Transgénicos

Contaminación de las cosechas europeas

La oposición a los organismos genéticamente modificados (OGM) se basa en el argumento de que puede que el daño que provocan en el medio ambiente sea irreversible; de que unas pocas empresas grandes están al acecho para controlar potencialmente mercados enormes; de que los intereses políticos y económicos de EE.UU., con apoyo activo de la Comisión Europea, intentan conseguir el dominio del mundo.

Por Susan George

La oposición a los organismos genéticamente modificados (OGM) se basa en el argumento de que puede que el daño que provocan en el medio ambiente sea irreversible; de que unas pocas empresas grandes están al acecho para controlar potencialmente mercados enormes; de que los intereses políticos y económicos de EE.UU., con apoyo activo de la Comisión Europea, intentan conseguir el dominio del mundo.
 

La oposición a los organismos genéticamente modificados (OGM) se basa en el argumento de que puede que el daño que provocan en el medio ambiente sea irreversible; de que unas pocas empresas grandes están al acecho para controlar potencialmente mercados enormes; de que los intereses políticos y económicos de EE.UU., con apoyo activo de la Comisión Europea, intentan conseguir el dominio del mundo.

El cultivo comercial de OGM se expande rápidamente. En 2000 las cosechas de OGM cubrían unos 45 millones de hectáreas en todo el mundo, el 68% en Estados Unidos, el 23% en Argentina, el 7% en Canadá y el 1% en China [1]. El maíz y la soja ocupaban cuatro quintos de estas cosechas, seguidos de lejos por la colza, el algodón y la patata. La facturación anual en el mercado mundial de semillas es de más de 45 mil millones de dólares, pero el 80% de los agricultores, particularmente en el sur, mantienen sus semillas de un año al otro y comercian con sus vecinos antes que comprarlas. Las multinacionales agrarias quieren expandirse en tres sentidos: más países, más comercio, más variedades.

Sus actividades no se limitan a la siembra, también producen y comercializan herbicidas, pesticidas y productos farmacéuticos. Monsanto, Syngenta, Aventis, Dupont, Dow y unas pocas más compañías dominantes en el sector son producto de fusiones y adquisiciones al crear sinergias internas. Reclaman estar en el negocio de las ciencias de la vida pero la idea es patentar genes, semillas y todas las tecnologías asociadas con el objetivo final de controlar de una manera efectiva la agricultura en el mundo.

En EE.UU., las firmas tienen que obtener permiso del Departamento de Agricultura de EE.UU. para poner en el mercado una nueva variedad de OGM. De las 87 solicitudes para nuevas variedades presentadas desde 1992, 45 (más de la mitad) fueron presentadas pos Monsanto (ahora fusionado con Upjohn, Calgene, DeKalb y Asgrow). Después viene Aventis (que ahora incluye AgrEvo y Plant Genetic Systems), con el 18%, y Syngenta (que ahora incluye Ciba, Novartis, Northrup y Zeneca), con el 9%. Después vienen Dupont y Dow. En EE.UU., cinco firmas lideradas por Monsanto controlan casi el 90% de la siembra de OGM, junto con pesticidas y herbicidas asociados. Y nada les detendrá para silenciar a sus oponentes.

De ello se percataron con dureza dos científicos investigadores de la Universidad de California en Berkeley, David Quist e Ignacio Chapela. En noviembre de 2001 publicaron un artículo en el periódico Nature [2], informando de que se habían encontrado indicios de maíz OGM en variedades autóctonas del maíz mexicano. Esto era algo serio, ya que México es la tierra originaria de todo el maíz del mundo. Su gobierno había declarado una moratoria en el cultivo de maíz OGM en 1998, para proteger su irremplazable herencia genética, aunque las firmas de biotecnología siguen haciendo pruebas en campos por todo el país. Los autores también informaron de que el ADN de los OGM se había fragmentado y se movía de forma impredecible dentro del genoma del maíz local. Su primer hallazgo (contaminación) no podía cuestionarse, pero el segundo fue toda una conmoción: socavaba la industria biotecnológica que afirmaba que los genes nunca se movían del lugar preciso en que habían sido introducidos en el genoma.

En 1997 la campaña de Monsanto para los OGM les llevó al borde de la ruina. Para no cometer el mismo error otra vez, contrataron al Bivings Group, una firma de asuntos públicos especializada en estrategias por Internet. La agencia organizó una campaña en la red para desacreditar al equipo de investigadores de Berkeley. Contó con científicos con contactos en la industria para cuestionar sus conclusiones y, presuntamente, incluso inventó personajes ficticios para dar al debate un tono más ácido [3 ].

