Avance de la soja GM en el Paraguay

A grandes rasgos, hay problemas medioambientales, de salud para quien los consume, de desigualdad social y hambre, de irreversibilidad. Las ventajas son nulas excepto para un sector social: los millonarios que dirigen las multinacionales agroindustriales.

Por Tomás Palau

A grandes rasgos, hay problemas medioambientales, de salud para quien los consume, de desigualdad social y hambre, de irreversibilidad. Las ventajas son nulas excepto para un sector social: los millonarios que dirigen las multinacionales agroindustriales.

Avance del Monocultivo de soja transgénica en el Paraguay

A grandes rasgos, hay problemas medioambientales (destrucción de biodiversidad, un problema muy grave), de salud para quien los consume (por la manipulación genética y por el aumento de uso de pesticidas en muchos casos), de desigualdad social y hambre (las repercusiones sobre el campesinado son enormes), de irreversibilidad (la contaminación genética se reproduce a sí misma). Las ventajas son nulas excepto para un sector social: los millonarios que dirigen las multinacionales agroindustriales.

La penetración capitalista en la agricultura paraguaya


En nuestro país, las relaciones sociales de producción han estado siempre muy atrasadas y el capitalismo, sólo imperfectamente ha incursionado hasta hoy en el conjunto de la economía nacional, especialmente en la agricultura, en la que se da la coexistencia de una agricultura capitalista con formas precapitalistas (además de la campesina) de explotación de la tierra y de la fuerza de trabajo.

Mientras en otros países de la región la agricultura capitalista ya estaba consolidad hacia fines del siglo 19, en el Paraguay la primera forma clara de presencia de dicha manera de explotación agrícola se inicia con la colonización europea y japonesa que se instala en Itapúa a partir de las décadas de los años 20 y 30. Es agricultura farmer pero queda circunscrita a esta región. No se expande y coexiste (aunque no sin problemas) con la escasa poblacional era baja y había sobreabundancia de tierra.

Una segunda forma de presencia de la agricultura capitalista en el país fue a través del Plan del Trigo impulsado por Stroessner a comienzos de la década de los 60. Aprovechando la “revolución verde” y el apoyo norteamericano después de la Reunión de Montevideo con Kennedy sobre la Alianza del Progreso en 1961, la dictadura estima que Paraguay debe ser autosuficiente en trigo. Stroessner reparte la tierra y asigna los fondos de empresarios “amigos”, en realidad pseudoempresarios. El Plan fracasa a los pocos años. Las Ligas Agrarias empiezan a desarrollarse como reacción a la ocupación capitalista de los medios de producción precisamente en Misiones, donde se inicia dicho Plan.

Hasta finales de los años sesenta así, la agricultura capitalista apenas tenía presencia en el país, caracterizada en su estructura agraria por el minifundio, las primeras colonizaciones iniciadas por Juan Manuel Frutos desde el recientemente creado IBR (en 1963) en el Eje Este (Repatriación, O´Leary y J. L. Mallorquín) y el Eje Norte (Choré), el latifundio ganadero, y el latifundio forestal serían un intento fallido por desconcentrar la propiedad de la tierra. Pero esta colonización sienta las bases fundiarias para lo que vendría inmediatamente después.

La primera oleada significativa (y devastadora) de la agricultura capitalista se da con en ingreso de brasileños por expansión de la frontera de la soja en los estados del sur de Brasil hacia fines de dicha década y durante toda la década de los 70. Es la ofensiva más importante de la agricultura farmer sobre la campesina registrada hasta la fecha. Los resultados en los departamentos de Alto Paraná, norte de Itapúa y la mitad oriental de Canindeyú produce resultados ecológicos desastrosos. Colonias antiguas pobladas por campesinos paraguayos, creadas por el Instituto de Reforma Agraria en décadas anteriores y nuevas, como la de Minga Guazú, son ocupadas por brasileños y se expulsa a campesinos paraguayos, quienes se limitaron a ocupar precariamente la tierra hasta haberla desmontado de modo a que sean aptas para las labores mecanizadas. Esta ofensiva se atenúa durante la segunda mitad de la década de los 80 y primera de los 90. A partir de la segunda mitad de la década pasada, se empieza a insinuar un nuevo rebrote de la inmigración brasileña, esta vez hacia el Alto Paraguay, pero con fines principalmente pecuarios, aunque igualmente ruinosa para los frágiles recursos naturales de esta zona chaqueña.

