Suelos

Aspectos Económicos de la Reforma en la Agricultura Cubana

La nueva estructura de la tenencia de la tierra, sin que la Reforma haya concluido, responde a una economía agraria heterogénea por el carácter diverso y diferente de los sujetos agrarios.

Por Msc. Felipe Andrés Hernández Pentón

La nueva estructura de la tenencia de la tierra, sin que la Reforma haya concluido, responde a una economía agraria heterogénea por el carácter diverso y diferente de los sujetos agrarios.

El no reconocimiento de todo el potencial de la economía campesina, los éxitos parciales de las CPA (fomento estancado desde 1988) y el advenimiento de la crisis profundizaron el carácter especulativo de la pequeña finca ante la escasez alimentaria ?más de 155000 predios y 1160.9 miles de hectáreas-, pues se trata de economías enfiladas al mercado interno.


El modelo de desarrollo agrario cubano previo a la Reforma Económica de los años 90 priorizó la constitución de grandes empresas estatales (75 % de la tierra), y en menor medida lo conformaron las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA), conformadas por antiguos pequeños propietarios y trabajadores no aportadores de tierras, la economía privada campesina (en su mayoría agrupados en Cooperativas de Crédito y Servicios o CCS), y los parceleros o conuqueros. "El modelo estatal agropecuario identificó en una sola pieza la propiedad, la gestión y la administración directa por el Estado de las explotaciones agropecuarias a través de un sistema empresarial con poca o casi ninguna autonomía y una tupida red institucional de dirección y administración centralizada con delegaciones territoriales". (Figueroa, 2001, p.4).

A pesar de eso, se dignificó el trabajo agrícola, el proyecto social llegó a los campos en aras de procurar un equilibrio entre los niveles de vida urbano y rural, no fue forzosa la colectivización, no se expropiaron tierras ya entregadas, y en varios rubros creció la producción, así como la eficiencia expresada en los rendimientos por unidad de superficie o por hombre.

Desde luego, se sabe que la agricultura continuó jugando un papel muy importante en las tendencias negativas del comportamiento global de la economía nacional desde la década de los 80. Esto se expresó en el agotamiento del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE) instaurado desde 1975, al que se agrega el estallido de la crisis cuando desaparece la Unión Soviética y el llamado Campo Socialista, fuente del 80% del intercambio comercial y de donde se recibía la mayor parte del financiamiento externo.

La situación descrita anteriormente condujo a la decisión de reformar el sector como parte del proceso de cambios en el cuerpo económico total.
Ahora bien, ¿qué aspectos negativos se fortalecen o robustecen al derrumbarse las fuentes externas de suministros? Intentaré resumirlo como sigue:

-Enormes escalas productivas con ineficiente gestión y resultados.
-Éxodo rural acelerado debido a los pocos incentivos y, por tanto, se profundiza el déficit crónico de fuerza de trabajo.
En definitiva, al priorizarse la exportación especializada (azúcar, cítricos y tabaco en menor escala), fomentarse la industria urbana y los servicios con mejores salarios, se provoca la despoblación agraria, creciendo sin precedentes la dependencia alimentaria.
-Patrón centralista vertical en la toma de decisiones.
-Elevada concentración de la tierra en caña de azúcar y otros bienes exportables. El rápido crecimiento inversionista condujo a una agricultura altamente tecnificada, mecanizada y fuertemente consumidora de insumos agrotóxicos. El continuo salto inversionista desde 1976 no se correspondió con la eficiencia alcanzada. El subfactor fertilizante tuvo la mayor significación estadística para explicar los cambios productivos.
-Al reducirse drásticamente las importaciones (60 % de 1990 a 1993) disminuye la producción terminada agropecuaria en más de un 44%, estallando la crisis estructural agroalimentaria a enfrentar posteriormente con las transformaciones propiciadas por la Reforma, que incluyen también la transición hacia tecnologías más ?blandas?, más fuerza de trabajo y métodos agroecológicos diversos.
-Los sistemas productivos se desorganizan, sobre todo en el período crítico (1991-93) ante los imperativos de la sobrevivencia. A pesar de lo avanzado hasta hoy, aún persisten desafíos en esta dirección (descapitalización galopante). Ha sido muy complejo estimular el sector en medio de las peculiaridades macroeconómicas que comienzan a actuar, ya desde antes de la Reforma Agrícola comenzada en 1993. Tomemos como ejemplo la depreciación de la moneda nacional, la dolarización y la atracción de la economía emergente.
Por las reservas potenciales extensivas presentes (baja productividad, tierras mal usadas, etc.) debe aumentar la participación agropecuaria en el producto y la ocupación, que ya hoy no rebasan el 6.5% y el 22.0%, respectivamente (CEPAL, 2000).

