El seguimiento de la fauna salvaje del Ártico se encuentra en un descenso drástico, ya que el interés de los gobiernos por tal tipo de investigación ha cambiado y la atención se desplaza hacia la seguridad de las naciones y el dominio de minerales raros como parte de su agenda estratégica. La comunidad científica alerta de que tal pérdida de la investigación de campo es sistemática y no tiene precedentes, ya que coincide también con el momento en el cual el cambio climático modifica drásticamente las condiciones de vida en el extremo norte. La caída de la financiación es gradual y corresponde a un cambio de prioridades.
Cierre masivo de estaciones y las repercusiones de la geopolítica
Los drásticos recortes presupuestarios han generado la paralización de numerosos proyectos de investigación en todo el mundo circumpolar, con un impacto notable en las regiones considerables como Groenlandia y los EE. UU. En Canadá, el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático cerró de manera callada en 2024 una estación innovadora situada cerca de la isla Mitivik que había sido operada durante décadas con socios inuit.
En la actualidad, las investigaciones federales canadienses continúan en un número de solo 3 de los 14 refugios de aves migratorias del Ártico, mientras que la agencia también vio cómo su personal se redujo programáticamente en un 10 % para 2025. En una paradoja evidente, mientras la ciencia prevé un futuro de desinversión, Canadá se prepara para invertir US$405 millones en la construcción de una nueva carretera hacia la costa ártica dentro de un plan de US$40 000 millones, una forma de reafirmar soberanía territorial y explotaciones de recursos. La situación internacional ha agudizado esta crisis científica a través de la ruptura directa de la diplomacia.
Consecuencias biológicas y alteraciones en la migración
La interrupción del seguimiento se produce en un contexto ecológico muy inestable, en el que al menos 96 especies de mamíferos y aves árticas y subárticas están cambiando las pautas migratorias como consecuencia del adelanto del deshielo primaveral y de inviernos más cálidos. Los escasos científicos en el terreno no permiten documentar las consecuencias de la depredación provocada por el clima.
De manera ilustrativa, el acelerado retroceso del hielo marino ha obligado a los osos polares a hacer un uso masivo del interior de tierras de donde devoran los huevos de las aves, como los patos eider, lo que provoca un colapso en las zonas de anidación. Por otro lado, el aumento de las temperaturas promueve la aparición de nuevas enfermedades, como la cólera aviar, una enfermedad poco común en el Ártico que ha llegado a provocar la muerte de hasta 3000 hembras anidadoras en una sola primavera. Por su parte, investigaciones anteriores demostraron que ciertos parásitos intestinales de los eideres absorbían contaminantes como mercurio (Hg), plomo (Pb), etc., que se liberaban por el deshielo del permafrost, reduciendo así la exposición de las aves a los tóxicos y de las poblaciones humanas que los ingieren.
La necesidad de llevar a cabo el monitoreo junto a las comunidades locales
En el pasado, los cazadores indígenas han informado de los cambios biológicos como la migración hacia el norte de osos pardos que se aparean con osos polares, resultando en híbridos, o la incursión de orcas que cazan ballenas de Groenlandia en lugares atípicos. Sin embargo, es casi imposible graduar los cambios locales sin apoyar a las comunidades mediante los investigadores científicos en el terreno.
En el Ártico canadiense, el financiamiento para el estudio de osos polares ha alcanzado un mínimo histórico. Y aunque algunos investigadores se frustran al afirmar que los gobiernos no quieren tomar decisiones políticas, el consenso general coincide en que renunciar al trabajo de campo no es una opción coherente.
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