Salud

“Slow food”: no solo predica, practica

“Slow food” (comida lenta) es un movimiento creado por Carlo Petrini para concienciar de lo placentera y saludable que puede resultar una comida, si se comienza a respetar el medio ambiente al prepararla, se come despacio para poder deleitar los sentidos y se aprende a identificar y diferenciar sabores naturales y artificiales.”

“Slow Food” es una organización mundialmente reconocida fundada en 1989 para evitar la desaparición de las culturas alimentarias locales y tradiciones, contrarrestar el surgimiento de la llamada ”vida rápida” y luchar por que la gente sea consciente de los alimentos que consumen, de dónde vienen, cuáles son sus componentes y cómo las elecciones alimenticias afectan al mundo que les rodea.

Desde sus inicios, “Slow Food”  ha crecido hasta convertirse en un movimiento global que involucra a millones de personas y que está presente en más de 150 países, donde cada integrante trabaja para asegurar que todos tengan acceso a una alimentación correcta, saludable y justa.

Esta organización cree que la alimentación de cada uno está vinculada a muchos otros aspectos de la vida, incluyendo la cultura, la política, la agricultura y el medio ambiente. A través de sus consejos y su denodada lucha, pretenden influir de manera colectiva en las diferentes opciones de cultivos y la producción y distribución de los alimentos, con el objetivo de lograr profundos cambios que beneficien a los consumidores y al medio ambiente.

La filosofía de “Slow food”

“Slow Food” imagina un mundo en el que todos los individuos puedan acceder a una comida realmente buena y por supuesto disfrutarla, que ésta no agreda con su producción, manipulación o desechos al medio ambiente y que al mismo tiempo resulte accesible para todos y a precios justos. Su máxima es conseguir que los productos resulten: buenos, limpios y justos.

La lucha se centra en lograr que la gente sea consciente que cambiar su vida es posible, que no hay que confundir términos como eficacia con frenesí, que cada ser humano es capaz de redescubrir la riqueza infinita de una cocina local, que si entre todos le plantamos cara a los sistemas de producción masivos estaremos ayudando al medio ambiente y evitaremos que los paisajes se vean afectados, a la vez que este cambio de estilo de vida combatirá el empobrecimiento generalizado de las mayorías y beneficiará no solo a nuestra salud, sino a la cultura y al porvenir.

Una anécdota “creadora”

Dos hechos se unieron de manera casi fortuita y dieron lugar al nacimiento de “Slow food”. Estos fueron: la instalación en Roma del 1er. Mc. Donalds en 1986 y una visita del por entonces crítico gastronómico y sociólogo Carlo Petrini a un establecimiento con el fin de deleitarse con una comida llamada “peperonata”, que cocinaba un amigo suyo.

Uno de los temas de los que se habló antes de comer fue de la apertura del famoso local de comidas rápidas, que conmocionó a los romanos en especial y a los italianos en general, tanto que hasta el New York Times se hizo eco de ello y publicó una nota especial sobre el tema.

La comida, que tanto le gustaba a Petrini, estaba insípida, desabrida y francamente espantosa, lo que suscitó las quejas a su amigo, quien se excusó explicándole que el problema era que los costos de los pimientos de Asti (ideales para la preparación de su famosa “peperonata”) ya no eran competitivos, dejando de ser redituable su producción y que los que podía comprar venían de los Países Bajos y eran los culpables de la falta de sabor. En un lamentable quid pro quo, le comentó que en los antiguos invernaderos de pimientos, ahora se cultivaban bulbos de tulipanes con destino a Holanda.

Ante lo que Petrini denominó como “paradojas” de la globalización y las agroindustrias, decidió que era el momento de poner manos a la obra y de hacer algo tangible, con el fin de comenzar a cambiar las cosas. Ese año fundó Arcigola y en 1989 el movimiento eco-gastronómico llamado “Slow food”, comida lenta, en contraposición con la moda impuesta de la “comida rápida”. Su símbolo es por supuesto, un caracol.

Vivir como se predica

Una muestra de que sí es posible adoptar este estilo de vida, está en la pequeña ciudad de Carmagnola, perteneciente a la provincia de Turín en el Piamonte italiano, donde existe una granja propiedad de los hermanos Crivello, que se adecúa a la perfección a los principios sostenidos por “Slow food”, movimiento al que ambos pertenecen desde hace más de 10 años. Se dedican principalmente a la producción de pimientos, pero también cultivan otras hortalizas, con cariño y dedicación.

Su cosecha depende de unas 2000 plantas del llamado “Cuerno de buey” y se jactan de que la cantidad que obtienen no es grande, pero todo el proceso está bien hecho, que es su principal objetivo. Sin necesidad de usar herbicidas, conservantes ni aditamentos químicos, recurren a las mariquitas, una de las variedades de los llamados “insectos beneficiosos”, que combaten los pulgones y ácaros con efectividad y sin contaminar. Los hermanos Crivelli pregonan orgullosamente que en su establecimiento no se come veneno.

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