El "vacío ecológico" del modelo previo a la Reforma

El "determinismo" productivista del capitalismo y del llamado Socialismo Real influyó notablemente en el devenir agrario nacional.
La economía sustentada en el latifundio antes del cambio revolucionario sobreexplotaba los recursos; por ejemplo, el boom azucarero hasta finales de los años 20 que redujo drásticamente el área boscosa, y también subutilizaba la tierra ineficientemente en virtud de la gran concentración de la propiedad y la vigencia de las cuotas azucareras de Estados Unidos.


La nueva estructura desde 1963 (Segunda Ley de Reforma Agraria), si bien liquidó graves dramas sociales (pobreza extrema, desempleo estacional, etc.), institucionalizó en la práctica la separación propiedad-gestión (o tenencia) de manera inadecuada sin correspondencia con la idea marxista del proceso continuo de identificación productor-propietario (socialización real según Lenin). O sea, se pasa por alto el elemental conocimiento proveniente de la Teoría de la Agencia acerca de la responsabilidad compartida entre el principal y sus agentes en relación a problemas de incentivos, aceptación de riesgos y presencia de asimetrías.
En la agricultura se aplicaron formas similares de gestión al sector manufacturero, sin tomar en cuenta las peculiaridades de la misma, provocando la pérdida de valores campesinos y desarraigo rural.

El enfoque antropocéntrico (desde la enseñanza) desdeñó en gran medida lo ecológico, jugando los sistemas agronómicos de paquetes tecnológicos-estación experimental-generalización de la aplicación un rol esencial del modus operandi de la conquista de la naturaleza mediante la ciencia y la técnica modernas.

Por tanto, las fuentes del crecimiento fueron:
-Apertura de nuevas tierras, unido a problemas de inadecuada utilización.
-Sustitución de culturas básicas de la dieta nacional (frijoles, viandas, etc.) por rubros exportables.
-Altísima aplicación de fertilizantes para compensar la fertilidad decreciente en explotaciones ya saturadas o en tierras inapropiadas para la caña de azúcar.
-Introducción de variedades mejoradas.
-Uso de maquinarias y otros instrumentos, provenientes en su mayoría de los países socialistas, para hacer más eficientes y humanizadas las labores.
-Formación y capacitación del personal, obteniéndose los coeficientes más altos de América Latina.

Así, la reproducción en el tiempo de esta variante cubana de Revolución Verde condujo a una mayor fragilidad de los ecosistemas, llegando incluso a la precariedad crítica en algunas zonas del país, de lo cual actualmente se tiene conciencia, o se trabaja para revertir.

En los últimos años se ha publicado bastante acerca de las afectaciones de los suelos, la pérdida de biodiversidad y la difícil problemática de los residuales.
Las cifras difieren. Pero en general, del área agrícola entre el 12% y el 14% de los suelos está afectado por salinidad y sodisidad, del 29% al 49% por erosión, del 30% al 40% por baja fertilidad (los llamados clase c), del 37% al 54% por mal drenaje, más del 60% por insuficiente contenido de materia orgánica, 30% por inundaciones, considerables áreas bajo pastoreo excesivo, la deforestación elevada en ciertas regiones, la compactación de grandes extensiones por la maquinaria pesada, pérdida da calidad de las aguas y déficit locales de estas.

