Pueblos Indígenas

Intervención externa y medicina Mapuche una prueba para otro renglón

En el ámbito social, es común observar que determinados actores, como por ejemplo profesionales, funcionarios del estado o funcionarios de instituciones públicas y privadas, entre otros, realizan a través de proyectos o "Programas de Desarrollo", intervenciones dirigidas a poblaciones específicas, a las cuales conciben como grupos vulnerables o en riesgo.

Por Ivonne Jelves

En el ámbito social, es común observar que determinados actores, como por ejemplo profesionales, funcionarios del estado o funcionarios de instituciones públicas y privadas, entre otros, realizan a través de proyectos o "Programas de Desarrollo", intervenciones dirigidas a poblaciones específicas, a las cuales conciben como grupos vulnerables o en riesgo.

El término "intervención", en general alude a las acciones que desarrollan agentes externos al espacio, organismo o población en las que éstas son ejecutadas. En el ámbito social, es común observar que determinados actores, como por ejemplo profesionales, funcionarios del estado o funcionarios de instituciones públicas y privadas, entre otros, realizan a través de proyectos o "Programas de Desarrollo", intervenciones dirigidas a poblaciones específicas, a las cuales conciben como grupos vulnerables o en riesgo. Tales intervenciones son directas y en la mayoría de los casos apuntan a producir cambios orientados por la percepción de necesidades que tienen estos agentes externos respecto del grupo humano en cuestión, las cuales se intentan compatibilizar con los intereses propios, en el marco de lo que autores críticos a estas intervenciones llaman "Cultura del proveedor" (Walker, 1993) o "pluralismo basado en la desigualdad" (Nahmad Sitton 1998) entre otras denominaciones. Los objetivos planteados, en esta perspectiva pueden ser por ejemplo, mejorar los estándares productivos introduciendo tecnología, productos químicos o nuevas variedades de cultivos y/o semillas, con las que dichas instituciones están trabajando; evangelizar para aumentar el número de fieles de las Iglesias y sectas coexistentes; acabar con prácticas de salud a veces "peligrosas" o reñidas con la ciencia, para mostrar mejores indicadores en la gestión; llevarles educación, etc. Así, se asumen a estos grupos como desposeídos y carentes de conocimientos reales sobre el mundo, con el que interactúan sobre la base de supercherías o "falsas creencias", incapaces por tanto de participar en la determinación de acciones que involucran el mejoramiento de su calidad de vida.
El modelo de intervención anteriormente expuesto, que representa una clásica posición etnocéntrica, ha sido y sigue siendo característico de las sociedades estados en las que coexisten pueblos originarios, como las latinoamericanas y particularmente Chile, cuyas políticas se orientan a la homogeneización de la población, dando origen al menos a dos tipos de actitudes: discriminación y paternalismo. Pero este tipo de abordaje sobre el comúnmente denominado "problema indígena", ha sido precedido por otro más descarnado y avasallador, que parte con la invasión española, prosigue con la legalización de la usurpación de gran parte del territorio mapuche y continúa existiendo e incluso alimenta el anterior, ya que tiene que ver justamente con la imposición de un modelo único de sociedad, donde los intereses de quienes son vistos como minorías deben supeditarse a los intereses que desde el grupo que detenta el poder, son los intereses de la sociedad en su globalidad.

La invasión española sobre los territorios de numerosos Pueblos Indígenas, trajo consigo el exterminio de muchos de ellos o bien la disminución drástica de sus poblaciones, tanto a través de la guerra como con la introducción de pestes y enfermedades infectocontagiosas, de lo que, para el caso de Chile, hay constancia en crónicas y estudios sobre la historia colonial. Para tales enfermedades, los indígenas no habían desarrollado inmunidad ni recursos terapéuticos. También consta en muchas crónicas, que los mapuche a la llegada de los españoles contaban con una potente farmacopea natural (plantas medicinales, minerales, fuentes de agua, elementos de animales, etc.) y conocimientos para hacer frente a las enfermedades, valorando principalmente aquellos que se manejaban en el nivel casero, o que se vinculaba a "enfermedades naturales". (Bibar (1558), Mariño de Lobera (1595), González de Nájera ( 1614), Ovalle (1646) Rosales (1647) y Molina, Gómez de Vidaurre y Córdoba Figueroa, en el Siglo XVIII).