Esta campaña fue un éxito. Nature tomó la medida sin precedentes de publicar un desmentido y aún no ha publicado los hallazgos de científicos mexicanos confirmando aquellos de sus colegas de Berkeley.

A diferencia del sistema científico y médico francés, la Asociación Médica Británica, la Royal Society, y muchos científicos investigadores independientes del Reino Unido han investigado los peligros de la siembra de cosechas de OGM en campo abierto [4 ]. Es sabido que el polen pasa regularmente entre OGM y las plantas cultivadas o silvestres. Dependiendo de la cosecha y el tipo de polinización, la contaminación puede expandirse mucho más allá de los límites oficiales impuestos para proteger los campos vecinos. Y otras especies, al igual que las emparentadas estrechamente, están contaminadas. Sabemos que si el campo de pruebas de OGM se generaliza, pronto la agricultura biológica será imposible, se cerrará un camino económicamente prometedor para el desarrollo y los agricultores ya no tendrán libertad de elección. También sabemos que aunque los OGM están diseñados para resistir a los herbicidas y pesticidas, generan malas hierbas y grandes predadores y que puede que éstos invadan la herencia genética de la que depende la agricultura y reduzca su variedad. Cosechar OGM, excepto en lugares cerrados, es un acto irreversible de locura ecológica.

En Canadá, donde la producción comercial de colza de aceite genéticamente modificada comenzó apenas hace seis años, el Centro de Investigación Agraria de Canadá en Saskatoon informa de que "el polen y semillas diseminados están tan extendidos que es difícil sembrar cepas convencionales u orgánicas sin que estén contaminadas". En un intento de desviar las críticas de los agricultores canadienses, Monsanto ha tenido que enviar equipos para desherbar a mano la colza de aceite genéticamente modificada en campos donde nunca se había sembrado. Especialmente seleccionada para resistir herbicidas, es ahora "imposible de controlar" según un científico de la Universidad de Manitoba [5]. El negocio de las ciencias de la vida se lleva a cabo como si Darwin nunca hubiera existido, como si la resistencia a pesticidas y herbicidas no estuviese creciendo, generación tras generación; como si el desastroso experimento con DDT nunca hubiese ocurrido. Su bomba biológica producirá catástrofes de la magnitud de lo ocurrido en Chernobil.

¿La introducción de OGM se justifica por sus beneficios, aunque sea a corto plazo? Ni siquiera eso. A pesar de los subsidios de miles de millones de dólares, los agricultores estadounidenses que se unieron con entusiasmo a la aventura han perdido mucho dinero, y también han tenido que arreglárselas con enfermedades ultrarresistentes de las plantas [6]. Las únicas que se benefician con las cosechas de OGM son las grandes firmas biotecnológicas y sus partidarios políticos en EE.UU. y Europa.

¿Pueden los que pasan hambre permitirse no usar OGM? Los medios se escandalizaron cuando Zambia rechazó envíos de maíz que contenía OGM suministrados por el programa de ayuda alimentaria de EE.UU. Se les olvidó remarcar que la ayuda llegaba en forma de grano y los campesinos zambianos habrían guardado una parte para siembra. El problema no se habría dado si el maíz se hubiera dado en forma de harina. Los zambianos querían evitar un daño irreversible en sus cosechas, lo que les habría prohibido exportar a la Unión Europea. La ayuda alimentaria estadounidense raramente llega sin implicaciones comerciales.

Un pequeño país africano no debe ser desatendido, pero Europa sigue siendo el mercado principal para productos OGM, especialmente el maíz y la soja. En 1999 la UE declaró una moratoria en las importaciones de OGM [7] y EE.UU. amenazó con presentar una queja en contra con el Órgano de Solución de Diferencias (OSD) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), como disuasorio para países como Brasil y México, que habían tomado medidas similares. Se quitó importancia al problema para evitar dar argumentos a los Verdes en las elecciones francesas y alemanas del pasado año, pero ahora ha vuelto a la Oficina Oval de la Casa Blanca [8].

