Salud

Filantrocapitalismo, amianto/asbesto y sus repercusiones para la salud

El gran capital ha ideado un plan B para seguir maximizando benéficos, tal como el sistema capitalista tiene asignado en su estructura, mentalidad y práctica. Se trata de buscar legitimidad, abordando la semántica de los movimientos alternativos y penetrándolos para aflojar las resistencias y disidencias. Estratégicamente quieren hacer negocios con los pobres que, según ellos, son cuatro mil millones, y todos los días consumen. Dicen: “los pobres son el negocio de los negocios” y “todo el mundo tiene el derecho de hacerse rico y los que ya lo son a hacerse aún más”, es el derecho de los ricos.

Por Paco Puche

I Sobre la filantropía del gran capital

El gran capital ha ideado un plan B para seguir maximizando benéficos, tal como el sistema capitalista tiene asignado en su estructura, mentalidad y práctica. Se trata de buscar legitimidad, abordando la semántica de los movimientos alternativos y penetrándolos para aflojar las resistencias y disidencias. Estratégicamente quieren hacer negocios con los pobres que, según ellos, son cuatro mil millones, y todos los días consumen. Dicen: “los pobres son el negocio de los negocios” y “todo el mundo tiene el derecho de hacerse rico y los que ya lo son a hacerse aún más”, es el derecho de los ricos.

Esta doble orientación: mimetismo con lo alternativo y entrada a saco en el consumo de los pobres y en sus economías de subsistencia, no es obstáculo para que sigan como les es habitual, es decir con la explotación en sus distintos grados, las maquilas, el saqueo de lo público y de lo común, la desposesión, el acaparamiento de tierras, la patentización de casi todo y el extractivismo. Todo ello envuelto en una ideología que lo convierte todo en valor de cambio y que proclama la facultad natural de los mecanismos de mercado para hacer justicia, practicar la libertad y la democracia y hacer eficientes todos los procesos. El único peaje que admite el sistema es el que llaman “destrucción creativa”.

En este contexto es donde surgen las llamadas en este trabajo “fundaciones del filantrocapitalismo”, es decir la aparición de entidades que tratan de llevar a cabo este plan de capitalismo glamouroso. Es el caso de las denominadas AVINA y Ashoka, muy presentes en España y Latinoamérica. Se dicen así: “Los emprendedores sociales (léase los socios cooptados por la fundación) trabajan con esas poblaciones (los pobres) y su labor es acercar a la multinacional hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas.” ( Drayton, presidente de Asoka). Ambas, AVINA y Ashoka, tienen acuerdos estratégicos fuertes.

El Plan B y la funciones de estas fundaciones han sido descritas como sigue: se trata de “la suma de maniobras destinadas a ganar consenso, legalizar estas formas de enriquecerse, lograr obediencia y/o complicidad, publicitar sus objetivos como si fueran idénticos a los de la sociedad y desacreditar las alternativas como si fueran ´ataques´” (Galafassi y Dimitriu, de la Universidad de Comahue) En una palabra, buscar legitimidad.

Hemos dado en llamar a estas dos entidades “fundaciones del gran capital del amianto y de los transgénicos”. AVINA ha sido fundada en 1994 por el magnate suizo, residente en Costa Rica, Stephan Schmidheiny, que fue directivo de Nestlé y de la Unión de Bancos Suizos y que ha amasado su fortuna en el negocio del amianto/asbesto. Uno de los hombres más ricos del mundo. Ashoka muestra fuertes vínculos con las multinacionales especialmente con la banca de los Rockefeller, la JP Morgan. Ambas están en el negocio de los transgénicos. AVINA cuenta entre sus filas a Gustavo Grobocopatel, el rey de la soja transgénica, y Ashoka tiene un acuerdo estratégico con Gates/Monsanto para implantar la agricultura industrial y las semillas transgénicas en África (programa AGRA). Por todo ello la imagen más certera para definir a estas dos fundaciones es la que la formuló el grupo argentino de Reflexión Rural (GRR), afirmado que “fundaciones como AVINA y Ashoka son el enemigo de la Tierra Madre y de las poblaciones oprimidas”.

En el caso de España han penetrado de distintas maneras en la mayor parte de las organizaciones sociales y ONGs consideradas alternativas. En algunas ocasiones se trataba de utilizarlos como puentes para Latinoamérica. Es el caso de Pedro Arrojo, que fue presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua, cuyos paseos por el continente de la mano de Amanco (empresa de tuberías de Schmidheiny) fueron denunciados por Daniel Verseñassi en 2006 y por Boris Ríos (luchador en Cochabamba) en 2008. En sentido contrario es de destacar que la iniciativa de Ecologistas en Acción de España, el pasado 2012, lanzando un manifiesto contra AVINA /Asoka por los motivos aquí concretados, que dio lugar a la adhesión de más de 200 organizaciones de 23 países, mayoritariamente latinoamericanos. Como ya antes, en 2008, la RENACE argentina invitó a “las organizaciones asociadas a la trasnacional financiera AVINA, (…) que definitivamente dejen las filas de la RENACE”. Y, en sentido general, es el caso de la Plataforma Rural, una coordinadora que lucha contra los transgénicos en España, con muy poco éxito, que ha tenido a su presidente vitalicio, Jerónimo Aguado, en estrechas relaciones con AVINA/Ashoka. En este caso la dirección actual de la citada entidad ha reaccionado con valentía rechazando a esta fundación. Dicen: “(el AGRA) aunque disfrazado de verde, se trata de un intento asesino de introducir en este continente semillas comerciales y posteriormente transgénicas”.

