Política

Proyecto Corporación-Nación Vs. Estado-Nación

Actualmente estamos viviendo la imposición al modelo corporación-nación para el cual el modelo neoliberal puso las condiciones. Este modelo no es fruto de una mutación repentina sino es parte de un proceso. De seguir esta tendencia su dominio y duración podría llegar hasta el 2030 a menos que encontremos otras alternativas.

Por Gustavo Castro Soto

Actualmente estamos viviendo la imposición al modelo corporación-nación para el cual el modelo neoliberal puso las condiciones. Este modelo no es fruto de una mutación repentina sino es parte de un proceso. De seguir esta tendencia su dominio y duración podría llegar hasta el 2030 a menos que encontremos otras alternativas.

La crisis mundial del capitalismo que vivimos actualmente es interpretada por muchos como la crisis de este sistema que ya agoniza y que transita hacia otro sistema económico mundial. Sin embargo, postulamos que esta crisis responde a la transición no tanto de sistema sino de su modelo actual, el neoliberalismo, al modelo corporación-nación que sería el último peldaño del capitalismo. De esta forma, si del modelo liberal de la economía transita al modelo de estado de bienestar con el fortalecimiento de los estados-nación luego de la II Guerra Mundial que perduró durante 30 años, y de ahí al modelo neoliberal por otros 30 años, actualmente estamos viviendo la imposición al modelo corporación-nación para el cual el modelo neoliberal puso las condiciones. Este modelo no es fruto de una mutación repentina sino es parte de un proceso. De seguir esta tendencia su dominio y duración podría llegar hasta el 2030 a menos que encontremos otras alternativas.


El modelo de estado de bienestar postuló que era el estado el responsable de generar el bienestar de la población. Sustituir las importaciones ante la debacle de la economía mundial. Cada país debía rascarse con sus propias uñas. Su sustento ideológico fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos donde los gobiernos se comprometieron a garantizar la salud, la educación, el empleo digno y seguro, la vivienda, el derecho de asociación y religión, entre otros muchos. Bajo las premisas de Keynes surge el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) para fortalecer el papel del estado en las economías nacionales. Una vez construido el aparato del estado y bajo la presión de la deuda externa de los países pobres y en vías de desarrollo generados por la banca multilateral, el gran capital transnacional se lanza como ave de rapiña por el pastel que costó décadas en construir. La mercantilización de todo cuanto existe en el planeta bajo la propiedad privada y su consecuente monopolización del mundo nos empuja ahora al modelo corporación-nación. Ahora resulta que el FMI y el BM exigen a los gobiernos un rol contrario al que les dio origen: la reducción o desaparición del estado.

El neoliberalismo ha sido el modelo de transición hacia el modelo corporación-nación y no una “cortina de humo ideológico para ocultar la crítica a políticas económicas que provocan desequilibrios colosales en la economía mundial” como manifiesta el economista Theotonio Dos Santos. El neoliberalismo ha sido precisamente eso: una política económica para favorecer la acumulación endógena del capitalismo que, obviamente, provoca los grandes desequilibrios: pobres cada vez más pobres y pocos ricos cada vez más ricos. De esta forma podemos observar cómo el proceso de acumulación de la riqueza se va orientando hacia las mega corporaciones trasnacionales y sus bancos; e incluso no sólo su extracción sino por medio de la apropiación de la riqueza en territorio fuera de sus fronteras.

Si de por sí es absurdo utilizar los índices macroeconómicos de desarrollo sacados de los libros de economía clásica y que un sin fin de economistas los usan sin sentido común, ahora menos que nunca se pueden seguir utilizando. Nos referimos a los índices que supuestamente marcan el crecimiento económico como la Inversión Extranjera Directa (IED) cuya receta reza: “a mayor IED, mayor empleo”. Lo que hemos observado es que el concepto de “inversión” se ha ampliado a la compra o hasta la fusión de empresas que tiende al monopolio, control del mercado y al despido de hasta el 30% de los trabajadores. Tampoco podemos utilizar ya el “ingreso per capita” como si estuviera distribuida las ganancias de las corporaciones entre los cada vez más pobres. En el Producto Interno Bruto (PIB) de un país cada vez es menos el porcentaje del Producto Nacional Bruto (PNB) ya que la cadena productiva nacional se ha colapsado. Mucho menos la “balanza comercial” cuando las empresas obtienen las ganancias y provocan fuga de capitales sin que su salida de un país refleje beneficios en la población.

