Transgénicos

La lucha contra los transgénicos: Una lucha global

La lucha contra el uso de los OGM se da en todo el mundo por considerar que estos no solamente son dañinos para la salud de los pueblos sino que pretenden controlar la biodiversidad, desarticular las economías campesinas e indígenas y apoderarse del conocimiento humano .

Por Ecoven *

La lucha contra el uso de los OGM se da en todo el mundo por considerar que estos no solamente son dañinos para la salud de los pueblos sino que pretenden controlar la biodiversidad, desarticular las economías campesinas e indígenas y apoderarse del conocimiento humano.


El pasado viernes 11 de enero, un comunicado del Despacho del Primer Ministro francés, François Fillon, anunció la decisión de activar la cláusula europea de salvaguarda sobre el cultivo del maíz transgénico Monsanto MON810, único Organismo Genéticamente Modificado (OGM) autorizado en Francia (se cultiva en 22.000 hectáreas). Esta cláusula está siendo utilizada por 6 países europeos para prohibir de manera provisional el cultivo o la comercialización de un OGM en la Unión Europea. Los gobiernos de Austria y Hungría la están utilizando específicamente contra el mismo maíz MON810, respectivamente desde 1999 y 2005, ya que la legislación europea no permite una prohibición general de los cultivos de OGM.

Sin embargo, esta decisión equivale a suspender, provisionalmente, los cultivos de OGM en Francia, y puso fin a días de especulación sobre la acción del gobierno de Sarkozy. Con lo que Francia se suma a la creciente lista de países que se oponen a los cultivos transgénicos.

Aunque no ha sido fácil tomar tal decisión debido que el lobby pro-OGM aprovechó la polémica surgida en Francia por la evaluación al OGM para lanzar una fuerte ofensiva, la transnacional Monsanto reaccionó a través de un comunicado irónicamente intitulado “Un proceso de evaluación que levanta ‘serias dudas’”.

Finalmente, el día 11 en la noche, el gobierno anunció la decisión de utilizar la cláusula de salvaguarda, en aplicación del principio de precaución, sin lograr poner fin a la polémica dentro de su campo político. Lógicamente, algunos diputados vinculados con los intereses de la agricultura intensiva y de las biotecnologías agrícolas se alzaron contra la decisión del gobierno.

Mientras José Bové, Ségolène Royal, y las asociaciones Greenpeace y France Nature Environnement se alegraron de la decisión del gobierno, el Presidente de la Asamblea Nacional Bernard Accoyer (UMP) denunció el lanzamiento de “una nueva cacería de herejes”: “No se trata de ignorar el principio de precaución, sino de fundar nuestra decisión sobre la razón, de autorizar o prohibir, sobre la base de argumentos científicos irrefutables”, declaró. Un grupo de diputados del partido de gobierno UMP criticó fuertemente al Primer Ministro en la ocasión de un debate “caliente” en la Asamblea Nacional, según los términos del presidente del grupo parlamentario Jean-François Copé. La Ministra de Investigación, Valérie Pécresse (UMP), al contrario, afirmó que se trató de una “decisión equilibrada ya que el Presidente se fundamenta en el principio de precaución para suspender el cultivo del MON810”.

Sin embargo, la activación de aquella cláusula es sólo provisional, y puede tardar meses. Además, según algunos observadores, podría tener efectos meramente mediáticos, y no prefigura un cese a largo plazo del cultivo de transgénicos en Francia. El gobierno, mientras activaba la cláusula de salvaguarda, anunciaba en efecto la inversión de 45 millones de euros para la investigación científica sobre biotecnologías. El Ministro de la Agricultura Michel Barnier, declaró el 14 de enero que “el punto de vista de la Alta Autoridad no significa que rechacemos los OGM”.


El futuro de aquellos cultivos OGM dependerá sobre todo del proyecto de ley sobre OGM, que se discutirá a partir del 05 de febrero en el Senado y luego en la Asamblea Nacional después de las elecciones municipales de marzo. El Ministro de Agricultura espera que se apruebe la ley antes del mes de junio del año en curso.

En Venezuela en el año 2004, Presidente Chávez hizo una declaración afirmando que serán prohibidas las cosechas genéticamente modificadas en tierras venezolanas, siendo ésta probablemente la restricción más severa con respecto a cultivos transgénicos en todo el hemisferio occidental, lo que llevará a la cancelación inmediata de un contrato que se había negociado con la corporación transnacional Monsanto, con sede en Estados Unidos.

Chávez afirmó que no serán permitidos los cultivos genéticamente modificados, ya que van en contra de los intereses y necesidades de los campesinos. Asimismo, hizo referencia a los planes de la corporación Monsanto de sembrar 500 mil hectáreas de soya transgénica. En tal sentido explicó que en vez de utilizar estas tierras para la siembra de cultivos transgénicos serán utilizadas para la plantación de yuca.

Los ambientalistas venezolanos y latinoamericanos tenían suficientes razones para estar preocupados, ya que Monsanto tiene una larga historia de haber generado una serie de problemas ambientales y sociales. Recordemos que fue la productora del agente químico naranja, que fue relacionado con pérdidas de embarazos, de la memoria y ataques de tipo epiléptico que afectaron a más de un millón de personas durante la guerra de Vietnam. Más recientemente, la compañía ha sido criticada por los efectos secundarios que se presume que tienen sus productos transgénicos sobre la salud de las personas y el bienestar ambiental.

La lucha contra el uso de los OGM se da en todo el mundo por considerar que estos no solamente son dañinos para la salud de los pueblos sino que pretenden controlar la biodiversidad, desarticular las economías campesinas e indígenas y apoderarse del conocimiento humano. La Unión Europea se ha resistido hasta ahora al uso de transgénicos a pesar de las presiones del gobierno estadounidense, Asimismo existen moratorias en otros países -incluso en algunos estados de EE.UU. y de Brasil- donde existe la prohibición del cultivo de productos transgénicos incluyendo la misma soya.

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