Salud

Tabaquismo, alcoholismo y consumismo

Si la naturaleza de nuestro organismo, es invadida por sustancias químicas tóxicas que destruyen la salud del cuerpo humano, pues el milagro fortuito de la vida se convierte en el único enemigo a vencer, por culpa de la ignorancia que fuman, beben y compran sus peores verdugos.

Por Carlos Ruperto Fermín

Dicen que el amor es la cura para todas las enfermedades, y que todas las enfermedades son causadas por la falta de amor. Cuando en nuestras vidas no hay un vínculo afectivo lo suficientemente sólido, como para aceptar el simple desafío de la mágica existencia humana, entonces quedamos expuestos a las voces del odio, del rencor y de la traición.

Aunque el planeta Tierra gira una y mil veces alrededor de su querido Sol, jamás comparte las legendarias señales de cansancio, que delatan la tristeza de un viaje solitario. Pero por desgracia, la realidad transitada a diario por los Seres Humanos, es tan agotadora, exigente e iracunda, que parece una misión imposible salir ileso de la psicosis vislumbrada.

Todos los días protagonizamos un asfixiante círculo vicioso, lleno de reclamos laborales, presiones sociales, debilidades emocionales, bombardeos publicitarios, conflictos familiares y problemas económicos, que agudiza la entrada de la ansiedad, del nerviosismo, de la confusión, del estrés y hasta de la victimización, por tanta locura acumulada en el iris de nuestros ojos, que tampoco podemos sacar de la cabeza para volver a empezar de cero.

El tiempo nos transforma en los mejores esclavos del tiempo. La rutina, la costumbre, la moda y el apego a un estilo de vida insano, va carcomiendo el juicio crítico de toda la Humanidad. Por eso, nos convertimos en la presa fácil de los mejores depredadores capitalistas del siglo XXI, que se encargan de envenenar nuestra salud física y mental con un puñado de adicciones, prestas a rentabilizar todo el arsenal de licor, nicotina y dinero, obtenido con el clásico lavado de cerebro y adoctrinamiento de masas que sufren sus esclavos de turno.

De allí, que la miseria espiritual ostentada por la industria de los estupefacientes a nivel global, se paga con la tremenda dependencia que generan sus productos comerciales, en cada una de las neuronas pisoteadas por los enfermos consumidores, quienes pierden la fuerza de voluntad para rechazar el cigarrillo, el alcohol y la muerte.


Es triste reconocer que la historia de dolor que sufren millones de personas en el Mundo, por no poder resistirse al vicio de fumar y beber en demasía, es la principal condición psicológica empleada por Marlboro, Kent, Lucky Strike, Budweiser, Camel, Heineken, Chesterfield, Baisha, West, Dunhill, Pall Mall, L&M, Miller Lite, Newport, Corona Extra, Pilsener, Winston, Viceroy, Parliament, Lark y el resto de engendros corporativos, que se encargan de fabricar, distribuir y elevar el gran negocio del genocidio, para que la devoción siga aflorando infinitos billetes de sangre, y rindiendo sus lucrativos frutos a mansalva.

Resulta muy sencillo caer de rodillas en la tentación consumista del tabaco y del alcohol, ya que a nuestro alrededor hay un sinfín de establecimientos que estimulan el placer, y venden la suavidad del suicidio asistido al mayor y detal. Entre supermercados, bodegones, kioscos, cafetines, restaurantes, farmacias, panaderías, tiendas de abarrotes y demás espacios comerciales, se busca que el tráfico de la mercancía en demanda, satisfaga todas las fantasías de la clientela.

Además, las mafias latinoamericanas y extranjeras que venden los psicotrópicos en nuestras ciudades, aprovechan el vertiginoso ritmo de vida de sus consumidores, para recordarles el derecho y el deber de continuar fumando y bebiendo a cántaros, gracias a la presencia de hiperactivos proveedores y contrabandistas que abundan en las calles, en las plazas, en los autobuses, en los colegios, en las universidades, en los estadios deportivos, en los hospitales, en los tribunales, en las iglesias, en los geriátricos y en los cementerios.

No es casualidad que anualmente mueren más de 10 millones de personas en el planeta Tierra, por el consumo prolongado de cigarrillos y bebidas alcohólicas, que incendiaron la sagrada chimenea de la vida, con aquellas inolvidables borracheras de madrugada. Lo peor, es que cada año fallecen más de 750.000 latinoamericanos, cuya defunción está directamente vinculada con el consumo de tabaco y alcohol. Una funesta y repetitiva estadística de mortalidad, que se acrecienta conforme las transnacionales intentan ocultarla y silenciarla.