Estados Unidos, Europa y Japón no han asumido las medidas neoliberales que han impuesto vía las Instituciones Financieras Internacionales (IFI’s) y sus tratados de libre comercio a otros países. Las políticas neoliberales no han sido aplicadas de manera global. Los países menos globalizados son los ahora más ricos. Sin embargo, poco a poco en algunos países ricos, incluyendo en Estados Unidos, se inicia un proceso de eliminación de gasto social que empieza a sentirse entre la población y en el aumento de la pobreza. El sur empobrecido ya no sólo está en el sur, el sur ya es global.

Modelo Coroporación-Nación

A partir del Siglo XXI se empieza a cohesionar más el modelo corporación-nación. La tendencia de las grandes trasnacionales es la adquisición y fusión entre ellas no sólo entre un sector económico sino entre varios sectores. Los grandes monopolios se van conformando e imponiendo las reglas mundiales del comercio. Estas mega-corporaciones van arrasando con todo a su paso. Cuentan con sus propias políticas laborales, salariales y de salud que pueden funcionar igual en cualquier parte del mundo por encima de los gobiernos nacionales. Mantienen sus relaciones diplomáticas con diversos gobiernos. Desarrollan sus propios valores, su propia identidad y cultura; los trabajadores tienen su uniforme que los identifica y transmiten sus formas de pensar y vivir, hasta sus propios himnos que los trabajadores deben cantar y clubs y asociaciones familiares de las empresas para reproducir esos valores e identidad con la compañía. Pueden mover sus capitales y hasta los técnicos y especialistas por cualquier frontera. Elaboran las reglas comerciales en los tratados de libre comercio y conforman sus propios tribunales internacionales para defender sus intereses por encima de los intereses de los países. Han plagiado el lenguaje de los derechos humanos para incorporarlos en la defensa de sus intereses. Al control de sus mercancías por otros gobiernos le llaman discriminación; a los subsidios le llaman competencia desleal aunque sean los países ricos quienes aumentan los propios; al impedimento de inversiones ecológicamente dañinas le llaman impedimento al derecho de libertad de inversión; y a la apertura de fronteras de los países pobres le llaman derecho a la equidad.

Las grandes corporaciones cuentan con más presupuesto que cualquier otra nación del planeta. Tienen su propia seguridad y policía privada; su propia infraestructura y territorio controlado. También cuentan con el acceso seguro a los servicios públicos e incluso a sus plantas generadoras de energía eléctrica. Se están adueñando de los recursos estratégicos de los países como el petróleo, agua, gas, biodiversidad, aire, mar y tierra. En el modelo corporación-nación las transnacionales están por encima de los gobiernos nacionales y sus políticas no deben contradecir sus intereses. Para ello están logrando que los gobiernos nacionales modifiquen sus constituciones y leyes internas que se ajusten a la estructura de la economía mundial diseñada por ellas. Para ellas los gobiernos sólo velarán por los intereses del movimiento libre y ágil del capital sin ninguna restricción, sin ningún compromiso con los derechos humanos o el medio ambienta más que por su propia acumulación de la riqueza. Incluso no sólo los empresarios han tomado el poder del estado directamente (como presidentes) sino que han logrado que su personal logre puestos en secretarías y otras dependencias con el fin de velar por sus intereses desde distintas trincheras de la estructura del estado. En el caso de los Estados Unidos, las trasnacionales ejercen un poderoso control sobre la dirección, las políticas y el personal en el Estado y el gobierno.

