Transgénicos

El Debate sobre los Transgénicos

"Los alimentos transgénicos que ya estamos comiendo no están etiquetados como tales, por lo tanto no tenemos manera de identificarlos o evitarlos, y tampoco se puede hacer un estudio epidemiológico para ver qué efectos podrían tener sobre nosotros".

Por Carmelo Ruiz Marrero

"Los alimentos transgénicos que ya estamos comiendo no están etiquetados como tales, por lo tanto no tenemos manera de identificarlos o evitarlos, y tampoco se puede hacer un estudio epidemiológico para ver qué efectos podrían tener sobre nosotros".

A través del mundo entero se ha desatado una furiosa polémica en torno a los cultivos y alimentos genéticamente alterados, también conocidos como transgénicos.

Ecologistas, agricultores, intelectuales y académicos progresistas, pueblos indígenas, estudiantes, biólogos, agrónomos y ciudadanos comunes y corrientes de todos los caminos de la vida, de los más diversos rincones del planeta sostienen que la manipulación genética presenta serias interrogantes sociales y ecológicas, las cuales sus proponentes no han abordado de manera apropiada, o siquiera honesta.


Plantean que los transgénicos no son seguros, que se trata de una tecnología con riesgos inherentes, y que implica nuevas formas de dependencia y dominación para agricultores y consumidores.

Puerto Rico no es ajeno a este asunto. Gran parte de la semilla transgénica que se siembra en Estados Unidos va de nuestra nación. Además, documentos del Departamento de Agricultura Federal (USDA) muestran que Puerto Rico es uno de los lugares preferidos por las compañías de biotecnología para realizar sus experimentos con este tipo de cultivos. De hecho, aquí se han realizado más experimentos agrícolas transgénicos por milla cuadrada que en cualquier estado de Estados Unidos con la posible excepción de Hawaii. Por lo tanto, este asunto concierne directamente a todos los puertorriqueños.

Expliquemos los conceptos básicos.

Todos los seres vivos transmiten sus rasgos a sus descendientes mediante genes. El conjunto de los genes de un organismo se conoce como su código genético o genoma. Los genes de todos los seres vivos están hechos de la misma sustancia: ácido desoxiribonucléico o ADN. La premisa científica de la ingeniería genética es que hay un gen correspondiente para cada rasgo; por ejemplo, un gen determina el color de los ojos de una persona mientras que otro puede determinar su susceptibilidad a alguna enfermedad, como la diabetes.

La ingeniería genética hace posible transferir genes de una especie a otra, algo imposible mediante la reproducción sexual o algún otro proceso natural. Por ejemplo, ya es posible insertar genes de bacterias y virus en el maíz, genes de pescado en el tomate, genes humanos en el arroz y teóricamente no hay razón por la cual no se puedan transferir genes de diferentes plantas o animales al código genético humano. Se le llama transgénico a un organismo al que se le han insertado genes foráneos mediante esta tecnología.


No es ciencia ficción. En 1996 se cosecharon en Estados Unidos los primeros cultivos transgénicos para uso comercial y en los años siguientes el área sembrada con estos creció de manera explosiva. Para el año 2002 había alrededor de 145 millones de acres en el mundo sembrados con cultivos transgénicos. Hoy un 94% de los cultivos transgénicos del mundo se siembra en cuatro países del hemisferio americano: Estados Unidos (63%), Argentina (21%), Canadá (6%) y Brasil (4%).

La gran mayoría de estos cultivos es de soya y maíz y el resto es mayormente algodón y canola. En el año 2003, 80% de la soya, 70% del algodón, 60% de la canola y 38% del maíz sembrados en Estados Unidos fueron transgénicos. Aproximadamente 70% de los productos procesados en los supermercados estadunidenses tiene contenido transgénico.

Se nos dice que estos cultivos pondrán fin al hambre. Pero los cultivos transgénicos actualmente comercializados no fueron alterados genéticamente para mejorar su contenido nutricional o su sabor. 75% de ellos (soya y canola) fue alterado para ser resistente a herbicidas, 17% (maíz y algodón) para producir un veneno insecticida y el restante 8% para hacer ambas cosas.

Los impulsores de la revolución genética son ambiciosos; esperan en el futuro comercializar arroz, trigo, papas, tomates, frutas, árboles, pescado, cerdos y hasta césped transgénicos, y ya se está hablando de trastocar el código genético humano.

