Transgénicos

Seguridad alimentaria

En 1983 se creó la primera planta transgénica, y en menos de 20 años los cultivos transgénicos, ocupan más de 43 millones de hectáreas, sin que aún se conozcan sus consecuencias sobre la salud y el medio ambiente.

Por Por José Santamarta

Las multinacionales de la alimentación a lo largo del año 2001 han ido  retirando los alimentos transgénicos, a causa del rechazo de los consumidores. La crisis de las vacas locas es el Chernóbil de la agricultura y la ganadería  industrial, y debería suponer una reforma ecológica del sector, que pasa sin duda por  el abandono de los cultivos transgénicos.

La epidemia de las vacas locas se ha extendido por media Europa, y es sólo una  manifestación de un modelo que se manifiesta en el caso de los pollos contaminados  por dioxinas, el uso generalizado de los antibióticos y las hormonas en la ganadería  industrial, el empleo masivo de plaguicidas, la extensión de la fiebre aftosa y la peste  porcina, la contaminación por nitratos y los cultivos transgénicos, un modelo que  perjudica la salud y el medio ambiente, y hace más acuciante la necesaria transición  hacia una agricultura y una ganadería ecológica.

La llamada encefalopatía espongiforme se detectó por primera vez en 1732,  cuando se describieron los síntomas en ovejas, dándosele el nombre de scrapie o  tembladera, pero hasta 1938 no se demostró que era una enfermedad transmisible. En  las vacas se llama encefalopatía espongiforme bovina (EEB), que se transmite a los  seres humanos, provocando la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, identificada en  1920, aunque no se asoció al scrapie hasta finales de 1950.

La encefalopatía espongiforme transmisible del ganado vacuno se descubrió en  el Reino Unido en 1986 y desde entonces se han contabilizado más de 180.000 casos  en el Reino Unido, Francia, Irlanda, Suiza, Portugal, Alemania y España, entre otros  países. El origen de la enfermedad en las vacas tiene su origen en el scrapie, y se  debió a la utilización de restos de animales contaminados (vacas y ovejas) para  fabricar piensos para vacas. Esta práctica se prohibió en julio de 1988 en el Reino  Unido, pero la materia prima siguió exportándose de manera totalmente  irresponsable. El periodo de incubación en las vacas es de 3 a 5 años, y sus efectos en  la población pueden ser graves.
El gobierno español, a través de la entonces ministra Loyola de Palacio,  impidió adoptar medidas serias para contener la enfermedad. Hasta finales del año  2000 la UE no aprobó la eliminación de los materiales considerados de riesgo, y  hubo que esperar a marzo de 2001 para que se prohibiese usar animales no aptos para  el consumo humano para la fabricación de piensos.

Los primeros casos de encefalopatías espongiformes en seres humanos se  describieron en los años cincuenta en una tribu de Nueva Guinea que tenía la  costumbre de comer el cerebro de sus muertos. La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob  aparece de forma esporádica y tiene una baja incidencia, afectando mayoritariamente  a personas de entre 55 y 75 años. Las encefalopatías espongiformes transmisibles son  mortales y, hasta el momento, no se conoce tratamiento para su curación. La variante  de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob se ha relacionado directamente con la bovina  y la crisis de las vacas locas.

A diferencia de la forma tradicional, afecta  principalmente a personas menores de 30 años. La enfermedad de Creutzfeld-Jakob,  cuando se manifiesta, produce la muerte en un año, pero antes puede permanecer  incubándose durante más de diez años. Hoy hay descritos 89 casos confirmados en  Europa, pero es probable que haya cerca de 140.000 personas ya contaminadas.

Las enfermedades infecciosas transmisibles suelen estar causadas por virus y  bacterias.En las encefalopatías espongiformes, el agente infeccioso es una proteína  anormal, que se llama prión. La hipótesis sobre los priones fue formulada por Stanley  Prusiner. El prión no tiene material genético. A principios de los años ochenta, el  método que usaban los productores británicos para reutilizar en los piensos los  despojos de las ovejas fue alterado: la temperatura se redujo y se eliminaron algunos  solventes. Como resultado, los priones que infectaban a las ovejas dejaron de ser  inactivados en los piensos y contaminaron masivamente al ganado vacuno.  

