Para mucha gente, el trayecto más peligroso del día no ocurre en medio del tráfico de una gran ciudad.
Sucede en una carretera casi vacía.
Sobre todo cuando cae la noche.
Basta un instante. Un animal aparece frente al vehículo y todo cambia.
En Estados Unidos, este tipo de accidentes forma parte de una realidad que se repite año tras año.
No solo dejan animales muertos y automóviles destrozados. También provocan víctimas humanas, retrasos en las carreteras y costos que terminan afectando a conductores, aseguradoras y servicios de emergencia.
Durante décadas, casi nadie se planteó que pudiera existir una solución.
Era uno de esos problemas que parecían venir incluidos con las autopistas.
Los animales se movían.
Los coches también.
Y tarde o temprano ambos terminaban coincidiendo.
Sin embargo, algunos especialistas empezaron a darle la vuelta a la idea.
Quizá no tenía sentido esperar que la fauna cambiara sus hábitos.
Al fin y al cabo, muchas especies llevaban utilizando esas rutas mucho antes de que existiera el asfalto.
Lo importante no es el puente, sino todo lo que ocurre antes
Las imágenes de los pasos de fauna suelen llamar la atención.
Desde arriba parecen pequeños fragmentos de bosque suspendidos sobre las carreteras.

Pero la parte más interesante no siempre es la que aparece en las fotografías.
Los animales no encuentran esos cruces por casualidad.
A lo largo de kilómetros se colocan cercas que los van guiando hacia un punto seguro. La idea es impedir que entren directamente a la autopista y conducirlos, poco a poco, hasta la zona de paso.
Puede parecer algo sencillo.
Y en realidad lo es.
La lógica detrás del proyecto nunca fue obligar a los animales a aprender nada.
Más bien se trató de entender cómo se comportan.
Por eso, las estructuras incorporan vegetación local y superficies que intentan reproducir el entorno natural.
También existen rampas de escape para aquellos ejemplares que terminan accidentalmente dentro de la vía.
Y cada proyecto es diferente.
Lo que funciona para una población de alces no necesariamente sirve para otras especies.
Arizona decidió observar antes de construir
El estado se ha convertido en uno de los referentes más conocidos en este tipo de infraestructuras.
Actualmente Arizona Department of Transportation trabaja en su cruce de fauna número 27.
Pero antes de levantar una sola estructura, los especialistas pasaron años siguiendo los desplazamientos de las manadas de alces mediante collares satelitales.
No buscaban nada extraordinario.
Solo querían saber por dónde caminaban.
Dónde encontraban agua.
Qué rutas repetían con más frecuencia.
Con esa información diseñaron las barreras y los pasos elevados.
Y los resultados terminaron siendo mejores de lo esperado.
En algunos sectores, las colisiones entre vehículos y animales se redujeron hasta un 90 %.
Eso significa menos accidentes y menos interrupciones para quienes utilizan esas carreteras todos los días.
También significa que muchas especies pueden seguir desplazándose entre diferentes zonas sin quedar aisladas.
Lo curioso es que esta solución terminó beneficiando a todos
Al principio, estos proyectos se asociaban únicamente con la conservación de la fauna.
Pero con el paso del tiempo se hizo evidente que los beneficios iban mucho más allá.
Menos accidentes implican menos gastos médicos, menos reparaciones y menos reclamaciones para las compañías de seguros.
Las carreteras permanecen abiertas durante más tiempo y las poblaciones animales mantienen conexiones que son importantes para su supervivencia.
Por eso otros estados observan con atención lo que ocurre en Arizona.
No porque los puentes sean especialmente llamativos.
Sino porque han demostrado algo que hace algunos años parecía difícil de imaginar.
Que desarrollo y naturaleza no siempre tienen que competir.
Y que, en ocasiones, la solución más eficaz no consiste en cambiar el comportamiento de los animales.
Consiste simplemente en recordar que ellos ya estaban allí mucho antes que nosotros.
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