Desde hace tiempo, la región de Cachemira, está dividida entre India y Pakistán esta vez volvió a ser escenario de conflictos graves durante la última semana con bombardeos, ataques con drones y fuego cruzado provocaron la huida de decenas de miles de personas desde ambos lados de la frontera.
Luego del anuncio de un alto el fuego, realizado este sábado, la calma que parecía llegar fue cuestionada por la población porque ambos países están equipados con armas nucleares, entre ellos acordaron detener todas las acciones militares en tierra, aire y mar.
Esta tregua buscaba frenar la confrontación más intensa en décadas, la cual estalló tras un ataque a turistas que India atribuyó a militantes respaldados por Pakistán. Islamabad negó cualquier implicación, pero la escalada de violencia no tardó en involucrar a zonas pobladas.
Si bien hubo acuerdo, la desconfianza continúa en Cachemira
En el transcurso de la madrugada del domingo ocurrieron nuevas hostilidades, porque se reportaron enfrentamientos, drones sobrevolando territorios disputados y acusaciones mutuas de violaciones del cese al fuego, por eso en Cachemira bajo control paquistaní, la desconfianza persiste.
Luego de lo sucedido, algunos habitantes pasaron noches enteras en búnkeres o refugiados en casas de parientes, esperando una verdadera señal de estabilidad antes de regresar a sus hogares. Las explosiones dejaron casas inhabitables y vidas interrumpidas, una realidad que no se puede revertir con un simple acuerdo diplomático.
En este aspecto, las ruinas cubren zonas del Valle de Neelum recuerdan a diario el costo humano y material del conflicto, las aldeas que están situadas a poca distancia de la Línea de Control, son blanco de enfrentamientos transfronterizos, así es como muchos habitantes reconocen que el alto el fuego trajo alivio, pero dudan de su permanencia.
La tregua no elimina el trauma ni garantiza seguridad
Un ciudadano de Chinari, Abdul Shakoor habló con AP News, escapó junto a su familia recorrieron diez kilómetros a pie para evitar los bombardeos, para él, como para muchos otros, la tregua no elimina el trauma ni garantiza la seguridad, lo mas importante sería que tengan un diálogo verdadero entre los gobiernos.
En Baramulla, una familia que intentaba volver a casa fue detenida en un puesto de control sin explicación, de todas formas la esperanza que trajo el anuncio del alto el fuego se desvaneció en cuestión de horas, obligándolos a volver a un refugio improvisado en una escuela.
Según se dio a conocer, en cada aldea cercana a la Línea de Control, las torres de vigilancia y las tropas de ambos lados son recordatorios de la fragilidad de la paz, algunos soldados están tan cerca que incluso podrían saludarse, pero el peligro está ahí.
Una tregua que es mirada de reojo por parte de Cachemira
De todas formas, el domingo India declaró que sus ataques en territorio paquistaní habían matado a más de 100 combatientes, incluyendo líderes de grupos armados. Tras estas afirmaciones trajeron tensión, mientras Pakistán aseguraba estar manejando las violaciones con responsabilidad y reafirmaba su compromiso con la tregua.
Una residente de una aldea cercana al río Neelum llamada, Fatima Bibi, relató que la noche del viernes fue de terror absoluto porque el estruendo de los proyectiles sacudió su hogar y obligó a su familia a refugiarse bajo tierra. Si bien se muestra agradecida de estar viva, teme que la tregua no sea más que una pausa temporal en un ciclo interminable de violencia.
Desde el ex primer ministro de Jammu y Cachemira hasta los propios habitantes del Valle de Leepa, la percepción es unánime: sin un cambio estructural en las relaciones entre India y Pakistán, cualquier alto el fuego será visto como provisional.
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