Los riesgos

¿Y cuál es el problema entonces? ¿Qué peligros pueden traernos estos nuevos productos? La Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) y las transnacionales de la biotecnología (como Monsanto, Dow, Syngenta y Aventis) nos aseguran que no hay ningún riesgo para la salud o al medio ambiente. Pero tengan en cuenta lo siguiente:

En 1998 el renombrado científico Arpad Pusztai, del Rowett Research Institute de Escocia, analizó papas transgénicas que producían una toxina insecticida llamada lectina GNA y encontró que los niveles de nutrientes en ellas estaban muy fuera de lo normal, algo totalmente inesperado. Por ejemplo, algunas tenían 20% menos proteína que las papas normales.

El doctor Pusztai alimentó un grupo de ratas con estas papas. Sus sistemas inmunológicos se perjudicaron. Los órganos de algunas de estas ratas bajaron de peso, incluyendo el hígado, los testículos y el cerebro. Otras tuvieron crecimiento descontrolado en las células de su sistema digestivo, lo cual podría ser un síntoma precursor de cáncer. Dado que la lectina GNA es inofensiva a los mamíferos, Pusztai dedujo que los efectos dañinos son causados por el proceso mismo de alteración genética de las papas.

Tras divulgar esta información en la prensa, Pusztai fue objeto de una campaña de calumnias. Pero en febrero de 1999, 23 colegas científicos de 13 países publicaron un memorando de apoyo a Pusztai y a las conclusiones de su estudio.

El año pasado una veintena de destacados científicos de siete países, que abarcan las disciplinas de agroecología, agronomía, biomatemática, botánica, química médica, ecología, histopatología, ecología microbiana, genética molecular, bioquímica nutricional, fisiología, toxicología y virología, incluyendo el Dr. Pusztai, formaron el Grupo de Ciencia Independiente y presentaron un informe sobre los cultivos transgénicos en el que afirman lo siguiente:

* No se ha demostrado que los transgénicos sean seguros. Animales de laboratorio alimentados con estos alimentos han desarrollado deformidades severas.


* "Los peligros más graves de la ingeniería genética son inherentes al proceso mismo", dice textualmente el documento. Por ejemplo, en 2001 se creó "accidentalmente" un virus letal para el ratón en el curso de un experimento aparentemente inocente e inocuo.

*"Técnicas nuevas permiten crear en el laboratorio, en cuestión de minutos, millones de virus recombinantes que nunca han existido antes. Los virus, bacterias y su material genético, que son causantes de enfermedades, constituyen los principales materiales y herramientas de la ingeniería genética, así como de la fabricación planificada de armas biológicas".

* "Existen pruebas experimentales de que ADN transgénico ha sido absorbido por bacterias del suelo y del intestino de voluntarios humanos". Dado que algunas de estas secuencias contienen genes que otorgan resistencia a antibióticos, estos alimentos podrían dificultar el tratamiento de infecciones.

* "Se sabe que el ADN transgénico puede saltar al genoma de células de mamíferos, aumentando la posibilidad de cáncer. No puede excluirse la posibilidad de que alimentar a animales con productos transgénicos, como maíz, puede acarrear riesgos, no solamente para los animales sino también para los seres humanos que consumen los productos animales".

"La FDA no fiscaliza los alimentos transgénicos", declaró el grupo ecologista estadunidense Amigos de la Tierra USA, en un informe publicado en 2003. Según el documento, lo que tiene la agencia es un proceso de "consulta voluntaria" que le permite a las corporaciones biotecnológicas decidir cuáles pruebas de seguridad llevarán a cabo, si alguna, y cómo se ejecutarán. "La compañía determina cuáles datos, si algunos, son compartidos con las autoridades reglamentadoras. De hecho, la compañía hasta determina si va a consultar con la FDA o no".

Los alimentos transgénicos que ya estamos comiendo no están etiquetados como tales, por lo tanto no tenemos manera de identificarlos o evitarlos, y tampoco se puede hacer un estudio epidemiológico para ver qué efectos podrían tener sobre nosotros. Por eso los críticos de la ingeniería genética reclaman que se etiqueten estos productos.

* (Publicado en el semanario puertorriqueño Claridad, 16 de septiembre 2004)

Revisión del texto por Tania Fernández para Ecoportal.

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