Política

¿Por qué la llaman democracia?

El ejercicio de la Democracia para los ciudadanos de hoy, no agota a nadie, no. Se trata de ir a votar una vez cada cuatro años a aquellos candidatos a los que estás obligado a votar, o sea, a los que te imponen. Porque otra cosa sería que uno tuviera la oportunidad de elegir a quienes les gustaría que le representaran.

Por Miguel Coppa

El ejercicio de la Democracia para los ciudadanos de hoy, no agota a nadie, no. Se trata de ir a votar una vez cada cuatro años a aquellos candidatos a los que estás obligado a votar, o sea, a los que te imponen. Porque otra cosa sería que uno tuviera la oportunidad de elegir a quienes les gustaría que le representaran.

Desde que los griegos la inventaron hasta hoy, la Democracia ha pasado por múltiples fases de transformación y reciclado, pero nunca como ahora había sido tan prostituida y tan usada para justificar posturas y actitudes que tienen mucho más que ver con la dictadura, su enemiga eterna, que con su imagen plural y libertaria.

El ejercicio de la Democracia para los ciudadanos de hoy, no agota a nadie, no. Se trata de ir a votar una vez cada cuatro años a aquellos candidatos a los que estás obligado a votar, o sea, a los que te imponen. Porque otra cosa sería que uno tuviera la oportunidad de elegir a quienes les gustaría que le representaran.

Pero no. Así, la primera barrera insalvable para un "democrático" ciudadano es su incapacidad para votar libremente.

Pero, en cualquier caso, ahí se acaba todo, nadie le va a pedir nada más durante cuatro años, es más, si molesta mucho con exigencias le echarán encima el peso de la ley que está siendo diseñada por los "elegidos" para que no den el coñazo los electores.

Pero analicemos la cuestión. Un ciudadano con aspiraciones de servidor público se presenta como candidato para un puesto responsable. El aspirante "convence" con sus promesas y los electores le elevan a la poltrona del poder, confiando en que vele por sus intereses. Pasado un cierto tiempo, generalmente muy poco, el electo demuestra que poco o nada le importan los intereses de sus electores, es más, está muy ocupado en cuidar los de otros, es decir, el bienestar de aquellos que siempre tuvieron bienestar y que habitan más allá de los ecosistemas de los políticos y sus electores.

Entonces los electores, enfadados, se echan a la calle a protestar, y el ya transformado electo, como si hubiera sufrido una extraña y rápida metamorfosis, les echa encima a sus perros guardianes, o sea, a las fuerzas denominadas equivocadamente del orden, porque en realidad no les interesa el orden lógico de las cosas, que es lo que quieren los manifestantes, sino que, sin pensar, sólo obedeciendo, machacan a los confundidos electores, que sólo piden que el electo cumpla lo prometido cuando les solicitó que le votaran. Extraño ¿verdad?. Sí, extraña forma de desarrollar la "democracia".

Es decir… "Tú me prometes, yo te elijo, tú no cumples, yo te reclamo, tú no me atiendes, yo protesto, tú me zurras, yo me jodo". ¡Viva la democracia!

Pero hay más. Ahora mismo, la Democracia está siendo utilizada en todo el mundo como método para hacerse con el poder por dictadores, fascistas, grupos de presión, terroristas e, incluso, paranoicos, dementes y toda una gama de enfermos mentales que encuentran en ella una vía única, legalizada, consentida por todos, para alcanzar el poder y desde él dar rienda suelta a toda su gama de frustraciones, complejos, manías y desviaciones de todo tipo.

Es más, ya nadie se alarma cuando en la "madre" de las democracias, EE.UU., gana las elecciones a base de trampas descaradas, un incompetente enfermizo que, además, es elevado luego al rango de salvador mundial contra los malos. Vamos, para mear y no echar gota.

Es muy significativo que son precisamente esos, los que están en el poder ocultando su verdadera cara, los que más mencionan la palabra democracia, los que más la usan en sus discursos. Y, de paso, los que más la prostituyen, los que más la deshonran.

Los últimos acontecimientos en Venezuela o en Argentina, dan una fiel imagen de todo lo dicho. Si los elegidos democráticamente por el pueblo piensan permanecer fieles a sus promesas, a sus programas, ¿por qué se rodean de tanta seguridad? ¿Por qué se aíslan del pueblo? ¿Por qué tratan al pueblo con tanta violencia?

Hay más. ¿Por qué un ciudadano que quiere dedicar su vida a servir a los demás, a través de la política, tiene que convertirse en un "dios" intocable, con unas ganancias muy superiores a las del ciudadano medio, con unas ventajas sociales que le alejan a años luz de aquellos a los que se supone representa?

Hay más. ¿Por qué un ciudadano normal en cuanto es ascendido a la poltrona del poder, se hincha, se ensancha, mira de forma diferente, se convierte en inasequible, engorda y se vuelve, generalmente, estúpido?

Hay más. Si la base de una Democracia es la Constitución, y la Constitución fue aprobada por los españoles en referéndum, ¿no serán estos, los ciudadanos, los que deberán decidir si es o no conveniente modificarla? ¿Por qué los políticos, y sólo ellos, se atribuyen esa potestad?

Hay más. ¿No deberían existir más referendums donde el ciudadano fuera consultado sobre temas importantes que le afectan?

Hay más. ¿No debería existir una ley que obligara al candidato electo a cumplir sus promesas electorales o, en caso contrario, a ser sometido de nuevo a la sanción de los ciudadanos? Porque si el ciudadano está "obligado" a votar, que bien que nos lo recuerdan, sería lógico que pudiera exigir garantías para su voto ¿no…?

En fin, esto da para mucho más, y seguiremos. El sistema democrático está enfermo, y los virus son precisamente los mismos responsables de dicho sistema.

Pero el pueblo, el ciudadano, tiene en su mano el arma más poderosa, el voto.

Deberíamos reflexionar un poco sobre todo ello.

*Director Revista FUSION

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