Globalización

Lo que significa la SOJA en Argentina

En la sociedad argentina de fin de siglo se ha revelado con singular crudeza y dramatismo el hambre, algo tan simple y tan desesperante, como la falta de alimento.

Por Pablo Sabatino y Diego Domínguez

En la sociedad argentina de fin de siglo se ha revelado con singular crudeza y dramatismo el hambre, algo tan simple y tan desesperante, como la falta de alimento.En el otrora "granero del mundo" y actual país de la "cosecha record", millones de hombres y mujeres no tienen asegurada su sobreviviencia.  

En el otrora "granero del mundo" y actual país de la "cosecha record", millones de hombres y mujeres no tienen asegurada su sobreviviencia, su reproducción cotidiana. En este marco, y ante la apatía del Estado, han surgido acciones desde la sociedad civil tendientes a paliar tan grave situación. Comedores populares, compras comunitarias, almacenes colectivos, son algunas de las estrategias surgidas, entre las cuales se inserta aquella que están desenvolviendo algunas organizaciones no gubernamentales en conjunto con instituciones empresariales del agro (SADECO, AAPRESID, La esquina de las flores). La propuesta elaborada consistente en donar el 1 por mil de la producción de soja (30 mil toneladas por año) para alimentar a "un millón de necesitados". 
Aparentemente estamos frente a una proposición que debería ser imitada ampliamente sin dejar lugar a críticas, con más razón en un país donde más de 14 millones de personas "están por debajo de la línea de pobreza". Ahora bien, ¿qué sustentabilidad en el tiempo tiene esta propuesta?, ¿ataca las causas del hambre, tales como la exclusión social y la concentración de la riqueza?. Estos interrogantes nos llevan a otras preguntas: una propuesta que, argumentando urgencias sociales para legitimarse, apenas atiende algunos síntomas y no las causas del problema, ¿puede ser rescatada por fuera del clásico asistencialismo?. Pues bien, ¿como deberíamos recibir una proposición que -intencional o ingenuamente- no parece alejarse en nada de los típicos mecanismos del clientelismo político, basados en el regalo o en la dadiva, para obtener legitimidad y poder?. ¿Deberíamos poner reparos y desconfiar de iniciativas como esta, que se autodenominan "solidarias" y "socialmente responsables", y se proponen combatir una cuestión como el hambre con una estrategia que termina generando más dependencia en las poblaciones marginadas?. 

No obstante, más allá del asistencialismo o la dependencia que esta campaña solidaria pudiera producir, tengamos en cuenta un problema mucho más grave. La producción de soja en Argentina forma parte de un modelo de producción agrícola funcional con el modelo socioeconómico de exclusión social que diez años de neoliberalismo impulsaron. ¿No seria paradójico querer paliar el hambre con los productos de un modelo productivo que generó ese flagelo?.

Casi el 100% de la soja que se produce en nuestro país es transgénica (genéticamente modificada para resistir el agroquímico [round up ready de Monsanto] que produce la misma multinacional que tiene el derecho de propiedad sobre la semilla). La semilla patentada por Monsanto más los insumos necesarios que también provee esta empresa conforman un paquete tecnológico que hace rentable el negocio para la gran explotación, eliminando a los pequeños agricultores, reduciendo los requerimientos de mano de obra, y destinando en gran parte la cosecha a los mercados internacionales. Este modelo productivo que expulsa agricultores del campo a la ciudad, que pone a la producción agrícola bajo el control total de los grandes grupos económicos (fondos de inversión y multinacionales), es el que pretende instalar la soja transgénica como paliativo de la pobreza y como alimento básico de la dieta argentina. El problema no es la soja en sí (alimento destacable), es el modelo que acompaña a la soja transgénica que impulsa en nuestro país la implantación del modelo agropecuario "sin agricultores". ¿podemos seguir creyendo que detrás de la "propuesta solidaria" y las buenas intenciones no existen intereses concretos de grandes comercializadores de grano, y de grandes laboratorios y semilleras?. ¿Por qué buscan modificar hábitos de consumo?, ¿querrán insertar sus productos?, ¿por qué adoptan una imagen de responsabilidad social empresarial?, ¿persiguen legitimidad entre los consumidores y la población en general?.

Porque en todo caso no ponemos sobre el tapete la inequidad en la distribución de la riqueza, y la falta de trabajo, y se proponen soluciones de largo aliento y no paliativos hipócritas.

Sólo a título de evidenciar más aún lo falaz de un propuesta del estilo, tomemos un ejemplo alternativo, apenas uno sencillo, pues debe haber otros. Según la FAO una persona (con asistencia técnica apropiada) puede en 1000 metros cuadrados producir alimentos para otras seis. Porque entonces no ceder desde el Estado o desde las empresas realmente comprometidas con el bienestar de los argentinos el 1,4 % de las hectáreas cultivadas con soja y entregarlas a 1 millón de desocupados que así podrían, con capacitación, autogenerarse un empleo de por vida, y además abastecer de alimentos a su familia. Debatir estas cuestiones debería ser la guía de los esfuerzos solidarios serios. En la base de una propuesta responsable de seguridad alimentaria debería contemplarse el poblamiento rural, el rol de los agricultores en una sociedad que pretende recuperar la equidad social, el compromiso del Estado con los más necesitados. De otra forma, es inevitable no expresar una severa critica hacia intentos que terminan significando la repetición de prácticas que los argentinos queremos superar, tales como el oportunismo, la mezquindad, y la irresponsabilidad.

*Por Pablo Sabatino y Diego Domínguez Miembros del Grupo de Estudios Rurales – UBA

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