Los sistemas de agua dulce son elementos vitales para la supervivencia humana y del planeta, pero su desaparición preocupa por su disponibilidad. Sin agua, no existiría la vida; es uno de los recursos más relevantes y que debería tener prioridad en cuanto a la protección de ecosistemas. El WRI señala que la pérdida de agua dulce se mantiene latente desde 1970.
Amenaza a los ecosistemas de agua dulce
Un estudio del WRI mediante System Change Lab confirma que la pérdida de los ecosistemas de agua dulce crea un conflicto para especies, humanidad y medio ambiente en general. Según las estadísticas, cerca de un tercio de los ecosistemas de agua dulce se han perdido desde 1970, y posiblemente continuará aumentando esa cifra si no se toman acciones concretas y rápidas.
El ciclo del agua es el sustento de la vida, y cualquier amenaza influye sobre los ecosistemas que dependen de este recurso. Los sistemas de agua dulce son capaces de contrarrestar los efectos del cambio climático, por lo que perderlos supone un serio riesgo para todas las especies vivas.
Desde 1970, casi un tercio de los ecosistemas de agua dulce evaluados han desaparecido, incluyendo más de 988 millones de acres de humedales; para hacerse la idea, es una cifra que representa el territorio de India. Las especies de agua dulce están disminuyendo más rápidamente que las de hábitats marinos o terrestres, y una quinta parte de las especies evaluadas se encuentran ahora amenazadas de extinción.
La alteración de ecosistemas de agua dulce influye en el incremento del calentamiento global
El agua dulce no solo es sinónimo de vida, también es un elemento cuyos ecosistemas ayudan a mitigar los efectos del calentamiento global. Ecosistemas como los manglares, que son capaces de mantener limpias las costas, albergar biodiversidad y actuar como filtros de impurezas, se encuentran bajo amenaza.
A medida que el calentamiento global se apodera del planeta, este tipo de ecosistemas suele perderse gradualmente. No obstante, la paradoja del asunto es que, a medida que se pierden, más se incrementa el calentamiento global, por lo que se convierte en un ciclo indetenible. Una estimación sugiere que solo las turberas degradadas son responsables del 4 % de las emisiones globales de origen humano.
De acuerdo con el WRI, la actividad humana está alterando cada vez más el ciclo del agua, amenazando los ecosistemas, las economías y el bienestar global. A medida que el agua se mueve a través de ecosistemas de agua dulce, algunos son extraídos por personas como un recurso hídrico para proporcionar agua potable, saneamiento e higiene, apoyar la producción agrícola, generar energía y sustentar los medios de subsistencia.
Aunque los humedales, ríos y lagos cubren menos del 1 % de la superficie terrestre, albergan casi el 10 % de la biodiversidad, lo que representa su valor como sistemas naturales. A su vez proporcionan servicios esenciales, como la purificación del agua, el ciclo de nutrientes y un enorme beneficio en el almacenamiento de carbono.
Revertir las tendencias puede ser la salvación del planeta
Las alteraciones climáticas cada vez repercuten con mayor fuerza en la vida humana. Las actividades como pesca, agricultura, disponibilidad de agua y sistemas energéticos se ven presionadas ante los efectos de las anomalías en los climas, que suelen afectar a millones de personas en el mundo y causar muertes prematuras o limitación a servicios básicos.
La buena noticia es que ya se ven algunos cambios, como el aumento por primera vez de manglares, pero todavía se hace insuficiente para evitar una pérdida de biodiversidad de agua dulce. La prevención y protección de ecosistemas de agua dulce asegura la reducción de las emisiones y facilita el acceso a servicios de agua potable.
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