En enero el Representante de Comercio de EE.UU., Robert Zoellick, describió las medidas europeas como inmorales y anunció su intención de remitir el asunto al OSD. Pero ha tenido que retractarse porque el Departamento de Estado y el equipo Bush no quería más problemas con Europa en medio de la crisis diplomática sobre Irak. Estas consideraciones no influyeron en el Congreso. A comienzos de marzo, el presidente del Comité de Finanzas del Senado, Charles Grassley, senador del estado agrario de Iowa, se quejó de que 300 millones de dólares se habían perdido en ventas a Europa: la situación era inaceptable y el gobierno debía hacer algo, y rápido [9].

Las discrepancias dentro del ejecutivo de EE.UU. sólo existían en cuanto a formas y medios. La meta es clara: no a la moratoria, no a las normas de localización o etiquetado. No obstante, Washington detecta señales alentadoras en la Comisión Europea. Es bien sabido que el comisionado, Pascal Lamy, está firmemente a favor de terminar con la moratoria. En Europa, dice, podría reemplazarse por normas de localización y etiquetado que la OMC pudiera aceptar.

Una vez estas normas se adoptasen, la Comisión podría plantear un litigio por delante de la Corte de Justicia en Luxemburgo contra cualquier estado miembro que se negase a terminar con la moratoria. Éste era el subtexto del comunicado del comisionado agrario de la UE Franz Fischler a sus socios de EE.UU.: "Haremos todo lo que podamos para demostrar que es verdad cuando decimos que estamos a favor de la biotecnología" [10].

Fischler hará efectivamente todo lo que pueda: declarar la idea de cosechas de OGM coexistiendo con métodos agrarios tradicionales y biológicos, que expuso a sus colegas de comisión el 6 de marzo y que van a conformar las bases de una mesa redonda con todas las partes interesadas este mes. A pesar de todas las pruebas de fuentes independientes, particularmente las antes citadas, él considera que esa coexistencia no es un problema medioambiental, simplemente suscita preguntas jurídicas y económicas. Cree que ha llegado el momento de que los agricultores de cosechas de productos no modificados genéticamente tomen las medidas necesarias para protegerse contra el riesgo de la contaminación con cosechas de OGM. El contaminante paga, pero no en este caso. Por el principio de subsidios, descarta cualquier posibilidad de presentar una legislación comunitaria molesta. Tal determinación para defender a las multinacionales estadounidenses, por lo que se supone que es la Comisión Europea, se tambalea. La lucha contra este camión político-genético-industrial es un asunto de salud pública.

Título original: Europe’s harvest of contamination – Autor: Susan George – Origen: Le Monde Diplomatique
Traducido por Genoveva Santiago y revisado por Joana Llinàs

Notas

1 Deborah B Whitman, "Genetically Modified Foods: Harmful or Helpful?" Cambridge Science Abstracts, abril de 2000.
2 David Quist e Ignacio Chapela , "Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, Mexico", Nature, vol. 4141, Londres, 29 de noviembre de 2001.
3 Véase la investigación de George Monbiot, "The Fake Persuaders", The Guardian, Londres, 29 de mayo de 2002.
4 "Genetically Modified Plants for Food Use", The Royal Society, Londres, septiembre de 1998; "The Impact of Genetic Modification on Agriculture, Food and Health: an Interim Statement", British Medical Association, Londres, 1999; "The Health Impact of GM Crop Trials", BMA, noviembre de 2002.
5 Genetically modified canola becoming a weed", Canadian Broadcasting Company, sitio web de CBC News, 22 de junio de 2002.
6 Ésta es la idea general de un informe de la Soil Association de 16 de septiembre de 2002, citado en una serie de periódicos, "OGM: Opinion Grossièrement Manipulée", InfOGM, Fondation Charles Léopold Meyer pour le progrès de l’homme, París, octubre de 2002.
7 19 permisos de importación para OGM fueron expedidos antes de esa fecha.
8 Véase "The bulldozer war", Le Monde diplomatique, edición en inglés, mayo de 2002.
9 Financial Times, Londres, 6 de marzo de 2003.
10 "US postpones biotech case against EU, enlists allies in WTO", Inside US Trade, Arlington, 7 de febrero de 2003.

  * Susan George es vicepresidenta de Attac, Francia, y autora, con Martin Wolf, de Pour ou contre la mondialisation libérale (Grasset, París, 2002)

Etiquetas
Estos artículos también podrían interesarte

Agrega un Comentario

Pulsa aquí para hacer un comentario

Busca en EcoPortal

TU APOYO ES IMPORTANTE!!!

Llamamiento

PROMOS ECOPORTAL – NATURA

Posts más compartidos