Salud

La infancia en peligro en la Argentina

Como si hubiera despertado de un largo letargo, la sociedad argentina ha reconocido súbitamente la gravedad de su situación de pobreza y la afectación que esta ejerce sobre la población más vulnerable (además de los ancianos): los niños, hasta llevarlos, en numerosos casos a la muerte.

Por Lic. Diana Durán

Como si hubiera despertado de un largo letargo, la sociedad argentina ha reconocido súbitamente la gravedad de su situación de pobreza y la afectación que esta ejerce sobre la población más vulnerable (además de los ancianos): los niños, hasta llevarlos, en numerosos casos a la muerte.

Como si hubiera despertado de un largo letargo, la sociedad argentina ha reconocido súbitamente la gravedad de su situación de pobreza y la afectación que esta ejerce sobre la población más vulnerable (además de los ancianos): los niños, hasta llevarlos, en numerosos casos a la muerte.

Voces entristecidas y otras indignadas, clamores angustiados, rostros llorosos de todos los sectores de la población se manifiestan en los medios de comunicación: la prensa escrita, la radio, la televisión, Internet.

Parece como si observáramos desconcertados nuestro fracaso como sociedad y repentinamente hubiésemos accedido a una información oculta en quién sabe qué fuente secreta del Estado.

Los gobernantes de municipios y provincias, el presidente y la primera dama, los candidatos electorales y dirigentes de todo orden manifiestan preocupación por el problema descargando un cúmulo de culpas en los otros dirigentes. Se difunden "operativos" con nombres que recuerdan gestas militares o campañas políticas más que acciones sociales contundentes.

Muchos especialistas consultados por los medios revelan sus conocimientos profundos pero, en numerosas ocasiones, poco comprometidos sobre la cuestión; los periodistas reflejan la cruda realidad entrevistando a los padres pobres de los niños famélicos cuyos rostros de hambre aparecen reiteradamente en fotos de primera plana o en la televisión, en imágenes que no guardan respeto por la muerte, ni la condición humana.

En este artículo, se plantea el problema con enfoque geográfico para mostrar la situación de la mortalidad infantil por desnutrición en la Argentina, considerando las distintas escalas del gravísimo problema.

En escala global, la Argentina vive una situación de declinación en los indicadores de desarrollo humano (que incluye la mortalidad infantil, la esperanza de vida y el producto bruto interno per cápita), en correlación con la instalación del modelo neoliberal en el contexto de la globalización mundial, cuyas consecuencias son las rémoras del desempleo, la pobreza extrema y la pauperización de vastos sectores de la población.

La mortalidad infantil nacional es de 18,4 por mil nacidos vivos. Este dato refleja una situación muy alejada de la de los países del primer mundo, pero al mismo tiempo, es más alta que las de países latinoamericanos como Costa Rica, Cuba, Chile o Uruguay. Al ser un promedio nacional, oculta las diferencias entre las regiones. Las tasas más altas son del norte argentino: en Chaco y Formosa superan el 30 por mil. Y en otras ocho provincias del norte superan el 20 por mil. Si apreciamos la situación de la mortalidad infantil en los países desarrollados veremos cuán distante está la Argentina de ser, como míticamente se lo ha designado un país del primer mundo. Canadá presenta, por ejemplo, una tasa de mortalidad infantil de 7,8, Estados Unidos de 9, Francia de 7,2 y Alemania de 7,1.

El proceso de globalización ha gestado el agravamiento de situaciones de pobreza estructural en contextos regionales y provinciales de especiales singularidades socioambientales y culturales. El caso de Tucumán, enclave regional de la pobreza estructural argentina, es sólo un ejemplo, que se repite en otras provincias argentinas.

El origen de esas situaciones de pobreza se halla en el deterioro de las economías regionales y sus impactos sociales en contextos especialmente suburbanos y rurales.

La manifestación más ostensible de esa situación es el desarraigo cultural y la marginalidad social de las familias pobres, la destrucción del tejido social y de las redes de solidaridad social, a pesar de todos los esfuerzos que encara la sociedad civil.

En escala nacional se reiteran una y mil veces los infaltables mitos argentinos: la Argentina es un país rico, pródigo en recursos alimentarios y debería poder sustentar a todos sus habitantes y aún a muchos más. Este es una falsa percepción de la realidad si no se la contextualiza, histórica y geográficamente. Se repite reiteradamente en los medios y en las aulas, que la Argentina es un país rico sin reparar que dos tercios de nuestro territorio pertenece a la diagonal árida sudamericana y que muchos de esos recursos se destinan a la exportación, están expoliados (como más del 20 % de los suelos erosionados), o están desigualmente distribuidos entre la población y que difícilmente alcancen para las poblaciones más vulnerables en sus necesidades básicas.

