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El PNUMA advierte que las guerras destruyen ecosistemas y la degradación ambiental agrava los conflictos

Por Aura Nariño · 6 noviembre, 2026 · 2:51 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El PNUMA advierte que las guerras destruyen ecosistemas y la degradación ambiental agrava los conflictos
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Las guerras no solo perjudican a las personas, sino que también inciden en el medio ambiente. Hoy 6 de noviembre, como el Día Internacional para Prevenir la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados, se recuerda cómo los conflictos generan consecuencias devastadoras para la paz, el ambiente, recursos naturales y calidad de vida de las personas.

Las dimensiones de las guerras en la degradación ambiental

Un conflicto armado es una situación grave para los habitantes de las zonas afectadas; implica desplazamiento de personas y altos riesgos en las áreas cercanas al campo de batalla. En cuanto al ambiente, genera pérdidas irreparables que agravan los conflictos para el futuro e impiden una recuperación, incluso luego de finalizado el conflicto.

Las guerras destruyen ecosistemas y degradan el ambiente, que termina por incrementar los gases de efecto invernadero, contaminación y el calentamiento global. Pero las guerras generan destrucción de campos fértiles, pérdida en el abastecimiento de agua al contaminar acuíferos y ríos, así como incendios forestales que terminan degradando los suelos y bosques.

En consecuencia, tal como señala el PNUMA, la guerra se relaciona con el ambiente. Y esa relación asume un papel de alto riesgo para el ambiente, pues, según datos de la ONU, las fuerzas armadas representan un 5,5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. En caso de guerras, dichas emisiones podrían incrementarse significativamente.

Los efectos de los conflictos armados para el ambiente

El PNUMA señala que las guerras no se limitan a efectos por las armas; van más allá, afectando a todos los ecosistemas que la rodean. Los impactos de fenómenos naturales como El Niño se sienten con mayor fuerza en zonas de guerra, y es una de las consecuencias que provocan los conflictos armados.

Una guerra implica bombardeos que causan contaminación al aire al liberar gases tóxicos cuando caen en zonas industriales y provocan incendios forestales. Esos mismos explosivos y residuos de armas causan degradación de los suelos fértiles, contaminación en ríos y acuíferos o destrucción de plantas de saneamiento para la distribución de agua potable.

Sin contar el desplazamiento de actividad humana que se instala en zonas naturales, movilizando a especies de su hábitat natural. Por tanto, es admisible señalar que la guerra se conecta con la crisis climática como una causa. Es decir, los conflictos armados terminan generando contaminación que incide en el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.

La contaminación de suelos, reservas de agua, degradación de suelos, deterioro ambiental en general, puede extenderse por décadas antes de que se inicie la recuperación. A su vez, una vez se comiencen los planes de recuperación, los desechos y la actividad humana para retomar la economía son otra fuente generadora de emisiones, e incluso las personas terminan desplazándose a nuevas áreas despobladas, quedando las regiones abandonadas y bajo desechos.

La contaminación y degradación de ecosistemas persiste en el tiempo

La ONU revela que el 40 % de los conflictos internos ha surgido por recursos naturales, generando mayor destrucción ambiental y económica. Esos efectos pueden persistir durante muchos años; para comprenderlo, la misma ONU señala que en la guerra del Golfo de 1991 se generaron 500 000 toneladas métricas de contaminantes al día, que hasta hoy siguen acumulados en la atmósfera.

De acuerdo con el PNUMA, su labor se centra en prevenir los riesgos ambientales y vulnerabilidad de la comunidad, recuperar con descontaminación y gestión de desechos, evaluar los ecosistemas y daños ocasionados, así como promover acuerdos de sostenibilidad para la gestión de ecosistemas compartidos como reservas de agua, bosques y tierras agrícolas. En conclusión, las guerras son causantes de la crisis ambiental que se vive en la actualidad, y prevenirlas podría salvar millones de vidas, así como a los ecosistemas.

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