumidores con alto poder adquisitivo, en base a las multinacionales de la alimentación e incorporando la lógica del mercado global –competitividad, productividad y escala productiva para abaratamiento de costes- es una falsa solución a los problemas generados por la globalización alimentaria de la agricultura industrial. La alimentación ecológica “alterglobalizada”, se desentiende de los problemas de la seguridad y la soberanía alimentarias y pasa a formar parte de la globalización de la alimentación en manos de las multinacionales. No combate el hambre ni elimina la comida basura, sino que, por el contrario, las necesita para diferenciarse.


La producción y el consumo de alimentos ecológicos y/o saludables puede no cuestionar la lógica mercantil de la agricultura industrial. La agroecología y el consumo responsable no es un nicho comercial para las élites económicas del primer mundo. El mercado global, integrador y democrático, asume y explota las contradicciones de esta nueva demanda. Genera productor@s ecológic@s en busca de mercados de consumidor@s ecológic@s solventes y solidari@s. La “ficción” ecoyuppy desemboca en la generalización del consumo ecológico a través de las multinacionales de la alimentación, que acaban suministrando los insumos [1] y la tecnología, a unos productores ecológicos cada vez de mayor escala y distribuyendo en circuitos mundiales dichos productos.

Este modelo de producción y consumo, “progre” e individualista, se desentiende del modelo industrial dominante y acepta la coexistencia con químicos y transgénicos y la distribución global como forma “normal” de desarrollo del consumo ecológico. Se olvida de la pobreza y la falta de acceso a los alimentos de la mayor parte de la población, de la desaparición de la agricultura campesina y familiar, causa de las migraciones masivas del campo a la ciudad y de los países pobres a los ricos.

El despliegue de la productividad, la competitividad y la escala productiva se da también en el interior de la producción ecológica. La colonización del mercado mundial por parte de la producción etiquetada como ecológica acabará siendo una mera sustitución de tratamientos químicos por biológicos. La producción certificada como ecológica no contempla criterios de sostenibilidad que deberían incluirse (origen de la materia prima utilizada, consumo de agua, tecnologías culturalmente apropiadas, escala de producción, canales y formas de comercialización, distancia a los mercados), pero tampoco criterios sociales, económicos y culturales que tienen que ver con las formas de explotación de las personas y la naturaleza, con los derechos humanos, la salud y la seguridad alimentaria, con una vida más segura para todas las personas que habitan el planeta y no sólo para los que puedan pagar un precio superior al de los productos de la agricultura industrializada.

En esa nivelación violenta de condiciones de producción, l@s pequeñ@s productor@s ecológic@s tienden a desaparecer por el mismo mecanismo que l@s agricultor@s convencionales de la agricultura química.

Los alimentos producidos bajo estos principios no son ecológicos, aunque se certifiquen como ecológicos. Su mérito al no utilizar químicos queda anulado porque su producción, distribuida y consumida globalmente (consumo de combustibles para su transporte, refrigeración, envases, embalajes, etc. por mencionar solamente elementos netamente ecológicos), no se distingue ni un ápice de los alimentos producidos industrialmente salvo en que no han sido elaborados usando productos químicos.


Apostar por la agricultura ecológica sólo para quien pueda pagarlo, es insuficiente e irracional. La generalización de alimentos ecológicos en base a las grandes cadenas de distribución global es una falsa solución manejada por los que apuestan por “democratizar” la alimentación saludable, olvidando las causas que han originado la agricultura y la alimentación industrial.

El desarrollo de la agricultura y alimentación ecológicas como un nicho de mercado para consumidores con alto poder adquisitivo, en base a las multinacionales de la alimentación e incorporando la lógica del mercado global –competitividad, productividad y escala productiva para abaratamiento de costes- es una falsa solución a los problemas generados por la globalización alimentaria de la agricultura industrial. Esta “solución” cohabita con el problema, beneficiándose de su ventaja comparativa en los segmentos de mercado de alto poder adquisitivo y facilitando la coartada a los gobiernos globalizadores, que aparentan resolver los problemas de inseguridad alimentaria. La alimentación ecológica “alterglobalizada”, se desentiende de los problemas de la seguridad y la soberanía alimentarias y pasa a formar parte de la globalización de la alimentación en manos de las multinacionales. No combate el hambre ni elimina la comida basura, sino que, por el contrario, las necesita para diferenciarse.

