Suelos

Agricultura Campesina y Ambiente en Cuba

Los padres le inculcaban a sus hijos que debían ser profesionales, que cualquier trabajo era preferible a ser campesino. Desde pequeños a los niños se les decía que fueran médicos, agrimensores o cualquier otra cosa relacionada con el mundo industrial urbano.

Por Ms.C. Alberto Matías González

Los padres le inculcaban a sus hijos que debían ser profesionales, que cualquier trabajo era preferible a ser campesino. Desde pequeños a los niños se les decía que fueran médicos, agrimensores o cualquier otra cosa relacionada con el mundo industrial urbano

Transformación cultural, agricultura campesina y medio ambiente en Cuba: 45 años de Revolución

El tema del campesino ha sido asumido por la teoría social desde las más diversas perspectivas y disciplinas de investigación, permitiendo conformar un entramado teórico que da luz a muchas de las interrogantes planteadas en la actualidad sobre una clase condenada, según muchos, a "desaparecer", pero que sigue existiendo y como los estudios indican se fortalece su reconocimiento y legitimidad en la sociedad actual.


Es indiscutible que entre los campesinos de las distintas épocas y regiones existen muchas diferencias, atendiendo a los cultivos que practican, a las técnicas que usan, a los vínculos que establecen con el resto de la sociedad, al clima y al relieve donde habitan, a los sistemas de creencias establecidos entre ellos, a la época y los sistemas sociales, etcétera, pero a pesar de lo diverso de los soportes materiales y culturales en que se desarrollan, existen elementos comunes que los identifican y que al mismo tiempo nos facilitan una aproximación conceptual.

Generalmente, se comprende al campesino como aquel que tiene algún acceso a la tierra (Bartra, A., 1998) que labora por cuenta propia, utilizando el concurso de su familia y centrando su atención en garantizar la subsistencia y la supervivencia, "única característica compartida por todos los campesinos a lo largo y ancho del mundo", (Berger, J., 1979).

Dentro de las prácticas agrícolas establecidas, las que desarrollan los campesinos son reconocidas porque tienen muchos puntos de coincidencia con las propuestas actuales de desarrollo sostenible para la agricultura por haber cultivado durante siglos una tradición de espontánea sustentabilidad que la agricultura convencional no ha borrado del todo.

En el caso cubano, la evolución de la agricultura campesina y su repercusión ambiental ha estado caracterizada por la incidencia de factores culturales propios. Describir los que consideramos más significativos es la intención del presente artículo haciendo hincapié en la etapa de la Revolución.

Los estudios nacidos desde las ciencias sociales acerca de la problemática campesina, generalmente eluden el contexto ambiental en que se desenvuelven dichas comunidades; la sociología y las ciencias económicas han dirigido sus esfuerzos hacia aspectos relacionados con la movilidad social, las estructuras socio-clasistas, los problemas relativos a la fuerza de trabajo, la cuestión del género, la eficiencia económica, etcétera. Desde la perspectiva de las ciencias agropecuarias se abordan entonces las cuestiones referidas al medio ambiente natural, pero desvinculados del contexto social. Es por eso que se puede afirmar que existe un abismo entre ambos enfoques.

Creo que se debe comenzar por destacar el papel de las políticas agrarias instituidas, como promotoras de nuevas estructuras productivas, así como las ideologías que la sustentan. La sociedad rural cubana ha participado de profundos cambios estructurales debido a los modelos de desarrollo agrario implementados por la Revolución. Por su importancia y repercusión creo que hay que señalar tres eventos esenciales: la política de protección mercantil a los productores nacionales, las leyes de Reforma Agraria y las políticas de estímulo al cooperativismo.

Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959 se estableció una política de protección a los productores nacionales, limitando la entrada de muchos productos agrícolas extranjeros. El desarrollo agrario en un mercado protegido permitió crear espacios para cultivos que, aunque se practicaban con anterioridad, no tenían un peso significativo en los ingresos económicos de los campesinos; esto en el sentido económico obtuvo beneficios para estos agricultores. Por otra parte, la débil oferta de muchos de estos productos en el mercado estimuló la subida de los precios, lo que también reportó beneficios que incidieron favorablemente en su nivel de vida.

La introducción de nuevas producciones generó mayor diversidad agrícola, que si bien resultó y ha permitido la reproducción de la familia campesina, también limitó los espacios dedicados a la cría de ganado mayor; con ello se alteran las prácticas de barbecho tradicional, muy favorables desde el punto de vista ambiental, pues permiten la protección del suelo. Además, la diversificación de la producción ha exigido un uso más intensivo de la tierra y con ello los males que implica el desgaste de la misma, por la erosión y la pérdida de fertilidad, al no estar acompañada de conceptos ambientalistas en su manejo.