Ya a comienzos del nuevo siglo, se produce la segunda oleada de penetración del capitalismo agrario con la soja, pero esta vez la soja genéticamente modificada a partir del ciclo agrícola 1999/2000. Sin disponibilidad de tierras fiscales en esta ocasión, la frontera de la soja se expande sobre tierras campesinas, sobre campos ganaderos reconvertidos y sobre lo que resta de monte. Los efectos ambientales se agravan por la desaparición de los últimos bolsones de bosques en la Región Oriental, así como por el uso indiscriminado de potentes herbicidas y pesticidas. Los efectos sociales, del mismo modo, resultan dramáticos en un país que venía sufriendo un acelerado proceso de empobrecimiento y que ahora debe asistir a una expulsión masiva de familias campesina de sus tierras.

La situación hoy es mucho más compleja que la que se tenía hace 30 años, cuando se registra la primera expansión de la agricultura capitalista farmer sobre la agricultura campesina.

La situación actual de la penetración de la agricultura empresarialComponentes del problema

De manera esquemática, la situación actual planteada por esta nueva ofensiva de la agricultura capitalista farmer está compuesta por los siguientes elementos:

Componente medioambiental Componente político Componente social y económico
La conversión de la soja convencional a transgénica
La indolencia y complicidad en la acción gubernamental
El avance de la frontera del cultivo Intoxicación humana y contaminación de flora y fauna
La reacción campesina Creciente dependencia de importaciones a costa de nuestras exportaciones
Pérdida de soberanía Incremento del precio de las tierras
Pensión externa para lograr crecimiento del PIB

Se trata de un problema complejo, que tiene como efecto social final más importante el desalojo campesino de las áreas rurales del país. De manera resumida el circuito es el siguiente:

  1. El capitalismo mundial da lugar a la formación de grandes conglomerados empresariales bajo la forma de multinacionales que controlan el planeta, y en consecuencia, a los gobiernos incluyendo al de Estados Unidos y a los organismos multilaterales como el FMI, BM, BID, OCM, OCDE y otros.
  2. Una de estas grandes empresas es la Monsanto, que produce semillas genéticamente modificadas. Esta empresa, junto a muchas otras con interese similares, presiona al gobierno norteamericano para expandir la superficie cultivada con soja transgénica en el Cono Sur. Presiona también por el patentamiento de sus semillas y la liberalización de los controles sobre el uso de estas semillas biocidas vinculados.

Paralelamente el FMI presiona al gobierno (acuerdo stand by firmado por Borda el 15 de diciembre de 2003), a lograr un crecimiento superior al crecimiento del PIB agrícola, crecimiento que a su vez, depende de la soja transgénica.

  1. Se expande así el área de siembra del cultivo. Según una fuente esta superficie pasa de 1.176.4600 has. en el ciclo agrícola 1999/2000 a 1.474.058 has. en el ciclo 2002/03 y según la CAPECO a 1.900.000 has. en el ciclo 2003/04. Son 720.000 más en sólo 4 años lo que da un promedio de 180 mil has. por año. Sin embargo, en el último ciclo esta ampliación es de 426.000 has. La mayor parte de esta ampliación es sobre tierras campesinas, tal como lo muestra el Cuadro de abajo.