Ya se ha hablado mucho de cómo entre las 100 principales economías que existen en el mundo, 51 son corporaciones y 49 corresponden a países. Las corporaciones trasnacionales controlan el 70% del comercio mundial. Entre las ocho trasnacionales más grandes del mundo se encuentran General Motors, Wal-Mart, Ford, Chrysler, Mitsui, Mitsubishi, General Electric y Shell. Si Wal-Mart fuera un país independiente, sería el octavo socio comercial de China. Su influencia en los países es tan grande que puede incidir económica y políticamente en ellos. Wal-Mart ocupa el lugar 19 de las 100 mayores economías del planeta, superando a Suecia, Noruega y Arabia Saudita. Es la mayor compañía de ventas directas al consumidor en Estados Unidos, Canadá y México. Wal-Mart ocupa el cuarto lugar en América Latina y el Caribe con ventas que llegan a los 10 mil 676 millones de dólares luego de la española Telefónica, la estadounidense General Motors (cuyo capital es mayor al PIB de Australia), y la productora de autopartes Delphi. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) a Wal-Mart le siguen en el Continente las alemanas automotrices Volkswagen y DaimlerChrysler; luego la estadounidense Ford, la petrolera española Repsol YPF, la coreana del ramo de la electrónica Samsung y la japonesa Nissan. En conjunto, de acuerdo con información de la Cepal, las 10 mayores trasnacionales que operan en América Latina generan ventas anuales por 115 mil 805 millones de dólares que equivalen al 18% del Producto Interno Bruto (PIB) de México. En América Latina el mexicano Carlos Slim Helu es la cuarta persona más rica del mundo. Su fortuna crece a una tasa anual del 70 % anual.

Según el informe de Financial Times de hace un año Estados Unidos sigue siendo la potencia dominante en términos del mayor número y porcentaje de trasnacionales entre las 500 mayores, con 227 (45%), seguido por Europa occidental con 141 (28%) y Asia con 92 (18%) aunque China y Japón van creciendo en su presencia corporativa. Estos tres bloques económicos controlan el 91% de las mayores trasnacionales. Por su lado América Latina, Medio Oriente y África tienen un total de 11 entre las 500 mayores. En América Latina sólo Brasil y México poseen multinacionales de clase mundial, en tanto África tiene cero y Arabia Saudita controla cuatro de las seis de Medio Oriente. Rusia tiene siete. Las pocas grandes multinacionales en Rusia y América Latina son en su mayor parte empresas estatales privatizadas. En el caso de México podemos encontrar a Teléfonos de México (Telmex) y Maseca.

Entre las 10 mayores, 80% son estadounidenses y 20% europeas. Entre el 20% más alto, 75% son estadounidenses, 20% europeas y 5% japonesas. Entre las 50 principales, 60% son estadounidenses, 32% europeas, 6% japonesas y 5% de otras regiones. Estados Unidos posee las mayores trasnacionales en la industria (General Electric), petróleo y gas (Exxon-Mobil, Chevron, Texaco), software y servicios de cómputo (Microsoft), productos farmacéuticos (Pfizer), banca (Citicorp), comercio minorista (Wal-Mart), seguros (American Internacional Group) y hardware de tecnología de información (Intel). El capital de estas mega corporaciones rebasa el billón 979 mil millones de dólares. Estas ganancias son gracias a los subsidios que les han dado sus respectivos gobiernos chupando los recursos públicos, a la anulación del pago de aranceles al comercializar con otros países, a la explotación de la mano de obra barata llamada flexibilización laboral, a la exención en el pago de ciertos impuestos llamados incentivos fiscales, a la explotación a recursos e insumos más baratos, a la alta tecnología y al robo del conocimiento, a la especulación y fraude, al acaparamiento de fondos de los trabajadores, entre otras muchas fuentes.

Las trasnacionales estadounidenses dominen el 80% de las 10 firmas principales del comercio al menudeo; el 80% de las 10 mayores de la tecnología de la información; y el 80% de los medios masivos y entretenimiento (11 de 14) logrando la quiebra de radios, televisión, cine y empresas musicales, revistas y periódicos locales. En cuanto a la industria militar de las 11 mayores firmas entre las 500 principales, nueve son estadounidenses y dos europeas. En cuanto a Software y servicios de cómputo en Estados Unidos se ubican seis de las 10 empresas más grandes mientras que Japón y Europa tienen las otras cuatro. Estados Unidos también controla el 60% de los 10 principales bancos del mundo, seguidos por Europa (30%) y Japón (10%). Citicorp, Santander, BBVA, HSBC, entre otros bancos controlan hasta el 100% del sistema bancario y sus economías de muchos países de América Latina. El endeudamiento generado por los bancos vía créditos destinados a América Latina, Asia y África, ha acelerado las políticas neoliberales de privatización y desregulación de los mercados financieros y al mismo tiempo han logrado ir absorbiendo mediante imposición en las leyes nacionales, el acaparamiento del dinero de los trabajadores con supuestos fondos de retiro, jubilaciones y pensiones.


