Habitat Urbano

TECHINT y Nueva Costa del Plata: La Costa y la Plata como Costo

Los gobiernos municipales de Avellaneda y Quilmes, en el sur del Gran Buenos Aires, tratan de presentar la urbanización de sus últimas áreas verdes como una mejora. En Avellaneda hasta se la expone como la única posibilidad para acceder a la Costa. Es difícil, sin embargo, entender cómo para acceder a algo habría que regalarlo o destruirlo. O explicar cómo es que quienes apoyados en las acciones y la complicidad del Estado nos prohibieron y nos prohíben ese acceso son ahora, para el mismo Estado, la solución necesaria.

Por Jorge Trevin

Los gobiernos municipales de Avellaneda y Quilmes, en el sur del Gran Buenos Aires, tratan de presentar la urbanización de sus últimas áreas verdes como una mejora. En Avellaneda hasta se la expone como la única posibilidad para acceder a la Costa. Es difícil, sin embargo, entender cómo para acceder a algo habría que regalarlo o destruirlo. O explicar cómo es que quienes apoyados en las acciones y la complicidad del Estado nos prohibieron y nos prohíben ese acceso son ahora, para el mismo Estado, la solución necesaria.

Había una vez una Costa


Había una vez una Costa que satisfacía en gran medida las necesidades de recreación de una población creciente. Las playas y las quintas eran los grandes espacios verdes del sur del Gran Buenos Aires, y recibían a miles de pobladores de Avellaneda, Quilmes y otras localidades. En algún momento, alrededor de los años sesenta, se hizo evidente la necesidad de una planificación e infraestructura que nunca llegó.

Hacia fines de los setenta los militares de la Dictadura crearon el CEAMSE, asignándole poderes casi gubernamentales de manejo y administración de territorio. Los objetivos eran un delirio, básicamente una supuesta mejora ambiental a través del relleno con basura de terrenos bajos e inundables. Una metodología considerada obsoleta y dañina hasta en los mismos manuales sobre relleno sanitario, que ya en aquellos años proponían evitar esos ambientes naturales. Sobre el relleno y los desperdicios vendría la planificación y el uso de un “nuevo” territorio.

Las contradicciones técnicas o científicas, es sabido, nunca fueron impedimento para sumar socios cuando hay mucho dinero de por medio. Por lo mismo, probablemente, CEAMSE encontró por aquellos días a TECHINT, y se formó una pareja que habría de costarle mucho a mucha gente, y particularmente a la gente de Avellaneda y Quilmes.

Tierra a cambio de incumplimiento

CEAMSE y TECHINT firmaron el 11 de octubre de 1978 un contrato “para la recuperación, forestación y urbanización en la zona costera del Río de la Plata, incluyendo las tareas de forestación”. Al día siguiente el presidente de CEAMSE, Guillermo Laura, le decía a La Prensa, “Durante veinte años, que es el plazo de la contratación, le entregamos al contratista los residuos de la ciudad, y al cabo de ese tiempo, mil quinientas hectáreas de bosques deberán ser asignadas a Cinturón Ecológico para ser destinadas a recreación pública”.

En septiembre de 1998, en cumplimiento de ese contrato, TECHINT debía entregar a CEAMSE más de mil hectáreas forestadas e incorporadas en una compleja red de infraestructura vial, comunitaria y deportiva, con caminos con pavimentos flexibles asfálticos, iluminados, locales de guardabosques, un club náutico con todas sus instalaciones, dos cementerios parque de veinte hectáreas, y una larga lista de instalaciones deportivas, campo de golf, canchas de fútbol, rugby, tenis, básquet y otros deportes.

Alrededor de 1993, muy cerca de la fecha de entrega, y con tres cuartas partes del periodo contractual ya concluido, CEAMSE y TECHINT comenzaron una serie de modificaciones del contrato que permitieron la desviación total y el abandono de los objetivos originales. La excusa fue el inicio de la “expansión vertical”, un eufemismo para denominar a las montañas de basura de más de veinte metros de altura. Las modificaciones terminaron eliminando prácticamente todas las obligaciones del contratista que fueran más allá del simple enterramiento de basura.