Producción agrícola de algodón y soja en el Paraguay

 

 

  1. la soja plantada en estas casi 2 millones de has. es casi toda transgénica (90%) traída de contrabando. Con esto se pierde soberanía genética sobre semillas convencionales que se habían desarrollado exitosamente en el país. Se introduce un factor de riesgo sanitario, ya que no está comprobado que los transgénicos no afecten la salud humana, es más, se sabe que sí afectan. Además se produce un efecto de contaminación genética a otros cultivos. Paralelamente, la Monsanto exige el pago de regalías.
  2. Los cultivos con semillas transgénicas, que son resistentes a herbicidas, son profusamente fumigados con esos biocidas, muchos de los cuales son de uso prohibido. Estos biocidas producen en los humanos casos de muerte y de intoxicación, ya que las fumigaciones se hacen –muchas de ellas- mecanizadamente o incluso desde avionetas. Además de esto destruyen cultivos de autoconsumo y mortandad en la fauna doméstica, ictícola y microfauna del suelo.
  3. El gobierno no actúa, ya que en el fondo, les conviene que aumente el área de siembra de la soja. La policía (y en no pocos casos, el ejército), la mayoría de los jueces y fiscales actúan a favor de los grandes propietarios. La legislación ambiental sobre tierras, migratoria, etc., no se cumple.
  4. Se produce así, gradual pero rápidamente, una triple pérdida de soberanía. Por un lado, se continúa perdiendo soberanía económica, ya que se depende de las exportaciones de un solo producto (soja) cuyas semillas serán proveídas por una sola empresa (Monsanto), el aumento de esas exportaciones a su vez, hace depender al país de importaciones cada vez más importantes. Por otro lado, hay pérdida de soberanía territorial, ya que inmensas extensiones de tierras son adquiridas por propietarios (privados o corporativos) extranjeros. Finalmente, hay pérdida de soberanía alimentaria, ya que el monocultivo desplaza la diversificación y con ello a los cultivos de subsistencia, además los campesinos expulsados de sus tierras migran a las ciudades en las que –para comer- deben pasarse al bando de los consumidores, habiendo sido antes productores de parte de su comida.
  5. Los afectados, principalmente campesinos, actúan de tres maneras; i. conformándose con lo que les pasa, venden sus tierras, se van a los pueblos o ciudades y terminan empobreciéndose rápidamente, quedan fuera, excluidos; ii. se organizan en coordinadoras departamentales por la defensa de la vida y el medioambiente. Esta respuesta “institucional” hasta ahora no dio muchos resultados por la insensibilidad del Gobierno, o iii. ocupan tierra, queman sojales, bloquean el ingreso de maquinarias y personal para fumigación. Esta reacción directa es reprimida por el Gobierno.

Si continúa esta tendencia que venimos observando desde hace algunos años se forma el siguiente escenario para el futuro próximo:

– Un país con una gran cantidad de pobres (probablemente el 70% en no más de 20 años).
– Casi completa desaparición de las clases medias urbanas.
– Un pequeño grupo de familias tremendamente ricas
– Aumento de la delincuencia, del trabajo y explotación infantil, de la prostitución, consumo de drogas y alcohol.
– Creciente analfabetismo de la población, por falta de acceso a la educación y por su pésima calidad.
– Aumento de las enfermedades en general y de las de transmisión sexual, respiratorias agudas y las derivadas de la parasitosis en particular.
– Aumento dramático de la desertificación del país por uso intensivo e irresponsable del suelo y por la deforestación
– Aumento de la represión policial y militar para frenar el descontento social

Como podemos apreciar, sin ninguna exageración, al Paraguay por este camino le espera una situación bastante parecida a la que hoy tiene países como Haití, Etiopía, Bangladesh y otros.

Los componentes medioambientales del desalojo campesino por la agricultura capitalistaLa conversión de la soja convencional a transgénica. Desconocimiento de los efectos sobre la salud humana de la soja transgénica

Se ha instituido un producto natural cuyas semillas eran proveídas por los propios agricultores que lo sembraban, por un producto genéticamente modificado cuyas semillas son producidas por una sola multinacional a nivel mundial.


Transgénico quiere decir que la estructura genética de la planta ha sido transformada. Para modificar el genoma de la planta se utiliza el gen que se quiere insertar junto con otros genes auxiliares. Algunos de estos genes auxiliares confieren resistencia frente a determinados antibióticos. Así, el maíz modificado genéticamente tiene también un gen que le otorga resistencia a los antibióticos del grupo de la penicilina.

