Suelos fértiles para la guerra – el verdadero plan que subyace a la reconstrucción agrícola en Afganistán e Irak

En este informe analizamos el modo en que la reconstrucción agrícola emprendida por Estados Unidos en Afganistán e Irak no sólo impulsa políticas neoliberales y le da entrada a las agroempresas estadounidenses —algo que ha sido siempre la función básica de los programas de cooperación para el desarrollo auspiciados por Estados Unidos— sino que también es un componente intrínseco de la campaña militar estadounidense en estos países y las regiones aledañas.

Por GRAIN

En este informe analizamos el modo en que la reconstrucción agrícola emprendida por Estados Unidos en Afganistán e Irak no sólo impulsa políticas neoliberales y le da entrada a las agroempresas estadounidenses —algo que ha sido siempre la función básica de los programas de cooperación para el desarrollo auspiciados por Estados Unidos— sino que también es un componente intrínseco de la campaña militar estadounidense en estos países y las regiones aledañas.


En este informe analizamos el modo en que la reconstrucción agrícola emprendida por Estados Unidos en Afganistán e Irak no sólo impulsa políticas neoliberales y le da entrada a las agroempresas estadounidenses —algo que ha sido siempre la función básica de los programas de cooperación para el desarrollo auspiciados por Estados Unidos— sino que también es un componente intrínseco de la campaña militar estadounidense en estos países y las regiones aledañas. Esto es alarmante si lo vemos en conjunto y a la luz de la creciente influencia que ejercen Estados Unidos y sus aliados de la esfera empresarial en las agencias donantes y los organismos internacionales —el Banco Mundial, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y los centros del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR por sus siglas en inglés)— que a su vez inciden en las políticas alimentarias y agrícolas adoptadas por los países receptores. No se trata de casos aislados surgidos de circunstancias excepcionales: constituyen una tendencia previsible de las actividades estadounidenses en el exterior, en tanto su gobierno continúe expandiendo su “guerra contra el terrorismo” y promueva los intereses de sus grandes corporaciones.

En los últimos años, Asia ha sufrido demasiados desastres, unos provocados por el hombre y otros naturales: inundaciones, ciclones, tsunamis, terremotos, guerras. Tras cada calamidad se realizan esfuerzos para poner todo de vuelta en su lugar. Pero la “ayuda” externa viene a menudo acompañada de un programa político o hasta militar cuyo objetivo principal es remodelar los países para satisfacer poderosos intereses creados, antes que reconstruir efectivamente las comunidades afectadas. La ayuda humanitaria se condiciona generalmente a la adopción de políticas neoliberales, y quizás lo más problemático en el caso de las guerras sea la tendencia reciente de entretejer esta ayuda (clasificada como “reconstrucción”) con el aparato militar de las potencias invasoras. En Afganistán, adonde el presidente estadounidense Obama enviará 17 mil efectivos más, y en Irak —que son los campos de prueba de esta ayuda militarizada— ya borraron total y deliberadamente la línea divisoria entre las actividades civiles y militares de Estados Unidos.

Afganistán: alimentos y bombas

Cuando Estados Unidos comenzó su campaña de bombardeo a Afganistán en 2001, uno de sus primeros objetivos fue el aeródromo de Shindand construido por los soviéticos en el occidente del país, cerca de la frontera con Irán. Un año después, Estados Unidos tomó el control del aeródromo, uno de las mayores del país, en medio de acusaciones que señalaban que su verdadera intención era usar el sitio como posible base de operaciones contra Irán. Hoy, la zona que circunda Shindand siegue siendo escenario de intensos combates entre Estados Unidos/OTAN y las fuerzas talibanes, y hay poblaciones civiles atrapadas enmedio.

El 21 de agosto de 2008, aviones estadounidenses que despegaron del aeródromo de Shindand bombardearon un poblado en el distrito de Shindand, matando a no menos de 88 civiles inocentes. Cuando en protesta la gente tomó las calles de Azizabad, la ciudad regional, el Ejército Nacional Afgano abrió fuego sobre la multitud, hiriendo a varias personas. La protesta estalló cuando funcionarios del gobierno central llegaron con ayuda alimentaria para las familias afectadas por el bombardeo. “Destruyeron nuestros hogares, asesinaron a docenas de personas, ¿y encima tienen el descaro de enviarnos trigo?” dijo Hamidullah, un residente local que participó en las protestas.[1]

En la guerra de Afganistán, las bombas y los alimentos forman parte de un mismo paquete. Justamente en el aeropuerto desde el cual los aviones estadounidenses lanzaron su ataque mortífero, unos meses antes las fuerzas armadas de Estados Unidos habían establecido un centro de capacitación agrícola. “El centro agrícola tiene muchos efectos positivos para las tropas y la población local”, dijo uno de los conductores que forma parte del equipo de asuntos civiles de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos. “Esto nos permite construir un vínculo con los pobladores mediante la educación y el empleo; de este modo, tendrán razones para pensar dos veces antes de permitir que las fuerzas anti-afganas entren en su vida y la influyan de manera negativa. En sí misma, la presencia de este centro agrícola es una medida de seguridad”.[2] Su objetivo explícito es darle un giro positivo a la ocupación estadounidense.