Sin embargo, la multimillonaria perversión de las empresas cerveceras y tabacaleras del globo, sobrepasa la típica desinformación que resiente la ciudadanía, pues por muy animal o bestia que sea un individuo de carne y hueso, ya es de dominio público todos los inconvenientes que causan las drogas psicoactivas, al entrar y permanecer en nuestro agonizante organismo.

Ya sabemos que el tabaco produce aneurismas, bronquitis, apoplejía, vómitos, osteoporosis, irritación ocular, caries, halitosis, neumonía, ataques cardíacos y distintos tipos de cáncer (pulmón, laringe, páncreas, esófago, útero, colon, riñones). La obstrucción crónica de los pulmones, el aumento de la presión arterial, la úlcera de estómago, el envejecimiento prematuro de la piel, y la terrible disfunción eréctil que sufren los consumidores, son otras de las consecuencias que nacen de un cenicero.

De igual manera, ya sabemos que el alcohol produce náuseas, depresión, cirrosis hepática, avitaminosis, disuria, jaquecas, entumecimiento corporal, paranoia, derrames cerebrales e infartos. La desinhibición temporal, la infiltración grasa del hígado, el desequilibrio hormonal y el síndrome de alcoholismo fetal, son otras de las consecuencias que nacen de unos posavasos.

Pero, la verdadera interrogante a responder es la siguiente ¿Por qué si todas las personas saben que fumar y beber es muy dañino para la salud, continúan fumando y bebiendo sin un ápice de arrepentimiento?

Es precisamente allí donde la eterna Sociedad del Consumo, hace gala de sus estrategias de marketing, de sus bajos instintos y de su poder de convencimiento, para que toda la gente analfabeta se dedique a cavar los hoyos de sus propias tumbas. No hay lágrimas, no hay piedad, no hay consuelo. El único objetivo del Diablo es vendernos más cajas de cigarros, más latas de cervezas y más botellas de licor, para que la sobredosis no escuche los latidos del coma etílico, jamás huela el humo del paro respiratorio, y nunca sienta las palabras de sobriedad.

Estamos inmersos dentro de una maraña comunicacional, que endiosa lo malo y sataniza lo bueno. A cada instante nos bombardean con una serie de mensajes audiovisuales que pretenden volvernos adictos al alcohol y al cigarrillo. Basta con apreciar el arsenal de spots, telenovelas, clips musicales, películas, videojuegos, dibujos animados, letreros, grafitis, canciones, banners, pancartas, y demás contenidos malintencionados que se proyectan a full color en la televisión, en el cine, en las calles y en la Web, buscando glorificar el mal hábito de fumar y beber durante las 24 horas del día.

Trabajando el contexto subliminal del mensaje difundido, vemos que las transnacionales hipnotizan y obligan a que sus consumidores, se dispongan a comprar todos los productos comerciales ofertados. Para lograrlo, se utiliza la sensualidad que provoca una mujer posando en bikini, la seguridad que transmite un hombre portando la escopeta, la euforia que explota al gritar un gol en el minuto noventa, la envidia que derrapa el piloto de un costoso automóvil de carreras, y hasta la exposición ilegal de niños y adolescentes, quienes sueñan con emular y heredar el mal ejemplo representado por sus enfermos padres.

Si eres valiente y te atreves a fumar y a beber, la sociedad te convertirá en un dios, en un crack y en un genio. Gozarás de popularidad, admiración y respeto por doquier. Ya nada ni nadie podrá doblegar tu espíritu rebelde.

Si eres cobarde y no te atreves a fumar ni a beber, la sociedad te llamará tonto, miedoso y maricón. Gozarás del rechazo, de la burla y de la enemistad de tus semejantes. Ya nada ni nadie podrá salvarte de la soledad.

Por miedo a toser en soledad con los dientes amarillos, los consumidores terminan rindiéndose a los pies del alcohol y del tabaco, pensando que el éxito o el fracaso de sus vidas en el plano profesional, amoroso y familiar, dependerá del número de tragos que ingieran o del número de cigarros que fumen a diario.

Primero pierden la capacidad de discernimiento, luego pierden el autocontrol en caso de enfrentar situaciones adversas, y finalmente pierden el gran valor de la autoestima. Así, las personas se ahogan definitivamente en el vicio de los narcóticos, siendo cada vez más difícil recuperar el amor propio, y recobrar las ganas de salir del atolladero.