La doctora Nancy Marchese, médica especialista en nutrición, señala: “No está probado que los organismos genéticamente modificados (OMG) no produzcan alteraciones en la salud”. Y agrega: “En el mecanismo de transmisión del gen se utilizan antibióticos, especialmente amoxilina y cefalosporinas, lo cual puede desencadenar alergias. Así pueden ocurrir crisis asmáticas, o edemas de glotis, sin causas aparentes”.
“Habría que sumarle la toxicidad potencial de los OMG, ya que se producen enzimas y aminoácidos desconocidos para el cuerpo”, afirma Marchese. Y continúa: “Un hecho a tener en cuenta es que hoy existe un gran número de malezas resistentes al glifosato, por lo que se calcula que en pocos años será necesario elevar la dosis del herbicida para controlarlas”.

La ingeniería genética no es lo mismo que los cruces entre especies que se han practicado durante muchos años. No es una ciencia exacta. Por ejemplo, podría resultar peligroso en algunos organismos haciéndose resistente a los antibióticos. Podría resultar que las malas hierbas y los insectos se hagan resistentes a los pesticidas y a los herbicidas. Podrían accidentalmente crearse nuevos venenos y enfermedades. El alimento viene de la naturaleza. Si cambiamos la estructura fundamental de un alimento, podría crear enfermedad, así como los pesticidas y los herbicidas hicieron en el pasado. Los alimentos transgénicos no suelen someterse a pruebas independientes antes de que se vendan en el comercio.

Hasta ahora son poco conocidos los efectos que el producto genéticamente modificado tiene sobre la salud humana. Uno de los efectos claros que ha podido ser identificado es que la modificación genética introducida en el grano podría estar actuando como un “disruptor hormonal” estimulando a la hipófisis (glándula se secreción interna ubicada en la parte inferior y posterior del cerebro) a emitir órdenes endocrinas para una mayor liberación de estrógeno (hormona sexual femenina) en el organismo. Se están realizando además estudios para comprobar el efecto de tal modificación genética en la reducción de la capacidad inmunológica del organismo.

Además, aumento de la resistencia a algunos antibióticos, lo que puede dificultar el tratamiento de ciertas enfermedades. Aumento de alergias, específicamente en niños. Riesgos para la salud de las personas que cultivan transgénicos: intoxicación por uso constante de herbicidas en el cultivo.

La principal amenaza, entonces, estriba en los riesgos para la salud derivados del consumo de transgénicos. Dichos riesgos se multiplican con el fenómeno de Filtración Genética, por el cual, trazas transgénicas pueden aparecer involuntaria, desconocida e inevitablemente en alimentos y cultivos normales. EL caso del Maíz Star Link ilustra la gravedad del asunto, ya que no es apto para consumo humano y sin embargo, logró filtrarse en la dieta humana.

Ante cualquier riesgo para la salud humana, los consumidores carecerán de información o la misma será manipulada. Se produce así una colonización alimentaria y el nacimiento de las <<Republiquetas Sojeras>>. Desde que los campos se llenaron de soja transgénica de Monsanto, las campañas mediáticas e institucionales sobre las maravillas de este alimento se multiplicaron, a pesar de las dudas sobre su seguridad. Por lo tanto, no sólo bastará con crear la oferta. También habrá que crear la demanda. Aunque se engañe y se juegue con la alimentación y la seguridad de millones de personas. Con la invasión de los productos transgénicos, los consumidores adquirirán productos alimentarios, que seguirán saturados de todo tipo de plaguicidas y productos químicos. La apertura de mercados permitirá la occidentalización alimentaria, con la infiltración de nuevos y variados productos prefabricados, que llevarán en su interior ingredientes transgénicos.

Aun a sabiendas de la posibilidad de estos (y otros) riesgos sobre la salud humana, los organismos técnicos del Gobierno paraguayo no han emitido opinión y hacen como que el problema no existe

Por lo demás, el sustento legal del cultivo de transgénicos tiene en nuestro país un muy débil aparato legal, apenas una autorización del MAG, cuando debiera ser objeto de legislación.