Los oficiales estadounidenses afirman que eventualmente el centro fortalecerá la producción agrícola de exportación en la zona, y contribuirá a disuadir a los agricultores locales de producir amapola —un cultivo que hoy sigue proporcionándoles más seguridad e ingresos que los millones de dólares de ayuda extranjera, de la cual muy poco les llega a ellos. El centro está equipado con laboratorios, aulas, varios estanques y criaderos de peces, viñedos y huertas. Hay planes para establecer también una estación meteorológica y un sistema de riego por goteo. Todo esto lo administra el ejército estadounidense.


En el sudoeste, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) contrató a la empresa estadounidense Chemonics Inc. para construir un centro agrícola en las afueras de la ciudad de Lashkar Gah, en la provincia de Helmand, otra zona de intenso conflicto con los talibanes. Chemonics es una empresa internacional especializada en el desarrollo del sector privado y la agricultura, y trabaja siguiendo el lema de “Para catalizar el agronegocio”.[3] La empresa se fundó en Washington en 1975, y desde entonces USAID ha sido su cliente principal.[4] Según su presidente, Richard Dreiman: “En Chemonics nos enorgullece ser parte del renacimiento de la agricultura y las agroempresas en Afganistán”.[5] Chemonics afirma que les rechazaron el punto originalmente elegido para el centro agrícola —en una zona dedicada a la agricultura. Pero se “recibieron instrucciones” de que “por razones estratégicas militares y de seguridad”, el centro debería establecerse en el aeródromo de Lashkar Gah, que se encuentra bajo el control del ejército británico.[6] Queda claro que la línea divisoria entre los objetivos militares y de ayuda es borrada deliberadamente.

Hace treinta años, cuando Afganistán era exportador neto de alimentos, Helmand era su granero principal. Después de la invasión, Estados Unidos proclamó que para el año 2007 conseguiría que el país fuera de nuevo autosuficiente en materia de alimentación. Al día de hoy, en 2009, esa meta está más distante que nunca. Los afganos siguen dependiendo de la importación de alimentos y de la ayuda extranjera. Esto ocurre sobre todo porque la guerra continúa, y devasta la agricultura del país. En vez de ayudar genuinamente a los afganos a recuperar sus antiguas habilidades agrícolas, esos centros le brindan una apariencia de reconstrucción agrícola a la misión militar que destruye los sistemas alimentarios de Afganistán. Son un intento de legitimar las bases militares de una fuerza de ocupación.

Los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT por sus siglas en inglés) que el Reino Unido y Estados Unidos despliegan cada vez con más frecuencia en las zonas rurales afganas, cumplen una función semejante a los centros agrícolas. Por lo general, un PRT consta de 60 a 250 militares, un oficial de campo de USAID y un funcionario político del Departamento de Estado estadounidense. USAID sostiene que hay unos 25 PRT funcionando actualmente en Afganistán.

Según USAID:

Los PRT en Afganistán son instrumentos clave mediante los cuales la comunidad internacional proporciona ayuda a nivel provincial y distrital. Debido a que su foco de atención es provincial y por los recursos civiles y militares con que cuentan, los PRT tienen el valioso mandato de mejorar la seguridad, apoyar la buena gobernanza y promover el desarrollo provincial. La combinación de recursos internacionales, civiles y militares, con que cuentan también les da a los PRT un amplio margen de libertad para ejecutar su mandato… Los PRT buscan establecer un ambiente suficientemente seguro y estable para el funcionamiento de instituciones civiles internacionales y afganas que brindan apoyo al desarrollo. Debido a su singular composición, los PRT pueden también proporcionar ayuda y desarrollo en zonas menos seguras. Los programas de USAID se proponen trabajar con los PRT para ofrecer servicios en zonas menos seguras o desatendidas de Afganistán”.[7]


Algunos de los PRT se identifican como equipos de desarrollo agrícola y tienen una misión agrícola específica. Aparte de la intención ridícula de enseñarle a los agricultores afganos cómo se hacen las cosas en Iowa o Texas, y el abastecimiento gratuito de semillas de trigo para convencerlos de abandonar el cultivo de amapola, estos equipos, compuestos en su mayor parte por soldados de la Guardia Nacional, también hacen contribuciones muy importantes a las operaciones militares. “Es útil para la cinética militar, porque implica la cooperación de la población local, y se podría hacer uso de métodos de inteligencia para extraer información.”, explica el comandante general del Ejército, King E. Sidwell. “Permite hacer amigos allí donde de otro modo sería imposible hacerlos”.[8]

Las agroempresas crecen en el campo de batalla

El apoyo que se prestan las actividades militares y agrícolas es mutuo. Mientras que la reconstrucción agrícola facilita las operaciones militares de Estados Unidos y la OTAN, las operaciones militares impulsan la agenda de prioridades de las agroempresas estadounidenses y extranjeras, al generar un contexto donde pueden fácilmente presionar al gobierno a que adopte políticas neoliberales. La guerra les brinda a las agroempresas un mercado lucrativo a corto plazo en la floreciente industria de la “reconstrucción” (ver cuadro 2), y una oportunidad para integrar, a largo plazo, a Afganistán en sus mercados y cadenas productivas globales.

