El clima nos tiene reservada otra sorpresa: la inminente llegada del fenómeno de La Niña. Este patrón climático global, caracterizado por el enfriamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial, suele traer consigo cambios significativos en las condiciones meteorológicas alrededor del mundo, y México no es la excepción.
¿Qué es La Niña y cómo afecta al clima? Es una fase del ciclo climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), y además de un enfriamiento anormal de las aguas superficiales, suele alterar los patrones de circulación atmosférica a escala global, provocando cambios climáticos en diversas regiones del planeta.
Cuando ocurre esto, las zonas tropicales del Pacífico oriental experimentan temperaturas del mar más frías de lo normal. En algunas regiones, como el sudeste asiático y Australia, se registran lluvias por encima del promedio, mientras que en otras, como el suroeste de Estados Unidos y el norte de Sudamérica, se producen sequías.
Las posibles causas del retraso de ‘La Niña’: cambio de tiempos
Inicialmente, se esperaba que La Niña se desarrollara durante el verano de 2024. La falta de vientos alisios fuertes y constantes en el Pacífico ecuatorial, así como cambios en los instrumentos de medición utilizados para monitorear las condiciones oceánicas, son algunas de las razones que explican este fenómeno.
Según los últimos pronósticos de la NOAA, existe una alta probabilidad de que La Niña se desarrolle durante los meses de diciembre de 2024 o enero de 2025. Esto significa que los efectos de este fenómeno podrían sentirse en México durante los próximos meses y parte del siguiente año.
La falta de vientos alisios fuertes y constantes en el Pacífico ecuatorial, así como cambios en los patrones de circulación atmosférica, son algunas de las razones que explican este fenómeno. Este retraso podría modificar la intensidad y duración de los efectos de La Niña en México.
Más que un fenómeno climático, un desafío para la salud pública mundial
Más allá de ser un evento climático cíclico, tiene un impacto directo y significativo en la salud de las poblaciones a nivel global. Al modificar los patrones climáticos, este fenómeno crea condiciones propicias para la proliferación de vectores transmisores de enfermedades infecciosas y desnutrición.
Estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) han demostrado una correlación directa entre eventos de La Niña y el aumento de casos de dengue, zika y chikungunya, especialmente en regiones tropicales y subtropicales como existen en América Latina y el Caribe.
Las lluvias intensas y las inundaciones asociadas a La Niña contaminan fuentes de agua y aumentan el riesgo de enfermedades diarreicas, mientras que las sequías prolongadas pueden generar desnutrición y debilitar el sistema inmunológico, haciéndolo más susceptible a infecciones y puede tener consecuencias a largo plazo.
El impacto de este fenómeno y las medidas para poder combatirlo
En el sector agrícola, se espera una disminución en la producción de cultivos como el maíz y el frijol, por las sequías prolongadas en el norte y centro del país, afectará a los acuíferos y a la generación de energía hidroeléctrica. En el sur y sureste, las lluvias intensas podrían provocar inundaciones, deslizamientos de tierra y daños a la infraestructura.
Asimismo, los ecosistemas también se verán afectados, con la pérdida de biodiversidad y la alteración de los hábitats naturales. En ese sentido, el gobierno debe invertir en infraestructura hidráulica, desarrollar sistemas de alerta temprana y promover prácticas agrícolas sostenibles.
Por su parte, la población puede contribuir ahorrando agua, evitando el desperdicio de alimentos y preparándose para posibles emergencias. Además, es importante fomentar la investigación y el desarrollo de tecnologías que nos permitan adaptarnos a los cambios climáticos y construir un futuro más sostenible.
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