El gobierno norteamericano confirmó la alianza con Suecia para trabajar en el aprovechamiento del potencial tecnológico de ambas naciones. En su visita al país, Marco Rubio selló otro acuerdo estratégico que se suma a los ya existentes con Japón, Corea del Sur y el Reino Unido.
EE. UU. consolida su estrategia tecnológica y energética
Este viernes, la Casa Blanca reveló el documento que firmaron Marco Rubio y la ministra de Relaciones Exteriores de Suecia, Maria Malmer Stenergard. En el marco de su participación en la reunión de cancilleres de la OTAN, los dirigentes mantuvieron un encuentro en Helsingborg en el que concretaron el acercamiento.
Tras atravesar un período de tensiones con la plataforma internacional a raíz de la negativa de sus líderes a respaldar las operaciones de EE. UU. e Israel en el Golfo Pérsico, Donald Trump envió al secretario de Estado a limar asperezas y reforzar lazos con socios clave.
Recientemente incorporada al organismo, Suecia destacó entre otros integrantes por sus avances en materia de inteligencia artificial y por su liderazgo en el aprovechamiento de minerales críticos, puntos fundamentales de la agenda Pax Silica con la que la potencia occidental espera triunfar en la carrera tecnológica con China.
Asimismo, el país nórdico dedica esfuerzos a concretar la transición energética y a explorar el potencial de los reactores modulares pequeños y otras alternativas limpias de cara a los desafíos de la nueva era digital, motivos que incentivaron a la comitiva estadounidense.
«Suecia ha sido un aliado ejemplar y una valiosa incorporación a la OTAN (…) Hoy firmamos un memorando de entendimiento que consolida nuestra cooperación en biomedicina, biotecnología e inteligencia artificial», declaró Rubio en conferencia de prensa hace unas horas.
El innovador memorándum es el puntapié para estimular la «prosperidad energética de ambas partes» y «fortalecer la estabilidad, la seguridad y la competitividad». Cabe destacar que el pacto se basó en el Acuerdo de Cooperación Científica y Tecnológica de 2006, que dio marco a las primeras colaboraciones bilaterales en investigación y desarrollo.
De esta manera, el tratado de alto nivel buscará blindar al eje occidental ante competidores estratégicos y asegurar a EE. UU. una cadena de suministro cerrada a empresas locales y extranjeras de completa confianza.
Foco crítico: la IA y el desarrollo energético
Con una amplia perspectiva, los funcionarios trazaron una serie de objetivos que abarcan áreas diferentes como la medicina biomédica, la IA, la computación cuántica, el espacio y las nuevas energías, para garantizar el posicionamiento de Suecia y EE. UU. en el tablero geopolítico en las próximas décadas.
En primer lugar, abordaron la veloz expansión de los sistemas automatizados en una cláusula que propone la colaboración para fabricar infraestructura que rompa con la dependencia de China y otros países proveedores. Para ello, está contemplado fusionar la experiencia estadounidense con la creación de software especializado con los desarrollos de Suecia en telecomunicaciones (como las redes 5G y 6G), para conformar un sistema cerrado y seguro.
En segundo lugar, el memorándum plantea el aprovechamiento de las energías limpias como un punto nodal para resolver la problemática del abastecimiento de los centros de datos, poniendo énfasis en el potencial de los reactores modulares pequeños (SMRs).
A continuación, se revaloriza a Suecia como reservorio de tierras raras y se propone «promover la detección, caracterización, exploración, extracción, procesamiento y recuperación de minerales críticos y materiales avanzados» a los que EE. UU. tendrá acceso en carácter de socio.
Acuerdos de defensa
Otro de los puntos más relevantes contempla la integración de tecnología militar, que supone el trabajo coordinado para diseñar radares, sistemas de navegación y armamento de ingeniería avanzada «para apoyar los intereses económicos y de seguridad de ambas partes». Con tal fin, está previsto flexibilizar normas burocráticas que hoy condicionan el intercambio.
La exploración espacial fue otro de los puntos abordados por los ministros, que se comprometieron a apoyar «el crecimiento de las empresas espaciales de ambos países» y dejaron abierta la posibilidad de compartir misiones lunares del programa Artemis.
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