Según el Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil -consultora de la Organización Mundial de la Salud-, la desnutrición en el 2001 afectaba a entre el 11 y el 17 por ciento de los niños, cifra que este año de crisis económica aumentó al 20 por ciento. De acuerdo con datos del INDEC de agosto, 7 de cada 10 chicos nacen en un hogar pobre y 4 viven en la indigencia. Esto significa que hay 2.108.237 niños que no tienen cubiertas las necesidades más básicas, blancos innegables de la desnutrición infantil y hasta de la muerte por inanición o enfermedades de la pobreza.

El INDEC no oculta los indicadores sociales y cualquier ciudadano, dirigente u organización social puede estar al tanto de que los datos de la pobreza en la Argentina se han incrementado en las últimas décadas y, más, que en términos de mortalidad infantil, hemos mantenido una situación comparable con países subdesarrollados mientras otros indicadores sociales y económicos revelaban una situación más promisoria.

Como bien señala el autor de una nota en Ecoportal (1), los niños de Tucumán no sólo son víctimas de la desnutrición, son también las víctimas inocentes de la implementación de planes alimentarios con sojas transgénicas. La mal llamada leche de soja es totalmente careciente de calcio y de hierro, y por lo tanto proveerla a niños anémicos es absolutamente contraindicada, en especial porque le inhibe además al niño la incorporación de calcio que pueda hallar en otros alimentos.
Esto no puede ser ignorado por los médicos ni por los nutricionistas y aún menos por los legisladores y responsables políticos de la Provincia de Tucumán. ¿Realmente pueden creer, tal como lo afirman, que esta Argentina exportadora de "commodities" transgénicas puede alimentar a una población siete veces mayor que la existente? ¿Ni siquiera se han enterado que en el año que comienza no solo deberemos importar lentejas, arvejas, garbanzos y tantos otros alimentos, sino también leche, porque ya no podremos abastecer el mercado interno dado que los tambos se reconvierten masivamente a los monocultivos de soja?
El nudo del problema es siempre cultural y refiere al arraigo, al nexo con la tierra y al fundamento del pensar. El sistema ha transformado a nuestros chacareros en "farmers" o en "chacrers" y ello significa que han dejado de sentir a la tierra como un lugar de pertenencia y que han extraviado los hábitos de los policultivos y de la sustentabilidad que practicaron sus abuelos, a la vez que se han convertido en dependientes totales del mercado al que venden sus producidos y en el que se abastecen de sus insumos y lo que es aún peor hasta de sus alimentos.

El primer lugar al que llegó la soja en la Argentina fue la provincia de Tucumán, hace ya varios decenios, no sorprende entonces el actual estallido de la hambruna. Es su consecuencia directa. Como lo fue a todo lo largo del país el despoblamiento del campo, la desaparición de centenares de pueblos y la indigencia creciente en las ciudades.

Que se denuncie la expulsión de cientos de miles de pequeños productores y su endeudamiento a los Bancos sin cuestionar al modelo que lo produjo, no solo sorprende sino que admira por la capacidad de farisaísmo de nuestra dirigencia progresista.

Se rinden ante el paradigma del productivismo y es por ello que se obstinan en proponernos el asociacionismo como un medio de disminuir los costos y aumentar las escalas.

Hasta hace muy poco se decía que en la Argentina "nadie se muere de hambre" o "no trabaja el que no quiere", pero estos mitos ya han caído por el peso aplastante de la realidad. Primero fue la desocupación, luego la muerte por desnutrición, dos gravísimos problemas argentinos que irrumpieron en las últimas décadas y no en el presente, sólo que ahora, la crisis del país los centra en el escenario de la tragedia social argentina.

En escala nacional, las estadísticas del INDEC evidencian que el 55 por ciento de los argentinos es pobre: 20 millones de personas, cifra récord en la historia social argentina. Son 2.816.000 hogares bajo la línea de pobreza. Hay 1.224.000 hogares bajo la línea de indigencia.

Estos números son la peor consecuencia de otros números que también son catastróficos: los de la desocupación, que es del 22 por ciento y en el conurbano bonaerense llega al 24,2 por ciento. Y hay zonas más críticas como: Gran Catamarca (25,5), Gran Córdoba (25,3) y Mar del Plata (24,6).

La falta de trabajo conduce al hambre, el hacinamiento y la posibilidad de contraer todo tipo de enfermedades. A esto hay que sumarle, en muchos casos, la imposibilidad de acceder a centros de salud que, combinado con la falta de información o educación, hace que muchos padres no tengan conciencia cabal de que ellos mismos o sus hijos están desnutridos o enfermos.