Por eso es que muchos consumidores asumen frases derrotistas y evasivas, tras cuestionarles la adicción que sufren hacia los cigarrillos y a las bebidas alcohólicas. Es frecuente que digan “es que quiero pero no puedo dejarlo”. Se auto-engañan al afirmar “yo puedo dejarlo cuando yo quiera”. Evitan la crítica constructiva manifestando “ya estoy grande para recibir sermones”. Y hasta justifican el penoso vicio diciendo “igual todos nos vamos a morir”.

Ese trastorno de personalidad que sobrellevan los consumidores, es totalmente aprovechado por las codiciosas transnacionales, que deciden colocarle nombres graciosos y sugestivos a sus cigarrillos y cervezas, para seguir alterando la conducta y el temperamento de las personas, quienes necesitan fumar o beber para sentirse con ímpetu, con bríos y con engreimiento.

La inseguridad de los consumidores es aplaudida por Quilmes, Polar, Indio, Bavaria, Cristal. Gitanes, Don Rey, Imperial, Estrella, Belmont, Jockey, Cienfuegos, Delicados, Casablanca, Faros, Rumba, Te-Amo, Premier, Águila, Cacique, Kool, Bohemios, Victoria, Alas, Derby, Montecristo, Elegante, Glory, Armada, Capri, y demás ratas drogadictas que se siguen llenando los bolsillos de plata, mientras la gente queda ciega, sorda y muda en la gran burbuja capitalista.

En ese mortífero espejismo de vida creado por las marcas comerciales, NO importan los golpes de suerte, los parches transdérmicos, los chicles masticables, las sesiones hipnóticas en el sofá, los atomizadores nasales, los bíblicos aforismos religiosos, las terapias farmacológicas, los grupos de autoayuda, ni cualquier otro esfuerzo de carácter mental, que pueda bloquear el impulso de los consumidores, e implique la abstinencia al alcohol y al cigarro.

Con filtro o sin filtro, en la composición química de los cigarrillos se han encontrado heces fecales, larvas y moho, que debemos sumarle al famoso cóctel de nicotina, amonio, monóxido de carbono, alquitrán, acetona, cianuro y butano.

Con espuma o sin espuma, en la composición química de las cervezas se han encontrado rastros de orina, jarabe de maíz transgénico, cola de pescado, propilenglicol, carragenina y tintes sintéticos, que debemos sumarle al famoso cóctel de arsénico, bisfenol A y plomo.

Es increíble observar el grado de putrefacción social, que adolece gran parte de la Humanidad. El capricho, la terquedad, y el conformismo de vivir alejados de la introspección, NO permite que los consumidores sean conscientes de sus defectos y virtudes, ante el nefasto efecto placebo que reciben de sus fatales adicciones. Lo afirmamos, porque la mayoría de los fumadores y bebedores empedernidos que conviven junto a nosotros, son las víctimas más inocentes del perverso juego impuesto por Philip Morris.

Ese maldito juego que destruye sueños, que destruye familias, y que destruye hogares. Esa maldita trampa que fulminó la sonrisa de Belén, con tanto bullying en las escuelas, con tanta violencia de género en las casas, y con tanta promiscuidad abortada. Al final, el cigarrillo y el alcohol te dejan postrado en una cama con insuficiencia renal, te dejan ahogado en un tanque de oxígeno dependiente para poder vivir, y te dejan llorando con una insoportable acidez gástrica en las entrañas.

De hecho, los multimillonarios dueños de los consorcios tabacaleros y licoreros del Mundo, nunca pagarán la pobreza de tu sórdido funeral de domingo, porque concentrarán todas las energías en venderle más droga a tus hijos, nietos y sobrinos. No obstante, el show siempre debe continuar, por lo que el Nuevo Orden Mundial se vale del uso del cigarrillo electrónico, para que la supuesta ayuda tecnológica de la ciencia moderna, permita expandir el mercado del narcotráfico hasta el genuino aroma de la pubertad.

Es consabido que en la mayoría de los países de América Latina, existen leyes antitabaco en plena vigencia constitucional, para regular su producción, publicidad y venta a la población, así como restringir el consumo de cigarrillos en los espacios públicos cerrados, con el fin de lograr los ambientes 100% libres de humo tabacalero.

Pero la verdad, es que todo el marco legal reglamentario se convirtió en letra muerta, la cual es muy bien aprovechada por los dueños de los clubes nocturnos, de los casinos y de las discotecas, para que los jóvenes menores de 18 años, los abuelos con tendencia asmática y hasta los indigentes aburridos, puedan disfrutar del circo sin pensar en la ley seca electoral, en el pago de las unidades tributarias, en la clausura de los bulliciosos establecimientos, y en la privación de libertad de los propietarios.

