Globalización

Perspectivas del movimiento campesino latinoamericano y caribeño dentro del ALBA

La propuesta que el ALBA le tiene al sector agrario y el movimiento campesino latinoamericano se basa en cuatro ejes fundamentales que giran en torno a la tierra, la soberanía alimentaria y la reforma agraria. El ALBA pone el énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y, por lo tanto, expresa los intereses de los pueblos latinoamericanos.

Por Shameel Thahir Silva

La propuesta que el ALBA le tiene al sector agrario y el movimiento campesino latinoamericano se basa en cuatro ejes fundamentales que giran en torno a la tierra, la soberanía alimentaria y la reforma agraria. El ALBA pone el énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y, por lo tanto, expresa los intereses de los pueblos latinoamericanos.


“No puede ser que nosotros sigamos importando tanta carne y tanta leche teniendo tanta sabana, tanta agua y tanta gente que sabe trabajarla” [1]

“La Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe (ALBA) [2] es una propuesta de integración diferente. Mientras el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas – Propuesta de integración económica continental neoliberal) responde a los intereses del capital transnacional y persigue la liberalización absoluta del comercio de bienes y servicios e inversiones, el ALBA pone el énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y, por lo tanto, expresa los intereses de los pueblos latinoamericanos. (…)” [3].

El ALBA es una propuesta de integración económica y posteriormente política de carácter continental formulada desde el proyecto económico-político de “La Revolución Bolivariana” [4] del gobierno venezolano para reformular el liderazgo político, económico, social y militar en Latinoamérica y el Caribe; “(…) es una propuesta para construir consensos para repensar los acuerdos de integración en función de alcanzar un desarrollo endógeno nacional y regional que erradique la pobreza, corrija las desigualdades sociales y asegure una creciente calidad de vida para los pueblos”. Por lo tanto, el ALBA es un proyecto diametralmente opuesto a la visión generalizada de globalización e integración político económica entre estados soberanos; esta visión unamista está encabezada por propuestas como el ALCA, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y en menor medida el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE).

Para los sectores agrarios y el movimiento campesino latinoamericano y caribeño, el ALBA parte de que para muchos países de América Latina y El Caribe la actividad agrícola [5] es fundamental para la supervivencia de la propia nación [6] por lo tanto, las condiciones de vida de millones de campesinos e indígenas se verían muy afectados si ocurre una inundación de bienes agrícolas importados, aún en los casos en los que no exista el subsidio [7] (que los países del Primer Mundo le regalan a sus agroempresarios) como lo propuso el ALCA y lo mantienen los TLC binacionales. Por lo tanto, el ALBA promoverá las acciones en el marco de la economía nacional e internacional para compensar las desventajas propias de la actividad agrícola en un mundo globalizado desde la lógica neoliberal, ya que para el ALBA no es aceptable que la agricultura como sector económico pero por sobre todo político y social de gran importancia en el contexto global y humano, se limite a abrirse al mercado a través de la reducción de los aranceles por parte de los países en vías de desarrollo mientras las principales potencias se niegan a eliminar los subsidios y ayudas internas.

Los países en vía de desarrollo sólo disponen de los aranceles a las importaciones para apoyar la agricultura nacional. En palabras sencillas, cobrarle impuesto al productor de un tomate gringo (europeo, chino, etc.) para que pueda venderlo en Colombia es un acto que favorece los tomates colombianos e impulsa su producción, en cambio, tanto en las negociaciones de el ALCA como en las negociaciones de los TLC binacionales a lo largo y ancho del Tercer Mundo, los países desarrollados le exigen en un supuesto juego de “igualdad de condiciones” [8] no cobrarle al tomate extranjero ese impuesto que es un acto de soberanía y única medida que le queda a estados pobres como Colombia para proteger su sector agrario nacional.

Bajo esta lógica, a una economía como la de los Estados Unidos de Norteamérica (EUA) que duplica varias veces la economía de cualquier país latinoamericano o caribeño no se le debe permitir entrar de manera libre a una frágil economía como la colombiana, especialmente en lo referente a los productos agrícolas que entrarían a competir de manera directa con los productos agrícolas colombianos que todavía son producidos por unos campesinos que son un sector de la población vulnerable por sus mismas condiciones socioeconómicas y políticas que los han golpeado a través de la historia a diferencia de los agroindustriales del Primer Mundo que están apoyados por el dinero que el gobierno canaliza para su prosperidad y crecimiento económico nacional.

