El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea publicó un nuevo artículo científico acerca de la importancia de las tecnologías bajas en carbono para reforzar la seguridad energética, destacando el papel de las energías renovables en medio de la suba de precios de los combustibles fósiles, que repercute en el resto de la economía mundial. Los expertos explicaron que la energía limpia tiene la posibilidad de detener el aumento en los valores del mercado, sirviendo de amortiguador.
Las tecnologías más efectivas
Según lo publicado en la revista Communications Earth & Environment, del grupo Nature, los expertos europeos señalaron a la eólica, la solar, la hidroeléctrica y a los vehículos eléctricos como los que pueden llegar a desplegarse en gran medida a mediados de siglo, siendo los que más cerca estarán de cumplir los objetivos climáticos fijados. Ya sea con nuevas políticas de fomento o con las medidas vigentes, la Comisión Europea los muestra como los más preparados para competir en el mercado.
El principal motivo de esta ventaja tiene que ver con la caída de sus costos en relación con los combustibles fósiles, que atraviesan un momento de intensa volatilidad, con la crisis energética e inestabilidad en el mercado.
Las energías renovables como la alternativa más fuerte
El estudio de la Comisión Europea concluyó que las energías bajas en carbono amortiguan el impacto de precios de la energía mundial. En concreto, señalaron el ejemplo de la escalada de la guerra en Irán, que provocó bloqueos prolongados e interrupciones sin precedentes para el mercado petrolero y gasístico, superando lo ocurrido en el conflicto entre Rusia y Ucrania con el abastecimiento de energía para Europa.
Con la firma de Matthias Weitzel, Camille Van Der Vorst, Jose A. Ordonez y Rafael Garaffa, el estudio propone a la vez cambiar la forma de medir la seguridad energética: evaluarla por la exposición económica y no por el grado de dependencia entre países. El cambio vendría de la mano con el impacto de las energías renovables en el mercado, ya que estas requieren una inversión inicial alta, pero con costos de operación bajos, mientras que los sistemas de combustibles fósiles dependen de gastos elevados continuos y que se atan a los precios mundiales, volátiles en estos tiempos.
Una de las soluciones que señalan es la de incentivar la limitación del calentamiento global a 2,7 °F, tal como lo determinaron desde la ONU, con la electrificación de los usos finales de la energía y una mejora de la eficiencia al 32 %. A la vez, reclamaron los mercados incrementar al menos un 29 % la producción de electricidad limpia y pidieron descarbonizar los sectores de difícil electrificación con hidrógeno, biocombustibles u otras alternativas al menos en un 23 %.
Afirmaron también que los mercados eléctricos mayoristas más competitivos deberían ser los primeros en reformarse, como los de Europa, Estados Unidos, Asia y América Latina, donde la variación de precios de los combustibles siempre se ve reflejada, por más mínimo que sea, en las tarifas de electricidad de los residentes.
La crítica a las medidas
A pesar de incentivar la electrificación y el uso de energías renovables, los investigadores europeos concluyeron que la mayor parte de las medidas para aliviar la crisis energética de 2026 apuntaron a mitigar el daño sobre las economías domésticas mediante rebajas impositivas y subsidios a los combustibles, con una focalización deficiente. Afirman que estas políticas mantienen la demanda de fósiles y desalientan el ahorro y la inversión en alternativas limpias, pese a tratarse de una oportunidad para impulsar políticas de electrificación y energías renovables.
Entre los ejemplos, se nombró la decisión estadounidense de aumentar la producción fósil nacional en lugar de optar por alternativas, dejando como consecuencia un fallido intento de estabilidad de precios.
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