A grandes rasgos, hay problemas medioambientales (destrucción de biodiversidad, un problema muy grave), de salud para quien los consume (por la manipulación genética y por el aumento de uso de pesticidas en muchos casos), de desigualdad social y hambre (las repercusiones sobre el campesinado son enormes), de irreversibilidad (la contaminación genética se reproduce a sí misma). Las ventajas son nulas excepto para un sector social: los millonarios que dirigen las multinacionales agroindustriales.

Por otro lado está el tema de las patentes. Las multinacionales podrán patentar semillas tradicionales, que junto a las patentes de semillas transgénicas garantizarán el monopolio. Podrán incluso, manejar en un fruto el comercio de ambos productos. La alimentación quedará en manos de las multinacionales, desapareciendo paulatinamente la Soberanía Alimentaria de cada país.

Todas las semillas transgénicas están patentadas. Hasta ahora los agricultores podían comprar las semillas, incluso las patentadas, y podían usarlas posteriormente en sus propios cultivos e incluso cambiarlas por otras semillas. Pero con las nuevas leyes patentes, todas esas actividades son ilegales; el comprador paga por usar una sola vez el germoplasma.

El derecho a poseer genes es un fenómeno nuevo en la historia mundial y sus efectos en la agricultura, y en la vida en general, son todavía muy inciertos. Las multinacionales argumentan que la propiedad intelectual es esencial para que prospere su industria. Para otros se trata de un nuevo neofeudalismo, que convierte a los agricultores en los nuevos ciervos de las multinacionales, que les venden semillas y plaguicidas y les compran la producción a muy bajos precios, sin dejarles ni oficio ni beneficio, con el único consuelo de la propiedad formal sobre la tierra que cultivan. En la práctica, una especie de franquicia de Monsanto.

Las multinacionales de las semillas transgénicas han iniciado una nueva era, cuyo fin es controlar la industria más importante y básica (todos comemos todos los días, y la mayoría tres veces), una industria que factura más de 2 billones de dólares, la industria alimentaria.

Las patentes son un ingrediente importante en la expansión de la industria. Las ventas globales de plantas transgénicas crecieron de 75 millones de dólares en 1995 a 4.500 millones en 2003. Se espera que las ventas se alcancen a los 5.000 millones en 2005 y 25.000 millones en el año 2010. Las patentes dan a las multinacionales un enorme poder sobre los agricultores. Para defender sus derechos sobre las patentes, las cuatro o cinco multinacionales del sector exigen a los agricultores que firmen <<contratos de semillas>>, un fenómeno totalmente nuevo en la agricultura. Los contratos pueden estipular qué marca de plaguicidas debe usar el agricultor, una especie de mercado cautivo para algunos herbicidas en estos <<paquetes tecnológicos>>.

La lucha para reforzar las patentes no se detendrá con este tipo de contratos. La llamada <<tecnología de protección de genes>>, popularmente denominada <<terminator>>, puede hacer que los contratos sobre las semillas sean una realidad biológica, al igual que los actuales desarrollos tecnológicos. La tecnología terminator o similares (traitor) impiden que las semillas recolectadas vuelvan a germinar. La tecnología terminator aumentará la uniformidad de los cultivos al restringir la práctica de guardar y cruzar semillas de un año para otro por los agricultores.

Control de la multinacional Monsanto sobre el principal rubro de exportaciones

De ser un producto noble, valioso, para la alimentación humana y animal, muchas de cuyas variedades convencionales habían sido desarrolladas en el país a través de programas de mejoramiento genético y puestas a disposición de los productores, la oleaginosa va camino (cuando se intervenga el mercado negro del contrabando de semillas) a estar bajo control completo de la multinacional Monsanto.

Resulta un contrasentido enajenar a un monopolio privado extranjero un recurso estratégico clave de la economía nacional. Este hecho, además de sus obvias connotaciones políticas, constituye una fuente de transferencia de ganancias a la multinacional por parte de los productores, por las divisas que deberán salir del país para cumplir, como se vio recién, con el pago de las regalías por patentes.