La costosa infraestructura que debía entregar TECHINT en 1998 ya había sido en parte pagada con las tarifas de la basura, que comenzó a cobrar con el primer camión recibido en 1978. El contrato original fijaba que el contratista debía recibir “COMO TOTAL Y ÚNICA RETRIBUCIÓN las tarifas y el tercio de la tierra RECUPERADA en los montos, forma y plazos establecidos en la documentación contractual” (Cláusula primera del Contrato, ratificado en puntos 1.1.1 y 3.1.1 del Pliego de Bases y Condiciones que es parte del Contrato). Es inexplicable entonces cómo TECHINT terminó recibiendo la mayor parte de un área costera no rellenada del orden de las 300 hectáreas. Esto es doblemente insólito. Por un lado, porque el pago en tierras estaba relacionado en el Contrato original al cumplimiento de las obligaciones de construcción de infraestructura ya mencionados, obligaciones que le fueron lavadas. Y por otro lado, porque es claro en el Contrato que la “recuperación” sólo se preveía a través del relleno. Esto está claro en los puntos 1.7 y 1.7.1 del Pliego, en los cuales el concepto de “superficie a rellenar” se equipara inequívocamente con el concepto de “área dentro del cual el Contratista llevará a cabo su trabajo”, y vuelve a ratificarse en los puntos 3.3.1 y 3.3.2.

Como si esto fuera poco, una vez que se decidió eliminar las obligaciones contractuales mencionadas, reconocer como recuperadas tierras que no lo fueron, seguir adelante con el pago con tierras, e incluir en el mismo aquellas que no debían ser transferidas, los directores de CEAMSE entendieron, además, que a SYUSA, la compañía de TECHINT a cargo del relleno, le correspondería en pago MÁS DE UN TERCIO de las tierras “recuperadas”, en oposición a lo previsto en varios instrumentos legales, que incluyen el Contrato en varios puntos, el Acta de Constitución de CEAMSE, el Convenio del 6 de mayo de 1977, la Ley provincial 8.981, la Ordenanza de la Ciudad de Buenos Aires 33.691, y hasta un Decreto del Poder Ejecutivo Nacional, el 3.457 de 1977. A tal fin, CEAMSE inventa en abril de 1993 el concepto de “hectárea recuperada equivalente”. El concepto es asombroso, como es también asombroso que se exprese como hectáreas computadas como “área f” (forestada). ES SABIDO QUE TECHINT NO FORESTÓ NINGUNA HECTÁREA. La “hectárea recuperada equivalente” surge de relacionar el tonelaje de basura dispuesto por hectárea en la nueva modalidad (montañas) con el tonelaje originalmente previsto, que era mucho menor.

Está claro que de haberse, por algún mecanismo, instrumento o negociación, “blanqueado” en lo pretendidamente formal tal abrupta redefinición del pago total correspondiente a SYUSA y TECHINT, esa tarea no pudo haberse realizado sino a costa de un perjuicio evidente a los intereses de la sociedad, el Estado y el mismo CEAMSE por parte de quienes fueron designados precisamente para defender y proteger dichos intereses.

¿Termina aquí la crónica de la administración nefasta de nuestros intereses y por la cual estamos hablando hoy del negocio inmobiliario de TECHINT en nuestra Costa? Lamentablemente no. El festival de beneficios para TECHINT que representaron los cambios contractuales resultó en la incapacidad de CEAMSE de disponer de una cantidad suficiente de tierra no rellenada, o sea, no destruida por TECHINT, para entregarle a TECHINT. Por un acuerdo del 23 de abril de 1993, sin embargo, las partes “solucionan” el problema acordando la entrega adicional de más de cien hectáreas rellenadas con residuos. Pero deciden “compensar” a TECHINT por el “sacrificio” entregando 1,2 hectáreas rellenadas con residuos por cada hectárea devengada. Asombroso. Primero se viola la obligación de entregar a TECHINT únicamente tierra rellenada (y otras obligaciones más). Y cuando luego se encuentra que no existe suficiente superficie de tierra no rellenada para entregar, no se tiene más remedio que entregar algo de tierra rellenada (la única que debió haberse entregado, si es que el pago hubiera sido procedente). Y se decide bonificar a TECHINT por este “sacrificio”.

Tierra a cambio de contaminación

Como hubiera sido fácilmente anticipable, la estrategia técnica y ambientalmente errónea del relleno de humedales con basura, más la relación simbiótica entre CEAMSE y TECHINT, más las condiciones de Dictadura existentes en los críticos primeros años, más el engendro institucional que conformaba y aún conforma la CEAMSE, que se asume ya sea como el propio Estado o como una sociedad regida por el derecho privado, según y cuándo le convenga, todo ello tenía que resultar irremediablemente en un desastre ambiental de proporciones gigantescas. Y eso es lo que efectivamente sucedió, en forma adicional al desmanejo económico y administrativo ya descrito.

No sería posible tratar la problemática de la catástrofe ambiental que dejan CEAMSE y TECHINT en Avellaneda y Quilmes sólo como parte de una nota dedicada a un negociado inmobiliario. Es demasiado extensa y compleja. Por lo tanto los siguientes son apenas unos párrafos que tratan de resumir los aspectos principales, sin hacerle justicia a la magnitud del desastre.

