En el marco de la quinta jornada de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, figuras internacionales han centrado sus ideales y declaraciones en la convergencia sobre una de las mayores alteraciones en el siglo XXI: las consecuencias del cambio climático y el volátil incremento del manejo de la inteligencia artificial. En un contexto global, jefes y delegados de naciones asignados han alzado la voz en Nueva York para solicitar y exigir reformas para la justicia climática, preservación de los ecosistemas, la transición energética y un uso moderado de las tecnologías emergentes.
La crisis climática representa una amenaza a nivel global
La crisis ambiental ocupó una gran parte de la reunión sobre el impacto global que manifiesta. Una cierta cantidad de naciones hicieron énfasis en la necesidad de salvaguardar el bienestar de los océanos y la sensibilización de la pérdida de biodiversidad. Francisco Avelino Vieira de Carvalho, primer ministro de Cabo Verde, protestó que la crisis climática expone una problemática a nivel global y recalcó sobre la realidad y la amenaza inminente que la crisis climática representa en los pequeños estados insulares, señalando la presencia de eventos recientes como la escasez de agua, las sequías, la desertificación, la acidificación de los océanos y el aumento del nivel del mar provocado por el calentamiento global.
Por otro lado, Aren Palik, vicepresidente de los Estados Federados de Micronesia, enfatizó la relevancia que el océano posee a nivel nacional e incluso global. Palik hizo un fuerte llamado a fortalecer la gobernanza oceánica, la gestión sostenible de la pesca y la protección absoluta de la biodiversidad marina.
A su vez, Palik acentuó el compromiso de moderar la contaminación por plásticos que damnifica la vida marina y es nociva para la salud de la humanidad, expresando su apoyo a la propuesta de Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles y solicitando a las comunidades internacionales un acuerdo justo para garantizar una renovada determinación política, una mayor financiación y una implementación acelerada.
Enfoque en la inteligencia artificial
La constante transformación de la matriz energética y la evolución desmedida vinculante a la tecnología abrieron numerosos debates sobre las consecuencias y brechas que pueden presentar estas mismas. John Briceño, primer ministro de Belice, mencionó las consecuencias que conlleva la gestión de la inteligencia artificial (IA), ya sean positivas o negativas. El impacto de la IA puede variar desde la desigualdad, suplantación de trabajadores, exposición de sistemas críticos y dejar a los países en desarrollo dependientes de tecnologías hasta la mejora de los servicios públicos y el acceso incrementado al conocimiento.
Asimismo, Han Zheng, vicepresidente de China, abogó sobre la concepción de la aplicación apropiada de la IA que debe desarrollarse «para bien y de forma positiva», con el fin de fomentar una administración que beneficie a todos. Zheng instó a continuar con el desarrollo de la transición energética, apoyar en la erradicación de pobreza y la seguridad alimentaria.
Marie-Edith Tassyla-Ye-Doumbeneny, ministra de Asuntos Exteriores de Gabón, subrayó la necesidad de implementar regulaciones nacionales y un marco jurídico para fijar una adecuada administración de la IA y salvaguardar la privacidad y los derechos de los Estados y la población.
Financiación justa y servicios ecosistémicos
El declive económico reforzó la necesidad de reformar la arquitectura financiera global para financiar la adaptación climática. La delegación de Gabón exigió una retribución justa por el apoyo ecosistémico que prestan sus bosques tropicales como sumideros de carbono, reclamo respaldado por Cabo Verde y Micronesia al definir la transición energética como una urgencia económica que requiere la transferencia directa de capital y tecnología.
En definitiva, las intervenciones de la quinta jornada de la Asamblea General de las Naciones Unidas, representadas por figuras como Aren Palik, Francisco Avelino Vieira de Carvalho, John Briceño y Han Zheng, demostraron que la estabilidad mundial depende de financiar la acción climática y establecer límites éticos a la tecnología.
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