En el marco de una nueva etapa en su estrategia comercial por los aranceles, Estados Unidos determinó que comenzará a aplicar tarifas portuarias específicas a buques construidos o propiedad de China pero el objetivo es claro: revivir la industria naval estadounidense y reducir la dependencia de Pekín.
Las tarifas entrarán en vigor dentro de 180 días y se aplicarán por tonelaje neto o por contenedor descargado, con aumentos progresivos en los próximos años. Sin embargo, estas reglas afectarán a barcos que hagan escala en EE.UU, aunque se limitarán a un máximo de cinco veces por año por embarcación.
En el caso de los buques construidos en China, pero que son de propiedad de empresas no chinas, también estarán sujetos a tarifas diferenciadas. También, se suman recargos para barcos de transporte de automóviles ensamblados en Estados Unidos y buques de gas natural licuado, aunque estos últimos entrarán en vigencia en tres años.
Las cifras que marcan el dominio asiático y la declaración del representante comercial de EE.UU
El Representante Comercial de EE.UU, Jamieson Greer, explicó que esta medida es clave para revertir la pérdida de competitividad del país. Luego de décadas de desinversión, la industria naval norteamericana representa hoy apenas el 0,1% de la producción global de barcos, según datos de Naciones Unidas.
Así, China, Corea del Sur y Japón concentran más del 95% de la construcción naval civil, siendo China responsable de casi la mitad de todos los buques producidos a nivel mundial. Este desequilibrio generó preocupación en Washington, por su impacto en la seguridad económica y la autonomía estratégica del país.
Según Greer, el transporte marítimo no es solo comercio, sino un “activo crítico” para la estabilidad económica de Estados Unidos. Las nuevas tarifas no se aplicarán al transporte en los Grandes Lagos, el Caribe, ni a las exportaciones en barcos que lleguen vacíos.
Pekín reaccionó ante los costos para el comercio global
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, calificó las tarifas como una medida “perjudicial para todos”, remarcando que elevarán los costos de transporte marítimo a escala global y aumentarán la presión inflacionaria dentro de Estados Unidos.
Cabe mencionar que los nuevos cargos incluyen un pago inicial de US$ 50 por tonelada neta para barcos construidos y propiedad de China, con aumentos de US$ 30 anuales durante tres años. También se ofrece una opción alternativa: un arancel por contenedor que comenzará en US$ 120 y llegará a US$ 250.
Según se dio a conocer, estas tarifas podrían verse reflejadas en incrementos de precios para importadores estadounidenses y consumidores finales, además de complicar la logística de comercio internacional en un momento de alta inflación global.
El enfrentamiento entre Estados Unidos y China no para
En esta iniciativa portuaria que se encuentra dentro de la guerra comercial ampliada por la administración de Donald Trump, que ya impuso hasta un 145% de aranceles acumulados sobre productos chinos. Desde el país asiático, respondieron con aranceles del 125% a bienes estadounidenses.
Pese a que Trump insinuó que podría suspender futuros aumentos, también advirtió que “llega un punto en que la gente deja de comprar” (Trump continua negociando y ve que su plan da frutos). En este sentido, el mensaje deja entrever que aún existe margen para negociar, pero también para agravar el conflicto.
Al ocurrir estas nuevas tarifas, hay que mencionar que no son solo una herramienta económica sino que también se toman como parte de un arma geopolítica para presionar a China en medio de tensiones que van más allá del comercio, incluyendo tecnología, seguridad y cadenas de suministro globales. La propuesta de imponer aranceles a barcos chinos pretende reindustrializar el sector naval de EE.UU. una ambición que muchos consideran tardía.
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