El mundo ha dado un paso hacia la preservación de ecosistemas con la protección oficial del 10 % del océano, aunque sigue siendo insuficiente. La conservación de la naturaleza es un objetivo que reina a nivel global, pues el cambio climático afecta a todos por igual y amenaza con incrementar su intensidad con el paso de los años.
El océano ya cuenta con un 10 % de protección
Una buena noticia ha registrado el PNUMA en la conservación y preservación de sistemas naturales globales. De acuerdo con informes recientes del año 2026, se ha alcanzado el hito de un 10 % del océano oficialmente designado como zona protegida y conservada, lo que mejora los índices de hace 2 años con un poco más del 8 %.
Dado que el calentamiento global golpea en primera instancia a los océanos, que son los encargados de absorber gran parte de las emisiones globales de carbono, la preservación de estos ecosistemas vitales marca una nueva transición hacia la sanación del planeta. Por dicha razón, es impensable perder zonas de alto valor y requiere de esfuerzos globales para evitarlo.
De acuerdo con el PNUMA, en los últimos 2 años se ha protegido cerca de 2 millones de millas cuadradas de océano, lo que representa una cifra importante para los avances de conservación. Aunque es solo una parte minúscula de la inmensidad marina que requiere de atención y conservación para mitigar el cambio climático.
Una esperanza, pero también un recordatorio para los próximos años
El crecimiento en protección de océanos es una esperanza para revertir los daños causados al planeta por parte de la humanidad. Sin embargo, pese a que se ha logrado alcanzar una cifra de 2 dígitos, sigue siendo insuficiente comparada con las metas propuestas. Uno de los acuerdos internacionales era proteger el 10 % del océano para 2020, pero esa cifra se alcanzó 6 años más tarde.
Por otra parte, en diciembre de 2022, los países participantes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) acordaron alcanzar la conservación del 30 % de la superficie marina y terrestre para el 2030. Estamos a menos de 4 años para alcanzar esa meta, lo que supone un gran esfuerzo y acción urgente.
El océano es capaz de absorber el dióxido de carbono que se emana de la contaminación; es una fuente de alimento, sustento e ingresos, así como una vía de movilización. Muchas comunidades en la costa dependen del océano en sus economías, por lo que cualquier alteración del mismo incide en sus vidas.
En los últimos años se han registrado aumentos al nivel del mar provocados por el cambio climático, presiones de fenómenos naturales como El Niño, así como deshielo de los glaciares; todo ello converge para provocar anomalías que afectan a los ecosistemas marinos y, en consecuencia, a la vida en la Tierra.
Las metas de conservación y las estadísticas reales siguen en brecha
La brecha sigue siendo alta; un 10 % es insuficiente para contrarrestar los efectos climáticos que se han generado a lo largo de muchas décadas de contaminación. Los océanos están cambiando de forma acelerada y, si no se actúa con la suficiente rapidez, es posible que nunca se cierre la brecha entre la conservación y la destrucción, tal como alerta el PNUMA.
El océano es capaz de producir más de la mitad del oxígeno que se respira, lo que lo hace un ecosistema de alto valor para la vida. Si bien la protección del 10 % es un hecho de celebración, la gran brecha que todavía está presente también es un motivo para adecuar sistemas que faciliten la preservación y alcanzar parte de las metas propuestas a nivel internacional.
Se estima que el 95 % del hábitat terrestre, en volumen, cabe en mar abierto, lo que demuestra su inmensidad. Por esta razón, se hace imprescindible conservar los ecosistemas marinos a través de tratados internacionales que fomenten las prácticas de preservación en biodiversidad marina.
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