El Foro Económico Mundial (FEM) ha mostrado con claridad el precio que habrá de pagar la economía ante una crisis ecológica de estas dimensiones, evidenciando que el estrés de tipo sanitario que puede ser inducido de forma directa por el cambio climático puede llegar a costar en productividad laboral hasta unos US$1,5 billones para el 2050. En su último informe, la influyente entidad internacional indica que el sector de la salud pública ha pasado a ser el principal campo de pruebas para medir la capacidad de resiliencia de la economía del planeta. El FEM impulsa a los mercados a distanciarse de la mera comunicación corporativa de sostenibilidad hacia la acción que evite poner en riesgo el futuro de las economías.
El estancamiento de los objetivos mundiales y la paradoja del impacto
Para conocer a qué magnitud asciende la problemática, el reporte llamado «La economía del impacto: transformando la divulgación en demanda» señala una realidad estadística enormemente crítica: solamente un 15 % de las metas de los ODS que cuentan con la suficiente información y datos de tendencias se encuentran en camino a ser alcanzadas. Esta parálisis mundial del progreso social tiene lugar, por cierto, en un momento en el que las grandes empresas informan acerca de su impacto ambiental de una forma sin parangón. Este hecho pone de manifiesto que la mera recopilación de la información correcta no es suficiente para detener el deterioro ambiental y humano.
Para los analistas del FEM y la Fundación Schwab, que elaboraron el documento en franca colaboración con organismos internacionales como Social Finance International, el mercado contemporáneo se encuentra con una clara «paradoja del impacto». El problema radica, sobre todo, en que las políticas de divulgación de las métricas han avanzado de una manera extraordinaria, pero el progreso en la realidad en la que se trabaja avanza de una manera bastante más contemplativa.
La atención médica como el núcleo de la crisis de la productividad
Al analizar el complejo sector de la atención médica como banco de pruebas principal del estudio, el artículo ilustra cómo todo cambio climático continuo de por sí mismo se traduce en devastadoras pérdidas económicas para el sector productivo.
El riesgo de perder US$1,5 billones para mediados de siglo en productividad evidencia empíricamente que el estado físico de la población y la viabilidad económica son dos lados de la misma moneda, y que cuando condiciones climáticas extremas inducen la expansión de enfermedades zoonóticas o someten a los obreros a condiciones térmicas insoportables, los sistemas de suministros industriales se fracturan de forma expresa y las tasas de ganancia de las naciones caen.
Proteger a la fuerza de trabajo del estrés sanitario impone establecer una arquitectura de financiamiento en la que una actividad tal como prevenir una crisis sanitaria se valore y se remunere con la misma eficiencia que tratar una enfermedad ya establecida.
Cuatro vías estratégicas para el diseñar la economía de impacto
A partir de este objetivo principal y con el propósito de escapar de los márgenes de la mera responsabilidad social corporativa y de conseguir transformar el impacto en algo natural en la toma de decisiones, el informe recoge cuatro vías estratégicas primordiales (la regulatoria, la comercial, la financiera y la colaborativa) muy bien definidas. Estas buscan que los gobiernos nacionales y los mercados de valores definan precios reales y requisitos de resultados verificados, premiando financieramente a aquellas empresas que efectivamente reduzcan su huella de carbono y los problemas de salud de los trabajadores y comunidades que los rodean.
El informe, sustentado por un análisis exhaustivo y detallado de múltiples casos de modelos de negocio emergentes, demuestra de forma fehaciente cómo las mejoras sociales verificables pueden estar irrevocablemente ligadas a la creación de valor económico y ser financiadas a gran escala.
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