Las semillas ocupan un lugar central en estos procesos. Aquellos que están “reconstruyendo” la agricultura de Afganistán pusieron la mira exactamente en eso. En 2002 se puso en marcha una experiencia internacional con múltiples socios que reunió a 34 organizaciones tras las banderas del CGIAR, con el apoyo económico de Estados Unidos y Australia. El consorcio de futuras cosechas para reconstruir la agricultura en Afganistán [conocido por su nombre en inglés Future Harvest Consortium to Rebuild Agriculture in Afghanistan, o FHCRAA] funcionó casi un año, en el transcurso del cual se importaron y distribuyeron varias toneladas de semillas de trigo de Paquistán y se establecieron programas de multiplicación de semillas para variedades de otros cultivos traídos del Centro Internacional para las Investigaciones Agrícolas en las Zonas Áridas (ICARDA por sus siglas en inglés), cuya sede está en Siria.[9]

El Consorcio y otras iniciativas impulsadas por el CGIAR no han considerado en lo absoluto el rico patrimonio de variedades campesinas de Afganistán, que habrían servido de base para una verdadera reconstrucción agrícola. Según una encuesta de ICARDA realizada en 2002, ni las variedades de arroz de secano ni las de trigo de secano y trigo de riego que les proporcionaron las organizaciones de ayuda incluyeron materiales genéticos afganos. Los autores de la encuesta concluyeron que los productores afganos de trigo se encuentran “solos y sin apoyo en lo que hace a la reproducción y re-selección de semillas de variedades locales”.[10]

En cambio, se inundó Afganistán con todo tipo de variedades extranjeras de semilla, algunas de las cuales llegaron a través de los proyectos realizados con empresas semilleras extranjeras que quieren probar sus variedades en un potencial mercado futuro (ver Cuadro 3).

Las preocupaciones acerca de la importación indiscriminada de semillas y el desprecio a las semillas locales se plantearon desde un principio. Estas preocupaciones provocaron que la FAO [11], ICARDA [12] y el Ministerio de Agricultura afgano propusieran en 2002 un Código de Conducta relacionado con la asistencia que se entrega en forma de semillas. A fin de cuentas, todas las preocupaciones por las semillas campesinas fueron silenciadas por la insistencia de Estados Unidos y la Unión Europea de montar una industria semillera en Afganistán que esté amalgamada a sus planes políticos más vastos. En esencia, eso significa establecer algunas pocas compañías semilleras locales que sirvan inicialmente de conducto para la ayuda en semillas, y más tarde, si Estados Unidos gana la guerra, que le abran la puerta a las agroempresas y a las semilleras extranjeras.

Como en el resto del mundo, en Afganistán una industria de semillas privada requiere un marco legislativo que cree un mercado de semillas comerciales. Eso lo logran mediante leyes que hacen que la venta de semillas patentadas sea la norma —obligando a los campesinos a comprar, en lugar de guardar o compartir dichas semillas— con poca protección para las variedades locales propias de los campesinos y sus prácticas.[13] Así, el 13 de septiembre de 2005, mediante un proceso impulsado por la FAO y la UE, el Ministerio de Agricultura afgano adoptó una política nacional de semillas que —aunque aparentaba defender los derechos de los campesinos a guardar sus semillas— garantiza los derechos monopólicos de las empresas semilleras, tornando ilegal que los campesinos intercambien o vendan semillas comerciales:

Los agricultores conservarán su derecho a usar, intercambiar, compartir o vender entre sí sus semillas guardadas, sin restricción alguna, y tendrán el derecho a seguir utilizando cualquier variedad de su elección sin estar limitados por el sistema de registro obligatorio, siempre y cuando no comercialicen cosechas cultivadas con variedades patentadas”.[14]

Enseguida se empezó a discutir una ley nacional de semillas, cuyo borrador prohíbe la venta de semillas no certificadas a menos que cumplan con estándares mínimos de germinación, pureza y etiquetado. Como a los pequeños agricultores puede resultarles difícil cumplir con esos requisitos, la venta y el intercambio de semillas campesinas podrían verse afectados.[15]


Una vez aprobado este marco legal, en agosto de 2006 se inauguró la primera compañía privada de producción y venta de semillas de trigo en la provincia de Bamyan, en Afganistán central.[16] Desde entonces han surgido otras semilleras, y en octubre de 2008 se creó en Kabul con el apoyo de la FAO la Asociación Nacional de Semillas de Afganistán (ANSA), presidida por el director ejecutivo de una semillera privada “afgana”.[17] Llamarla una industria nacional es un poco exagerado, por decir lo menos. Las semilleras privadas afganas son mantenidas a flote por donantes extranjeros. En 2008, por ejemplo, USAID y el departamento para el desarrollo internacional del gobierno británico (DFID, por sus siglas en inglés) contribuyeron con 3 millones de dólares cada uno para un proyecto de semillas de la UE que brinda crédito para la compra de semillas de trigo certificadas. Es más, la principal actividad de las empresas semilleras es producir semillas para los programas de los donantes extranjeros o las operaciones militares. La mayor parte —cuando no el total—de sus ventas de semillas se realiza a través de contratos con agencias extranjeras, ya sea como un componente de los programas de erradicación de la amapola o como elemento de relaciones públicas de los ejércitos de ocupación.