Conjuntamente, las facilidades brindadas por el mercado en que participan no plantea exigencias ambientales, todo lo que producen se vende y a buen precio; tampoco los consumidores incluyen entre sus criterios para seleccionar un producto la cuestión ecológica. Este es un elemento desfavorable como motor potenciador de una conciencia ambientalista.

Este tipo de mercado, además, hace posible la coexistencia de sistemas técnicos obsoletos de agricultura muy tradicional y ecológicamente no sostenibles por el derroche económico de recursos, con sistemas técnicos modernos, nacidos bajo la influencia de la Revolución Verde, que también y en muchos casos son ambientalmente insostenibles, aunque viables en lo económico, ya que aumentan los rendimientos.

En el caso de la Reforma Agraria, la primera ley se aprobó el 17 de mayo de 1959, la cual declaró que en Cuba (Valdés, 1990; Castro, 1974), no debían existir propiedades de más de 30 caballerías y que ningún campesino pagase renta por las tierras que trabaja con su esfuerzo y el de su familia. Como consecuencia de esta ley recibieron sus títulos de propiedad más de 100 mil campesinos. Esta medida reafirmó, de una manera espontánea, el sentido de identidad de muchos productores con la tierra, lo que se expresó en el cambio del paisaje rural; al sentirse propietarios mejoraron sus viviendas, introducen nuevos cultivos, aparecen los frutales en los bateyes de las casas, etc.

En cuanto al cooperativismo, hay que señalar que a partir de las leyes de reforma agraria se comenzó a estimular, desde los mismos años 60, formas asociativas: las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y las Asociaciones Agropecuarias, que convergen en el movimiento cooperativo de los años 70 y el 80 a través de las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA), y en los 90 la creación, a partir de las tierras estatales y de los obreros agrícolas que trabajaban en ellas, de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), nacidas como alternativa a la crisis de la agricultura estatal, iniciada después del derrumbe del socialismo en Europa del Este.

Las CCS son instituciones administrativas y productivas que agrupan campesinos propietarios individuales que socializan algunos servicios, medios técnicos y compromisos estatales y financieros, y tienen personalidad jurídica propia. Después de la década del 90 se refuerza la idea y con ello el apoyo a una agricultura familiar con la entrega de nuevas tierras en usufructo y el fortalecimiento de estas instituciones.

La CPA constituye un nivel de socialización mayor, pues la tierra que laboran y todos los medios de producción están socializados, son propiedad de los asociados, quienes se incorporaron a ella de manera voluntaria.

Independientemente del éxito o no del cooperativismo es indudable que han sido vehículos para la transferencia de tecnología como formas de organización productiva, proceso que indudablemente ha tenido una influencia ambiental significativa como resultado del hecho de que las fincas de los campesinos interactúan con CPA.

Un elemento significativo de esa influencia tecnológica y con ello ambiental ha sido el proceso de universalización del uso del tractor en la agricultura. Las CPA junto a las empresas agrícolas estatales han sido los ejemplos clásicos de utilización excesiva del tractor; el Estado le dio prioridad a partir de un modelo productivo que centró su atención en la agricultura a gran escala, basado en el uso de la ciencia y la técnica. Este tipo de instituciones productivas que fueron concebidas con este fin ejercieron una influencia significativa en el resto de la agricultura. Hoy son los campesinos los dueños de muchos de esos tractores.

Desde otro ángulo y relacionado con las cosas anteriormente planteadas, hay que señalar, como otro elemento, la influencia de la modernidad, ideal de la cultura universal que ha marcado el diseño de las tecnologías y las práctica técnicas de los últimos siglos. Es la propuesta que sienta sus esperanzas de liberar al hombre sobre la base del dominio de la naturaleza y la sociedad humana, usando la ciencia y la tecnología. No se va a entrar a evaluar la justeza o no de estos ideales, pero lo que está claro es que el deterioro actual del medio ambiente tiene entre sus causas haber asumido de forma exagerada muchas de las propuestas y comportamientos de este ideal y que el término de dominio de la naturaleza en realidad se entendió, en muchas prácticas técnicas, como esclavización de la naturaleza por el hombre.

La idea del progreso es uno de los valores compartidos por la modernidad, surgida en el siglo XVIII, asociada con el camino de la prosperidad y la civilización, y con el reconocimiento de que la humanidad avanza del pasado a un futuro mejor, transitando de etapas técnicamente menos desarrolladas a etapas más desarrolladas, donde lo agrícola es lo atrasado y lo industrial es el símbolo de la prosperidad, por lo tanto todo lo que acerque lo agrícola a la industria es parte de ese camino hacia el progreso.