Durante el período colonial comienza a producirse la desaparición de algunas especies, como resultado de la extracción indiscriminada con fines de comercialización hacia el viejo mundo, por parte de colonos españoles en áreas territoriales en las que ejercieron mayor dominio. De esta manera, se introduce una nueva mirada de las plantas medicinales, usadas ancestralmente de manera sustentable, con el fin único de curar males del cuerpo, del alma y del espíritu. La extracción para fines económicos constituye una de las primeras agresiones hacia el patrimonio medicinal mapuche, sin embargo también se produce la adopción de nuevas especies introducidas por los españoles y al menos el Pueblo Mapuche mantiene autonomía sobre un extenso territorio al sur del Bío-Bío.

Es en el período republicano cuando se comienzan a producir las mayores agresiones hacia el pueblo mapuche. Entre 1860 y 1881 se producen fuertes presiones de particulares y del ejercito para posesionares de las tierras comprendidas entre los ríos Bío-Bío y Malleco, lo que significó al pueblo mapuche la pérdida de una amplia extensión de dicho territorio. Sólo en 1881 se remataron 55.000 hás lo que trajo como reacción alzamientos del Pueblo mapuche en defensa de su territorio y tras finalizar la Guerra del Pacífico, el ejercito chileno inicia la ofensiva final, bajo el contradictorio emblema de "Pacificación de la Araucanía", ello provisto de un arsenal bélico moderno y superior al de muchas otras naciones de América, permitiendo al estado chileno, apropiarse del 90% de las tierras comprendidas entre Malleco y Valdivia, lo que equivale a unas 5 millones de hás. Las mejores tierras fueron entregadas a colonos europeos, por grandes extensiones, otras tantas fueron entregadas a colonos chilenos y las de peor calidad a sus legítimos dueños, estableciéndose el régimen reduccional, sobre la base de no más de 500.000 hás, con un promedio de más o menos 3 hás. por persona. La entrega de tierras se hacía a través de lo que se denominó Título de Merced, el cual se extendía a nombre de un Cacique o jefe designado por el Gobierno, el cual se hacía cargo de regular el uso de las tierras entre las familias con las que conformaba la reducción o comunidad. Esta superficie fue disminuyendo a través de acciones violentas y distintas triquiñuelas legales, al punto de que el Censo de 1992, da cuenta de que los mapuche a esa fecha, disponían sólo de 296.000 hás.

La anexión del territorio mapuche al estado chileno y la imposición de su legalidad sobre todos los pueblos originarios que coexisten en el país, marca un cambio profundo en los modos de vida del pueblo mapuche, despojado de su territorio, de su autonomía y de los bienes generados como sociedad ganadera, se produce empobrecimiento y la población mapuche experimenta hambre y enfermedades, que traen consigo la pérdida de alrededor de veinte mil vidas entre 1881 y 1907, lo que sumado a la migración de numerosas personas hacia Argentina, incide en un descenso demográfico. (Bengoa,1985)

Con el despojo de tierras que se destinan a la fundación de pueblos y ciudades, la construcción de carreteras y la extensión de la red ferroviaria, se activa fuertemente la explotación de bosques, lo que sumado a la instalación del latifundio, resultante de la repartición a particulares incide en una considerable disminución de espacios para la obtención y uso de recursos medicinales a especialistas médicos y a familias, que hasta entonces, tenían un amplio conocimiento para resolver problemas de salud en el nivel casero. La readecuación del territorio a los intereses del estado chileno, acaba también con las rutas tradicionales utilizadas por las distintas identidades mapuche, lo que sumado al empobrecimiento, obstaculiza el intercambio de plantas medicinales desde diferentes entornos ecológicos. Además de la pérdida de recursos, el conocimiento ancestral de una amplia gama de especialistas es desacreditado a través de verdaderas campañas, dirigidas por iglesias cristianas e instituciones de salud, lo que a lo largo de décadas de intervención deriva en la disminución de especialistas y en una fuerte dependencia frente a un sistema discriminatorio, que no es capaz de satisfacer las necesidades de los sectores más desposeídos y menos aún de mapuche residentes de sectores rurales, con dificultades de acceso debido a las distancias y barreras culturales marcadas por el desconocimiento de la diversidad cultural.