Todas estas situaciones deben ser relacionadas con la pequeña superficie agrícola por habitante de la isla (0.5 a 0.6 ha), a la que al restarle lo tradicionalmente dedicado a la exportación y a los pastos, quedarían apenas 0.1 hectárea per cápita, sin olvidar la ineficiencia relativa corriente.
La mayoría de los investigadores ha reconocido la gran reducción experimentada por los métodos y tradiciones campesinas, portadores de un notable componente ambiental.

El no reconocimiento de todo el potencial de la economía campesina, los éxitos parciales de las CPA (fomento estancado desde 1988) y el advenimiento de la crisis profundizaron el carácter especulativo de la pequeña finca ante la escasez alimentaria -más de 155000 predios y 1160.9 miles de hectáreas-, pues se trata de economías enfiladas al mercado interno, excepto algunas entregas estratégicas como el tabaco.

Filosofía del cambio. Praxis de la Reforma. El ?ajuste? ecológico.

Desde 1993 con la descentralización de la propiedad pública y otras medidas se erige la base sobre la cual se construirán los posibles escenarios de los próximos años, no exentos de incertidumbres y riesgos. Las características fundamentales se detallan a continuación:


1.Modo original de "desestatización", pasando la mayor parte de la tierra y otros activos a cooperativas socialistas (antiguos obreros agrícolas y otras profesiones), llamadas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) en las ramas cañera y no cañeras, con la entrega de la tierra en usufructo gratuito y adoptando un régimen de funcionamiento económico parecido a las CPA.
Estas UBPC heredan una economía descapitalizada con los rasgos ya mencionados al inicio. El objetivo es aumentar la producción con eficiencia aceptable, lograr correctos incentivos, alcanzar autosuficiencia alimentaria y mejorar el deteriorado nivel de vida.
Es un ajuste promovido ?desde arriba? y no producto de reivindicaciones interpuestas por los productores.

2.Ampliación del sector privado y el llamado fortalecimiento de las CCS.
Por un lado crece modestamente la parcelación ("recampesinización") entregando tierras en usufructo gratuito a particulares por dos formas básicas: la parcela de autoconsumo y la parcela especializada en algún cultivo específico.
La primera variante consiste en le entrega de ¼ de hectárea prohibiendo construir viviendas u otros objetos. La segunda prioriza bienes transables estratégicos como tabaco, café, cacao, madera y otros, siendo el tamaño más elástico y permitiendo un área de autoabastecimiento y la construcción de la casa. Esta última sí parece ser un nuevo "trasplante" campesino.
También a las pequeñas haciendas privadas campesinas agrupadas en CCS se les trata de fortalecer a través de la entrega de equipos y otros medios de forma colectiva, hasta llegar a una infraestructura material y humana más desarrollada, por ahora difícil de materializar masivamente, dadas las grandes limitantes financieras.
Está previsto la fusión de algunas CCS, lo cual, sin negar las desventajas de la excesiva minifundización, pudiera también violentar importantes lazos familiares y de convivencia.

3.Nuevas modalidades de producción en el sector estatal.
Se pasa a la diversificación con tránsito a mecanismos autogestionarios, mayor visión de mercado, destacándose las granjas militares y las áreas de autoconsumo de empresas no agrícolas.

4.Cambios en la comercialización con la apertura de los mercados libres (minoritarios por el volumen de transacciones) y desarrollo de otros con distintos grados de regulación social.

5.Apertura al capital extranjero.

Así, la estructura económico social del agro se diversifica, proceso inacabado tomando en cuenta la variedad de agentes, las tareas pendientes en la distribución de las tierras y la nueva Reforma o Redimensionamiento emprendida por el Ministerio del Azúcar. Con todo esto, hoy predominan las formas cooperativas en el conglomerado agrícola nacional, aceptándose estas como eje central de la Reforma.