Actualmente, las autoridades del MAG ya cuentan con resultados de las pruebas de campo, realizadas en confinamiento, de cuatro variedades de soja RR, y los resultados no son muy alentadores, ya que son variedades desarrolladas para el clima más templado de las zonas productoras argentinas y norteamericanas.

A nivel mundial Monsanto tiene el 80% del mercado de las plantas transgénicas, seguida por Aventis con el 7% Sygenta (antes Novartis) con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Estas empresas también producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales. Las plantas trangénicas son mayoritariamente resistentes, y se venden formando parte de un <<paquete de tecnología>> que incluye la semilla transgénica y el herbicida al que es resistente. Los dos productos principales son actualmente el <<Round up>> (glifosato), y rl <<Liberty Link>> de AgrEvo que tolera su herbicida <<Liberty>> (glufosinato).

Puede parecer contradictorio y demagógico, pero un objetivo declarado de tales plantas transgénicas es reducir el uso de herbicidas. Al diseñar cultivos tolerantes a niveles muy altos de exposición a un herbicida (que es un producto químico tóxico para la mayoría de las plantas), las empresas ofrecen a los agricultores la opción de usar potentes aplicaciones de herbicidas en la estación de crecimiento, en lugar de la práctica normal que requiere una serie de aplicaciones de varios compuestos diferentes. A pesar de lo que pregonan las empresas fabricantes, en la práctica aumenta la cantidad de heroicidad aplicados, al no afectar a las plantas cultivadas, pero su simplicidad facilita el trabajo de muchos agricultores.

Otro beneficio potencial pregonado por Monsanto es que pueden permitir <<el mínimo laboreo>>, las técnicas de cultivo que reducen la necesidad de arar o incluso lo eliminan completamente. Una de las razones para arar es eliminar las malas hierbas, pero al dejar la tierra desnuda, el arado agrava la erosión del suelo fértil. Las plantas transgénicas resistentes a los herbicidas, al igual que los cultivos Bt, son una extensión del modelo actual basado en los plaguicidas. Pueden permitir una reducción del uso de los herbicidas a corto plazo, pero su adopción generalizada promoverá la dependencia de los herbicidas.

En muchas partes del mundo en desarrollo, donde hoy apenas se usan herbicidas, el hábito de su uso podría agravar la crisis ambiental: los herbicidas son tóxicos para muchos organismos del suelo, contaminan las aguas subterráneas y pueden tener efectos a largo plazo en las personas y en la fauna. Y, por supuesto, la resistencia aparecerá, pues se favorece la dependencia de unos pocos herbicidas de amplio espectro (glifosato y glufonisato), por lo que la resistencia se desarrollará más ampliamente y la agricultura será más vulnerable.

En EE.UU. el uso generalizado de Round up (glifosato) en la soja Round un Ready ha promovido varias especies de malas hierbas resistentes a ese herbicida. El Bacillus thuringiensis (Bt) transgénica reemplaza a un insecticida, que antes rociaba sobre las plantas, por otro dentro de la misma planta. La resistencia de las plagas al Bt podría aparecer en pocos años, afectando no sólo a los cultivos transgénicos, dado que el Bt también se usa en los cultivos convencionales.

Los agricultores verán cómo uno de los plaguicidas más benignos ambientalmente dejará de ser útil. Los cultivos Bt son un retroceso a los peores días del empleo masivo de plaguicidas cuya toxicidad no tardó en aparecer. El Bt está programado para atacar a la plaga durante todo el periodo de crecimiento de la planta, aumentando la probabilidad de resistencia, al aumentar al máximo la exposición.

Intoxicación humana y contaminación de flora y fauna por uso intensivo e inadecuado de herbicidas y pesticidas

Prácticamente todos los cultivos transgénicos han sido manipulados para reemplazar a sustancias químicas de amplio uso, sobre todo insecticidas (Bacillus thuringiensis) y herbicidas (glifosato o glufosinato, fabricados también por las mismas empresas que venden las semillas). La mayoría de las plantas transgénicas incorporan un gen de resistencia a los antibióticos (gen marcador). Cerca del 18 por ciento de los cultivos transgénicos mundiales son variedades Bt (Bacillus thuringiensis), sobre todo de maíz (9.1 millones de hectáreas, 13% del total mundial en 2003), manipuladas para producir una toxina contra los insectos (12.2 millones de hectáreas en total), y el 73% son cultivos transgénicos de soja (41.4 millones de hectáreas, 61%), maíz, colza y algodón diseñados para resistir a herbicidas como el glifosato o el glufonisato (67.7 millones de hectáreas). El resto lleva ambas características, Bt y resistencia al glifosato.