La propuesta [9] que el ALBA le tiene al sector agrario y el movimiento campesino latinoamericano se basa en cuatro ejes fundamentales que giran en torno a la tierra, la soberanía alimentaria [10] y la reforma agraria, estos ejes fundamentales son: el Instituto Latinoamericano Caribeño de la Reforma Agraria y la Soberanía Alimentaria, el Banco Latinoamericano Caribeño de Semillas, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y el Instituto de Tecnología Agropecuaria Latinoamericano Caribeño. El Instituto Latinoamericano Caribeño de la Reforma Agraria y la Soberanía Alimentaria pretende funcionar en el escenario del ALBA bajo lo que se reafirmó en la Declaración Final del Foro Mundial sobre soberanía alimentaria, La Habana, Cuba, 7 de septiembre, 2001, donde se lee:

«La soberanía alimentaria implica la puesta en marcha de procesos radicales de reforma agraria integral adaptados a las condiciones de cada país y región, que permitan a los campesinos e indígenas -considerando a las mujeres en igual de oportunidades- un acceso equitativo a los recursos productivos, principalmente tierra, agua y bosque, así como a los medios de producción, financiamiento, capacitación y fortalecimiento de sus capacidades de gestión e interlocución. La reforma agraria, en primer lugar, debe ser reconocida como una obligación de los estados nacionales donde este proceso es necesario en el marco de los derechos humanos y como una eficiente política pública de combate a la pobreza. Dichos procesos de reforma agraria deben estar controlados por las organizaciones campesinas -incluyendo el mercado de los arriendos-, garantizar los derechos individuales de los productores con los colectivos sobre los terrenos de uso común y articulados con políticas agrícolas y comerciales coherentes. Nos oponemos a las políticas y programas de mercantilización de la tierra promovidas por el Banco Mundial en sustitución de verdaderas reformas agrarias y aceptadas por los gobiernos». [11]

El Banco Latinoamericano Caribeño de Semillas es una iniciativa que surgió en la Mesa de Trabajo sobre el Movimiento Campesino, diciembre de 2004 en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela, en el II Congreso Bolivariano de los Pueblos, donde se resolvió: «Crear y promover el banco latinoamericano de semillas criollas, indígenas u originarias con sede en Venezuela y con subsedes a nivel nacional con el concurso de todas las organizaciones campesinas e indígenas en todo el continente». Esto se dio considerando que las semillas son patrimonio de toda la humanidad y que hoy su comercialización está monopolizada por unas cuantas empresas transnacionales que al mismo tiempo manejan tecnologías de creación de organismos genéticamente modificados, lo que representa una grave amenaza a la soberanía alimentaria de los pueblos. [12]


La Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), la cual tiene como propósito inicial fortalecerse para lograr representar al movimiento agrario latinoamericano y caribeño, nucleando a los campesinos, trabajadores agrarios, pequeños productores, al proletariado rural, a los técnicos del campo y en general a las masas rurales de nuestro continente.

Por último, el Instituto de Tecnología Agropecuaria Latinoamericano Caribeño, institución que se proyectaría como centro de investigación, cooperación, asesoramiento e impulso de políticas de tecnología agraria para la producción sustentable, supervisando la calidad de los fertilizantes, plaguicidas y demás insumos para el agro, y con capacidad para fabricarlos de acuerdo a las necesidades. En dicho instituto participarán las universidades, las organizaciones del campo, los estados miembros y otras instituciones vinculadas al rubro.

Estos cuatro ejes fundamentales en los que el ALBA se articula para proyectar los sectores agrarios y el movimiento campesino latinoamericano y caribeño hacia la prosperidad bajo parámetros de igualdad social de hecho se empezaron a construir desde el momento en que el proyecto ALBA fue lanzado por el gobierno venezolano como la contraposición al ALCA, hoy reeditado en los TLC binacionales. Un ejemplo específico con el que pienso terminar este articulo es cómo con la propuesta de defender la soberanía alimentaria, las semillas y crear una red de intercambio entre los campesinos de toda América Latina, fue inaugurada [13], día 27 de agosto de 2005 la primera Escuela Latino-Americana de Agroecología [14], en Lapa, Estado de Paraná (a 70 Km de Curitiba). El objetivo de la institución -una asociación entre el gobierno de Venezuela, el Estado de Paraná, la Universidad Federal de Paraná (UFPR), la Vía Campesina Internacional y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST)- es formar pedagogos en agroecología para actuar de forma permanente junto a los campesinos, construyendo una nueva matriz tecnológica, basada en la agroecología, enfrentando así según Roberto Baggio, coordinador provincial del MST a la matriz conservadora del agronegocio, sostenida por los grandes complejos de la agroindustria y controlados por las grandes empresas multinacionales" [15]. Para la venezolana Judith, la escuela va a promover más que la integración entre los pueblos latinoamericanos: “Va a rescatar, multiplicar y difundir la agricultura de nuestros ancestrales. Debimos hacer presentes en las negociaciones multilaterales internacionales y mostrar que deben respetar nuestro territorio y nuestra cultura”. El ministro Rossetto afirmó que la escuela se suma a un plan de mejoría de la calidad productiva en asentamientos, de disminución de la dependencia de insumos y de estímulo a la producción de bancos de semillas. “La iniciativa es una forma de resistir al patrón tecnológico concentrador de renta, excluyente y destructor de los recursos naturales de nuestro país”, destacó. En concordancia con lo anterior, Adriano Lima dos Santos, integrante del equipo pedagógico del curso dijo: “Queremos que los estudiantes entiendan la agroecología no sólo en el área agraria, pero en la dimensión humana, social y ambiental” [16]. www.ecoportal.net