Pero ANSA no es el único jugador. Los talibanes tienen sus propias redes de abastecimiento de semillas, y despliegan estrategias similares para conquistar la lealtad de los productores locales. El ejército estadounidense sostiene que los talibanes controlan una gran plantación de trigo en la provincia de Ghazni, y que distribuyen semillas a los agricultores en las zonas que están bajo su control. Un ‘equipo de desarrollo de agronegocios’ de la Guardia Nacional de Estados Unidos le manifestó al Dallas Morning News que tiene planeado construir otra finca productora de semillas de trigo en las inmediaciones, para “liberar a los productores de trigo de Ghazni de los abastecedores aprobados por los talibanes”.[18]

De todos modos —provengan de los talibanes o del ejército estadounidense— las semillas ciertamente no son “gratis”. Ambas vienen aparejadas de sólidos planes políticos, traen el respaldo de fuerzas armadas que poco tienen que ver con los intereses de los campesinos afganos. Volver a tener en sus manos sus propias semillas es el único modo que podrán liberarse realmente estos campesinos.

Brindar alternativas al cultivo de amapola que abastece de opio al narcotráfico mundial es una de las excusas esgrimidas para introducir una amplia gama de cultivos comerciales. Pero mientras el cultivo de la amapola florezca, pocos agricultores parecen estar interesados en algún cultivo alternativo. No es difícil entender porqué: un cultivador de amapola gana mucho más dinero —aproximadamente diez veces más— que alguien que siembre trigo. Una posible solución promovida por un científico australiano de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation con sede en Camberra, Australia, conjuntamente con el Programa de Seguridad Nacional de la Universidad del Estado de San Diego en Estados Unidos, es legalizar el cultivo de amapola para producir biodiesel. Los agricultores plantarían una variedad de semilla de amapola que fue modificada genéticamente para elevar su contenido de aceite e inhibir sus propiedades narcóticas. Las principales agencias donantes presionan también en pos de cultivos “alternativos” económicamente más viables y variedades “mejoradas” para ofrecerle a los agricultores. (Ver cuadro 3).

La reconstrucción de Irak

Es una ironía que cualquier alusión a la reconstrucción de los sistemas alimentarios y agrícolas de Irak, conocida como la cuna de la agricultura, tenga que comenzar con numerosas referencias a Estados Unidos. Sin embargo, en el contexto actual es importante señalar que Irak siempre ha sido importante para Estados Unidos como mercado para sus productos agrícolas básicos. Si bien es cierto que Estados Unidos tiene comprometidos intereses de largo plazo en el desarrollo de estos mercados en Afganistán, Irak ya es el destino principal de las exportaciones estadounidenses de trigo duro de invierno y uno de los principales importadores de su arroz.[19] Irak es un mercado de 1.500 millones de dólares al que las empresas estadounidenses no podían acceder antes de la invasión, debido a las sanciones.[20] De hecho, para Estados Unidos era tan importante tomar control del desarrollo de los sistemas agrícolas y alimentarios de Irak, que en los primeros años de la ocupación se trajo a Dan Amstutz, un antiguo ejecutivo de Cargill y operador veterano en las delegaciones de comercio estadounidenses, para que estuviera a cargo de ese sector.[21]

Estados Unidos llegó a Irak con grandes planes de reforma de todos los sectores de su economía, no sólo en lo relativo a la agricultura. Sin embargo, la Autoridad Provisoria de la Coalición estadounidense no pudo cumplir su programa de reforma neoliberal tan rápido como hubiera querido, porque estaba sujeta a una serie de limitaciones: las leyes de la Convención de Ginebra, los problemas prácticos de falta de interés por parte de los inversionistas, y la necesidad acuciante de establecer alguna forma de organización para resolver las necesidades básicas del pueblo iraquí. A pesar de esas limitantes, la Autoridad Provisional pudo promulgar de un conjunto de políticas neoliberales despiadadas que tuvieron graves impactos en el país.[22]

El impacto de las reformas, combinado con la continuación de la guerra, ha sido en realidad tan catastrófico que en enero de 2009 el presidente de la Cámara de Industrias de Irak confirmó que desde 2003 se han cerrado 90 por ciento de las industrias del país.[23]


Con respecto al sector agrícola en particular, Estados Unidos viene aplicando un modelo similar al ya descrito en relación con Afganistán, aunque a una escala mayor y con un afán de lucro y con ganancias más abultadas para las empresas estadounidenses. En una de sus órdenes ejecutivas, la Autoridad Provisoria abolió los subsidios agrícolas y abrió el mercado agrícola nacional. No sorprende entonces que el país se haya visto inundado de importaciones baratas y que la producción local de alimentos se haya colapsado. Tal como en Afganistán, se priorizó la modificación de las leyes de semillas.