Caso Paraguay. Son ya de público conocimiento y cada vez más extendidos, los serios problemas sociales y ambientales generados por la elevada utilización de biocidas químicos (conocidos como plaguicidas, agrotóxicos, agroquímicos o defensivos agrícolas) en zonas muy cercanas a comunidades, colonias y otros asentamientos campesinos, afectando la salud y la vida de comunidades enteras. Hogares, escuelas, zonas de esparcimiento en general, chacras familiares y comunitarias. Muchos casos de intoxicaciones provenientes de las zonas de producción extensiva de soja, que incluyeron muerte de varias personas, han sido difundidos por los medios masivos de comunicación.

Las zonas más afectadas por los casos de intoxicación son departamentos con altos índices de producción de soja, que manifiestan un aumento indiscriminado de la superficie de plantación, la que según datos extraoficiales llega casi a las 2 millones de hectáreas (5% del área total del país, duplicando el área de cultivo de soja en Brasil que constituye es 2.5% de su territorio). Los más recientes casos de intoxicación masiva ocurridos en Gral. Resquín-San Pedro, Pireca-Guairá, 3 de Febrero-Caaguazú. San Pedro del Paraná-Itapúa, y otros, son claros indicios de que el problema se viene agravando, mientras no se toman las medidas precautelares necesarias y exigidas por la ley para salvaguardar la salud de niños, mujeres y hombres campesinos e indígenas y el bienestar ambiental.

Sin duda, este es el problema que más relevancia política ha adquirido durante los últimos meses debido a los innumerables casos reportados de manera documentada en la prensa sobre los efectos de la mala e irresponsable utilización de potentes herbicidas e insecticidas. El principal de ellos –como ya se mencionó- es el Round up (También producido por la Monsanto), nombre comercial de un glifosato combinado de alto poder tóxico.

Los efectos del glifosato han sido estudiados y lo siguen siendo, arrojando resultados claros, en cuanto a los efectos ambientales se encuentran perfectamente documentados por la prensa durante los últimos meses. El Round up es vulgarmente conocido como “matatodo”, en el sentido que mata incluso la microfauna del suelo y no solamente las hierbas dañinas, así como cultivos y animales domésticos.

En una actitud vergonzosa, el Departamento de Toxicología del MSP y BS, en vez de alertar sobre los peligros de dichas sustancias tóxicas para las personas y el medio, ha venido minimizado las múltiples denuncias que se formularon.

La importación y el contrabando de biocidas muy tóxicos deben ser desincentivados por representar riesgos de intoxicación, como ya ha sucedido en varias ocasiones. Dejar de importar organofosforados (Metamidofos, Monocrotofd y Paration Metil que ya ha sucedido en varias ocaciones. Organo Bromados, Ácidos Fenóxicos, además de la << docena sucia>> que son cancerígenos, producen mutaciones genéticas, problemas reproductivos, entre otros, son de vital importancia por cuestiones éticas y profesionales, además de humanas.

La minimización de los impactos reales de los biocidas sobre la salud humana y ambiental, como el interés de confundir al mercado con datos desactualizados de los productos que son utilizados en sojales, son indicios claros de la falta de ética y profesionalismo de quienes promueven ciertas prácticas.

Consideramos que la inclusión del glifosato en la estructura genética de la soja transgénica responde a una irresponsabilidad ética y profesional de las multinacionales que lanzan productos de este tipo al mercado.

