El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha publicado un extenso informe de síntesis que representa un llamamiento a la acción para todo el mundo y para que la mayoría pueda sumarse al movimiento Generación Restauración. El objetivo de este esfuerzo global es prevenir, detener y revertir la degradación continua de los ecosistemas del planeta. El informe sintetiza la amplia evidencia sobre la situación de deterioro de los ecosistemas del planeta y detalla las enormes recompensas económicas, ambientales y sociales que la restauración puede aportar a la humanidad.
1. Adaptación climática por medio de infraestructuras naturales
La restauración ecológica puede desempeñar un papel muy importante en la adaptación de las personas a los impactos del cambio climático. No cabe duda de que la utilización de soluciones basadas en la naturaleza puede resultar muy efectiva a la hora de atenuar el riesgo de sufrir desastres. Por ejemplo, se ha comprobado que los manglares saludables son un poderoso escudo contra tsunamis devastadores.
De acuerdo con el PNUMA, este tipo de ecosistemas pueden disminuir la altura de las olas entre un 5 % y un 30 %. Otro buen ejemplo puede encontrarse en Estados Unidos, donde la restauración de los arrecifes de ostras de la bahía de Mobile, en Alabama, atenuó la altura media de las olas y redujo la energía sobre la costa en una magnitud de entre un 53 % y un 91 %. Este tipo de medidas de adaptación va acompañado de importantes beneficios condicionantes como, por ejemplo, un aumento en la producción de marisco, la recuperación de las poblaciones de peces y la generación de mejores oportunidades para el turismo y la recreación.
2. Mitigación bienintencionada del cambio climático
Para evitar un cambio climático catastrófico, debe quedar claro qué medidas deben adoptarse para limitar el calentamiento global a menos de 2 °C. La tarea de proteger los ecosistemas intactos y combatir activamente la degradación tiene un enorme potencial. De hecho, estas actividades pueden contribuir a mitigar más de un tercio del total que se necesita para 2030.
3. Asegurar el suministro y la calidad del agua
Los ecosistemas naturales aportan servicios fundamentales para las personas, entre los cuales se encuentran el suministro de agua limpia, el saneamiento y el riego. Disponer de agua dulce es clave tanto para garantizar la seguridad alimentaria como para mantener la producción de energía, así como la salud. A nivel global, el 81 % de las ciudades podrían reducir la carga de contaminación por sustratos o nutrientes en el agua utilizada por sus ciudadanos, y este fin relacionado con el agua puede ser logrado mediante la combinación de la protección y la restauración de los bosques con mejoras en la agricultura.
4. Seguridad, paz y prevención del conflicto
La restauración de los ecosistemas degradados reduce considerablemente la presión que se ejercía sobre los recursos naturales; al reducir la presión, es más fácil prevenir conflictos y migraciones a largo plazo. Un caso muy conocido de esta medida es la Gran Muralla Verde de África, cuyo objetivo es integrar la promoción de la paz y de la seguridad en el contexto del objetivo de restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas en el conjunto de la región del Sahel.
La restauración de ecosistemas constituye una de las formas más efectivas para proporcionar soluciones basadas en la naturaleza para abordar la inseguridad alimentaria, la mitigación, la adaptación al cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Este proceso no será ni rápido ni fácil, e implicará profundos cambios desde la forma en que se mide el avance económico hasta la manera en que se producen nuestros alimentos y lo que comemos. Sin embargo, la belleza de la restauración de los ecosistemas es que puede suceder a cualquier escala y que todos podemos desempeñar nuestra función.
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