Esta idea de la modernidad, ampliamente elaborada y plasmada en teorías y tratados y difundida por los medios como propuesta totalizadora y universalizadota, toma existencia en los campesinos formando parte de sus lógicas de pensamiento y actuación. Desconociendo sus entramados académicos, asumen su espíritu haciéndolos, en muchos casos, pasar como logro de sus propias iniciativas, sin percatarse de que ocultos tras múltiples configuraciones se erigen los estrategas de la ideología, de los que apenas tienen noticias. Esta ideología proyectó imágenes negativas hacia lo campesino, desde lo urbano.

Por qué vías y de qué manara los campesinos cubanos actuales se apoderaron de esta ideología. Para responder a estas interrogantes, se tiene que indagar en la historia cultural de formación del sistema de relaciones sociales existentes. Considero los principales factores:
* Los padres le inculcaban a sus hijos que debían ser profesionales, que cualquier trabajo era preferible a ser campesino. Desde pequeños a los niños se les decía que fueran médicos, agrimensores o cualquier otra cosa relacionada con el mundo industrial urbano. Este espíritu se estimula con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, cuando se brindaron facilidades para estudiar y muchos jóvenes hijos de campesinos tomaron ese camino y se convirtieron en facilitadotes de las propuestas asociadas al paradigma de la agricultura industrial.
* El Servicio Militar Obligatorio jugó su parte. Los jóvenes hijos de campesinos que arribaban a los 16 años debían incorporarse al mismo; generalmente, iban para unidades militares que casi siempre estaban ubicadas en zonas que los ponían en contacto con lo urbano y muchas veces fuera de las regiones donde vivían. Allí se vincularon a las ciudades, obtuvieron experiencias nuevas que aplicaron después a su regreso. Algunos no regresaron como agricultores, aprendieron profesiones que le permitieron encontrar trabajo en las ciudades; muchos de estos regresaron luego de varios años dedicados a labores no campesinas.
* La política estatal a favor de la aplicación de los logros de la ciencia y la técnica moderna, las instituciones estatales se hicieron partícipe de este ideal lo que quedó plasmado en los documentos oficiales del Estado y del Partido Comunista de Cuba (PCC). Así, por ejemplo, en las Tesis y Resoluciones, aprobadas en el Primer Congreso del PCC en 1975, se expresa: "El amplio uso de agentes químicos y la determinación científica de su aplicación más racional es otra expresión del progreso técnico del agro", pág. 633; y en el Programa del Partido Comunista de Cuba se afirma que "El sector agropecuario basará su expansión fundamentalmente en el aumento de los rendimientos. Para ello, este sector deberá pasar a una etapa más intensiva de su desarrollo; los principales factores de su crecimiento estarán dados por la concentración y especialización de la producción y la ampliación masiva del progreso científico técnico", pág. 33. Es evidente que a nivel institucional se asimiló este discurso de modernización, lo que no se puede disociar del hecho de que es la política del Estado de un país sumido en el atraso de siglos de colonialismo y neocolonialismo y es lógico que se busque en la ciencia y la tecnología una palanca para salir del subdesarrollo.
* La influencia de la Revolución Verde, primero desde Estados Unidos y después desde la URSS (que a pesar de las diferencias de sistemas de un país a otro fue la misma propuesta, Altieri, 2001) indujo a los campesinos al consumo de insumos agrícolas de origen químico y a la mecanización.

* El hecho de que los campesinos más jóvenes hayan pasado por las Escuelas en el Campo, instituciones que aplican el principio martiano de vincular el estudio con el trabajo desde una perspectiva educativa, generó vínculos con las prácticas agrícolas de las empresas estatales, muy asociadas al gigantismo y a los métodos de la Revolución Verde. Para muchos fue en estas instituciones donde realizaron por primera vez como parte de una responsabilidad, actividades agrícolas: allí aprendieron.


Hay que señalar que entre los campesinos ese espíritu modernizante ha sido parcial; coexisten el tractor con la yunta de buey, la cría rústica y tradicional de cerdos con influencias de la cría industrial, etc.

Ya en la década de los 90 y provocado por la caída del socialismo en Europa del Este y el aumento de las presiones del gobierno de Estados Unidos sobre Cuba amentaron considerablemente las limitaciones en la oferta de abonos de origen químico, de combustible y piezas de repuesto para el funcionamiento de los tractores. Estas circunstancias, unidas al interés institucional, han favorecido la búsqueda de alternativas en la agroecología, a partir de la difusión de técnicas como el compost, los abonos verdes, la lombricultura, controles biológicos, la rotación científica de los cultivos, etc.