En 1983 se creó la primera planta transgénica, y en menos de 20 años los  cultivos transgénicos, impulsados por unas pocas multinacionales, pasaron de la nada a más de 43 millones de hectáreas en el año 2000, sin que aún se conozcan sus  consecuencias sobre la salud y el medio ambiente. El 87% del área plantada con transgénicos corresponde sólo a una empresa, Monsanto, hoy en manos de  Pharmacia. Monsanto tenía el 80% del mercado en 1999, seguida por Aventis con el  7%, Syngenta con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Hoy representan una  parte importante de las cosechas de Estados Unidos, Argentina, Canadá y China  (éstos 4 países representan el 99% de la superficie plantada con transgénicos),  aunque en el resto del mundo afortunadamente no pasan de ocupar un lugar marginal.  En España en 1998 se autorizaron las primeras variedades de cultivos  transgénicos, y en la actualidad es el país de la Unión Europea con más cultivos  modificados genéticamente. 

Hoy se cultiva una variedad de maíz de Novartis  (Compa) que llevan incorporado un gen de la bacteria Bacillus thuringiensis, que en  teoría la hace resistente al taladro. En el año 2000, según Novartis, se sembraron  unas 25.000 hectáreas de maíz transgénico, sobre todo en Aragón (10.000 hectáreas)  y Castilla-La Mancha (4.000 hectáreas), cantidad similar a la de 1999. Pero tal  cultivo tendrá que se ser abandonado en el año 2005, pues en abril del año 2000 el  Parlamento Europeo decidió que a partir de ese año no se cultiven semillas  transgénicas cuando sean resistentes a los antibióticos, como es el caso del maíz  Compa. 

Igualmente hay cultivos transgénicos experimentales: entre 1993 y 1999 se  autorizaron 250 ensayos en 57,4 hectáreas. España es el cuarto país europeo en  cultivos piloto de transgénicos, fundamentalmente con maíz, remolacha, algodón y  patata. La importación es la vía principal de entrada de los transgénicos en España.  Según el Ministerio de Agricultura, se importaron dos millones de toneladas de maíz  transgénico, destinado a piensos animales (el 70%) y a alimentación humana (el 30%  restante) y un millón de toneladas de soja para piensos y alimentación humana (vía el  aceite). Los fabricantes de piensos no están obligados a etiquetar el contenido  transgénico de su producto, a diferencia de los destinados a la alimentación humana  directa. 

Las multinacionales de la alimentación a lo largo del año 2001 han ido  retirando los alimentos transgénicos, a causa del rechazo de los consumidores. La crisis de las vacas locas es el Chernóbil de la agricultura y la ganadería  industrial, y debería suponer una reforma ecológica del sector, que pasa sin duda por  el abandono de los cultivos transgénicos. En Alemania la copresidenta del Partido  Verde, Renate Künast, ha sido nombrada ministra de Agricultura, y ha declarado que  la agricultura ecológica pasará en Alemania de representar el 2,6% en el año 2000 al  20% en el año 2010.  

La transición a una agricultura y ganadería ecológica es una necesidad  imperiosa, y así empiezan a entenderlo los consumidores. La agricultura biológica en  Europa pasó de un millón de hectáreas en 1990 a más de 3 millones en 1999. Los  transgénicos tendrán consecuencias mucho más graves y prolongadas que la  epidemia de las vacas locas, y suponen el último eslabón de un modelo insostenible  que empobrece a los agricultores y perjudica a los consumidores, beneficiando sólo a  unas pocas empresas multinacionales, con un enorme poder de manipulación e  influencia sobre algunos gobiernos, como el de Estados Unidos.

*Director de World Watch

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