A modo de conclusión

Para las autoridades económicas, el 15 de diciembre del 2003 fue una fecha gloriosa: se rompió la mala comunicación del FMI. Para el país pudo considerarse otro día de vergüenza. Para saldar compromisos de corto plazo, “honrar la deuda externa”, se continuó hipotecando el país. Vaya y pase que esto lo haya hecho gente como Wasmosy o González Macchi, presidentes no representativos, pero en la nueva administración esta resulta más que elocuente, ya que nos mu8estra que tendremos mas de lo mismo por mucho tiempo.

La principal meta de las exigencias puestas por el FMI es que el país tenga dinero suficiente para pagar su deuda externa. Hay por supuesto muchos otros objetivos, pero no vienen al caso al momento. Para pagar la deuda externa hace falta disponer de divisas (cualquier moneda “fuerte”), para ello hacienda o el BCP o ambos tienen que comprarla en la calle u obtenerla como resultado de exportaciones que el país realiza cuyo pago pasa necesariamente por el BCP. Esta entidad se queda con las divisas y paga al exportador en moneda nacional. De este modo el gobierno acumula fondos para “honrar en tiempo y forma” esta impagable hipoteca de la soberanía nacional, que está siendo irresponsablemente aumentada por el nuevo gobierno “democrático”.

Una de las exigencias que puso el FMI con la firma del stand by es lograr un crecimiento “de al menos el 2,5%”. En un país en literal estado de bancarrota como el nuestro, la única actividad capaz de impulsar algún tipo de crecimiento es la agricultura, y mas específicamente la agricultura capitalista de exportación, o para hablar sin rodeos, la agricultura de la soya transgénica.

Se trata de una agricultura depredadora que deja poco o casi nada al país: las semillas son de la Monsanto (se importan) las maquinarias e implementos se compran del exterior, del mismo origen son los agrotóxicos utilizados, no contrata casi mano de obra y cuando lo hace buena parte de ella es extranjera, las ganancias son depositadas en bancos extranjeros. Se pregunta uno ¿Qué tiene de paraguaya la soya de exportación? El suelo, la fertilidad del suelo si es paraguaya y nos estamos quedando sin ella.

No es extraño que el gobierno se haga el distraído cuando se denuncian los estropicios que está haciendo, ecológica y socialmente, la expiación irracional de la superficie cultivada con esta especie genéticamente modificada. No es extraño, porque es lo único que le permitirá cumplir con las imposiciones del FMI de crecer al menos el 2,5%, para seguir “disfrutando” de los favores de este organismo mundialmente desprestigiado y socialmente responsable de la pobreza de millones de ciudadanos del mundo entero.

Los componentes del problema tal como se da en este momento

a) la conversión de la soya convencional a transgénica
1.- creciente dependencia importada de las exportaciones
2.- intervención de la multinacional Monsanto en el control del principal rubro de exportaciones
3.- incremento del precio de la tierra

b) la indolencia y complicidad en la acción gubernamental
1.- falta de control del uso por parte del Gobierno, que equivale a una abdicación a sus funciones
2.- inoperancia de la Comisión Nacional de Bioseguridad
3.- Transgresiones a la legislación ambiental
4.- complicidad del aparato de justicia con los propietarios
5.- el crecimiento económico de un 2,5% por lo menos, exigido por el FMI al gobierno, de acuerdo del 15 de diciembre, solo podrá ser conseguido con las divisas generadas por la soja transgénica, de ahí el apoyo tácito

c) el avance de la frontera de cultivo
1.- penetración en gran parte del territorio de la región oriental; expansión en praderas naturales. Presencia brasileña y menonita
2.- expulsión campesina
3.- el crecimiento de la pobreza y aumento de la migración

d) la reacción campesina
1.- la formación de coordinadora por la defensa de las tierras
2.- las amenazas de ocupación campesina de las tierras
3.- el bloqueo de acciones de siembra y/0 fumi9gaciones

e) intoxicaciones
1.- muerte e intoxicación humana
2.- mortandad de fauna
3.- destrucción de cultivos de autoconsumo

f) los problemas de soberanía
1.- pérdida de la soberanía alimentaria
2.- pérdida de la soberanía territorial
3.- pérdida de la soberanía cultural

 

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