La demanda y consumo de energías motiva que la innovación energética sea una pieza clave del desarrollo, pero su comercialización no es tan simple. El desarrollo de tecnología facilita la adopción de fuentes diversas y disminuye las presiones energéticas, aunque comercializar todas esas innovaciones y superar las barreras del mercado conlleva nuevos desafíos.
Gran parte de la innovación energética todavía no se comercializa
Según un reporte de la Agencia Internacional de Energía (AIE), cerca de una quinta parte de las más de 600 tecnologías energéticas actuales se encuentran disponibles comercialmente, pero aún no se han adoptado. No todas las tecnologías resultan ser técnicamente efectivas a escala comercial, pero, para aquellas que sí lo son, las mejoras posteriores dependen en gran medida de su implementación.
La tecnología energética debe pasar por un proceso gradual hasta concretar su funcionamiento y ser viable a nivel comercial. El dilema es que el retraso de su adopción también implica que la capacidad energética sea menor. Como la demanda de energías es cada vez mayor, contar con innovaciones que disminuyan las presiones es clave en la actualidad.
Como resultado, la AIE confirma que el número de tecnologías disponibles pero aún sin implementar está aumentando. El problema es que aproximadamente la mitad están relacionadas con el hidrógeno, la captura, utilización y almacenamiento de carbono o la eficiencia y electrificación en edificios.
Desafíos que enfrentan las nuevas tecnologías de energía
Cada año, los analistas tecnológicos de la AIE y los expertos de sus programas añaden nuevas tecnologías para reflejar la evolución del panorama energético. Este año, se enfocaron en la brecha entre el ritmo de desarrollo de las tecnologías y la capacidad para implementarlas, especialmente ahora que la energía y el clima convergen para la descarbonización.
Además, entre las nuevas incorporaciones se encuentran tecnologías relacionadas con la fisión nuclear, la energía geotérmica y la energía de fusión. El desarrollo y la comercialización de un nuevo producto de hardware energético requieren tiempo, lo que impide que las fuentes renovables se consoliden con mayor rapidez.
Usuarios, reguladores y financiadores deben adquirir experiencia y confianza en el producto, que inicialmente suele ser considerablemente más caro que las alternativas y puede tener características clave, como bajas emisiones, que no son muy valoradas por los compradores. No obstante, con los niveles actuales del calentamiento global, deben ser un foco prioritario.
En el caso de las tecnologías de captura y almacenamiento de dióxido de carbono y gestión de metano, la adopción se ha visto retrasada por la fragmentación de los mercados y la escasez de incentivos para que los contaminadores opten por alternativas más limpias. Los desarrolladores de tecnologías que permiten el suministro de hidrógeno de bajas emisiones y combustibles líquidos de origen biológico para el transporte se han enfrentado a desafíos similares.
La crisis energética puede reorientar las prioridades y acelerar los plazos de desarrollo
A medida que los compradores busquen protegerse de la volatilidad del mercado de combustibles fósiles tras la crisis energética, este segmento tendrá una oportunidad en el mercado. La adopción de tecnologías probadas para mejorar la resiliencia de la red eléctrica a menudo se ve ralentizada por marcos regulatorios que conducen al afianzamiento de tecnologías más antiguas, menos flexibles y menos receptivas.
Las grandes crisis energéticas suelen dejar una huella imborrable en la dirección del cambio tecnológico. Muchas de las tecnologías que hoy damos por sentadas, como la energía solar fotovoltaica, la eólica, las baterías de iones de litio, comenzaron su desarrollo tras la crisis del petróleo de la década de 1970. A largo plazo se han logrado cambios transformadores que protegerán a muchas economías de las peores consecuencias de las crisis energéticas futuras.
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