La cuestión de la contaminación se puede encuadrar también en el marco de los incumplimientos, si se tiene en cuenta que tanto el Contrato TECHINT-CEAMSE como todos los instrumentos legales que crearon la CEAMSE expresan un objetivo de mejora ambiental.


TECHINT rellenó con basura humedales y bajos inundables, áreas en las cuales la contaminación se transmite con la mayor facilidad, y vecinas a centros de alta población, factores críticos a evitar según cualquier texto básico sobre relleno sanitario. Luego de años de mentiras y ambigüedades, finalmente CEAMSE aceptó que las celdas de relleno jamás se impermeabilizaron, por lo cual contaminan a los acuíferos semi-confinados Pampeano y Puelche y las aguas superficiales de la región. El supuesto manto continuo de arcilla impermeable que luego se adujo que existía tampoco existe, y esto es claro hasta en un estudio de 1994 de Brown and Caldwell, una empresa que ha sido socia de TECHINT en varios proyectos. La falta de impermeabilización crea asimismo dificultades graves para cualquier intento serio de tratamiento de los líquidos de la basura, los lixiviados, que son cien veces más contaminantes que los líquidos cloacales. A su vez, la falta de solución al problema de los lixiviados que saturan las montañas de basura establece dentro de las montañas las condiciones anaeróbicas (falta de oxígeno) que favorecen la producción de gases orgánicos no metánicos. Entre estos hay varios cancerígenos reconocidos, como el benceno, que promueve el desarrollo de tipos específicos de leucemia. El semanario quilmeño “El Suburbano”, en una extensa nota sobre la situación en las Torres de Wilde y áreas aledañas, titulaba el 8 de mayo de 2001 “Preocupación vecinal por la cantidad de casos de leucemia en la zona”. La organización Madres de las Torres se formó precisamente como respuesta a ese problema.

La supuesta remediación que dice estar llevando a cabo la CEAMSE merece un párrafo o dos. Ni la planta trucha de tratamiento de lixiviados adyacente al Canal Santo Domingo, ni el negocio de la quema de gas metano para la venta de bonos de reducción de emisiones de carbono son programas de remediación. Tienen precisamente el efecto contrario, al hacerse pasar como tales y frenar el diagnóstico oficial del desastre y su remediación real. La planta de lixiviados sólo recoge algunos metros cúbicos de los líquidos que drenan en pozos y zanjas conectados a los cursos de agua que rodean el relleno, y que desbordan a los mismos con cualquier lluvia. Se los recoge con un camión atmosférico y manguera, se los “trata” como si fueran líquidos cloacales, por simple decantación, y sus barros resultantes se vuelcan, aunque Ud. no lo crea, nuevamente en el relleno. La presencia de fenoles, metales pesados y otros compuestos tóxicos es ignorada en este “proceso”. La gran mayoría de los lixiviados drena a las napas y los cursos de agua y satura las montañas de residuos.

La planta de quema de metano quema una muy pequeña parte de lo que fabrica el relleno, que es literalmente, ante la falta de remediación, una monumental fábrica de gases. Si se encarara seriamente la remediación de los lixiviados, se “secarían” las montañas, reduciendo las condiciones anaeróbicas, produciendo más dióxido de carbono, menos metano, y menos gases tóxicos y cancerígenos. Pero esto no sería tan bueno como negocio, ya que la inversión para la remediación real es superior, y habría que reelaborar el negocio de los bonos, que ahora con algunos caños y un mechero es tan fácil.

Nueva Costa del Plata, un error que se repite

El Proyecto Nueva Costa del Plata, que como proyecto elaborado ya veremos que no existe, es la versión 2008 del planeamiento desastroso de 1978, y que se presentaría paradójicamente como la corrección de aquel. Esto ya es por sí mismo asombroso. Que además el protagonista sea el mismo, TECHINT, sugiere que algo que va mucho más allá de la ignorancia y la tozudez de algunas autoridades podría estar fogoneando la propuesta.

El proyecto fue y es una sucesión de maquetas coloreadas por TECHINT que comenzó en los noventa y se prolongó hasta hoy, sin precisiones sobre las obras y actividades de desarrollo ni mucho menos sobre los impactos urbanos y ambientales. El cambio de “Costa del Plata” en abril de 2008 a “Nueva Costa del Plata” seis meses más tarde tuvo como objetivo el acomodar de alguna forma la maqueta al desconocimiento sobre el límite de la línea de ribera, desconocimiento que hasta hoy subsiste.