No olvidemos que el llamado “humo secundario”, el cual es inhalado por las personas (fumadores pasivos), que se ubican cerca de los individuos que están fumando los cigarrillos (fumadores activos), también es responsable de enfermedades respiratorias y daños graves a la salud, en especial, para los bebés recién nacidos y niños en etapa preescolar, quienes pueden ver afectado su crecimiento físico e intelectual, por las más de 4000 sustancias perjudiciales que los cigarrillos desprenden en cada divina fumata.

Si bien cada nueva generación de Seres Humanos, comete el mismo error conceptual de su descendencia, es obvio que la sobrepoblación contribuye a engrosar la crisis cultural del siglo XXI. Toda la injusticia, desesperanza e impunidad que cohabita en las calles del planeta Tierra, se transforma en el ADN que mueve a las grandes sociedades multiculturales del orbe, donde jamás se prioriza la sana interacción del trinomio Hombre-Ambiente-Sociedad.

Lo aseveramos, pues los recursos naturales siempre son aniquilados por las adicciones que sufre el Homo Sapiens. Cuando usted fuma y bebe, incrementa los niveles de polución ambiental, la extinción de la fauna autóctona y la degradación de suelos, ríos, lagos, playas, parques, campos y quebradas, por la acumulación de tapitas, latas, colillas y botellas, que ensucian la hermosa geografía de los pueblos latinoamericanos.

Es común que los conductores de automóviles, peatones y transeúntes, arrojen cigarrillos aún prendidos en la vegetación de áreas verdes, en el asfalto de la carretera, y hasta en el piso de sus propias viviendas. El humo, el fuego y la ceniza que desprende esa tremenda negligencia ambiental, son los grandes culpables de muchísimos incendios forestales en zonas boscosas, de explosiones por retención de gases en oficinas, y de accidentes domésticos que matan la vida de nuestros seres queridos.

Vale aclarar, que para la fabricación de las bebidas alcohólicas de consumo masivo, las industrias cerveceras malgastan millones de litros de agua potable para producir el veneno líquido. Generalmente construyen sus gigantescos centros empresariales, en los espacios territoriales pertenecientes a pueblos originarios y a sectores campesinos, que deben soportar la estruendosa maquinaria pesada, la usurpación de sus tierras fértiles, y la contaminación de los ecosistemas que aprovechan para subsistir.

A lo largo del artículo, demostramos el nexo que existe entre el alcoholismo, el tabaquismo, y la propaganda mediática impuesta por la infraestructura capitalista del siglo XXI, para que sigamos derrochando el dinero en cigarrillos y licores, a cambio de recibir enfermedades degenerativas incurables.

Vimos lo conveniente que significa enfermar a la gente con cáncer de pulmón y con cáncer de hígado, mientras las transnacionales y sus productos, las farmacéuticas y sus doctores, y los medios de comunicación privados con sus publicidades, se la pasan manipulando a las hormigas, embruteciendo a los osos, y lucrándose del millonario hormiguero.

Por tal motivo, el 31 de mayo se celebra el Día Mundial sin Tabaco, y el 15 de noviembre se festeja el Día Mundial sin Alcohol. Las dos efemérides plantean masificar la información que señala los riesgos del tabaco y del alcohol, en aras de crear conciencia en las comunidades y sus habitantes.

Recuerda que NO se trata de prohibirle el vicio a nadie. Tan solo buscamos que enfatices tu comprensión lectora, y apliques la inteligencia para sacar tus propias conclusiones.

Todos tenemos un familiar, amigo, vecino, maestro o colega del trabajo, que está hundido en el infierno del cigarrillo y del alcohol, por lo que NO debemos dejarlo en soledad con su problema, y aislarlo de la realidad social que vivimos a diario. Desafortunadamente, usted y yo estamos a un pasito de caer en el mismo abismo que criticamos, cada vez que evitamos ser solidarios, altruistas y empáticos, con esa mujer u hombre que cayó en franca desgracia.

Porque para escribir las historias del corazón, alguien tuvo que sufrirlas en carne propia, te pedimos que despiertes de la amarga pesadilla. Es importante que tengas la voluntad para darte una segunda oportunidad en la vida, reflexionando sobre el daño para la salud que representa el vicio del consumismo, y así poder gritarle a los dueños del alcohol y del cigarrillo ¡Basta!

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