* Shameel Thahir Silva,
Colectivo Antígona : http://colectivoantigona.blogspot.com/

Publicado en Prensa Rural

Referencias:

[1] Palabras del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez Frías, tomado de: www.alternativabolivariana.org

[2] La propuesta del ALBA le otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques subregionales, abriendo nuevo espacios de consulta para profundizar el conocimiento de nuestras posiciones e identificar espacios de interés común que permitan constituir alianzas estratégicas y presentar posiciones comunes en el proceso de negociación. El desafío es impedir la dispersión en las negociaciones, evitando que las naciones hermanas se desgajen y sean absorbidas por la vorágine con que viene presionándose en función de un rápido acuerdo por el ALCA (actualmente reestructurado en los tratados de libre comercio bilaterales)

[3] Tomado de: http://www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=1

[4] Para mas información consultar: http://www.gobiernoenlinea.ve/misc-view/index.pag

[5] Hay que dejar en claro que la producción agrícola es mucho más que la producción de una mercancía. Es, más bien, un modo de vida. Es el fundamento básico para la preservación de opciones culturales, es una forma de ocupación del territorio, define modalidades de relación con la naturaleza, tiene que ver directamente con los temas críticos de la seguridad y la soberanía alimentaria. Por lo tanto, no puede ser tratado como cualquier otra actividad económica o cualquier producto.

[6] Parte importante de la pobreza y la marginalidad de nuestros pueblos se concentra en la población que habita las zonas rurales que subsiste con base en la actividad agrícola o actividades alrededor de la agricultura.

[7] Este tema fue motivo de un gran debate en una reunión ministerial para el ALCA celebrada en Quito, en cuya declaración finalmente todos los países reconocieron “la importancia de la agricultura para las economías de la región, cuyo tratamiento integral y no discriminatorio en las negociaciones del ALCA contribuirá a generar empleo a reducir la pobreza y favorecer la estabilidad social”, por lo cual reafirmaron “el compromiso hemisférico con la eliminación de los subsidios a las exportaciones que afectan el comercio de productos agrícolas en el Hemisferio y el desarrollo de disciplina para ser adoptadas para el tratamiento de todas las otras prácticas que distorsionan el comercio de productos agrícolas, incluyendo aquellas que tienen efectos equivalentes a los subsidios a las exportaciones agrícolas”, señalando en particular “que nuestra respectiva evaluación, por país o grupo de países, de los resultados de las negociaciones de acceso a mercados en agricultura en el ALCA dependerán del progreso que consigamos alcanzar en los otros temas que son parte de la agenda agrícola”. Este planteamiento fue ratificado de manera práctica por este Comité de Negociaciones Comerciales en su reunión de Puebla cuando instruyo al Grupo de Negociación sobre Agricultura “intensificar los debates sobre todos los temas de su agenda, en particular los referidos a los subsidios a las exportaciones y a todas las otras prácticas que distorsionan el comercio de productos agrícolas, incluyendo aquellas que tiene efectos equivalente a los subsidios a las exportaciones agrícolas, sin excepción alguna y sin prejuzgar los resultados, al tenor de los mandatos de las declaraciones de Buenos Aires y Quito”

[8] Como se sabe, los EU destinan centenares de miles de millones de dólares anualmente para sostener sus exportaciones y la producción de su agricultura, ocasionando fuertes distorsiones en el precio de los productos agrícolas en los mercados mundiales. Aunque se eliminen las barreras arancelarias para las exportaciones latinoamericanas, es imposible competir con esos precios subsidiados. De esa forma se impide o dificulta el acceso efectivo de los países latinoamericanos a los mercados del hemisferio. Los productos subsidiados compiten deslealmente en nuestros propios mercados internos y la ventaja que ya tienen se hace mucho mayor al eliminar nuestros aranceles. Es así como se nos quitan mercados en terceros países para los productos agrícolas que pudiéramos de otra forma exportar.