Europa es líder en telecomunicaciones, con 40% de las 10 mayores trasnacionales, seguida por Estados Unidos y Asia, con 30. También los europeos cuentan con el 50% de los principales consorcios de seguros, seguida con 40% por Estados Unidos y 10% por Japón. En gas y petróleo Estados Unidos y Europa tienen cuatro cada una de las 10 mayores, seguidas por Rusia y Brasil con una cada uno. En la industria farmacéutica dominan Estados Unidos y Europa en las 10 más grandes. En electrónica y equipo eléctrico las trasnacionales japonesas en particular y asiáticas en general controlan 70% de los 10 mayores productores; Europa 20% y Estados Unidos tiene sólo uno de los 10. Entre las mayores firmas de manufactura ligera las estadounidenses representan 44%, las europeas 48 y las japonesas el 8%. En manufactura pesada, de las 100 mayores 32% son estadounidenses, 30% europeas, 22 japonesas, 7% de otros países asiáticos y las demás se reparten entre cinco países. En el sector del "cuidado personal y cosméticos", en que Estados Unidos y Europa tienen cada uno 33% de las mayores trasnacionales, seguidos por Japón con 11%.

Hay varias teorías sobre la evolución de las tres potencias regionales. La teoría de Wolfowitz-Perle sugiere que Europa se irá conformando en una potencia regional paulatinamente aunque sus trasnacionales no han variado mucho en la lista de las 500 más grandes. Otras teorías ven más posibilidades de este desarrollo a la región de Asia, especialmente China y las trasnacionales japonesas ya que entre el 2003-2004 unas 14 trasnacionales de la región ingresaron a la lista de las 500 más grandes del mundo. Otras manifiestan que el imperio estadounidense va en declive al asegurar que Estados Unidos pierde dominio gradualmente, ya que en el 2004 alrededor de 30 de sus trasnacionales cayeron de la lista de las 500 mayores y al mismo tiempo ingresaron 16 a esta lista, con pérdida neta de 14 o 5%.

Europa y Estados Unidos genera 2.5 billones de dólares en ventas totales comerciales y emplea 12 millones de trabajadores en ambos lados según datos de Financial Times a mediados del 2004. En 2003 las trasnacionales estadounidenses invirtieron 87 mil millones de dólares en Europa, 31% más que en 2002 mientras que Europa invirtió 37 mil millones en Estados Unidos que equivale al 42% más que en 2002.

Alternativas

El sur global se debate entre varias estrategias y trincheras de lucha. Mientras que para los movimientos sociales, campesinos e indígenas de Ecuador y otros países la alternativa está en tomar el poder presidencial y las estructuras del estado; para otros sectores como en los Estados Unidos y otros países europeos la estrategia de lucha se centra en la manifestación y bloqueo de los escenarios donde las empresas y sus aliados (los gobiernos) negocian tratados e imponen acuerdos con el fin de impedir sus avances como en el caso de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el G-8 y otras “cumbres” donde precisamente solo unos cuantos llegan y caben en la cima. Pero otros sectores se centran en el boicot contra el instrumento global que son las Instituciones Financieras Internacionales (IFI’s) y la deuda externa que generan, o contra el mismo sujeto emergente de este nuevo modelo: las mega corporaciones trasnacionales donde su contraparte, el consumidor, se empodere. Sin embargo, en la medida en que el estado se hace a un lado dejando el total control de la economía en manos de las trasnacionales, observamos ahora un corrimiento en las confrontaciones. Ya no es entre sociedad y gobierno, sino entre sociedad y trasnacionales. Esto ha llevado a que otros sectores urbanos, campesinos e indígenas tomen la determinación de la confrontación directa quemando plantíos de Monsanto o apedreando establecimientos de McDonalds. El conflicto se manifiesta ahora contra las transnacionales que pretenden o han logrado el control casi absoluto sobre el petróleo, el gas, la energía eléctrica, las semillas y los alimentos, la tierra, el transporte, las telecomunicaciones, el agua u otros recursos. Los conflictos en Bolivia, Ecuador, Argentina, México, Guatemala, Haití, El Salvador, Chile o República Dominicana entre otros muchos por toda América Latina y el Caribe, pero también en Europa e incluso en el mismo Estados Unidos, refleja el reclamo de la exigencia del papel del estado para regular la ambición de las corporaciones transnacionales. Estos estallidos sociales y su resolución cuestionan la debilidad de los gobiernos y del multilateralismo ante el modelo corporación-nación que se va imponiendo donde las empresas mandan, y los gobiernos callan. La agenda de la paz debe estar centrada hoy en la atención al fortalecimiento de la democracia y de los estados-nación en la pluralidad cultural, base para construir la paz; así como atender al nuevo sujeto de la paz: los pobres y la sociedad que en su conjunto busca detener la ambición y la acumulación de la riqueza, fuente de los conflictos violentos que hoy por hoy suceden.