GRUPOS DE CAUSAS DE DEFUNCIÓN Y CODIGOS (CIE-10) TOTAL
Menores de 1 año 1-14
TOTAL DEFUNCIONES 277.148 11.649 3.788
A. TOTAL DE CAUSAS DEFINIDAS 258.677 10.963 3.540
1.- Enfermedades infecciosas y parasitarias (A00 – B99) 13.009 489 298
1.1. Enfermedades infecciosas intestinales (A00-A09) 428 158 58
1.2. Tuberculosis, inclusive secuelas (A15-A19;B90) 829 3 26
1.3. Ciertas enf. prevenibles por vacuna (A36;A37;A80;B06;B26;B91) 18 15 1
1.4. Infecciones meningocócicas (A32.1;A39;A87;B00.3;B01.0;B02.1;B37.5;B38.4) 49 14 17
1.7 Hepatitis virales (B15-B19) 248 0 15
1.8. Septicemia (A40;A41) 9.037 226 118
1.9. Enfermedad por virus de la inmunodeficiencia (B20-B24) 1.472 24 34
1.10. Enfermedad de Chagas (B57) 595 2 1
1.11. Las demás enfermedades infecciosas y parasitarias 318 47 28
2.- Tumores (C00-D48) 55.492 35 451
2.1. Malignos 53.343 25 388
2.1.1. Estómago (C16) 2.969 0 1
2.1.2. Colon (C18) 4.762 0 1
2.1.4 Demás órganos digestivos y del peritoneo (C15;C17;C19-C24;C26;C48) 6.561 0 9
2.1.5 Tráquea, de los bronquios y del pulmón (C33;C34) 8.410 0 4
2.1.8 Los demás tumores malignos 19.980 25 373
2.2. Carcinoma in situ, tumores benignos y de comportamiento incierto o desconocido. (D00-D48) 2.149 10 63
3.- Diabetes mellitus (E10-E14) 8.862 1 12
4.- Desnutrición (E40-E64;D50-D53) 1.406 109 87
5.- Meningitis (G00-G03) 406 84 32
6.-Trastornos mentales y del comportamiento (F00-F99) 2.110 0 1
7.- Enfermedades del sistema circulatorio (I00-I99) 91.506 141 207
7.1 Enfermedades hipertensivas (I10-I15) 4.365 0 6
7.2 Enfermedades isquémicas del corazón (I20-I25) 21.081 2 12
7.3 Insuficiencia cardíaca (I50) 28.312 78 63
7.4 Las demás enfermedades del corazón (resto de I00-I51) 10.638 43 59
7.5 Enfermedades cerebrovasculares (I60-I69) 22.401 17 49
7.6 Ateroesclerosis (I70) 2.143 0 1
7.7 Las demás enfermedades del sistema circulatorio 2.566 1 16
8.- Enfermedades del sistema respiratorio (J00-J99) 31.972 823 324
8.1 Infecciones respiratorias agudas (J00-J22) 10.034 389 142
8.2.Enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores (J40-J47) 4.829 7 22
8.3. Las demás enfermedades del sistema respiratorio 17.109 427 160
9.- Apendicitis, hernia de la cavidad abdominal y obstrucción intestinal (K35-K46;K56) 1.105 14 12
10.- Ciertas enfermedades crónicas del hígado y cirrosis (K70;K73-K74;K76) 2.820 2 4
11.- Enfermedades del sistema urinario (N00-N39) 6.855 12 36
13.- Ciertas afecciones originadas en el período perinatal (P00-P96) 5.955 5.955 0
14.- Malformaciones congénitas, deformidades y anomalías cromosómicas (Q00-Q99) 2.909 2.471 262
15.- Causas externas (V01-Y98) 19.369 566 1.377
15.1. Accidentes de transporte (V01-V99) 4.119 24 398
15.2. Otras causas externas de traumatismos accidentales (W00-X59) 6.365 461 717
15.3. Lesiones autoinfligidas intencionalmente (X60-X84) 2.787 0 39
15.4. Agresiones (X85-Y09) 2.150 21 66
15.5 Eventos de intención no determinada, inclusive secuelas (Y10-Y34;Y87.2) 3.195 52 145
15.6. Las demás causas externas 753 8 11
16.- Demás causas definidas 14.655 261 435
B. TOTAL MAL DEFINIDAS Y DESCONOCIDAS 18.471 686 248
1.- Signos, síntomas y afecciones mal definidas y desconocidas (R00-R99, inconsistencias e incongruencias)

Fuente: Ministerio de Salud de la Nación. 2002.
Se señalan en negrita las defunciones relacionadas con la pobreza.

En escala provincial; Tucumán; provincia pequeña, demográficamente densa e históricamente empobrecida desde la década del 60 con el cierre de los ingenios azucareros y los procesos de desindustrialización; parece ser el paradigma de la súbita realidad que ha despertado a los argentinos.