Sin embargo, mientras que en Afganistán era el gobierno central quien promulgaba las nuevas leyes, en Irak, los derechos de los agricultores a guardar sus semillas fueron eliminados de un plumazo por la infame Orden 81, durante los últimos días del mandato de la Autoridad Provisoria de la Coalición estadounidense.[24]

Dan Amstutz fue designado para dirigir el Programa de Reconstrucción y Desarrollo Agrícola de Irak (ARDI, por sus siglas en inglés), de USAID. En esta tarea —que fue administrada por uno de los contratistas privados en los que USAID depositó mayor confianza, Development Alternatives Inc. (DAI)— la atención se centró en acelerar “la transición de un sistema de comercio y producción reglamentado, a una economía de mercado donde los agricultores y las agroempresas sean capaces de asumir riesgos y obtener ganancias”.[25] En los primeros lugares de la lista de prioridades del ARDI estaba el trigo, el cultivo alimentario más importante de Irak. En la práctica, el trabajo del ARDI con relación al trigo se centró en la importación, multiplicación y distribución de semillas de trigo certificadas.[26] Esas iniciativas tuvieron poco impacto, según parece. En el transcurso de los tres años que duró el programa, la producción nacional de trigo de Irak cayó de 2.6 millones de toneladas en 2002 a 2.2 millones de toneladas en 2006 (aunque se duplicó la superficie cultivada con trigo), y los rendimientos medios del trigo también se desplomaron en esos mismos años, de 1.6 toneladas por hectárea a 0.6 toneladas por hectárea.[27] Pero además, el ARDI hacía un manejo político con el trigo, que formaba parte de una estrategia más amplia de ‘terapia de shock’ de Estados Unidos para la economía de Irak, que posiblemente haya sido de mayor interés para las agroempresas estadounidenses: su objetivo central fue liberalizar y privatizar la economía del trigo en Irak, en particular su sistema público de distribución.[28]

Puesto que el caos que sobrevino tras la invasión estadounidense imposibilitó liquidar o desmantelar de inmediato el sector triquero iraquí (lo que además habría sido ilegal según los términos de la Convención de Ginebra), ARDI optó por presionar a los iraquíes a que tomaran el sendero alterno de las reformas neoliberales que los llevarán al mismo lugar, evitando las sensibilidades políticas y los problemas prácticos inmediatos.[29] Una parte de esa privatización se lleva a cabo ahora en Irak mediante el “pacto internacional con Irak”, un plan quinquenal negociado entre el gobierno iraquí y el Banco Mundial, Estados Unidos y otros donantes importantes.[30] Sea cual sea el resultado, destruir la producción de trigo de Irak y abrir sus mercados a las importaciones estadounidenses —ambas situaciones provocadas por la invasión estadounidense— les ha reportado miles de millones de dólares a las empresas estadounidenses de granos.

En 2006, una vez concluido el ARDI, USAID lanzó dos nuevos programas: el Programa Inma de Agronegocios, por valor de 343 millones de dólares [31] e Izdihar (Generación de Empleo y Crecimiento del Sector Privado de Irak).[32] El Grupo Louis Berger Inc, una de las consultoras de desarrollo e infraestructura más grandes del mundo, está ejecutando ambos programas que fueron diseñados para allanarle el camino a las inversiones de las agroempresas en la industria alimentaria.

Sin embargo, y a semejanza de lo que ocurre con los programas del mismo tipo en Afganistán, estos programas de reconstrucción agrícola también cumplen una función militar y están inmersos en operaciones militares. Estados Unidos ha gastado hasta ahora 250 millones de dólares de los fondos de “reconstrucción”, en 581 proyectos agrícolas que propuso, planificó o ya concluyó desde el comienzo de la invasión. Más de 97 por ciento de esos proyectos fue costeado con fondos del Programa de Respuesta a Emergencias de los Comandantes (CERP, por sus siglas en inglés), administrado por los ‘Cuerpos Multinacionales en Irak’ (MNC-I). Sólo 2.4 % de esos proyectos fue financiado por el Fondo de Alivio y Reconstrucción de Irak, que es supervisado por el Inspector General Especial de Estados Unidos para la Reconstrucción de Irak. El CERP se financió originalmente con el dinero y los bienes que el ejército estadounidense le incautó al régimen iraquí que gobernaba anteriormente el país. Cuando el ejército estadounidense terminó de gastarse esos dineros a principios de 2004, justo antes que el gobierno de la Autoridad Provisoria de la Coalición llegara a su fin, Estados Unidos decidió mantener funcionando al CERP con asignaciones del gobierno estadounidense. De los 552 proyectos de reconstrucción agrícola que Estados Unidos ha iniciado en Irak, 536 han sido administrados por los Cuerpos Multinacionales en Irak (MNC-I), mientras que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense ha administrado seis, y USAID sólo diez de ellos.[33] El financiamiento para la reconstrucción agrícola en Afganistán también ha estado en manos de un CERP similar, lo que significa que, en ambos casos, es el ejército quien decide en última instancia cuáles proyectos se llevan a cabo.