La nueva estructura de la tenencia de la tierra, sin que la Reforma haya concluido, responde a una economía agraria heterogénea por el carácter diverso y diferente de los sujetos agrarios.

Las cooperativas dominan en la producción cañera y son relativamente fuertes en algunos rubros alimenticios no cañeros, el sector campesino-parcelero privado mantiene la típica diversificación cíclica racional dominando las producciones agrícolas no cañeras y el Estado predomina en arroz, forestal, cítricos y ganadería de ceba.

La crisis, el reconocimiento de los inadecuados mecanismos económicos sociales y los problemas ecológicos acumulados, han propiciado que emerja una voluntad política tendiente a gestar una agricultura más compatible con los urgentes reclamos de la naturaleza, debiéndose sustituir el sector industrialista -de gran escala y fuertes insumos externos- prevaleciente en años anteriores. Como todo proceso social, no está libre de contradicciones, retrocesos parciales, formalidades y tendencias temporales disímiles.

Los objetivos que persigue el nuevo modelo económico – ambiental de la agricultura cubana son:
a)Minimizar los aportes externos (tecnologías, insumos, etc.), incorporando más los procesos naturales, como el ciclo de los nutrientes, la fijación de nitrógeno y las relaciones plaga-depredador. Se priorizan los biofertilizantes y los biopesticidas.
b)Conversión de agricultura convencional a agricultura orgánica.
c)Utilización eficiente de los factores productivos (incluyendo la tracción animal), para lograr producciones rentables y sostenibles.
d)Mayor justicia social, mejorando la cooperación, los incentivos y la participación.

El país procura, y en gran medida ya tiene muchos logros, acercarse a la visión de Desarrollo Sostenible según la FAO, aquella que "conserva la tierra, el agua, los recursos vegetales y animales, es técnicamente aceptable, económicamente viable y socialmente deseable" (Sansoucy, 1991).
Detallando algunos componentes del paso a la sostenibilidad se han obtenido avances en:
-Revitalización de la reforestación desde 1996, aunque continúan existiendo considerables recursos filogenéticos amenazados.
-Creación y difusión de los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREES) para obtener biofertilizantes, biopesticidas y el control biológico derivado de investigaciones.
-Incremento sustancial de la preparación de tierras mediante tracción animal.
-Resultados (modestos) en la rotación de cultivos, la intercalación, el empleo de leguminosas y la integración agricultura-ganadería.
Estos logros nos recuerdan la praxis tradicional campesina; o sea, se intenta reproducir (con mejores soportes técnicos) las prácticas de pequeña y mediana escalas mantenidas en el tiempo (con distinto grado de ?pureza?), quienes en definitiva fueron los que mejor soportaron los embates de la crisis.

* Profesor asistente en el Centro Universitario de Sancti Spíritus. Imparte pregrado y postgrados en el campo de la Teoría Económica, Macro y Microeconomía y Economía Agropecuaria. Es Msc. en Desarrollo Económico (1996) por la Univ. de Oviedo (España) y la Universidad Central (Cuba). Actualmente realiza el Doctorado en Gestión Ambiental y Desarrollo Sostenible, auspiciado por las Universidades de Girona (España) y de Matanzas (Cuba).

BIBLIOGRAFÍA
-CEPAL (2000). La economía cubana. Edición CEPAL-FCE, México.
-Figueroa, V (2002). Reforma estructural del régimen agrario de la transición socialista en Cuba. Edición GEDERCO, UCLV, Santa Clara.
-Sansoucy, P (1991).En Memorias del 2do Taller Internacional sobre Sistemas Agropecuarios. Edición CIPAV, Cali, Colombia.

Revisión ortográfica y gramatical:
Colaboración de Tania Fernandez para EcoPortal.

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