II El amianto: un genocidio silenciado

Pero en el caso que nos ocupa se da la siniestra circunstancia de que el fundador de AVINA, el magnate Stephan Schmidheiny, debe su fortuna principalmente al negocio del amianto/asbesto en el mundo. Ha hecho del continente latinoamericano el campo de operaciones de su intento de seguir con los negocios (ahora verdes) y de lavar su imagen de presunto magnicida con la financiación de su fortuna ensangrentada.

Del amianto/asbesto, que en España conocemos por “uralita”, se ha dicho con razón que es un genocidio silenciado, y también impune.

En efecto, desde principios del siglo XX en que se descubre la fórmula del amianto-cemento (eufemísticamente, fibro-cemento) se inicia un negocio que según voces muy autorizadas ha sido el mayor crimen industrial de toda la historia de la humanidad. “A excepción de la pólvora, el amianto es la sustancia más inmoral con la que se haya hecho trabajar a la gente; las fuerzas siniestras que obtienen provecho del amianto (…) sacrifican gustosamente la salud de los trabajadores a cambio de los beneficios de las empresas”, como ha dicho Remi Poppe, ex diputado europeo de los Países Bajos.

Los datos de la OMS, que están a la baja dado el subregistro estadístico crónico de estas patologías, son escalofriantes. Dice la OMS en 2010: “En el mundo hay unos 125 millones de personas expuestas al asbesto en el lugar de trabajo. La exposición laboral causa más de 107 000 muertes anuales por cáncer de pulmón relacionado con el asbesto, mesotelioma y asbestosis”. Pero la exposición familiar y ambiental (socioambiental) supone un 30% más de estas enfermedades. Los 107.000 se convertirán en 145.000 cada año. Cálculos aproximados dan unos 10 millones de muertes habidas hasta hoy por esta industria.

Pero la situación en el mundo sigue siendo tremenda: Sólo 55 países tienen decretada su prohibición (de extracción importación y uso) y el resto, en que campa por sus respetos, alberga al 70% de la humanidad. Destacan por su uso intenso el Sureste Asiático y Latinoamérica. Por tanto los desastres para la salud y la vida de millones de personas están cantados.

El siguiente mapa nos da una visión exacta del problema


Como se ve en Latinoamérica solo existe prohibición total en cuatro países.

Con el amianto se dan ciertas características especiales. Una que entre el periodo de exposición y la manifestación de alguna de sus enfermedades puede haber un periodo de latencia de entre 20 y 50 años, por lo que es fácil ocultar su nocividad. Otra, que un tipo especial de cáncer denominado mesotelioma (por que se produce en el mesotelio), en el 90% de los casos su origen es inequívocamente el amianto. Ni siquiera el tabaco que ha servido para hacer de chivo expiatorio es coadyuvante de esta enfermedad. Se puede decir que es la Némesis del asbesto, la venganza que este mineral ha propinado a los industriales del silencio. También el amianto es un cancerígeno de tipo I, según la IARC, es decir que no admite dosis pequeñas como seguras. La relación amianto-enfermedad tiene, como en el caso de la radiación nuclear, dos pautas, una proporcional del tipo a más exposición más riesgo y otra estocástica, hay casos singulares en los que dosis mínimas producen el cáncer.

Los subregistros; el loby del amianto que ha estado dominado por seis multinacionales durante el siglo XX y ha logrado un eficaz campaña de silencio y confusión durante esos 100 años; el carácter invisible de las fibrillas, que tienen del orden de micras y solo se ven con el microscopio electrónico, y los largos periodos de latencia han dado un nombre justo a esta epidemia mundial: la de genocidio silenciado.

Pero hay otros silencios después de la prohibición: se trata del amianto instalado en miles de aplicaciones (hasta tres mil productos distintos han llegado a contenerlo) que el tiempo, los meteoros, la ignorancia y la rapacidad empresarial siguen desmenuzándolo y lanzando millones de fibrillas al ambiente y dando lugar a una contaminación ambiental permanente. En este sentido solo muy pocos países tienen un plan de desamiantado seguro y con fecha de ejecución.

Las enfermedades del amianto no tienen apenas cura y en el caso del mesotelioma resulta mortal de necesidad en pocos meses, una vez diagnosticado. En casi todos los casos las fibras de amianto son coadyuvantes al desarrollo de enfermedades producidas por otros factores.

En cuanto a la denominación de “genocidio impune” hay que decir con cierta alegría que se están dando pasos importantes para determinar a los responsables y hacer que al menos en parte paguen sus desastres. Me refiero especialmente al juicio celebrado en Turín cuya sentencia salió el pasado año, por el que se ha condenado en primera instancia a los dos mayores propietarios de empresas de amianto radicadas en Italia, con una pena de 16 años de cárcel, inhabilitaciones y multas por unos 100 millones de euros. Uno de ellos es “nuestro” fundador de AVINA Stepahn Schmidheiny, el filántropo que viene repartiendo dinero por el continente para lavar su imagen de presunto genocida. En Rosario, “patria” del escrache, no nos queda más que repetir aquello del affiche contra “Marcote”: “no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos, si no hay justicia, hay escrache”. EcoPortal.net

Resumen de la ponencia a presentar en el 2do Congreso Latinoamericano / 1er Congreso Internacional de Salud Socioambiental

Rosario (Argentina), 25 a 28 de junio de 2013, promovido por la Facultad de Medicina y RENACE

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