“Tenemos dos nuevos mejores amigos en la industria del arroz, el director general del Ministerio de Comercio de Irak y el director general de la Junta de Cereales de Irak”, dijo el presidente y director ejecutivo de la Federación de Arroceros de Estados Unidos, Stuart Proctor Jr. en 2004, tras una reunión con dichos personajes iraquíes.[34]

USAID y otros programas llamados civiles en Irak trabajan con los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT), modelados sobre la base de los PRT que fueron establecidos primero en Afganistán. Según la embajada de Estados Unidos en Irak: “Los Equipos de Reconstrucción Provincial establecidos en Irak en 2005 e inaugurados por la Secretaria [Condolezza] Rice en noviembre de ese año, son una iniciativa cívico-militar trans-agencias, que oficia como interfase primaria entre Estados Unidos, los socios de la Coalición, y los gobiernos provinciales y locales de todas las 18 provincias de Irak”.[35]

Un informe de diciembre de 2000 elaborado por el Instituto de la Paz de Estados Unidos (USIP, por sus siglas en inglés), “una institución nacional independiente y no partidaria establecida y financiada por el Congreso”,[36] brinda más detalles acerca de cómo están ligados los PRT a la misión militar de Estados Unidos en Irak. Vale la pena citarlo en extenso:

Los PRT suelen desempeñar un papel de apoyo y asesoramiento para el ejército, le proporcionan experiencia civil que de otra manera no obtendrían los militares, y sugieren modos de cómo perfilar operaciones. Como dijera un miembro de un PRT que trabajaba en un ambiente de contrainsurgencia en Bagdad, “El ejército es un instrumento contundente, nosotros le damos la afinación final”. No obstante, en los ambientes de contrainsurgencia el ejército ejerce indiscutiblemente el liderazgo e ignora a voluntad los consejos del PRT si, a su juicio, así lo dictan las condiciones de seguridad. Los PRT informan a Bagdad y a Washington acerca de los acontecimientos políticos, económicos y de seguridad en sus provincias, una función obviamente beneficiosa pero raramente discutida. Los políticos de alto rango y los oficiales del ejército valoran mucho la información que obtienen de los PRT. A nivel político, estos funcionarios analizan quiénes son los ganadores y los perdedores y proyectan las tendencias del acontecer político en sus provincias.

Los miembros de los PRT también monitorean los focos rojos de seguridad y reconocen el terreno para el ejército, un rol particularmente útil en zonas donde el ejército deja poca huella. A nivel económico, funcionarios nuestros en Bagdad dijeron que si no fuera por los PRT tendrían poca idea de cuánto dinero gastan los ministerios iraquíes. (El Ministerio de Finanzas iraquí, por razones tanto técnicas como políticas, no puede o no quiere brindarnos esa información, pero para los PRT sí está fácilmente disponible)… Los PRT son valiosos representantes diplomáticos para los gobiernos provinciales. Es algo sin precedente que Estados Unidos mantenga contacto diplomático independiente con tantas entidades gubernamentales en un país extranjero. En el actual ambiente en que muchos de los intereses estadounidenses dependen del curso de los acontecimientos políticos en Irak, es valioso para Estados Unidos que cuente con estos puntos de enlace diplomático y pueda impulsar discretamente la política iraquí en la dirección que le sirva a los intereses de Washington. [37]


Es probable que ahora, con el mandato del Presidente Obama, los PRT adquieran mucha mayor importancia para la misión de Estados Unidos en la región. Según un reportaje del New York Times del 3 de diciembre de 2008, los “planificadores del Pentágono” están proponiendo “reclasificar algunas unidades, para que a las que actualmente se les contabiliza como tropas de combate se les pueda reclasificar y que sus esfuerzos sean redefinidos en términos de capacitación y apoyo a los iraquíes”.[38] Aprovechando esta artimaña, el Pentágono planea mantener 70 mil soldados en Irak después de 2011, que es la fecha fijada para el retiro completo de todas las tropas de combate según se estableció en el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA, por sus siglas en inglés) estadounidenses negociado entre Estados Unidos e Irak. Si este ardid sigue su curso, la distinción entre personal militar y trabajadores de ayuda humanitaria quedará totalmente borrada. Por otra parte, al darle su consentimiento a esta falsificación del SOFA, el presidente Obama de Estados Unidos renunció en la práctica a su promesa electoral de retirar las tropas de combate estadounidenses estacionadas en Irak en un plazo de 16 meses.[39] Esto está muy lejos de ser un rompimiento claro con las políticas del gobierno de George W. Bush.


Es un gran desafío para los agricultores organizarse en un escenario de este tipo, donde las opciones son limitadas y donde los agricultores no tienen el control sobre su propio futuro. Tanto el programa de Petróleo por Alimentos que proscribió la compra de productos agrícolas locales, como la importación a gran escala de alimentos tras la invasión, cuando se le abrieron los mercados a las importaciones baratas, destruyeron a los agricultores iraquíes. Peor aún, las mismas fuerzas de ocupación están hoy creando organizaciones de agricultores para facilitar el trabajo de “reconstrucción”. En Irak, el ejército de Estados Unidos está directamente implicado en el restablecimiento de los “sindicatos de agricultores” que antes estaban bajo el control del gobierno central, y los está utilizando para distribuir su ayuda de semillas, plaguicidas y maquinaria.[40]

Conclusiones

Sería muy riesgoso considerar que la integración de las operaciones militares y el trabajo de ayuda de Estados Unidos en Afganistán e Irak es una aberración. La misma fusión de poderes “duro” y “blando” que ha ocurrido con el régimen militar en Afganistán e Irak se está replicando en los programas internacionales de Estados Unidos en otras partes del mundo. Una coalición de grupos estadounidenses, por ejemplo, acusó al recientemente creado Comando África-Estados Unidos, conocido como Africom, de pretender subordinar a la tutela del Departamento de Defensa el trabajo humanitario realizado previamente por el Departamento de Estado y USAID —una acusación que Africom rechaza.[41] Pero es difícil negarse a ver la tendencia general: hoy Estados Unidos gasta unas 30 veces más en operativos militares en el mundo que lo que gastan el Departamento de Estado y USAID conjuntamente en diplomacia y desarrollo.

