La contaminación plástica en lagos y ríos es un tema de preocupación global por sus posibilidades de extenderse hacia el 2060. Proteger los ecosistemas marinos es relevante para la población en general, pues los plásticos han causado daños severos en especies, la atmósfera e incluso en los humanos al ser absorbidos por plantas y alimentos a través del agua. Por ello, el Instituto de Recursos Mundiales, a través de Systems Change Lab, relata algunas claves necesarias para evitar el conflicto futuro.
1. El ciclo del agua es el sustento de la vida
Los datos confirman que hacia el 2060 se proyecta un aumento de la contaminación por plásticos de 348 millones de toneladas, una cifra alarmante para el ciclo del agua, que es el sustento de la vida como la conocemos. El movimiento natural del agua permite que se enfríe la superficie terrestre, un aspecto clave para combatir el cambio climático.
No obstante, si el ciclo del agua se interrumpe por la contaminación que evita el flujo y las reservas de agua dulce, los ecosistemas y la vida humana quedan en peligro. Las consecuencias en la naturaleza, el clima y la disponibilidad de recursos hídricos pueden ser una amenaza importante en muchas regiones.
2. Detener la degradación en los ecosistemas de agua dulce
Un aspecto relevante para solventar la situación es detener la degradación de los ecosistemas y suelos. A medida que se pierde la biodiversidad, también influye en el ciclo natural del agua, lo que aumenta los riesgos. La contaminación de plásticos influye en la naturaleza de los ciclos, por lo que es parte esencial de la degradación actual de los ecosistemas.
El dilema es que los plásticos no se degradan completamente, solo se transforman en microplásticos, que son partículas mínimas que se alojan en aguas, en las especies marinas y en los suelos con el riego. Estos microplásticos influyen en el ciclo natural del agua, ya que son elementos no naturales que inciden en el sistema.
3. Incidencia en la calidad del agua
Los microplásticos son un factor de alto riesgo para la población humana. Al ser elementos que no se pueden ver a simple vista, pueden absorberse en los alimentos. Pero, si tienen influencia en la salud, se ha determinado que son causantes de enfermedades cardiovasculares y otras afecciones al sistema humano.
De acuerdo con el WRI, la calidad del agua ha disminuido considerablemente en las últimas décadas, lo que impide un suministro de agua potable a largo plazo en varias regiones del mundo. Garantizar el acceso equitativo a agua potable segura y asequible, saneamiento e higiene para todos será vital para el largo plazo.
4. Impedir la sobreexplotación de especies de agua dulce
Las especies de agua dulce desempeñan un papel vital en la limpieza del agua, el ciclo de nutrientes y el sustento de los sistemas alimentarios humanos. Sin embargo, están desapareciendo a un ritmo alarmante, una crisis que amenaza con desestabilizar los ecosistemas, debilitar la capacidad del planeta para proporcionar agua potable y socavar el bienestar humano.
5. Proteger el ciclo del agua como meta hacia el 2060
Bajo los análisis estadísticos, al ritmo actual, en 2060 el mundo estará bajo una crisis de agua dulce y la imposibilidad de mantener reservas de agua potable. Las sequías, cambios climáticos, alteraciones en los sistemas naturales como el ciclo del agua y la contaminación plástica influyen en la protección de ecosistemas.
Si bien estas perturbaciones son impulsadas por diversas fuerzas, es probable que el cambio climático sea el que cause los efectos de mayor alcance. El aumento de la temperatura global incrementa las tasas de evaporación, reduce tanto las reservas de agua superficial como subterránea; altera los patrones de precipitación, lo que ocasiona lluvias intensas en algunas zonas y sequías en otras.
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