Son muchos los aspectos de la vida que se ven trastocado como resultado de la inserción desventajosa del Pueblo mapuche en la sociedad chilena, así como el deterioro de la salud, que no es el caso tratar con mayor profundidad en este artículo. Sin embargo, también es notable el nivel de adaptación y resistencia que presenta este mismo pueblo para mantener su identidad y su cultura, A pesar de los cambios y del uso de variadas alternativas ofrecidas por la sociedad global para tratar problemas de salud, el modelo mapuche se mantiene casi invariable y se adapta a tales ofertas. Por muchas décadas también, se preservaron espacios silvestres o ecosistemas naturales que resguardaban la biodiversidad, los que constituían reservorios para la Medicina Mapuche, por contener una amplia gama de plantas de uso medicinal, las cuales eran recolectadas de manera sustentable, bajo preceptos culturales, que establecen que las plantas pertenecen a un dueño o ngen, al que se le debe pedir permiso, sacar lo necesario, dar un pago y orar para la efectividad de las mismas.

Tradicionalmente el uso de los territorios estuvo regulado por lo que se conocen como leyes del Ad Mapu, o derecho consuetudinario mapuche. Desde esta perspectiva, existen lugares que pueden ser utilizados por los seres humanos para vivienda y producción, así como otros que tienen dueño o ngen, que son los espacios referidos anteriormente, sobre los cuales es posible advertir una amplia etnocategorización relacionada a características del suelo, presencia de agua, altura y existencia de determinadas especies. Así es posible distinguir entre los más comunes: Mawida o Bosque Nativo en lugares altos, Pitrantu o bosques en los que predominan especies como pitrantu, temo y boldo, Menoko, que son lugares caracterizados por nacimientos de vertientes o cursos de agua, Mallines o pajonales con alta presencia de hierbas acuáticas y Quebradas entre otros, donde es posible encontrar una gran variedad de especies arbóreas (aliwen) y arbustivas (ütüng), con propiedades medicinales tanto de sus hojas como corteza, a las que se asocian enredaderas y hierbas (kachu), así como hierbas acuáticas. Allí el ser humano debe actuar con respeto y reverencia, hacer rogativas en caso de extraer algún recurso, de lo contrario, puede ser castigado y sufrir una enfermedad.

La existencia de estos espacios es vital para la continuidad de la Medicina Mapuche, porque como se ha mencionado anteriormente, es allí donde las plantas desarrollan su newen (fuerza o poder) y porque es también en algunos de éstos (mawida o pitrantu) donde los (as) machi encuentran madera para elaborar los elementos necesarios para el desarrollo de su rol, como por ejemplo, para instalar el rewe o altar frente a su casa, que se compone de un kemu-kemu o escalera ritual antropomorfa y de plantas de foye o canelo (Drimys wintteri), triwe o laurel (Laurelia sempervírens) y otras, que difieren en relación al sector geográfico en que residen y/o a las orientaciones entregadas por sus espíritus a través del sueños y también para fabricar instrumentos musicales, entre los que destaca el kultrung, indispensable para el desarrollo de las ceremonias curativas, cuyo ritmo va marcando las diferentes fases de la lucha contra los agentes que han intervenido en el desencadenamiento de la enfermedad.

Con la consolidación del modelo neoliberal de mercado en las últimas décadas, que privilegia la generación de ingresos y el crecimiento económico por sobre la preservación del medioambiente y los derechos humanos, los recursos terapéuticos han disminuido considerablemente, al punto del exterminio de especies en muchos sectores. El aumento poblacional y la falta de tierras ha obligado a muchas familias, cuando no a migrar a las ciudades, a usar los antiguos espacios silvestres que albergaban plantas medicinales para construir casas y hacer cultivos, sufriendo en muchos casos enfermedades y otras desgracias debido a la transgresión cometida. Pero sin dudas, el daño mayor ha sido causado por las empresas forestales, que se fueron introduciendo en los territorios mapuche, aprovechando las condiciones generadas por la Dictadura a través de la promulgación del decreto Ley 2.568, del 29 de Marzo de 1979, que otorgando títulos de propiedad individual a los comuneros, perseguía el propósito implícito de acabar con las comunidades, ya que bajo la supuesta bandera de la igualdad ante la ley, permitió la venta de tierras a extraños a éstas, amparando engaños y abusos.