Es más, el Pentágono controla ahora más de 20% del presupuesto que asigna estados Unidos a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).[42] Según Betty McCollum de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el hecho de que USAID tenga una oficina de asuntos militares para comunicarse con el Pentágono “significa que algo salió terriblemente mal”.[43]

Es esencial que la gente en todo el mundo impida que la ayuda sea secuestrada de este modo. Es necesario repensar las prácticas y políticas de ayuda. Alguna gente reclama la negociación de un Acuerdo Internacional sobre Ayuda para que la asistencia sea real y haya un rendimiento de cuentas.[44] Tal reclamo tendría que venir acompañado de una petición en pos de la desmilitarización y el fin de las guerras en Afganistán y la ocupación de Irak. No importa cuán bueno sea el trabajo de ayuda, no contribuirá a la reconstrucción genuina si también se le utiliza para fortalecer los intereses militares del principal país donante y para mantener su dominio hegemónico. www.ecoportal.net

Notas y referencias

1. Najib Khelwatgar y Ahmad Qurishi, “Afghan Army open fire on Shindand pro-testers, Karzai worried”, PAN, 23 de agosto de 2008: http://tinyurl.com/42z5mr

2. A US Special Forces civil affairs team leader, citado en Anna Perry, “Afghan Agricultural Center Contributes to Better Security”, American Forces Press Service, 3 de julio de 2008.
http://tinyurl.com/br3zlc

3. Para hacerse una idea del carácter y la envergadura de las intervenciones de Chemonics’, ver “Rebuilding Agricultural Markets Program (RAMP) Afghanistan: Fiscal Year 2006 Work Plan. http://tinyurl.com/bva5ap Entre los socios de USAID en este proyecto se cuenta el Center for International Private Enterprise (CIPE, www.cipe.org). Ver también “Windfalls of War: US contractors in Afghanistan & Iraq”, en el sitio web de The Center for Public Integrity. http://tinyurl.com/bwra93

4. Ver “Chemonics International”, Washington Post, Post 200-Top DC area businesses,
http://tinyurl.com/dds7eh

5. “Chemonics announces scholarship at Afghan AgFair”, sitio web de Chemonics’, 20 de febrero de 2009, http://tinyurl.com/ddvsqd

6. Chemonics International Inc., “Lashkar Gah Bost Airport and Agriculture Center, Helmand Province, Afghanistan: Environmental Assessment”, octubre, 2008. http://tinyurl.com/ajn8ze

7. USAID: Afghanistan, “Provincial Reconstruction Teams”, http://tinyurl.com/akn2qb

8. Citado por el sargento Jon Soucy del Estado mayor de la Armada, en “Missouri Guard’s Agricultural Mission Grows in Afghanistan”, American Forces Press Service, 23 de diciembre de 2008, http://tinyurl.com/couxfb

9 – Ver la página sobre el FHCRAA en el sitio web de ICARDA, http://tinyurl.com/c8793l

10. J. Dennis, A. Diab y P. Trutmann, “The Planning of Emergency Seed Supply for Afghanistan in 2002 and Beyond”, un documento de referencia elaborado para la Conferencia de Tashkent, 2002, http://www.afghanseed.org

11. FAO, sala de prensa, “Code of conduct on seeds for Afghanistan reached”, 30 de mayo de 2002, http://tinyurl.com/3sphbl

12. Ver la sección sobre ‘Semillas para Afganistán’ en el sitio web de ICARDA,
http://tinyurl.com/b44kba

13. GRAIN, “Seed laws: imposing agricultural apartheid”, Seedling, junio de 2005,
http://www.grain.org/seedling/?id=337

14. National Seeds Policy of Islamic Republic of Afghanistan, 2005.

15. Se puede descargar una copia del anteproyecto final de la Ley de Semillas de Afganistán (agosto de 2006) en http://tinyurl.com/cpy3sn

16. AfghanMania, “Private Seed Enterprise opens in Bamyan”, 21 de agosto de 2006,
http://tinyurl.com/b3jrjd

17. SeedQuest, sección de noticias, “Message from the President of the newly formed ANSA”, 24 de octubre de 2008, http://tinyurl.com/b9to3g

18. Jim Landers, “Texas troops combat Afghan insurgents with farming plan”, Dallas Morning News, 1 de febrero de 2009, http://tinyurl.com/af98d5

19. Ver Suleiman Al-Khalidi, “Iraq buys 200 000 t of Russian wheat from Glencore”, arabian Business.com, 25 de septiembre de 2008, http://tinyurl.com/bngmlv

20. Policy Archive, “Iraq Agriculture and Food Supply: Background and Issues”, junio de 2004, http://tinyurl.com/br6dmd

21. Cargill es una empresa multinacional registrada en Estados Unidos, y es la mayor empresa mundial comercializadora de granos y materias primas agrícolas (commodities), http://www.cargill.com/

