Durante años se ha debatido si las turbinas eólicas marinas representan un riesgo importante para las aves. Ahora, un estudio aporta nuevos datos sobre cómo reaccionan cuando se acercan a ellas.
La investigación de casi dos años con cámaras de alta calidad en la costa de Escocia mostró que estos animales pueden ver las aspas desde más de 200 metros y cambiar de ruta a tiempo.
Después de analizar más de 137 000 trayectorias de vuelo y no confirmar ningún impacto, los investigadores aportan nueva evidencia sobre cómo interactúan las aves marinas con este tipo de infraestructura.
¿Hasta qué punto estos resultados pueden cambiar lo que sabemos sobre la convivencia entre las aves marinas y los parques eólicos?
La cámara vigiló una sola turbina durante casi dos años
Vattenfall, una empresa eólica, y Spoor, una compañía de tecnología, pusieron en marcha un sistema de cámaras automatizadas de alta calidad en la turbina AW05 del parque eólico marino de la Bahía de Aberdeen.
La instalación duró 19 meses, desde junio de 2023 hasta diciembre de 2024. Se cubrió alrededor del 95% de las horas de luz diurna.
Durante ese tiempo, el sistema registró más de 137 000 movimientos de aves.
Se identificaron 2007 trayectorias de vuelo que pasaron lo suficientemente cerca como para observar maniobras de evasión alrededor del aerogenerador.
Este sistema constante reveló una idea importante: las aves marinas no se dirigen sin pensar hacia el peligro.
Estudios anteriores en el mismo lugar, utilizando radares y GPS, ya sugerían que muchas aves iniciaban maniobras de evasión entre unos 100 y 200 metros antes de llegar a las estructuras.
Antes de construir el proyecto en 2018, los modelos teóricos predecían alrededor de 13,5 colisiones durante esos 19 meses.
Pero cuando se usaron los datos reales captados por las cámaras en el modelo oficial, la proyección de accidentes se redujo a apenas 0,002. Eso muestra una gran diferencia entre las suposiciones teóricas y lo que realmente ocurre con el comportamiento de las aves.
Cinco posibles choques desaparecieron cuando alguien volvió a mirar
Sin embargo, en la investigación publicada en Wiley los expertos de The Biodiversity Consultancy realizaron una revisión manual fotograma por fotograma para verificar cada caso señalado por las cámaras.

Al revisar las imágenes con cuidado, los investigadores se dieron cuenta de que en ninguno de los cinco casos hubo un contacto real.
Lo que parecía una colisión en la grabación era, en realidad, acciones normales de las aves.
Las aves se lanzaban hacia el agua para pescar o simplemente volaban a varios metros delante o detrás de las aspas.
Tras esta revisión, el número de colisiones confirmadas durante los 19 meses de monitoreo seguía siendo exactamente cero.
Cero impactos confirmados no convierte cualquier parque eólico en un lugar seguro
Aunque los datos recopilados en la bahía de Aberdeen son una excelente noticia para la industria de las energías limpias, tanto los científicos como los responsables de Vattenfall insisten en que estos resultados no son un cheque en blanco para construir parques eólicos marinos en cualquier sitio sin tomar medidas de precaución.
Que en este estudio se haya observado un comportamiento de evitación no significa que lo mismo vaya a ocurrir en todos los rincones del planeta ni con todas las especies por igual.
La realidad es que el comportamiento de los animales cambia muchísimo dependiendo de la especie de la que estemos hablando.
Algunas aves son más ágiles que otras para reaccionar a tiempo, y factores como las rutas de migración, la ubicación exacta de las turbinas o el clima juegan un papel fundamental.
Por ejemplo, en noches muy oscuras o cuando hay niebla densa, es mucho más difícil ver.
Esto puede hacer que los animales tengan problemas para detectar las estructuras que están a 200 metros de distancia, como en este caso.
Por esta razón, los autores del informe destacan que no se puede asumir que todos los mares y costas van a reaccionar de la misma manera.
Defienden que lo correcto es repetir este tipo de observaciones prolongadas y en condiciones reales en otros parques eólicos.
Aunque todavía queda mucho por investigar en distintas épocas del año y con otras especies, estos hallazgos abren una gran puerta para desarrollar energía eólica en el mar de forma mucho más amigable y segura con la naturaleza.
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