La coexistencia con la producción industrial de alimentos y con los transgénicos reduce las posibilidades de zonas libres de contaminación genética y química. Las consecuencias sociales y medioambientales de la producción y distribución de estos falsos “alimentos ecológicos”, facilita su asimilación por la lógica económica globalizada. Admitir la coexistencia de los cultivos transgénicos con los no transgénicos, supone aceptar una contaminación segura y la transferencia de genes resistentes a antibióticos y pesticidas [2] desde las semillas transgénicas a otras semillas, plantas y seres vivos. Una vez que se acepta la contaminación como inevitable, se invoca el “principio de precaución” en vano y la normativa se limita a regular dicha contaminación mediante soluciones que forman parte del problema: 1) medidas correctoras que intentan minimizar la contaminación; 2) seguimiento para comprobar fallos, insuficiencia de las medidas correctoras y evolución de la contaminación; 3) suspensión de autorizaciones caso de probarse daños inaceptables o irreparables; y 4) sistema de responsabilidad económica ante daños probados.

El planteamiento dominante actual en el movimiento contra los transgénicos liderado por las ONGs ecologistas y sus socios, a favor de la coexistencia con los cultivos y alimentos transgénicos, se confirma como insuficiente para abordar los problemas de inseguridad alimentaria, por varias razones: 1) Está encerrado en la lógica interna de los transgénicos y dedicado a responder puntualmente a cada legalización, cada normativa, cada caso de contaminación, lo que impide enfrentar los problemas de la agricultura y la alimentación buscando una salida estratégica. 2) Señala la contaminación transgénica sobre la agricultura convencional, desvinculándola de la contaminación química de ésta última sobre el medio ambiente y la salud humana, cuyos daños llevan 50 años mostrándose, aunque ocurre como en los transgénicos, a medio y largo plazo y por acumulación. 3) El único argumento de participación esgrimido frente a la imposición de los transgénicos es el “derecho a decidir”.

No podemos enfrentar la problemática de los transgénicos separada de la agricultura química. Mucho menos, pretender el fomento de una agricultura respetuosa, responsable, ecológica y agroecológica, sin afrontar los problemas de una alimentación industrializada. A su vez, la reducción del debate de los transgénicos a la “coexistencia”, nos hará cada vez más impotentes para resolver dichos problemas y reducirá igualmente la defensa de nuestra seguridad alimentaria, presente y futura, a la aportación de pruebas de sus riesgos y daños, de una en una. Para evitar esa impotencia es preciso mostrar los límites de nuestros planteamientos actuales articulando, a la vez, estrategias de fomento de una agricultura y una alimentación agroecológicas y responsables al margen del mercado global, que incluyan la sensibilización y la participación de personas y colectivos para involucrarse en algo más que rechazar los transgénicos.

El viraje de las ONGs ecologistas a partir del verano de 2004, desde una oposición real (Transgénicos no. Moratoria) a una oposición formal (Transgénicos no, no y no. Pero sí, al admitir la finalización de la moratoria y la coexistencia de los alimentos transgénicos con los no transgénicos), es condición necesaria para el avance de las políticas europeas de lanzamiento del sector agroecológico como un nuevo segmento del mercado globalizado, con la desactivación previa de su potencial antiglobalización. www.ecoportal.net

Área de Agroecología y Consumo Responsable del MAG – Fuente: “Agroecología y Consumo Responsable. Teoría y práctica” VVAA. Ed. Kehaceres. Madrid, 2006. Páginas 102-106. Puedes encontrarlo en la Librería Asociativa CAES. C/Atocha, 91 2º 28012-Madrid.(septiembre 2006)

30 de Mayo de 2010 – 18º ENTREGA DE LA CAMPAÑA CONTRA LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE.

Para ver la totalidad de documentos producidos por el Area de Agroecología y Consumo Responsable del Movimiento contra la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra durante la III Presidencia Española de la UE http://www.nodo50.org/caes/todos.php?cat=37

Para ver la campaña actual durante la IV Presidencia http://www.nodo50.org/(…)

Notas:

[1] Son todos los medios necesarios para la producción (energía, maquinaria, herramientas, semillas, fertilizantes, fitosanitarios, etc.) que no están en la propia explotación y por tanto, deben comprarse en el mercado. Aunque en agricultura ecológica, en teoría, uno de sus principios es el aprovechamiento de las condiciones que ofrece la naturaleza y otro, vinculado con el anterior, procurar que la propia explotación mejore sus semillas, proporcione el abono orgánico necesario y elabore sus tratamientos biológicos y así ahorrar costes (lo cual es primordial en la racionalidad ecológica campesina), la agricultura ecológica “moderna” recurre al mercado para comprar insumos y la única condición es que no utilicen productos químicos. En este sentido perpetúa la misma dependencia de las multinacionales que la agricultura industrial.

[2] El método que se emplea para insertar los nuevos genes en el organismo receptor, utiliza genes de resistencia a antibióticos y a pesticidas para garantizar el éxito de la operación.

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