22. Ver “Iraq’s Closed Factories,” The Ground Truth in Iraq (blog), 15 de enero de 2009,
http://tinyurl.com/acv6q7 Bassam Yousif, “Economic restructuring in Iraq: intended and unintended consequences”, Journal of Economic Issues, marzo de 2007, http://tinyurl.com/dmjfl2

23. “More than 90% of Iraqi industries are halted”, IRAQdirectory.com, 10 de enero de 2009: http://tinyurl.com/ad2hnr

24. Focus on the Global South y GRAIN, A contrapelo: “Nueva Ley de Patentes en Irak: una declaración de guerra contra los agricultores”, octubre de 2004, http://www.grain.org/articles/?id=7

25. Ver DAI Projects: ARDI, “Revitalizing Iraq’s agricultural sector”, n.d. http://tinyurl.com/b739o6

26. Cabe señalar que desde la invasión, Estados Unidos ha querido desmantelar los programas públicos que anteriormente le proporcionaban insumos agrícolas subsidiados, entre ellos semillas, a los agricultores iraquíes, y que el abastecimiento de semillas de manos de las fuerzas militares estadounidenses está prevista como una medida transitoria hasta que se haya implantado un sistema semillero de ‘libre mercado’.

27. Datos de la FAO, disponible en FAOSTAT. http://faostat.fao.org/site/291/default.aspx

28. Robert Looney, “Neoliberalism in a Conflict State: The Viability of Economic Shock Therapy in Iraq”, Strategic Insights, vol. III, núm. 6, junio de 2004, http://tinyurl.com/ah4zvc

29. Ver Rich Magnani y Sawsan Al-Sharifi, “Reform and Rehabilitation of Iraq’s agricultural sector: The case of the Iraqi wheat sector”, USAID–Irak, 2005,
http://tinyurl.com/dgllqr y http://tinyurl.com/afh7ml
Ver también “Iraq Private Sector Growth and Employment Generation –The Potential for Food Processing in Iraq”, USAID–Iraq, 15 de marzo de 2006, http://tinyurl.com/ck4rn6

30. Ver los anexos del Pacto Internacional con Irak: Resumen Anual, mayo 2007-abril 2008, que muestra avances medibles con respecto a indicadores de referencia, http://tinyurl.com/atv6lr

31. “Inma” significa “crecimiento” en árabe. El sitio web del programa está disponible en http://tinyurl.com/bq7oyn

32. “Izdihar” significa “prosperidad” en árabe. El sitio web del programa está disponible en http://www.izdihar-iraq.com/index.html

33. USDA Foreign Agricultural Service Information Management Unit, “Iraq Agriculture and Irrigation Overview,” julio de 2008, http://tinyurl.com/bjxozk

34. Doreen Muzzi, “Iraq trade deal pleases rice industry”, Farm Press, 13 de marzo de 2004, http://tinyurl.com/absdp5

35. Embajada de Estados Unidos, Baghdad, comunicado de prensa, “Fact sheet on Provincial Reconstruction Teams”, 17 de diciembre de 2007, http://tinyurl.com/yygq7l

36. Según la “Misión y Objetivos de USIP” descritos en el sitio web del instituto.
Ver http://www.usip.org/aboutus/index.html

37. Rusty Barber y Sam Parker, “Evaluating Iraq’s Provincial Reconstruction Teams While Drawdown Looms: A USIP Trip Report”, USIPeace Briefing, diciembre de 2008, http://tinyurl.com/5okaaa

38. Tom Shanker, “Campaign promises on ending war in Iraq now muted”, New York Times, 3 de diciembre de 2008, http://tinyurl.com/cab7jy (El Pentágono es el cuartel general del Departamento de Defensa de Estados Unidos).

39. Gareth Porter, “How Obama Lost Control of Iraq Policy”, Agence Global, 2 de enero de 2009, http://tinyurl.com/azl36z

40. Ver Erik LeDrew, “Artillery Troopers Plant Seeds of Reconstruction in Iraq”, Departamento de Defensa de Estados Unidos, Defend America, octubre de 2004 http://tinyurl.com/bvnbmq
Ver también Michael Molinaro, “For Jiff Jaffa farmers, democracy and fertilizer go hand in hand”, Operation Iraqi Freedom: Sitio web oficial de la Fuerza Multinacional-Irak, 13 de septiembre de 2006, http://tinyurl.com/cnkqsf
Ver también Michael Molinaro, “Farmers in Iraq Hold Elections to Select Board”, Departamento de Defensa de Estados Unidos, Defend America, 18 de agosto de 2006, http://tinyurl.com/d8w8kb

41. “Africom: The Militarization of US-Africa Policy Revealed”, Africa Action, 6 de febrero de 2008, http://tinyurl.com/atbve3 y Karen DeYoung, “US Africa Command Trims Its Aspirations”, Washington Post, 1 de junio de 2008, http://tinyurl.com/3mprad

42. Beth Tuckey, “Congress Challenges Africom,” Foreign Policy in Focus, 23 de julio de 2008, http://www.fpif.org/fpiftxt/5398

43. Ibid.

44. ActionAid International, Real Aid-An Agenda for Making Aid Work, junio de 2005,
http://tinyurl.com/dm8loa

Versión en Ingles: http://www.grain.org/briefings/?id=217

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