Estas propuestas no han sido asumidas con mucha pasión por los campesinos; en un inicio, es más una iniciativa promovida por el Estado, las instituciones educacionales, las ONG, los medios de difusión y el movimiento de campesino a campesino, que han encontrado eco en campesinos líderes de las diferentes regiones y se han ido difundiendo con lentitud. No obstante a eso constituye una perspectiva ambientalista prometedora atendiendo al significado y al calor con que sus promotores la han acogido en el país.

La iniciativa agroecológica en la agricultura campesina debe superar otras limitaciones asociadas a la falta de estímulos económicos para los productos orgánicos y al hecho de que aunque a nivel de país ha disminuido el uso de abonos químicos y de pesticidas. Parte de los que se destinan al uso de empresas estatales y UBPC son desviados a través de mercados informales a manos de los campesinos y como no existen datos de la magnitud de este fenómeno, por la complejidad que representa, es muy probable que lejos de disminuir su uso haya aumentado en los últimos años en el sector campesino.

Puede apuntarse también como elemento de significación el hecho de que el sistema de creencias, en relación a las técnicas agrícolas, difiere entre los campesinos de padres a hijos. Los hijos son más propensos a la innovación y a la introducción de técnicas influidas por la Revolución Verde, lo que ha estado condicionado por haber estado expuestos más a la modernización. Dándose un cambio en la toma de decisiones técnicas a favor de los más jóvenes son estos los que más deciden, lo que favorece la asunción de actitudes más agraristas. El lado negativo está en que se aprecia una pérdida de autoridad de quienes conservan muchas de las creencias y comportamientos de prácticas agrícolas conservacionistas de los recursos naturales.

No podemos dejar de mencionar la política del Gobierno Revolucionario hacia la elaboración y consolidación de un sistema jurídico, con base constitucional, de protección al medio ambiente en que habitan los campesinos, que incorpora leyes, decretos y resoluciones para proteger, conservar y mantener los recursos naturales (La O Sosa, 1997), como las aguas, los suelos, la flora y la fauna. Todo ello evidencia una preocupación estatal y de la sociedad cubana por proteger los recursos naturales.

La sociedad cubana hoy está llamada a continuar rescatando el ambientalismo tradicional espontáneo de los campesinos para romper con un contexto cultural que asimiló parte de los rápidos efectos de la modernización con su carga de fungicidas y pesticidas, y sus daños medioambientales. Esa tradición existe, sin embargo, sus efectos son tenues; el reclamo por el medio ambiente les llega a los campesinos a través de las formas instituidas estatalmente y no de esa tradición, a pesar de la actividad del movimiento de campesino a campesino.

Bibliografía.

Altieri, M. (2001); Con Miguel Altieri, Sin el saber ancestral la agricultura está perdida. Entrevista realizada por Carlos Amorío. Disponible en: http://www.erres.org.uy/noti1101h.htm.
Bartra, Armando (1998); "Dataterra" Seminario Reforma Agraria e Democracia: a perspectiva Las sociedades civiles: Instituto de Estudios para el Desarrollo Rural
Berger, John (1979); Puerca Tierra, Epílogo histórico. Disponible en: http://soria-goig.com/despoblacion/despo_03.htm
Castro, Fidel. (1974); Discurso en conmemoración de la muerte de Niceto Pérez, del XV aniversario de la primera ley de Reforma Agraria y del XIII aniversario de la ANAP, 17 de mayo de 1974.
La O Sosa, Mario. (1997); Compendio de legislación agraria cubana. Dirección Nacional de la ANAP. Ciudad de la Habana,
Partido Comunista de Cuba. (1975); Programa del Partido Comunista de Cuba. Editorial Ciencias Sociales
Partido Comunista de Cuba. (1975); Tesis y resoluciones del primer congreso. Editorial Ciencias Sociales
Valdés, Orlando. (1990); La socialización de la tierra en Cuba, Editorial Ciencias Sociales.

* Profesor asistente del Centro Universitario de Sancti Spíritus; imparte la asignatura de Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Es graduado de Licenciatura en Educación, en el Instituto Pedagógico Félix Varela, de Villa Clara en 1982. Obtuvo el título académico de máster en Ciencia Tecnología y Sociedad, en la Universidad de la Habana, en el 2002. Actualmente es doctorante en doctorado curricular, Gestión ambiental y desarrollo sostenible, en la Universidad española de Girona.

Revisión por Tania Fernández P. para Ecoportal.

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