Pero no sólo Tucumán es el único espacio geográfico de la pobreza extrema en la Argentina, con los consecuentes procesos de desnutrición y con tasas elevadas de mortalidad infantil. Muchos otros aglomerados urbanos (Gran Buenos Aires, Gran Rosario, Formosa, San Salvador de Jujuy, Resistencia, Posadas, Concordia, Corrientes, San Juan, entre otros), revelan los datos de la desnutrición infantil y la muerte por inanición o enfermedades de la pobreza.

Un muestreo del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires sobre una población de 800.000 chicos de hasta 6 años, revela que el 7 por ciento (56.000 niños) tiene desnutrición en grado 1, o sea que registra problemas de retraso en el crecimiento y en el coeficiente intelectual.

El relevamiento se hizo en unidades sanitarias ubicadas en zonas de riesgo de la provincia y la medición se llevó a cabo entre las familias que concurrían voluntariamente a esos centros asistenciales.

Los guarismos del problema adquieren un significado especial porque son niños en los límites de la vulnerabilidad social de la provincia considerada más rica en nuestro país.

Así como concentra la más desproporcionada riqueza, Buenos Aires concentra pobreza. En Buenos Aires viven 13 millones de personas. Casi 7 millones son pobres y de ellos 2,7 millones se hallan en la indigencia, es decir que integran grupos familiares que no acceden a un ingreso mínimo mensual para cubrir sus necesidades básicas. En los hogares con niños el cuadro es más crítico. Los niños con desnutrición padecen anemia y tienen en los primeros meses carencias de todo orden que repercuten en su evolución psicofísica. En consecuencia, cuando alcanzan la edad escolar tienen capacidades mínimas como para afrontar un aprendizaje normal.

A raíz de lo ocurrido en Tucumán se supo que allí, según el Sistema Provincial de Salud provincial, los chicos desnutridos llegan a 11.000. El panorama de otras zonas del país no es tan diferente. Citaremos sólo algunos ejemplos.

En la capital de Salta, donde viven 502.316 personas, el 66 por ciento está bajo la línea de pobreza y el 37,1 bajo la línea de indigencia. Cáritas, que tiene 50 comedores en la provincia, asiste a 12.000 personas, de las cuales 2.000 están desnutridas. Según el Ministerio de Salud provincial, el 55 por ciento de los menores de 6 años está controlado nutricionalmente, pero sólo el 22 por ciento es por demanda espontánea. El resto se cubre a través de la búsqueda activa de agentes sanitarios.

En Misiones, el último censo reveló que más de la mitad de la población es pobre, cifra que en Posadas se eleva al 70 por ciento. 315 mil personas son pobres y 176 indigentes. El 50 por ciento de los niños que van al Hospital de Pediatría de Posadas está desnutrido. Y el 10 por ciento, en grado 3: no reciben buena alimentación desde hace más de un año. Muchos son neonatos y bebés de meses. Nacen desnutridos, porque las embarazadas tienen hambre. Así, oficialmente son más de 15 los niños que murieron este año por mala alimentación.

En Entre Ríos la pobreza afecta al 66 por ciento y la indigencia, al 33. Este año hubo varios chicos desmayados de hambre en clases en Paraná, Concordia y Gualeguaychú. Según la Municipalidad de Concordia, el 15 por ciento de los niños que se atienden en los 14 centros de salud está desnutrido.

Fuente: INDEC: 2002.

Como se advierte en el gráfico, todos los datos de pobreza en la región Noroeste, a la que pertenece la provincia del Tucumán, son los más altos del país luego de la región Noreste, castigada por los mismos factores determinantes que la región Noroeste.

En síntesis, el mapa de la pobreza de la Argentina debiera estar presente desde hace mucho tiempo en la conciencia nacional porque es una realidad tangible, insoslayable y resultante de un conjunto de factores históricos, geográficos, sociales, económicos políticos y culturales. Que hoy estemos más advertidos de la mortalidad infantil y de la desnutrición no nos exime de culpas, a unos más que a otros. Ha llegado la hora de atacar los problemas estructurales del país, pero esto no será posible mientras no se consideren con la seriedad que merecen, atacándolos en sus raíces (el desempleo, el desarraigo, la "tragedia educativa", la política social ausente, la destrucción de las economías regionales, los problemas ambientales, entre otras causas) y sin que sirvan de excusa para campañas electorales o circunstanciales preocupaciones mediáticas.

Nota
(1) La Catástrofe Alimentaria Argentina. y la Defensa del Modelo. Por Jorge Rulli. Ecoportal. 28 de noviembre de 2002. ()

* Lic. en Geografía de la Universidad del Salvador.
Ex investigadora del CONICET.
Coordinadora de proyectos de la Fundación Educambiente.
dianaduran@speedy.com.ar

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