[9] El ALBA se fundamenta en la creación de mecanismos para crear ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basa en la cooperación de fondos compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a los países débiles frente a las primeras potencias.

[10] Para el ALBA, la seguridad alimentaria de la que gozan los países desarrollados del hemisferio, que hoy se nos niega a los países en desarrollo al querer limitar el margen de acción para nuestras políticas, es fruto de medio siglo de políticas de apoyo sistemático a la agricultura con la cual consiguen distorsión en los precios en los mercados mundiales. Si aun hoy cesaran tales apoyos, el campo de juego aún permanecería desnivelado: la infraestructura y el aparato productivo y tecnológico establecido y operado en buena parte gracias a los desembolsos de esas políticas todavía nos dejan en desventaja.

[11] La soberanía alimentaria es uno de los pilares fundamentales de la soberanía de los pueblos y las naciones. La soberanía alimentaria implica la determinación y el abastecimiento de los requerimientos nutricionales de la población a partir de la producción local y nacional, respetando la diversidad productiva y cultural. América Latina es la región que tiene la distribución de las riquezas más desigual del planeta. Como herencia del viejo sistema colonial y de repúblicas oligárquicas, el latifundio sigue ocupando las mejores tierras, mientras que en los intersticios dejados por los terratenientes y en los suelos más marginales sobreviven las pequeñas explotaciones, o minifundios. Si bien los esporádicos esfuerzos de reforma agraria realizados, han modificado hasta cierto punto esta pauta general, la desigualdad excesiva continúa siendo la norma en esta región. La reforma o revolución agraria redistributiva entonces, es una tarea insoslayable en la hora actual, como asimismo la nacionalización de la tierra improductiva y la eliminación del latifundio. Tomado de: Secretaria de Organización “Congreso Bolivariano de los Pueblos”, Construyendo el ALBA desde los pueblos. Una propuesta de unidad para los pueblos de América Latina, Ediciones Emancipación. Bajado de: www.alternativabolivariana.org

[12] «Tenemos el firme compromiso de crear un Banco Mundial de Semillas en nuestro país para proteger nuestra herencia de semillas de la violenta invasión de cultivos transgénicos y genéticamente modificados», manifestó el embajador Jesús Arnaldo Pérez, ex canciller de la República Bolivariana de Venezuela, en el 59 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

[13] Cerca de 1.500 personas participaron de la inauguración de la escuela, que contó con la presencia de Judith Valencia, representante del gobierno de Venezuela y profesora de la Universidad Central de Venezuela, que actúa en las negociaciones internacionales del Área de Libre Comercio de Américas (ALCA) y de la Organización Mundial del Comercio (OMC); Miguel Rossetto, ministro del Desarrollo Agrario; Roberto Requião, gobernador de Paraná; João Pedro Stedile, de la coordinación nacional del MST, entre otras autoridades. Tomado de: http://www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=News&file=article&sid=329

[14] La escuela está localizada dentro de un proyecto de reforma agraria del MST, el asentamiento Contestado. En ese local existen 108 familias, asentadas hace seis años, de las cuáles un 40% ya trabajaron en sistema agroecológico. José Maria Tardim, integrante del equipo pedagógico del curso, afirma que, por el hecho de la escuela ser dentro de un asentamiento, habrá un intercambio permanente entre educandos, educadores y asentados, desafiando a los campesinos a avanzar en la transición para la agroecologia. Tomado de: Ibidem

[15] Según Baggio, esa nueva matriz será volcada para la pequeña producción y el mercado interno, respetando el medio ambiente y contribuyendo para una agricultura soberana. Tomado de: Ibidem

[16] La alumna Adriana Antunes Almeida, del Movimiento de Mujeres Campesinas (MMC), espera ampliar la acumulación de las técnicas y del conocimiento en el área de la agroecología. Izabela Castro, integrante de la Coordinación de Mujeres Rurales e Indígenas de Paraguay, quiere aprender y difundir esas informaciones a los pueblos de su país.

Tomado de: Ibidem

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