La incidencia en las políticas públicas si bien es importante tampoco lo es todo. Se “incide” pero no se modifican las relaciones. Se logran ciertos logros, si se logran y si los actores que lo promueven no caen en el sutil encanto del poder haciendo el juego de maquillar los efectos de las políticas neoliberales. De cualquier forma, el peligro central es absolutizar este camino como el único y el más viable descartando otras trincheras de lucha y formas de generar cambios. Absolutizar la incidencia en las políticas públicas es manifestar que el modelo económico actual es el bueno y sólo falta “humanizar” lo que no es humano en sí mismo y tampoco humanizable: la competencia depredadora del capitalismo. Fukuyama no tiene razón, la historia no se ha acabado. La Tercera Vía no pone en cuestión el libre mercado al estilo neoliberal ni es una cosa distinta entre el capitalismo y el socialismo.

Las grandes movilizaciones sociales, indígenas y campesinas que suceden por todo el planeta plantean de fondo la dificultad de definir el interlocutor adecuado para que las demandas sean escuchadas. Pero querer ser sólo escuchado no es eregirse como actor o sujeto del cambio. De ahí que otra vía que se construye es la autonomía indígena en Chiapas donde caminando se busca la alternativa. Se busca buscando y se encuentra caminando. Los zapatistas no plantearon un nuevo proyecto de nación porque no se terminó el proceso de diálogo y negociación truncado por el gobierno y su ejército. Lo que plantearon fue entonces el camino para construirlo: el diálogo.

En las últimas décadas hemos visto movilizaciones sociales impresionantes en muchos países, lo que no ha sido suficiente para virar el rumbo del país a favor de las mayorías empobrecidas. También hemos visto nuevos gobernantes que han pretendido enfrentarse al poder imperial y corporativo y han caído la mayoría de las veces en el juego de sus intereses. En tal caso, lo que hace falta es un pueblo nuevo y un gobierno nuevo que, simultáneamente y en alianzas con otros pueblos y gobiernos, enfrenten tenazmente a las mega-corporaciones y el poder imperial. En América Latina se asoman indicios en Venezuela, Argentina, Brasil o Uruguay con más o menores éxitos para unos o para otros. México se debatirá ahora, de cara a la sucesión presidencial del 2006, en esta disyuntiva de acelerar el modelo corporación-nación o un nuevo proyecto alternativo de nación. EcoPortal.net

Para mayor información: (www.economiasur.com ) CLAES – Centro Latino Americano de Ecología Social; James Petras, La base económica del poder imperial, México D.F. Sábado 21 de agosto de 2004; Financial Times ("Special Report FT Global 500", 27/5/ 04); Financial Times, 9/6/04; Theotonio Dos Santos profesor titular de la Universidad Federal Fluminense y Coordinador de la Cátedra y Red UNESCO ­ Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible.

* Gustavo Castro Soto
CIEPAC, A.C.
Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria
Página Web: http://www.ciepac.org/

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