Las Forestales explotaron numerosos bosques nativos, motivadas por la obtención de incalculables ganancias, pero más que nada, para incrementar las mismas a través de la reforestación con plantaciones de pino y eucaliptos, especies de mayor rentabilidad por su rápido crecimiento, lo que las ha llevado también a extender sus plantaciones a otros tipos de espacios, como mallines, pajonales y vegas utilizadas tradicionalmente para cultivos agrícolas, generando una gran disminución de los cursos de agua, aridez de los suelos y por supuesto, el exterminio de muchas plantas medicinales. En esta verdadera invasión forestal, también han tenido participación muchas familias y comunidades mapuche, incentivadas por los subsidios otorgados por el Estado a estas plantaciones y por la necesidad de obtener ingresos a menos plazo en el actual contexto de deterioro de las economías familiares, que cada vez se ven más acorraladas a causa de la intervención de sus territorios para fines economicistas. Lo anterior da cuenta de un cambio forzado en lo que respecta a la relación ser humano- naturaleza, desde una visión integradora, en la que se es parte del mundo y se comparte con aquellos elementos dotados de espiritualidad que la contienen, a una visión utilitaria, donde hay que actuar sobre el territorio para producir bienes transables en dinero.

Las extensas plantaciones de Empresas Forestales en las inmediaciones de las comunidades, además de sequedad y pérdidas de especies vegetales, han provocado contaminación de aguas, frutales, plantas medicinales que persisten, cultivos y la casi desaparición de algunas semillas naturales de cereales, leguminosas y tubérculos. También han desaparecido en muchos sectores, algunos animales, aves silvestres e insectos que mantenían el equilibrio ecológico, como consecuencia de las fumigaciones aéreas para el control de plagas, situación que se ve agravada por el hecho de que según versiones de personas que residen en comunidades, usan el agua de ríos o esteros para mezclar los productos y lavar posteriormente los depósitos, sumergiéndolos desde la misma avioneta. Todo ello ha ido provocando trastornos en la salud de las personas y de los animales domésticos, con un un grave deterioro en la economía de las familias mapuche.

El exterminio de plantas en muchas comunidades mapuche y la dificultad de acceder a ellas, se ha convertido actualmente en un tema recurrente en los discursos de los (as) machi, quienes ven obstaculizado su trabajo: "Los remedios de la tierra son muy importantes, pero ya no existen, los ha exterminado el wingka a fuego, además le ha plantado pino, le ha plantado eucaliptos, por eso los remedios se acabaron, ya no hay lawen, se han terminado" Machi de Rüpücura.

Otra preocupación que manifiestan algunos especialistas, respaldados por organizaciones mapuche, se relaciona con las múltiples investigaciones que se hacen y se siguen haciendo sobre el conocimiento ancestral respecto del uso y manejo de plantas medicinales, cuyos resultados no se entregan a las comunidades, las que desconocen su destino. Esta preocupación se fundamenta en el hecho de que a nivel mundial, se han en realizado múltiples investigaciones sobre los principios activos de las plantas medicinales utilizadas por los Pueblos Originarios, lo que ha derivado en la patentación de muchas de estas especies por Empresas Transnacionales, siendo el foye o canelo, sagrada en el mundo mapuche, una de estas plantas. "Nosotros los mapuche estamos preocupados ante esta situación, ¿porqué motivo se nos trata de arrebatar nuestras plantas medicinales, nuestros recursos, porqué motivos se nos sigue quitando lo nuestro, primero las tierras ahora el interés por las plantas?. ¿qué sería de nosotros sin las plantas que es como parte de nuestro ser?" Machi de Paliwe.

Retomando el tema de la devastación del medioambiente y su impacto en la Medicina Mapuche, testimonios recogidos en diferentes comunas de la región dan cuenta de que para poder desarrollar su labor de curar enfermedades, los (as) machi y otros agentes médicos han debido, con el apoyo de organizaciones comunitarias, recurrir a múltiples estrategias para abastecerse de plantas medicinales, desde comprarlas a reproducirlas en huertos, hasta presentación de solicitudes y proyectos a diversas instituciones, para apoyar con recursos, viajes a bosques o zonas que conservan biodiversidad para su recolección; para recuperación de espacios que fueron destruidos o para facilitar el intercambio entre comunidades de diferentes sectores ecológicos.

La compra de plantas en mercados locales pudiera exigir mayores esfuerzo para lograr la efectividad en los tratamientos, ya que no necesariamente los comerciantes han seguido los pasos rituales para su recolección, no se sabe de qué espacios proceden y hasta es posible que la extracción de cortezas haya causado la muerte de algún árbol, tema que sería interesante de profundizar a través de una investigación. En el caso de los huertos, seguramente deberán desplegar muchos esfuerzos para que las plantas puedan conservar algo de las propiedades que les confiere el Ngen en sus espacios originales.

