La nueva era del poder llegó de la mano del rápido desarrollo tecnológico y de las nuevas alternativas que surgieron para enfrentar la creciente demanda energética que esto conlleva. En este marco, la electricidad juega un rol fundamental, brindando soluciones para las principales problemáticas actuales y presentando claras ventajas frente a los combustibles fósiles. Esto provoca un cambio de paradigma que comienza a notarse en el mundo.
El poder de la electricidad
A raíz del complicado contexto geopolítico global, el mercado de los combustibles fósiles se tornó inestable, con importantes aumentos en sus precios y un futuro incierto. Este manto cargado de incertidumbre llevó a los países y empresas a buscar nuevas alternativas, encontrando en la electrificación y en las energías renovables una forma más segura, estable y económica de producción energética.
Para la Agencia Internacional de Energía (AIE), la electrificación es el motor central de la transición energética, ya que, además de su capacidad de producción, podría reducir más del 60 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas características acercan al mundo a los objetivos de desarrollo sostenible planteados por la ONU para el 2030, aunque para ello primero debe haber un cambio en la agenda internacional, cuya prioridad esté puesta en las redes eléctricas.
Ember coincide con las declaraciones de la AIE y expone un notable avance de la electrificación en el mundo tras la crisis energética provocada por el conflicto en Oriente Medio. Respecto a ello, resalta que la guerra en sí no impulsa la transición energética, sino que expone y refuerza las ventajas de estas fuentes por sobre los combustibles fósiles, tanto en precio como en disponibilidad.
Características de una nueva era
La nueva era del poder, según Ember, toma a la transición energética no como una mera política de la agenda climática global, sino como un desarrollo tecnológico y económico mucho más amplio. Según explicó, la digitalización de la información y los datos, sumada al avance de la tecnología, expone nuevas necesidades y esas necesidades pueden ser satisfechas a través de la capacidad eléctrica.
En estos últimos años, pudimos ver cambios en el comportamiento de las personas, más que nada en lo que respecta a la adopción de nuevas tecnologías. Por ejemplo, los automóviles eléctricos comienzan a ganar terreno en el mercado global, las bombas de calor reemplazan las calderas y los paneles solares junto a las baterías producen y almacenan energía. Todo esto deja entrever el cambio de paradigma del mercado energético global.
Si bien actualmente tan solo el 21 % del consumo eléctrico final de energía a nivel global está electrificado, el porcentaje aumentó en estos últimos años y demostró ser una alternativa económicamente viable. Según resaltan los expertos, la capacidad técnica de electrificación es del 90 %, lo que deja entrever las posibilidades existentes en torno a este sistema.
Un artículo de opinión compartido por Ember hace un relevamiento sobre las ventajas de la electricidad sobre el petróleo y el gas. En esa línea, destaca que la principal ventaja es que los combustibles fósiles deben encontrarse donde la naturaleza los ha dejado, lo que requiere un proceso mucho más complejo. En cambio, la electricidad puede generarse en el mar, en la tierra e incluso en un tejado de la casa.
El rol de las energías renovables
En esta nueva era de poder, las energías renovables toman un rol fundamental, ya que permiten aprovechar los recursos disponibles de todas las fuentes existentes para responder a las necesidades energéticas surgidas a partir del desarrollo tecnológico o de los factores climáticos. No obstante, esto no asegura una independencia ni mucho menos, ya que existen cuestiones que abordar para lograr una transición justa y equilibrada.
Según advierte Ember, la transición de la geología a la tecnología debe solucionar las desigualdades existentes en torno a las materias primas que se necesitan para fabricar chips, baterías o paneles solares. Si esta problemática no se arregla, el avance sería lento y desequilibrado.
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