En el contexto en el que grandes cantidades de capital privado se centran en la creación de inteligencia artificial, el conocimiento del mundo natural sigue intensamente desfinanciado y desprotegido. El Foro Económico Mundial (FEM) indica que el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) pone de manifiesto que, por cada dólar que se invertía en soluciones de naturaleza, se destinaban más de US$30 a realizar actividades que causan daño a la naturaleza. La gran diferencia que existe va entre los US$7,3 billones (para las malas prácticas) y los apenas US$220 000 millones para soluciones de naturaleza (datos de 2023). Esto pone en grave peligro la resiliencia económica de la humanidad, dejando de lado a la «inteligencia general natural» que ha ido evolucionando desde hace miles de millones de años.
La infraestructura de la naturaleza y el riesgo económico
El mundo natural no opera de un modo mucho más sofisticado que un simple conjunto pasivo de especies, sino que funciona como una auténtica librería o biblioteca de soluciones cognitivas y también como una infraestructura biológica. Ejemplos de estas inteligencias pueden darse con las complejas redes de hongos micorrízicos que no solo transmiten nutrientes, sino que también pueden transmitir señales de alerta forestal, o con la extraordinaria capacidad de la mariposa monarca, que puede pesar menos de un gramo y recorrer miles de millas a través de Norteamérica guiada por sistemas biológicos complejos.
Estos comportamientos adaptativos demuestran que la biodiversidad posee un valor incalculable para el funcionamiento de los ecosistemas planetarios. Modelos financieros de PwC de enero de 2026 informan de que, en caso de no controlar la pérdida de biodiversidad, se podría perder hasta un 17 % del PIB mundial y poner en un verdadero riesgo del orden de US$11 billones de valor bursátil en cuatro de las economías principales durante los próximos 15 años.
Estrategias de éxito y conservación por la comunidad
A diferencia de la complejidad de los retos del desarrollo tecnológico, los seres humanos ya tenemos una suerte de gran conocimiento empírico sobre cómo proteger y restaurar, eficazmente, los ecosistemas. Durante décadas, gobiernos, pueblos indígenas, comunidades locales y diversos tipos de organizaciones científicas han ido proporcionando enfoques de gestión del territorio que funcionan de verdad.
La conservación marina a gran escala, la financiación innovadora y la gestión de las comunidades son experiencias que ya están mostrando resultados alentadores para revertir la caída de la fauna vertebrada, que promedió un aterrador 73 % desde 1970, según la organización Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Un buen ejemplo del modelo de éxito comunitario se desarrolla en Kenia, donde The Nature Conservancy ha lanzado una iniciativa de financiación a diez años en la que su meta es movilizar US$160 millones. Este programa reemplaza la dependencia de fondos a corto plazo por una inversión sostenida, lo que permitirá la conservación de más de 42,7 millones de acres de valioso territorio.
Cerrar la brecha de inversión de cara al futuro
El PNUMA aduce que las soluciones basadas en la naturaleza necesitarán financiarse con un total de US$571 000 millones cada año para el año 2030, lo que representa el 0,5 % del PIB del mundo. Para alcanzar este importe, se necesita dejar de lado la disyuntiva entre tecnología y ecología.
La inteligencia artificial ya está siendo utilizada para monitorear flotas pesqueras, rastrear ganado en zonas deforestadas y optimizar los resultados de la conservación del medioambiente a partir de un análisis avanzado de datos. Hoy en día, es necesario que grandes inversores y filántropos hagan una redistribución de sus esfuerzos hacia la construcción y el fortalecimiento de la infraestructura natural que sigue sosteniendo los mercados mundiales. Al invertir fuertemente en tecnologías, sistemas de datos y asociaciones estratégicas, se otorga a los responsables de la política la inteligencia necesaria para gestionar y mitigar los nuevos riesgos que van surgiendo.
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