Como equipo PROMAP, hemos apoyado varias de las alternativas reseñadas. Por ejemplo, facilitar el traslado de algunas machi y lawentuchefe a zonas cordilleranas en los meses de transplante (Mayo a Agosto) en las que aún se conservan algunos de estos espacios, para proveerse de plantas medicinales tanto para aplicación de tratamientos como para reproducción de las mismas en huertos caseros. Estas actividades han sido realizadas con la solemnidad que establece la cultura, con mucho respeto y con oraciones, cuidando también coincidir con la fase lunar de menguante, que favorece los cultivos.

Además del trabajo, puede verse afectada la salud y la calidad de vida de los (as) machi, como consecuencia de la falta de recursos medicinales o de elementos para el desarrollo del rol, ya que existe una relación empática entre la machi, su rewe e instrumentos musicales, los que debe renovar periódicamente, a través de ceremonias como el "ngeikurewen" o cambio de rewe, o de renovación de kultrung, ello porque la lucha contra los wekufü (fuerzas espirituales malignas) y contra los kalku (personas con poderes para causar daños) produce un gran desgaste. Es el caso de la Machi Carmen de Repocura, quien rompió su kultrun y estuvo mucho tiempo sin poder renovarlo, al no poder contar con madera de laurel o de coigue, que son para ella las más preciadas, ni de otras alternativas, debido a que se habían talados todos los bosques a los que anteriormente tuvo acceso para recolectar plantas y madera para este fin. Durante ese tiempo su salud estuvo muy deteriorada, sentía fuertes dolores en todo el cuerpo y casi no podía moverse, no encontrando alivio en los medicamentos del sistema médico oficial, al que acudió muchas veces. Por otra parte su situación económica se fue empeorando y no le llegaban enfermos. Tras algunas gestiones en apoyo a la machi, se logró finalmente dar solución al problema y ella pudo finalmente hacer la ceremonia de consagración de un nuevo kultrun, con lo que fue recuperando su salud y su prestigio. Al cabo de algunos meses, la machi recibía y visitaba enfermos de lugares muy distantes y fue mejorando las condiciones de su entorno, construyendo una nueva cocina y una casita para dormitorios.

Casos como el anterior son muy frecuentes de encontrar y son muchas las solicitudes de apoyo recibidas por nuestro programa y otras instituciones, para apoyar la consagración de nuevas machi o la elaboración de nuevos rewe, lo que no es siempre posible hacer y que requiere más bien de otras acciones orientadas a la protección del patrimonio cultural, las que generalmente se riñen con los objetivos del mercado.¡Error! Marcador no definido.

Una última observación por ahora, es que hay quienes temen que a futuro las machi vayan desapareciendo junto con sus lawen, ya que los Ngen no sólo inciden en dotar de plantas medicinales con todas sus potencialidades a los agentes de Medicina Mapuche y a la comunidad en general, si no que además, permiten su continuidad, ya que allí es donde algunos (as) machi reciben su poder o newen para curar enfermedades y con el deterioro del medioambiente los ngen van abandonando los territorio o espacio donde se encuentran las especies.

En síntesis, la intervención wingka en los territorios mapuche, desde la llegada de los españoles ha trastocado totalmente la vida del pueblo mapuche, que ha debido ir adaptándose a nuevas circunstancias en sus comunidades, como en las ciudades, que concentran actualmente la mayor parte de la población. Sin embargo, y a pesar de que se ha producido un fuerte nivel de aculturación y un alto porcentaje de personas ya no se identifica con su pueblo o bien pretenden representarlo y dirigir sus destinos desde y con la mirada de la institucionalidad, como otros pueblos indígenas de América, los mapuche han resistido generando mecanismos defensivos que preservan sus características culturales, lingüísticas, políticas y religiosas. Frente a los Megaproyectos de Desarrollo y a la invasión forestal en sus territorios, que está acabando con los recursos medicinales a la vez que agudizando los problemas de salud por la contaminación y deterioro de los suelos, los mapuche defienden su espacio territorial y expresan sus demandas intentando agotar las vías de la legalidad vigente, pero en el actual contexto de globalización y verticalidad en términos de anteponer los intereses del mercados y los grupos económicos que lo sustentan, por sobre los de las personas, sus demandas no siempre son entendidas, a veces se las cataloga como ilegales e incluso se responde con fuerza represiva.-EcoPortal.net

Bibliografía

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– Walcker, R. 1993. Apuntes sobre el Marco Lógico. Programa de Atención
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* Por Ivonne Jelves Mella
Mapuexpress – informativo mapuche
http://www.mapuexpress.net

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