A raíz de la audiencia pública convocada en Avellaneda en noviembre, varios tratamos de informarnos sobre el proyecto en la Defensoría del Pueblo, donde se anunció que dicha información estaba disponible. Sin embargo, el documento presentado como un supuesto estudio ambiental, entregado por TECHINT al Defensor del Pueblo pocos días antes, el 29 de octubre, declaraba la imposibilidad de definir las demandas ambientales del proyecto, debido a los “muy escasos datos factuales del proyecto y ninguno de las actividades de desarrollo”. La evaluación de los costos ambientales del proyecto requiere información sobre indicadores de demanda, obras y procesos inducidos por estas, pero según el documento entregado por TECHINT “estos datos no están disponibles en la documentación del proyecto y de plan maestro que a la fecha se tiene”.

Sería muy largo enumerar las indefiniciones, ya que casi todo está indefinido. Como botón de muestra vaya, sin embargo, el aspecto del relleno necesario para llevar a cota 4,88 metros las más de 50 hectáreas netas de construcción y otras áreas de caminos y adyacencias. El material de relleno necesario se estima (no por parte del “proyecto”, que no estima nada) en 4 a 5 millones de metros cúbicos de tierra o de refulado del lecho del río. Ninguna de las dos opciones está definida, y en cualquiera de los casos involucran impactos ambientales y urbanos enormes, que requerirían su tratamiento como un proyecto en sí mismo, y una evaluación de impacto ambiental específica. La utilización de refulado conlleva además el riesgo de la incorporación de contaminantes. El uso de tierra o tosca significaría la entrada y salida de aproximadamente quinientos mil (500.000) camiones de ocho metros cúbicos al lugar, sobre lo cual no se han definido los accesos ni la infraestructura requerida ni el impacto o los barrios afectados.

En todo caso, y como lo expresaran en un comunicado de prensa reciente varias organizaciones de Avellaneda y Quilmes, cualquier urbanización de la selva marginal eliminará nuestros últimos espacios verdes, instalará una barrera artificial entre el río y la ciudad, agravará la problemática de las napas, aumentará la frecuencia e intensidad de inundaciones, afectará los servicios de cloacas, agua y luz que ya hace décadas carecen de desarrollo estructural apropiado, y de hecho restringirá, no facilitará, el acceso libre a la ribera. Estas son certezas que sobreviven aún en la ausencia de un proyecto definido.

La falta de precisiones elementales lleva a muchos a pensar que la obtención del cambio de zonificación es en realidad EL ÚNICO PROYECTO DE TECHINT. Otros factores también apuntan a esto, incluyendo declaraciones bastante claras de ejecutivos de TECHINT al respecto. Decía hace pocos días Ernesto Rona, de TECHINT, a un medio de Quilmes, “nosotros vendemos el lote, que está debidamente zonificado, y el comprador deberá construir en función de las restricciones y normativas que la Municipalidad definió”. Más claro agua (no de CEAMSE y TECHINT). En el mismo sentido van declaraciones de otros representantes de TECHINT, que hablan de un plazo de quince años para la construcción. Esto es técnicamente inexplicable, y contradictorio con la desesperación por “cerrar” la zonificación en el mismo momento en que tanto Avellaneda como Quilmes están supuestamente abocados a la elaboración de sendos planes estratégicos urbanos.

La “zonificación como proyecto” tendría una lógica de negocios aparentemente perfecta para TECHINT. El origen de la propiedad es más que oscuro, y con la zonificación actual como reserva de tierra vacante, no urbana, cualquier expropiación para hacer una reserva natural, el uso lógico de esa área, se facilitaría por el bajo costo. De hecho el pago en tierras de CEAMSE a TECHINT se hizo sobre la base de ese precio vil. El mero cambio de zonificación a categoría urbana es una lluvia de muchos millones de dólares sobre los activos de TECHINT. En un cálculo rápido de medio millón de dólares por hectárea rezonificada, el regalo a TECHINT es de unos cien millones de dólares. Un monto como para hacer mover intereses poderosos, y en realidad la única inversión que está a la vista, una inversión pública, no privada, que “internaliza” en TECHINT el valor social real de esa tierra. Un concepto a tener en cuenta en un proyecto que algunos presentan como “necesario” por la supuesta inversión privada aparejada.

Por otro lado, sin embargo, el proceso reciente y la irritación de la gente y organizaciones de la comunidad, incluyendo muchas no ambientalistas, muestra que TECHINT podría estar repitiendo el mismo error que cometió en los últimos años del entierro de basura, cuando se aferró a esa actividad en medio de una condena pública que crecía día a día: El error de TECHINT de embarcarse en una actividad ajena a sus capacidades centrales, económicamente pequeña si se tienen en cuenta los ingresos anuales del grupo, y que acarrearía inevitablemente un nivel de desprestigio del cual ningún esfuerzo de relaciones públicas va a separarlo. www.ecoportal.net

Jorge Trevin es ingeniero forestal, experto en recursos naturales y secretario de la Asociación Civil Ambiente Sur, de Avellaneda.

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